Miguel Ayuso resume el Concilio Vaticano II en nueve minutos

Miguel Ayuso Concilio Vaticano II
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En estos días, ha sido publicado un vídeo en el que se recopilan las opiniones que Miguel Ayuso, jurista y catedrático de Ciencia Política y Derecho Constitucional en la Universidad Pontificia Comillas vinculado al tradicionalismo, vertió sobre el Concilio Vaticano II en un programa de ‘Lágrimas en la Lluvia’ -antiguo programa de Intereconomía presentado por Juan Manuel de Prada- dedicado a la cuestión.

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 «El Concilio Vaticano II fue un desastre como hecho histórico en su convocatoria, en su inicio, en su desarrollo, en su final, en su aplicación, en su interpretación, en su espíritu y en su intención”, sentencia el jurista durante su intervención.

Si quieren ver el programa completo, aquí lo tienen:

 

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75 comentarios en “Miguel Ayuso resume el Concilio Vaticano II en nueve minutos
      1. Con Pradas y demás CésarVidales, el trompazo mediático es seguro a corto-medio plazo. Como se ha visto tantas veces y se vio también en este programa.

    1. Pues a mi me gustaba extraordinariamente, creo que se necesitaria en la tv un programa similar, donde se tocaban temas y se interpretaban de forma muy distinta a la habitual. Sobre el título sólo decir que responde a una frase de la película Blade Runner que es una de las favoritas de Juan Manuel de Prada, pero eso es “vox populi”.

  1. Vergonzoso todo….que Infovaticana se preste a dar voz a un personaje Cismático, Ultraderechista, y separado de la Iglesia Católica Romana seguidor del Lefebvrismo montaraz y sedevacante en el plano práctico….no siguen a los Papás después del éxito que tuvo el Concilio Vaticano Segundo, dando el valor de la Palabra y abierto a los laicos..que ha supuesto una renovación profunda para el Catolicismo del Siglo XX, y XXI…y acercándose a la Unidad de Todos los Cristianos….¡VIVA El Papa Francisco , Nuestros Obispos Diocesanos, y la Santa Madre Iglesia!

    1. Lo que es una vergüenza es que vengas aquí lanzando insultos, descalificaciones, etiquetas y tópicos y ni un solo argumento. Efectivamente tu eres el admirador que se merece Francisco

      1. Argumentar….para usted es decir … Papa Malo…. Católico de pura cepa,es decir usted multinick Belzunegui, Gastón,sacerdote Mariano, la verdadera Iglesia….no hace falta….ya se retratan cuando critican ….no le daré cancha.

        1. ¿Cuántas veces hay que recordarle a usted que mentir es pecado? El Papa dice que la FSSPX no es cismática, pero usted se niega a hacerle caso y aceptarlo No finja ser un forofo papal para soltar sus soflamas heréticas, ultraizquierdistas, y totalmente ajenas a la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Hasta a usted da voz Infovaticana, así que no sé de qué se queja.

    2. Ramonet, se supone que eres tú el que profesa la libertad religiosa del Vaticano II, por lo tanto eres tú el que tiene que respetar y alabar a los que se oponen al Vaticano II ejerciendo su libertad religiosa y de conciencia que tú profesas. Leete tu panfleto fundacional Nostra Aetate y aplícalo al tradicionalismo como lo aplicas al resto de religiones, que por cierto, ninguna acepta el Vaticano II.

    3. Ramonet. Tu Vaticano II que yo no acepto, acepta el derecho de cualquiera a ser cismático si se lo dice su conciencia. Por lo tanto qué película me estás contando. ¿Aceptas que puedo disentir de tu religión pero no me lo consientes? ¿De qué vas?

      1. Un talibán es alguien que, como Pío IX y León XIII, piensa que solo su religión tiene derecho a la libertad religiosa, por lo que puede imponerse por la fuerza. Lo que nos pasa es lo de la paja y la viga, que ya nos anunció Jesucristo.

