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La liturgia no puede convertirse en el banco de prueba de la creatividad personal

liturgia creatividad personalEl Papa presidiendo la misa en la apertura del sínodo sobre la sinodalidad.
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(Il Timone)- En el antiguo lema lex orandi, lex credendi está incluida la razón por la que la liturgia no puede convertirse en el banco de prueba de la creatividad personal o en el campo experimental de hipótesis teológicas. Ella es la custodia viva del dogma.

En el siglo V, la Sede Apostólica publicó un documento contra los semipelagianos titulado Indiculus de gratiam, es decir, Pequeño índice sobre la gracia. Los expertos concuerdan de manera casi unánime al atribuir su paternidad a Próspero de Aquitania, un discípulo de san Agustín que prestó servicio al papa León Magno. En el Indiculus se lee: «[…] consideramos también los sacramentos de las súplicas sacerdotales […], para que la ley de la oración establezca la ley de la fe». La frase subordinada, que en latín suena ut legem credendi lex statuat supplicandi, fue resumida más tarde en el axioma lex orandi, lex credendi, la regla de la oración es la regla de la fe. Observemos que Próspero escribe «consideramos también». Dice «también» porque primero se ha referido a otra fuente que apoya su discurso, es decir, a las «decisiones inviolables de la santísima y apostólica Sede», es decir, a los pronunciamientos del Magisterio pontificio. Volveremos sobre esto más adelante.

Distorsiones y respuestas

En los últimos decenios, el axioma lex orandi, lex credendi a menudo ha sido utilizado para sostener que la ley de la oración -los ritos litúrgicos- no solo transmite la doctrina, sino que también la establece. El jesuita experto en liturgia Cesare Giraudo, en el libro In Unum Corpus, dedica un gran número de páginas a la presentación del axioma. Sostiene que «con una precisa elección de método, Próspero invita a llevar a cabo la determinación de la lex credendi […] a través de la consideración de la lex supplicandi (=lex orandi)». Basándose en esta interpretación, Giraudo estructura todo su tratado de teología eucarística rechazando el enfoque doctrinal tradicional, al que critica duramente, y se basa en la lectura de los textos litúrgicos, en especial las oraciones eucarísticas.

Una orientación distinta es la del cardenal Gehard L. Müller, el cual, en su contribución al volumen Una nuova giovinezza per la Chiesa: il Motu Proprio Summorum Pontificum de S.S. Benedetto XVI, escribe: «Incluso si se quiere considerar la liturgia […] como fuente de la teología en sentido específico, no hay que pensar que es posible identificarla con la teología reflexiva. En el contexto general de la vida eclesial, la teología tiene su propia necesidad, su propio derecho».

Es indudable que el axioma lex orandi, lex credendi tiene un gran valor puesto que representa un principio importante de la teología. Sin embargo, no se trata de un descubrimiento de nuestros tiempos. Santo Tomás, por ejemplo, apoya con frecuencia la exposición doctrinal con argumentos litúrgicos, remitiendo tanto a los textos como a los gestos de la celebración de los ritos sagrados.

