Francisco: «La libertad no es un vivir libertino»

Papa Francisco libertad Un niño se lleva el solideo del Papa durante la audiencia del 20 de octubre de 2021 (Vatican Media)
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El Papa Francisco ha impartido la tradicional catequesis de los miércoles en el Aula Pablo VI del Vaticano, continuando el ciclo sobre la carta de san Pablo a los gálatas.

La anécdota de la audiencia la protagonizó un niño que, en mitad de las lecturas de las Escrituras en diferentes lenguas, que van leyendo los monseñores curiales, se acercó al Pontífice con el objetivo de llevarse el solideo blanco de Francisco, algo que finalmente consiguió.

El Papa, cuando procedió a impartir la catequesis, comenzó reconociendo que le había venido a la mente lo que Jesús decía sobre la espontaneidad y la libertad de los niños, “cuando este niño ha tenido la libertad de acercarse y moverse como si estuviera en su casa… Y Jesús nos dice: “También vosotros, si no hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos””. Diremos que la libertad era a medias, ya que el niño en cuestión cumplía a rajatabla las restricciones coronavíricas portando la mascarilla correspondiente.

“La valentía de acercarse al Señor, de estar abiertos al Señor, de no tener miedo del Señor: yo doy las gracias a este niño por la lección que nos ha dado a todos nosotros. Y que el Señor lo ayude en su limitación, en su crecimiento porque ha dado este testimonio que le ha venido del corazón. Los niños no tienen un traductor automático del corazón a la vida: el corazón va adelante”, señaló Su Santidad.

Ya propiamente en la catequesis, Francisco indicó cómo san Pablo, “poco a poco”, nos introduce en “la gran novedad de la fe”. “Renacidos en Cristo, hemos pasado de una religiosidad hecha de preceptos a la fe viva, que tiene su centro en la comunión con Dios y con los hermanos, es decir, en la caridad”, dijo.

“Hemos pasado de la esclavitud del miedo y del pecado a la libertad de los hijos de Dios. Otra vez la palabra libertad”, añadió el Papa.

La libertad “no es un vivir libertino” según el instinto, al contrario, “la libertad de Jesús nos conduce a estar —escribe el apóstol— «al servicio los unos de los otros» (ibid.)”, explicó Su Santidad. “¿Pero esto es esclavitud? Pues sí, la libertad en Cristo tiene alguna “esclavitud”, alguna dimensión que nos lleva al servicio, a vivir para los otros. La verdadera libertad, en otras palabras, se expresa plenamente en la caridad”, dijo.

“Nos encontramos plenamente a nosotros en la medida en que nos donamos”, aseguró el Pontífice, esto es “evangelio puro”. “No hay libertad sin amor. La libertad egoísta del hacer lo que quiero no es libertad, porque vuelve sobre sí misma, no es fecunda”, indicó.

La libertad crece con el amor, manifestó Francisco, pero no con el amor “de telenovela”, no con “la pasión que busca simplemente lo que nos apetece y nos gusta”, sino con el amor que “vemos en Cristo, la caridad”.

“Sabemos sin embargo que una de las concepciones modernas más difundidas sobre la libertad es esta: “mi libertad termina donde empieza la tuya”. ¡Pero aquí falta la relación, el vínculo! Es una visión individualista”, exclamó el Santo Padre. “La dimensión social es fundamental para los cristianos, y les consiente mirar al bien común y no al interés privado”, dijo.

En este momento histórico, “necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria, no individualista, de la libertad: la pandemia nos ha enseñado que necesitamos los unos de los otros, pero no basta con saberlo, es necesario elegirlo cada día concretamente, decidir sobre ese camino”, señaló al final de la catequesis.

Les ofrecemos las palabras del Papa en español, publicadas por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En estos días estamos hablando de la libertad de la fe, escuchando la Carta a los Gálatas. Pero me ha venido a la mente lo que Jesús decía sobre la espontaneidad y la libertad de los niños, cuando este niño ha tenido la libertad de acercarse y moverse como si estuviera en su casa… Y Jesús nos dice: “También vosotros, si no hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos”. La valentía de acercarse al Señor, de estar abiertos al Señor, de no tener miedo del Señor: yo doy las gracias a este niño por la lección que nos ha dado a todos nosotros. Y que el Señor lo ayude en su limitación, en su crecimiento porque ha dado este testimonio que le ha venido del corazón. Los niños no tienen un traductor automático del corazón a la vida: el corazón va adelante.