        1. A usted no hay grúa ni excavadora que logre sacarle el pedazo de viga de rascacielos que tiene en ambos ojos. Siendo pues ciego, no pretenderá guiar a otros, ¿verdad? Vamos, que comparar a los Papas con los talibanes no se le ocurre ni al que asó la manteca. No se puede ser más sectario.

        2. Sota de bastos, tú eres el que me quiere imponer el Vaticano II por la fuerza. Mientras que el Vaticano II me otorga libertad religiosa para hacer lo que me dé la gana, por ejemplo, no aceptar los errores del Vaticano II, me lo dice mi libertad de conciencia.

        3. SOTA DE BASTOS, vaya ud a lo que ocurre con AFGANISTÁN y sabrá lo que es un talibán, aunque no hace falta ir tan lejos… Metase en una mezquita de su ciudad… Luego, si escapa vivo, nos lo cuenta…

        4. Sota de Bastos se separa de 2000 años de doctrina de la Iglesia. O sea, de la Iglesia, a la que rechaza.
          No acepta que hay una sola Verdad, sino que hay muchas, ya que si la verdad es una, por el bien de todos, solo ella debe tener derechos y lo demás debe solo tolerarse y si es dañino, prohibirse.

          Además no considera el amor por el enemigo, propio solo del cat´olicismo (el llamado protestantismo son una serie de supremacismos nacionalistas) y insulta a Dios con su comparación. Que Dios le/la/lo perdone

          No hay mas preguntas.

    1. ¿Entonces, dado que la Iglesia existía más de 1900 años sin el decreto (no es más que un decreto), a lo largo de tantos siglos la Iglesia era unos talibanes?

    2. Sota de bastos, ya sois como los talibanes: Me otorgas libertad religiosa en nombre de tu Vaticano II pero no me permites ejercerla como católico tradicional. Haré lo que me dé la gana, que para eso me lo estás consintiendo en tu concilio fundacional.

    3. Estos talibanes como ramonet y sota de bastos no nos permiten disentir de su religión Vaticano secundil y al mismo tiempo dicen otorgarnos libertad religiosa según nuestras conciencias. Es evidente que son una religión falsa contradictoria que ocupa la única verdadera pretendiendo que todas son verdaderas por la fuerza. Prohíben creer que la católica es la única verdadera y la única con derechos. Pero tenemos libertad religiosa, lo que pasa es que no nos la conceden.

  2. Hace unos días, poco después de la publicación de otro artículo similar, escrito por el Padre Thomas Weinandy [4], el Padre Raymond J. de Souza escribió un comentario titulado: “La negativa del Arzobispo Viganò al Vaticano II, ¿promueve el cisma?” [5]. El pensamiento del escritor se expresa de manera inmediata, cuando dice: «En su último “testimonio”, el ex Nuncio tiene una posición contraria a la Fe Católica, con respecto a la autoridad de los concilios ecuménicos».

    Puedo comprender que en muchos sentidos, mis intervenciones causen no pocas molestias a los partidarios del Concilio Vaticano II, y que cuestionar a su ídolo, es motivo suficiente para merecer las más severas sanciones canónicas, después de clamar en contra del cisma.

  3. Su enfado se combina con un cierto despecho, al ver que a pesar de mi decisión de no aparecer en público, mis intervenciones despiertan el interés y alimentan un sano debate sobre el Concilio, y más en general, [un sano debate] sobre la crisis de la Jerarquía eclesiástica. No me adjudico el mérito de haber dado inicio a esta disputa, ya que antes que yo, eminentes Prelados e intelectuales de alto perfil, han evidenciado cuestiones críticas que necesitan una solución; otros han mostrado el vínculo causal entre el Concilio Vaticano II y la apostasía actual. Frente a estas numerosas y bien argumentadas denuncias, nadie jamás ha propuesto respuestas válidas o soluciones aceptables: por el contrario, en defensa del totem conciliar, se ha recurrido a la deslegitimación de los interlocutores, a su exclusión, así como a la acusación genérica de querer socavar la unidad de la Iglesia.

