Francisco: «Dios se abaja y nosotros queremos subir al pedestal»

Papa Francisco Nochebuena Vatican Media
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Francisco celebró la Misa de Gallo en la tarde de ayer en la Basílica de San Pedro. Durante su homilía, que trae Aciprensa, el Pontífice se centró en la pequeñez, que es el camino de Dios.

En Belén no hay nada grande, «sólo un niño pobre envuelto en pañales, con unos pastores a su alrededor. Allí está Dios, en la pequeñez. Y este es el mensaje: Dios no cabalga en la grandeza, sino que desciende en la pequeñez. La pequeñez es el camino que eligió para llegar a nosotros, para tocarnos el corazón, para salvarnos y reconducirnos hacia lo que es realmente importante», señaló el Papa.

¿Sabemos acoger este camino de Dios?, preguntó Su Santidad: «Es el desafío de Navidad: Dios se revela, pero los hombres no lo entienden». «Él se hace pequeño a los ojos del mundo y nosotros seguimos buscando la grandeza según el mundo, quizá incluso en nombre suyo. Dios se abaja y nosotros queremos subir al pedestal. El Altísimo indica la humildad y nosotros pretendemos brillar. Dios va en busca de los pastores, de los invisibles; nosotros buscamos visibilidad. Jesús nace para servir y nosotros pasamos los años persiguiendo el éxito. Dios no busca fuerza y poder, pide ternura y pequeñez interior», indicó el Santo Padre.

«Dios quiere venir en las pequeñas cosas de nuestra vida, quiere habitar las realidades cotidianas, los gestos sencillos que realizamos en casa, en la familia, en la escuela, en el trabajo. Quiere realizar, en nuestra vida ordinaria, cosas extraordinarias», dijo Francisco, que invitó a dejar atrás los lamentos por la grandeza que no tenemos. «Renunciemos a las quejas y a las caras largas, a la ambición que deja insatisfechos», comentó.

«Acoger la pequeñez también significa abrazar a Jesús en los pequeños de hoy; es decir, amarlo en los últimos, servirlo en los pobres. Ellos son los que más se parecen a Jesús, que nació pobre. Es en ellos que Él quiere ser honrado. Que en esta noche de amor nos invada un único temor: herir el amor de Dios, herirlo despreciando a los pobres con nuestra indiferencia. Son los predilectos de Jesús, que nos recibirán un día en el cielo. Una poetisa escribió: «Quien no ha encontrado el Cielo aquí abajo, difícilmente lo encontrará allá arriba» (E. DICKINSON, Poemas, P96- 17). No perdamos de vista el Cielo, cuidemos a Jesús ahora, acariciándolo en los necesitados, porque se identificó en ellos», exhortó Su Santidad.

Francisco indicó que, si observamos el Nacimiento, vemos que Jesús está rodeado «precisamente de los pequeños, de los pobres. ¿Quiénes son? Los pastores». «Estaban allí para trabajar, porque eran pobres y su vida no tenía horarios, sino que dependía de los rebaños. No podían vivir como y donde querían, sino que se regían en base a las exigencias de las ovejas que cuidaban. Y Jesús nace allí, cerca de ellos, cerca de los olvidados de las periferias. Viene donde la dignidad del hombre es puesta a prueba», manifestó el Pontífice.

«Esta noche, Dios viene a colmar de dignidad la dureza del trabajo. Nos recuerda qué importante es dar dignidad al hombre con el trabajo, pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo. En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el trabajo! Y esforcémonos por lograrlo», exclamó.

Pero en el Belén «no están sólo los últimos, los pastores, sino también los eruditos y los ricos, los magos». «En Belén están juntos los pobres y los ricos; los que adoran, como los magos, y los que trabajan, como los pastores. Todo se recompone cuando en el centro está Jesús; no nuestras ideas sobre Jesús, sino Él, el Viviente. Entonces, queridos hermanos y hermanas, volvamos a Belén, volvamos a los orígenes: a lo esencial de la fe, al primer amor, a la adoración y a la caridad. Contemplemos a los magos que peregrinan y como Iglesia sinodal, en camino, vayamos a Belén, donde Dios está en el hombre y el hombre en Dios; donde el Señor está al centro y es adorado; donde los últimos ocupan el lugar más cercano a Él; donde los pastores y los magos están juntos en una fraternidad más fuerte que cualquier clasificación. Que Dios nos conceda ser una Iglesia adoradora, pobre y fraterna. Esto es lo esencial. Volvamos a Belén», afirmó el Papa.