La discusión, por tanto, no atañe al valor -dado por descontado- de la liturgia por la fe y la teología, sino que concierne más bien a la correcta interpretación del axioma. Es significativo que Giraudo no cite un famoso pasaje de la encíclica Mediator Dei, en la que Pío XII enseña que «la sagrada liturgia está íntimamente unida con aquellos principios doctrinales» (n. 61) y, por ende, «tiene que conformarse a los dictámenes de la fe católica, proclamados por la autoridad del Magisterio supremo» (n. 61).  Por consiguiente, no es principalmente la liturgia la que determina la doctrina, sino a la inversa. Para mayor confirmación, Pío XII declara errónea la tesis de quienes «han pretendido que la liturgia era como un experimento del dogma, de tal manera que, si una de estas verdades hubiera producido, a través de los ritos de la sagrada liturgia, frutos de piedad y de santidad, la Iglesia hubiese tenido que aprobarla, y, en el caso contrario, reprobarla. De ahí aquel principio: La ley de la oración es ley de la fe (lex orandi, lex credendi)» (n. 62).  Contra este error, el papa Pacelli rebate que «No es, sin embargo, esto lo que enseña o manda la Iglesia. El culto que ella tributa a Dios es […] una continua profesión de fe católica. […] Toda la liturgia tiene, por consiguiente, un contenido de fe católica, en cuanto que testimonia públicamente la fe de la Iglesia» (n. 63). Pío XII concluye que esta es la razón por la que, cuando se ha tratado de definir los dogmas, los pontífices también han consultado, entre otras fuentes, las litúrgicas. Desarrollada por la Iglesia de acuerdo con la doctrina, la liturgia se convierte en custodia viva de ella, doctrina en forma de oración, dogma rezado y transmitido cada día en la celebración de los santos misterios. He aquí por qué la liturgia «no determina ni constituye en sentido absoluto y por virtud propia la fe católica, sino más bien […] puede proporcionar argumentos y testimonios […] para aclarar un punto determinado de la doctrina cristiana» (n. 65).

Plinio y los cantos cristológicos

La Iglesia ha modelado la liturgia en función de unas exigencias doctrinales, más que la doctrina en función de unas experimentaciones litúrgicas. De hecho, la Iglesia adora de un cierto modo porque cree de un cierto modo.

Hacia el año 112, el pagano Plinio el Joven escribió al emperador Trajano que los cristianos entonaban a coros alternos un himno a Cristo como Dios: desde el principio el culto se ajusta a la fe cristológica.

En el extenso tratado Storia liturgica, Mario Righetti ilustra con numerosos ejemplos que «la historia del desarrollo litúrgico nos demuestra que este ha ido de la mano de los sucesos del desarrollo dogmático». Para frenar la herejía de Arrio se añadieron a los formularios litúrgicos muchos títulos divinos de Jesús. Los pelagianos negaron la necesidad de la gracia para la salvación y entonces se multiplicó el uso del versículo Deus, in adiutorium meum intende, es decir, «Oh Dios, ven a salvarme». Para corregir ciertas desviaciones cristológico-trinitarias, se abrió camino gradualmente el uso de una nueva cláusula añadida al Credo, el Filioque. Y podríamos seguir un buen rato.

Por su parte, los herejes modificaron los libros litúrgicos en las partes donde había textos y ritos que desmentían sus doctrinas erróneas. En 1944, tres años antes de Mediator Dei, Righetti ya indicaba que el autor del axioma lex orandi, lex credendi «no pretendía en absoluto establecer el principio general según el cual de la norma del orar se deduce la norma de la fe». También recuerda que «no todos los argumentos sacados de la liturgia pueden tener el mismo peso, sino solo aquellos que los teólogos reconocen que tienen una cualidad doctrinal, es decir, cuando una lex orandi ‘equivale a una enseñanza dogmática'».

La fe precede al culto

Puesto que la fe es la respuesta obediente a la Revelación, esa precede al culto, y no viceversa. Cristo primero predicó el Evangelio y solo después instituyó el memorial de la nueva y eterna alianza, cuya celebración confió a los apóstoles. El Señor les envió a predicar la fe para «hacer discípulos» y, luego, celebrar los sacramentos (cf. Mateo 28,19-20), como diciendo que la fe precede e instituye también la celebración litúrgica.

Puede ser positivo que hoy se quiera redescubrir con formas actualizadas la catequesis mistagógica antigua, sin perjuicio de la correcta comprensión de la relación entre dogma y liturgia. El desarrollo de los ritos litúrgicos se debe también a factores culturales e históricos; sin embargo, es consecuencia principalmente del sano desarrollo dogmático. Más que ser la doctrina una transcripción de la liturgia, es la liturgia la que constituye una transposición ritual de la doctrina. El axioma lex orandi, lex credendi tiene que ser aplicado en ambos sentidos teniendo en cuenta que, como en todo et-et [Nota: la dialéctica de los contrarios compatibles o la relación entre opuestos], también existe en este caso una jerarquía entre los valores implicados.