  4. Y esta última acusación es tanto más grotesca, cuanto más evidente se hace el estrabismo canónico de los acusadores, quienes desenvainan el malleus hæreticorum [martillo de los herejes], en contra de quienes defienden la ortodoxia católica, mientras que hacen profundas reverencias ante eclesiásticos, religiosos-s.j. y teólogos que cotidianamente arremeten en contra del depositum fidei. Los dolorosos padecimientos de muchos Prelados, entre los que se encuentra Monseñor Lefevbre, confirman que aún en la ausencia de acusaciones específicas, hay quienes consiguen utilizar las normas canónicas como un instrumento de persecución de los buenos, pero al mismo tiempo, evitan aplicarlas a los verdaderos cismáticos y herejes.

  5. En este sentido, ¿cómo olvidar a aquellos teólogos que fueron suspendidos de la docencia, removidos de los Seminarios o golpeados por la censura del Santo Oficio, y que precisamente por sus propios “méritos”, consiguieron el beneficio de ser llamados como consultores y peritos del Concilio? También debemos incluir a aquellos rebeldes de la teología de la liberación, que fueron amonestados durante el Pontificado de Juan Pablo II y que luego fueron rehabilitados por Bergoglio; lo anterior, por no mencionar a los protagonistas del Sínodo Amazónico y a los Obispos de Camino Sinodal, promotor de una iglesia nacional alemana, herética y cismática. Y sin omitir a los obispos de la secta patriótica china, plenamente reconocida y promovida por el Acuerdo entre el Vaticano y la dictadura comunista de Beijing.

  6. Padre de Souza y Padre Weinandy: sin entrar en los méritos de los argumentos presentados por mí, a los que ustedes califican con desdén, como intrínsecamente cismáticos, [al menos] ustedes deberían tener la recta deferencia de leer mis intervenciones, antes de censurar mi pensamiento. En ellas encontrarían mencionado el doloroso trabajo que durante estos últimos años, me ha llevado a comprender que he sido engañado, precisamente por aquellos que constituídos en autoridad -y que jamás pensé que fueran capaces de hacerlo-, traicionarían a quienes depositaron su confianza en ellos. Considero que no soy el único en haber comprendido este engaño ni el único en haberlo denunciado: laicos, Clérigos y Prelados, también están en la dolorosa situación de reconocer un fraude urdido con astucia;

  7. un fraude -que a mi parecer- consistió en haber recurrido a un Concilio, para otorgar aparente autoridad a las instancias de los Innovadores, y así conseguir la obediencia del Clero y del pueblo de Dios. Y esta obediencia fue exgida por los Pastores -sin excepción alguna-, para demoler desde adentro a la Iglesia de Cristo.

    Muchas veces he escrito y declarado que fue precisamente a causa de esta falsificación, que los fieles, respetuosos de la autoridad de la Jerarquía, no han osado desobedecer, masivamente, a la imposición de la doctrina heterodoxa y del rito protestantizado. Entre otras cosas, esta revolución no se completó de una sola vez, sino a través de un proceso por etapas, en el que las innovaciones introducidas ad experimentum, posteriormente fueron convertidas en la norma universal, con giros de tornillo cada vez más apretados.

  8. Igualmente he reafirmado en varias ocasiones, que si los errores y los puntos equívocos del [Concilio] Vaticano II, hubieran sido formulados por un grupo de Obispos alemanes y holandeses, pero sin cubrirlos con el manto de autoridad que otorga un Concilio ecuménico, probablemente, éstos habrían ameritado la condena del Santo Oficio y sus escritos habrían terminado dentro del Índice [de libros prohibidos]: tal vez fue por ello que quienes transtocaron los esquemas preparatorios del Concilio, después durante el reinado de Paulo VI, se dedicaron a debilitar a la Suprema Congregación, así como a abolir el Index libroum prohibitorum, en el cual -en otros tiempos- encontrarían sus propios escritos.