El apóstol Pablo, con su Carta a los Gálatas, poco a poco nos introduce en la gran novedad de la fe, lentamente. Es realmente una gran novedad, porque no renueva solo algún aspecto de la vida, sino que nos lleva dentro de esa “vida nueva” que hemos recibido con el Bautismo. Allí se ha derramado sobre nosotros el don más grande, el de ser hijos de Dios. Renacidos en Cristo, hemos pasado de una religiosidad hecha de preceptos a la fe viva, que tiene su centro en la comunión con Dios y con los hermanos, es decir, en la caridad. Hemos pasado de la esclavitud del miedo y del pecado a la libertad de los hijos de Dios. Otra vez la palabra libertad.

Hoy trataremos de entender mejor cuál es para el apóstol el corazón de esta libertad. Pablo afirma que la libertad está lejos de ser «un pretexto para la carne» (Gal 5,13): la libertad no es un vivir libertino, según la carne o según el instinto, los deseos individuales y los propios impulsos egoístas; al contrario, la libertad de Jesús nos conduce a estar —escribe el apóstol— «al servicio los unos de los otros» (ibid.). ¿Pero esto es esclavitud? Pues sí, la libertad en Cristo tiene alguna “esclavitud”, alguna dimensión que nos lleva al servicio, a vivir para los otros. La verdadera libertad, en otras palabras, se expresa plenamente en la caridad. Una vez más nos encontramos delante de la paradoja del Evangelio: somos libres en el servir, no en el hacer lo que queremos. Somos libres en el servir, y ahí viene la libertad; nos encontramos plenamente en la medida en que nos donamos. Nos encontramos plenamente a nosotros en la medida en que nos donamos, tenemos la valentía de donarnos; poseemos la vida si la perdemos (cfr. Mc 8,35). Esto es Evangelio puro.

¿Pero cómo se explica esta paradoja? La respuesta del apóstol es tan sencilla como comprometedora: «mediante el amor» (Gal 5,13). No hay libertad sin amor. La libertad egoísta del hacer lo que quiero no es libertad, porque vuelve sobre sí misma, no es fecunda. Es el amor de Cristo que nos ha liberado y también es el amor que nos libera de la peor esclavitud, la del nuestro yo; por eso la libertad crece con el amor. Pero atención: no con el amor intimístico, con el amor de telenovela, no con la pasión que busca simplemente lo que nos apetece y nos gusta, sino con el amor que vemos en Cristo, la caridad: este es el amor verdaderamente libre y liberador. Es el amor que brilla en el servicio gratuito, modelado sobre el de Jesús, que lava los pies a sus discípulos y dice: «Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Jn 13,15). Servir los unos a los otros.

Para Pablo la libertad no es “hacer lo que me apetece y me gusta”. Este tipo de libertad, sin un fin y sin referencias, sería una libertad vacía, una libertad de circo: no funciona. Y de hecho deja el vacío dentro: cuántas veces, después de haber seguido solo el instinto, nos damos cuenta de quedar con un gran vacío dentro y haber usado mal el tesoro de nuestra libertad, la belleza de poder elegir el verdadero bien para nosotros y para los otros. Solo esta libertad es plena, concreta, y nos inserta en la vida real de cada día. La verdadera libertad nos libera siempre, sin embargo cuando buscamos esa libertad de “lo que me gusta y no me gusta”, al final permanecemos vacíos.