Les ofrecemos la homilía del Papa Francisco, publicada en español por Aciprensa:

En la noche resplandece una luz. Un ángel aparece, la gloria del Señor envuelve a los pastores y finalmente llega el anuncio esperado durante siglos: «Hoy […] les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,11). Pero lo que agrega el ángel es sorprendente. Indica a los pastores cómo encontrar a Dios que ha venido a la tierra: «Y esta será la señal para ustedes: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (v. 12). Este es el signo: un niño. Eso es todo: un niño en la dura pobreza de un pesebre. No hay más luces, ni resplandores, ni coros de ángeles. Sólo un niño. Nada más, como había preanunciado Isaías: «Un niño nos ha nacido» (Is 9,5).

El Evangelio insiste en este contraste. Narra el nacimiento de Jesús a partir de César Augusto, que ordenó realizar un censo del mundo entero. Muestra al primer emperador en su grandeza. Pero, inmediatamente después, nos lleva a Belén, donde no hay nada grande, sólo un niño pobre envuelto en pañales, con unos pastores a su alrededor. Allí está Dios, en la pequeñez. Y este es el mensaje: Dios no cabalga en la grandeza, sino que desciende en la pequeñez. La pequeñez es el camino que eligió para llegar a nosotros, para tocarnos el corazón, para salvarnos y reconducirnos hacia lo que es realmente importante.

Hermanos, hermanas, deteniéndonos ante el belén miremos el centro; vayamos más allá de las luces y los adornos y contemplemos al Niño. En su pequeñez es Dios. Reconozcámoslo: “Niño, Tú eres Dios, Dios-niño”. Dejémonos atravesar por este asombro escandaloso. Aquel que abraza al universo necesita que lo sostengan en brazos. Él, que ha hecho el sol, necesita ser arropado. La ternura en persona necesita ser mimada. El amor infinito tiene un corazón minúsculo, que emite ligeros latidos. La Palabra eterna es infante, es decir, incapaz de hablar. El Pan de vida debe ser alimentado. El creador del mundo no tiene hogar. Hoy todo se invierte: Dios viene al mundo pequeño. Su grandeza se ofrece en la pequeñez.

Y nosotros, preguntémonos, ¿sabemos acoger este camino de Dios? Es el desafío de Navidad: Dios se revela, pero los hombres no lo entienden. Él se hace pequeño a los ojos del mundo y nosotros seguimos buscando la grandeza según el mundo, quizá incluso en nombre suyo. Dios se abaja y nosotros queremos subir al pedestal. El Altísimo indica la humildad y nosotros pretendemos brillar. Dios va en busca de los pastores, de los invisibles; nosotros buscamos visibilidad. Jesús nace para servir y nosotros pasamos los años persiguiendo el éxito. Dios no busca fuerza y poder, pide ternura y pequeñez interior.

Esto es lo que podemos pedir a Jesús para Navidad: la gracia de la pequeñez. “Señor, enséñanos a amar la pequeñez. Ayúdanos a comprender que es el camino para la verdadera grandeza”. Pero, ¿qué quiere decir, concretamente, acoger la pequeñez? En primer lugar, creer que Dios quiere venir en las pequeñas cosas de nuestra vida, quiere habitar las realidades cotidianas, los gestos sencillos que realizamos en casa, en la familia, en la escuela, en el trabajo. Quiere realizar, en nuestra vida ordinaria, cosas extraordinarias. Es un mensaje de gran esperanza: Jesús nos invita a valorar y redescubrir las pequeñas cosas de la vida. Si Él está ahí con nosotros, ¿qué nos falta? Entonces, dejemos atrás los lamentos por la grandeza que no tenemos. Renunciemos a las quejas y a las caras largas, a la ambición que deja insatisfechos.

Pero aún hay más. Jesús no quiere venir sólo a las cosas pequeñas de nuestra vida, sino también a nuestra pequeñez: cuando nos sentimos débiles, frágiles, incapaces, incluso fracasados. Hermana, hermano, si, como en Belén, la oscuridad de la noche te rodea, si adviertes a tu alrededor una fría indiferencia, si las heridas que llevas dentro te gritan: “Cuentas poco, no vales nada, nunca serás amado como anhelas”, esta noche Dios responde. Esta noche te dice: “Te amo tal como eres. Tu pequeñez no me asusta, tus fragilidades no me inquietan. Me hice pequeño por ti. Para ser tu Dios me convertí en tu hermano. Hermano amado, hermana amada, no me tengas miedo, vuelve a encontrar tu grandeza en mí. Estoy aquí para ti y sólo te pido que confíes en mí y me abras el corazón”.