    Evidentemente, de Souza y Weinandy creen que no es posible cambiar de opinión, que es preferible permanecer en el error, antes que caminar sobre los propios pasos. Sin embargo, esta actitud es bien extraña:

  9. multitud de Cardenales y Obispos; de Sacerdotes y Clérigos; de monjes y religiosas; de teólogos y moralistas; de laicos e intelectuales católicos, en nombre de la obediencia a la Jerarquía, se sintieron obligados a renunciar a la Misa Tridentina y también a verla sustituída por un rito copiado del Libro de la Oración Cómún, escrito por [Thomas] Cranmer. Con ello y en nombre de un Concilio que además quiso ser pastoral y no dogmático, se desecharon tesoros de doctrina, de moral y de espiritualidad, así como un inestimable patrimonio artístico y cultural, que ha llevado al oscurecimiento de dos mil años de Magisterio. Se oyó decir que la iglesia conciliar, finalmente se había abierto al mundo, que había sido despojada del odioso triunfalismo postridentino, de las incrustaciones dogmáticas medievales, del oropel litúrgico, de la moral sexofóbica de San Alfonso, del nocionismo del Catecismo de San Pío X [7], y del clericalismo de la Curia pacelliana.

  10. «El Concilio Vaticano II fue un desastre como hecho histórico en su convocatoria, en su inicio, en su desarrollo, en su final, en su aplicación, en su interpretación, en su espíritu y en su intención”, sentencia el jurista durante su intervención.

    1. Se olvida de lo más importantes: los resultados: Una Iglesia en una crisis monumental, con iglesias y seminarios vacíos, multitud de secula rizaciones y aban donos, congregaciones y movimientos en vías de extinción y la gran estam pida de fieles, a los que se ridi culiza y per sigue.

      1. Esto es su visión… solo se lee a sí mismo y da carnets de católico a todo el que discrepe con su visión ultramontana y alejada del catolicismo conciliar…el auténtico. El fiel a Roma, al Papa, a nuestros obispos.

        1. Claro que sí Ramonet, vivimos en la primavera de la Iglesia. Sólo hay que ver la evolución de los bautismos, confirmaciones, número de seminaristas y la vida sacramental en nuestras diócesis.

          Si algo va mal son los institutos tradicionales, llenos de gente vieja nostálgica, sin vocaciones ni visos de futuro.

        2. Mateo 7:16-21

          16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

          17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

          18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

          19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

          20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

        3. Ramonet, lo de «(… ) una Iglesia en una crisis monumental, con iglesias y seminarios vacíos, multitud de secula rizaciones y aban donos, congregaciones y movimientos en vías de extinción y la gran estam pida de fieles..», que dice Belzunegui, no es precisamente una visión subjetiva, sino una dura realidad para cualquiera que no esté ciego. En cualquier caso, confiamos en que Dios sabrá transformar esta crisis tan larga y profunda en un bien que terminará purificando a la Iglesia y llevándola a la verdad en Cristo.

        4. Creía que la visión alejada del «catolicismo conciliar…el auténtico» era la suya. ¿Cuándo va a aceptar los 20 concilios ecuménicos de la Iglesia Católica anteriores a la gélida primavera sesentera? Si no lo hace, no es siquiera católico, por lo que se puede ahorrar las lecciones de «autenticidades» y dejar de ser un auténtico paliza.

        5. Está claro que el falso dios del Vat.II es el mismísimo demonio. Porque te da libertad para elegir todas las religiones excepto la religión católica tradicional de toda la vida porque tal religión te enseña que la libertad religiosa consiste en profesar la religión verdadera, y porque es la verdad la que te hace libre. Es el relato del Génesis al revés. Se niegan a aceptar que Dios te prohíbe el fruto del árbol de la religión falsa, sino que te dice: profesa la religión que quieras.

    1. ¿Por qué no rebate alguno de los argumentos de BELZUNEGUI en vez de lanzar esa salida de pata de banco que no significa absolutamente nada? ¿A que no lo hace? No, no lo va a hacer y no lo va a hacer porque no puede, porque no tiene argumentos.

    1. No creo que haya perdido actualidad. Felicito a Infovaticana por reabrir el debate sobre un concilio, que se nos vendió como pastoral, que se ha elevado a super dogma, como una nueva fundación de la Iglesia, una iglesia decadente.