Además, dado que la doctrina incluye no solo los dogmas en sentido estricto, sino también las verdades morales, hay que entender la relación entre liturgia y fe haciendo referencia tanto al contenido doctrinal como al estilo de vida. Por esto, actualmente algunos amplían el axioma con un tercer elemento, el de la lex vivendi.

Acoger la Revelación

Los liturgistas y los comités de expertos siempre deberían recordar -tanto cuando se trata de «reformar» o intervenir en los ritos, como cuando se trata de traducir los textos latinos en las lenguas vernáculas-, que su criterio de referencia no puede ser la malentendida creatividad teológica formulada por vía litúrgica. Joseph Ratzinger advertía de lo siguiente: «La liturgia no debe convertirse en un campo experimental para hipótesis teológicas». Esa «saca su grandeza de lo que es y no de lo que nosotros hacemos con ella […]. La liturgia no es expresión de la conciencia de la comunidad; conciencia que, por otra parte, se desperdiga y cambia. Esa es la Revelación acogida en la oración; por consiguiente, su medida es la fe de la Iglesia» (Teología de la liturgia)

Publicado por Mauro Gagliardi en Il Timone.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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6 comentarios en “La liturgia no puede convertirse en el banco de prueba de la creatividad personal
  1. las trompetas de los angeles y espiritu santo han dejado ya de hablar ahora biene el cumplimiento futuro, yo todo lo que tenia que escribir ya lo escribi,a paritir de ahora, bueno seguire dejando comentarios en youtube, pero lo que tenia que hacer yo lo hice, ya no llegar transmisiones a mi mente.

  2. Vale, muy bien, ahora que me respondan: el ofertorio del Novus Ordo ¿con cual dogma o doctrina de fe se corresponde?¿alguien me puede decir cual? Cuando el cura consagra y no se arrodilla inmediatamente ante Dios sino que primero eleva la forma para que todos la vean, alguien me puede explicar cual dogma o doctrina está reflejando?. El cura mirando a la gente representando la última cena, ¿cómo encaja eso con la doctrina dogmática de Trento que dice que visualmente la misa es un sacrificio?¿dónde está ahí visualmente el sacrificio?¿en qué parte de la misa se ofrece el Hijo al Padre como sacrificio?¿por qué el pueblo responde «ven Señor Jesús» cuando ya ha venido?¿por qué la mayoría narran o leen las palabras de la consagración cuando la doctrina dice que el lenguaje tiene que ser imperativo para que la consagración sea válida?¿cuantos cuaras creen la h3r ejia de que la reunión del pueblo hacen la consagración?

  3. La liturgia no puede, pero sí se ha convertido en el banco de prueba de la creatividad personal desde el Concilio Vaticano II ayer, hoy y mañana (hace dos días vi una misa progre creativa), y durará hasta que se haga un rito único sin fórmulas alternativas ni facultades para introducir creaciones humanas. Pasa en definitiva por la abolición de la misa de Pablo sexto y por la aprobación de una misa con un rito mucho más estable, tradicional, fijo y seguro, es decir, el rito tradicional. El pecado capital de la misa de Pablo sexto es su variabilidad y su inventividad, y sus perniciosos efectos carecen de solución.

  4. Pues eso, qué me importa a mí lo que diga Ratzinger si cuando llega a Pap4 no es capaz de usar su autoridad de soberano absoluto dada directamente por Dios para suprimir esta aberración litúrgica, por qué dimite dejando todo a medias? Por qué dice que esa cosa es el rito ordinario de la misa romana, si él mismo reconoce que es un bodrio de misa que hay que re-reformar?. El pap4 no obedece a ningún superior jerárquico, pero a veces parece otra cosa.

  5. La liturgia será el banco de pruebas de la creatividad personal mientras no metan mano en el asunto. Eso no puede ser una petición, tiene que ser una orden.

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