Acoger la pequeñez también significa abrazar a Jesús en los pequeños de hoy; es decir, amarlo en los últimos, servirlo en los pobres. Ellos son los que más se parecen a Jesús, que nació pobre. Es en ellos que Él quiere ser honrado. Que en esta noche de amor nos invada un único temor: herir el amor de Dios, herirlo despreciando a los pobres con nuestra indiferencia. Son los predilectos de Jesús, que nos recibirán un día en el cielo. Una poetisa escribió: «Quien no ha encontrado el Cielo aquí abajo, difícilmente lo encontrará allá arriba» (E. DICKINSON, Poemas, P96- 17). No perdamos de vista el Cielo, cuidemos a Jesús ahora, acariciándolo en los necesitados, porque se identificó en ellos.

Miremos otra vez el nacimiento y observemos que Jesús al nacer está rodeado precisamente de los pequeños, de los pobres. ¿Quiénes son? Los pastores. Eran los más humildes y fueron los que estuvieron más cerca del Señor. Lo encontraron porque «pasaban la noche en el campo cuidando sus rebaños y vigilando por turnos» (Lc 2,8). Estaban allí para trabajar, porque eran pobres y su vida no tenía horarios, sino que dependía de los rebaños. No podían vivir como y donde querían, sino que se regían en base a las exigencias de las ovejas que cuidaban. Y Jesús nace allí, cerca de ellos, cerca de los olvidados de las periferias. Viene donde la dignidad del hombre es puesta a prueba. Viene a ennoblecer a los excluidos y se revela sobre todo a ellos; no a personajes cultos e importantes, sino a gente pobre que trabajaba. Esta noche, Dios viene a colmar de dignidad la dureza del trabajo. Nos recuerda qué importante es dar dignidad al hombre con el trabajo, pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo. En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el trabajo! Y esforcémonos por lograrlo.

Contemplemos una vez más el pesebre, dirigiendo la mirada hacia donde se divisan los magos, que peregrinan para adorar al Señor. Miremos y comprendamos que en torno a Jesús todo vuelve a la unidad: no están sólo los últimos, los pastores, sino también los eruditos y los ricos, los magos. En Belén están juntos los pobres y los ricos; los que adoran, como los magos, y los que trabajan, como los pastores. Todo se recompone cuando en el centro está Jesús; no nuestras ideas sobre Jesús, sino Él, el Viviente. Entonces, queridos hermanos y hermanas, volvamos a Belén, volvamos a los orígenes: a lo esencial de la fe, al primer amor, a la adoración y a la caridad. Contemplemos a los magos que peregrinan y como Iglesia sinodal, en camino, vayamos a Belén, donde Dios está en el hombre y el hombre en Dios; donde el Señor está al centro y es adorado; donde los últimos ocupan el lugar más cercano a Él; donde los pastores y los magos están juntos en una fraternidad más fuerte que cualquier clasificación. Que Dios nos conceda ser una Iglesia adoradora, pobre y fraterna. Esto es lo esencial. Volvamos a Belén.

Nos hace bien ir allí, dóciles al Evangelio de Navidad que presenta a la Sagrada Familia, a los pastores y a los magos: toda gente en camino. Hermanos, hermanas, pongámonos en camino, porque la vida es una peregrinación. Levantémonos, volvamos a despertar porque en esta noche ha brillado una luz. Es una luz amable y nos recuerda que en nuestra pequeñez somos hijos amados, hijos de la luz (cf. 1 Ts 5,5). Alegrémonos juntos, porque nadie podrá apagar nunca esta luz, la luz de Jesús, que desde esta noche resplandece en el mundo.

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Comentarios
19 comentarios en “Francisco: «Dios se abaja y nosotros queremos subir al pedestal»
  1. Mensaje del Papa que creo se puede compartir, rara Avis, por casi todo el mundo por aquí.

    Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.

    Feliz Navidad a toda la redacción y comentaristas!!!

    1. Llama la atención que en día tan solemne haga una homilía tan pobrísima en contenido, y encima insistiendo en sus ideas de sinodalidad y otras.