  11. En nombre del [Concilio] Vaticano II, nos pidieron renunciar a todo: Después de más de medio siglo, vemos que de lo poco que aún parecía estar en vigente, ¡nada se ha salvado!

    Sin embargo, si repudiar a la Iglesia Católica preconciliar por haber abrazado la renovación conciliar, fue aclamado como un gesto de gran madurez, un signo profético, un modo de mantenerse al día y en definitiva, una cosa inevitable e indiscutible, el día de hoy, repudiar un experimento fallido que ha conducido al colapso de la Iglesia, se lo considera un signo de incoherencia o de insubordinación, según el adagio de los Innovadores: No hay vuelta atrás”. En aquel momento la revolución era considerada sana y necesaria, pero hoy la restauración es dañina y es presagio de divisiones. En aquel entonces y en nombre del Aggiornamiento, se podía y se debía renegar del pasado glorioso de la Iglesia.

  12. Hoy, al cuestionamiento sobre algunas décadas de desviaciones, se lo considera cismático. Y lo que es aún más grotesco, es que los defensores del Concilio sean tan flexibles con quienes niegan el Magisterio preconciliar, estigmatizando a través del calificativo jesuítico e infamante, de rígidos, a quienes -por coherencia con ese mismo Magisterio- no pueden aceptar ni el ecumenismo ni el Diálogo interreligioso (que dió lugar a los Encuentros de Asís [8] y a lo de Abu Dhabi [9]), ni tampoco [aceptar] la nueva eclesiología y la reforma litúrgica, surgidas del Vaticano II.

    Obviamente, todo esto no tiene fundamento filosófico y aún menos, fundamento teológico: el superdogma del Vaticano II prevalece por encima de todo, lo anula todo, lo cancela todo; sin embargo no se permite a sí mismo, sufrir la misma suerte.

  13. Y es precisamente esto lo que confirma que el Vaticano II, a pesar de ser un Concilio Ecuménico legítimo -como ya lo afirmé en otro lugar-, no es como los demás, porque si así fuera, los Concilios y el Magisterio que lo han precedido, deberían haber sido considerados igualmente vinculantes impidiendo la formulación de los errores -contenidos o implícitos- en los textos del Vaticano II. Civitas in se divisa [es decir, la ciudad se divide]…

    De Souza y Weinandy no quieren admitir que la estratagema adoptada por los Innovadores, fue de una gran astucia: Para conseguir la aprobación de la revolución, de quienes pensaban que se trataba de un Concilio Católico como el Vaticano I -y en un aparente respeto a las normas-, se declaró que se trataba solamente de un Concilio pastoral, y no de un Concilio dogmático.

  14. Esto hizo que los Padres Conciliares creyeran que de alguna manera se arreglarían los puntos críticos, se aclararían los malentendidos y se reconsiderarían algunas reformas en un sentido más moderado… mientras tanto, los enemigos ya lo habían organizado todo, hasta el más mínimo detalle. Al menos veinte años antes de la convocatoria del Concilio, había quienes creían ingenuamente, que Dios impediría el golpe de los Modernistas, como si el Espíritu Santo pudiera actuar contra la voluntad subversiva de los Innovadores. Esta fue una ingenuidad en la que yo mismo caí junto a la mayoría de mis co-hermanos y Prelados, que se formaron y criaron con la convicción de que a los Pastores y al Sumo Pontífice, ante todo y sobre todo, se les debía obediencia absoluta.

  15. Así las cosas, los buenos católicos, debido a su concepto distorsionado de la obediencia absoluta, obedecieron incondicionalmente a sus Pastores, siendo inducidos a desobedecer a Cristo, precisamente por aquellos que tenían bien claros los objetivos que se proponían. También en este caso, es evidente que el asentimiento al magisterio conciliar no impidió -más bien requirió como consecuencia lógica e inevitable- la disensión con el Magisterio perenne de la Iglesia.

    Después de más de cincuenta años todavía no queremos tomar nota de un hecho indiscutible: que hemos querido utilizar un método subversivo adoptado hasta ahora en el ámbito político y civil, aplicándolo sine glossa al ámbito religioso y eclesial.

  16. Este método, propio de quienes -por decir lo mínimo- tienen una visión materialista del mundo, encontró desprevenidos a los Padres Conciliares que verdaderamente creían en la acción del Paráclito; mientras que los enemigos supieron falsear los votos en las Comisiones, debilitar a la oposición, obtener derogaciones a procedimientos establecidos, presentando una norma aparentemente inocua, para luego extraer de ella un efecto disruptivo y contrario. El hecho de que ese Concilio tuviera lugar en la Basílica Vaticana, con los Padres portando la mitra y la capa pluvial o el hábito coral, y que Juan XXIII llevara puesta la tiara y el manto papal, fue perfectamente coherente con la orquestación de una escenografía, diseñada especialmente, para engañar a los participantes, y de hecho, asegúrarles que después de todo, el Espíritu Santo remediaría incluso los líos de subsistit in o los errores de la libertad religiosa.

  17. A mí Lágrimas en la Lluvia, y en concreto este programa sobre el CVII, me cambió la vida. Porque al final del programa dedican unos minutos a hablar de la reforma litúrgica y gracias a eso conocí la Misa tradicional.

  18. «Iota unum» (de Romano Amerio) y «El Rin Desemboca en el Tiber»
    (de Ralph M. Wiltgen), ambos autores testigos de los hechos, uno como asesor teológico de un padre conciliar suizo y el otro como sacerdote y periodista encargado de seguir el desarrollo del Concilio, nos muestran a las claras en sus libros que en el Concilio se perpetró un verdadero golpe de Estado dentro de la Iglesia. Los golpistas fueron los mismos sinvergüenzas cismáticos de ahora y siempre, los que la Beata Ana Catalina Emmerick llamó «los tunantes obispos alemanes», con los austriacos y los holandeses que son sus primos hermanos. Eso sí, con la inestimable colaboración de un Papa que no tenía el don de la firmeza, al menos con los fuertes (los obispos holandeses se fueron de rositas después del Catecismo hereje y con otros más mansos no dudó en decretar su suspensión A Divinis).

  19. Por mucho que pongan la maquina de hacer santos a trabajar a destajo y a precio de ganga, empezando por los papas posconciliares (metiéndolos a todos en el mismo saco opacan las virtudes de quién realmente las ha tenido), no conseguirán vender la burra coja del Concilio. Por los frutos los conoceréis y los frutos, en palabras del propio Benedicto XVI, no han sido nada buenos. Los que ya lucimos canas y no somos del «churrín, churrín… alabaré, alabaré», no necesitamos que nos lo cuente Benedicto XVI. Lo bueno es que al ser un Concilio pastoral y no dogmático, según nota aclaratoria de la propia secretaría del Concilio, los católicos no estamos obligados a creer de sus disposiciones otra cosa que aquello que la Iglesia haya definido anteriormente como de fe.

    1. Pretenden que los concilios dogmáticos que son obligatorios creer con cánones a perpetuidad son pastorales, y que el último que sólo es pastoral y que ni obliga ni tiene cánones a perpetuidad, es el único dogmático a perpetuidad y el único que está vigente. Y su vigencia está por encima de los dogmáticos. Es como una ordenanza municipal ilegal puesta por encima de la ley constitucional que la prohíbe expresamente

  20. SOTA DE BASTOS, vaya ud a lo que ocurre con AFGANISTÁN y sabrá lo que es un talibán, aunque no hace falta ir tan lejos… Metase en una mezquita de su ciudad… Luego, si escapa vivo, nos lo cuenta…

  21. Leer «Prometeo, la religión del hombre, una exegética del Vaticano II» de Cesar Calderón, muy citado por Monseñor Vigano.

    Desde mi punto de vista, la critica es demoledora. En conclusión un concilio que necesita una hermenéutica es un concilio fracasado, porque todos los concilios se convocaron para clarificar, para ser ellos mismos la hermenéutica que necesitaba a cada momento la confusi´ón reinante. El concilio Vat II en cambio aumentó la confusión y las desviaciones. No fue un instrumento de Dios.

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