  2. No entiendes nada, Bergoglio. Es más, o lo entiendes al revés, o eres un malvado. Dios se abaja, se hace hombre, se hace Niño, en especial en el seno materno durante 9 meses, para divinizarnos, para elevarnos, para rescatarnos, para que no abortemos, para hacernos hijos de Dios y gozar eternamente de Él en el Cielo, sufriendo y gozando también en la tierra. Es Dios quien nos sube al pedestal. ¡Bendito pedestal! Tú prefieres el pedestal del pensamiento único, una dictadura anti católica que lleva al infierno.

    1. San Josemaría Escrivá. Camino 274.

      «Padre —me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central—, pensaba en lo que usted me dijo… ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, ‘engallado’ el cuerpo y soberbio por dentro… ¡hijo de Dios!»

      Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la «soberbia».

      * La Central: así se llamaba a la Universidad de Madrid, en la época en que fue escrito Camino.

    2. «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley (…) para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 4-5). En la carta a los Romanos pone de manifiesto las lógicas y exigentes consecuencias de este acontecimiento salvador: «Si somos hijos (de Dios), también somos herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados» (Rm 8, 17).

    3. ¡Qué hipócrita! Bergoglio reclama a los demás trabajos dignos y seguros en la Misa del Gallo, lo que no reclama para él mismo, que suspende de empleo y sueldo a los empleados vaticanos que formulan objeción de ciencia y conciencia frente a la inoculación impuesta por las bravas en contra del propio documento de la CDF, que habla de vacunas voluntarias.

  3. Parece tener una psicología bien retorcida, últimamente. Tal vez cansancio, stress, desorientación…
    Que le valga para que el Señor lo «misericordie» en el Juicio.
    En fin. Por mas vueltas que se le de, es incomprensible, inusual, inesperado, todo esto.
    Tal vez, gracias a sus sorprendentes actos podamos subir a la Cruz…que de eso se trata, aún en la era del confort.
    No a todos nos da por desear treparnos a pedestales; también -avisados, sabiendo que el tiempo es corto- es mas inteligente aceptar cruces del tamaño que vengan, como Teresita, que la dejaba sin cuidado el oropel de las vanidades. Y quedarse tan pancho, a la espera, con la apostura de un guerrero.

  4. Verdaderamente este Papa se cansa. Habla de subir al pedestal. En Fratelli, Tutti se refiere a sí mismo 238 veces. Aquel que hace referencia a sí mismo no se levanta.

  5. Preciosa homilia.

    Ciertamente Dios se abaja al hacerse hombre siendo Dios.

    Y nosotros nos enaltecemos cual dioses siendo sólo hombres.Ese es el pecado original que llevamos grabado.

    El, pudiendo ser soberbio es humilde.

    Nosotros debiendo ser humildes somos soberbios.

    Para ver nuestra propia soberbia necesitamos ser un poco humildes pero cuanto más humildes somos más soberbios nos vemos.

    Cuando decimos: » soy humilde» automáticamente dejamos de serlo.

    Todos somos soberbios, todos! Tan soberbios que no vemos nuestra soberbia.

    Dios de luz a nuestros ojos ciegos.

    1. No intente defender lo indefendible de este personaje. El señor Bergoglio tiene la fea costumbre de intentar proyectar en los demás lo que no son sino sus propias vergüenzas personales. Nunca es capaz de decir algo positivo en tercera persona de la Santa Iglesia, y de dedicar una palabra amable a los católicos que intentamos tomarnos en serio nuestra fe. Sus reproches cansinos son estériles y no aportan nada. Hagas lo que hagas te va a soltar igual los rapapolvos y no vas a poder hacer nada para evitarlo.

      1. Giorgeta,

        si usted cree que el Papa hace eso, alégrese mujer!!!!! que bueno es eso para crecer en humildad. Cuántos santos han sufrido eso mismo de parte de algún sacerdote, superiora, esposo ,superior etc!!!!!

        Y Jesús , acaso no sufrió eso? de parte de quien? de parte nuestra verdad? por nuestros pecados… a veces lo pienso, en cada queja mia, en cada reproche, lo medito y me doy cuenta de que no hay nada de lo que me hagan a mí que yo no se lo haya hecho a Cristo antes.

        No juzgue a quien se lo haga. De gracias a Dios y ofrezcaselo a Cristo para que lo una a sus sufrimientos de cruz para la salvación de las almas.

        Por la Iglesia no se preocupe: Cristo ya ha vencido!

        Un abrazo y bendiciones

          1. Hola Catolicvs,

            no sé a quien se refiere con «los escandalizados» pero con lo de no preocuparse por el devenir de la Iglesia me refería a esto:

            Jn 16,33

            33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

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