En otra carta, la primera a los Corintios, el apóstol responde a quien sostiene una idea equivocada de libertad. «Todo es lícito», dicen estos. «Mas no todo es conveniente», responde Pablo. «Todo es lícito», «mas no todo edifica», responde el apóstol. Y añade: «Que nadie procure su propio interés, sino el de los demás» (1 Cor 10,23-24). Esta es la regla para desenmascarar cualquier libertad egoísta. También a quien está tentado de reducir la libertad solo a los propios gustos, Pablo le pone delante de la exigencia del amor. La libertad guiada por el amor es la única que hace libres a los otros y a nosotros mismos, que sabe escuchar sin imponer, que sabe querer sin forzar, que edifica y no destruye, que no explota a los demás para su propia conveniencia y les hace el bien sin buscar su propio beneficio. En resumen, si la libertad no está al servicio —este es el test— si la libertad no está al servicio del bien corre el riesgo de ser estéril y no dar fruto. Sin embargo, la libertad animada por el amor conduce hacia los pobres, reconociendo en sus rostros el de Cristo. Por eso el servicio de los unos hacia los otros permite a Pablo, escribiendo a los Gálatas, subrayar algo de ninguna manera secundario. Así, hablando de la libertad que le dieron los otros apóstoles para evangelizar, subraya que le aconsejaron solo una cosa: acordarse de los pobres (cfr. Gal 2,10). Esto es interesante. Cuando después de esa lucha ideológica entre Pablo y los apóstoles se pusieron de acuerdo, los apóstoles le dijeron: “Sigue adelante, sigue adelante y no te olvides de los pobres”, es decir que tu libertad de predicador sea una libertad al servicio de los otros, no para ti mismo, para hacer lo que te gusta.

Sabemos sin embargo que una de las concepciones modernas más difundidas sobre la libertad es esta: “mi libertad termina donde empieza la tuya”. ¡Pero aquí falta la relación, el vínculo! Es una visión individualista. Sin embargo, quien ha recibido el don de la liberación obrada por Jesús no puede pensar que la libertad consiste en el estar lejos de los otros, sintiéndoles como molestia, no puede ver el ser humano encaramado en sí mismo, sino siempre incluido en una comunidad. La dimensión social es fundamental para los cristianos, y les consiente mirar al bien común y no al interés privado.

Sobre todo, en este momento histórico, necesitamos redescubrir la dimensión comunitaria, no individualista, de la libertad: la pandemia nos ha enseñado que necesitamos los unos de los otros, pero no basta con saberlo, es necesario elegirlo cada día concretamente, decidir sobre ese camino. Decimos y creemos que los otros no son un obstáculo a mi libertad, sino que son la posibilidad para realizarla plenamente. Porque nuestra libertad nace del amor de Dios y crece en la caridad.

Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Veo que allí están las Ministras de los Enfermos, las hijas de la Madre Torres Acosta. Estas monjitas se pasan las noches cuidando enfermos y duermen un rato de día. Son un ejemplo de lo que es servicio hasta el fin, con abnegación de sí mismas. Sigan por ese camino. Gracias por lo que hacen. Pidamos a Jesús —modelo de caridad y servidor de todos— que nos libere de nuestras esclavitudes y nos ayude a ser auténticamente libres, impulsándonos a amar con gestos concretos de misericordia y caridad. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Comentarios
13 comentarios en “Francisco: «La libertad no es un vivir libertino»
  1. El Papa no debería contraponer fe y preceptos.
    Es lamentable que siempre estemos igual, y que en la mayoría de sus catequesis se descubran errores teológicos. De esta manera, Francisco, en vez de instruir, confunde.

    1. En modo alguno ha hecho eso, lo hemos comentado ya varias veces ante tus insistentes anotaciones: no hay oposición entre verdad y justicia. Lo que tú denominas «errores teológicos» con los que continuamente quieres corregir al Santo Padre no son sino tu punto de vista de la realidad.
      A mí no me confunde: la acción de Cristo por nuestra redención saltó por encima de todos los condicionantes, tan grande es Su Amor. Esto implica dejar de aplicar la ley?, en absoluto, ésta es la que nos iguala, pero ante todo está la persona y su Salvación. Creo que en caso contrario acabaríamos de nuevo en cumplir la ley judía y nada más.

      1. Qué cansino es usted, siempre con lo mismo: los aciertos del Papa no los señala porque va en el cargo. Son los errores los que llaman la atención. Ande, señale los errores de Sacerdote Mariano, que somos todo ojos. Y sobre lo otro que dice, salvo el Decálogo, las leyes judías están abrogadas desde la muerte del Señor en la cruz (léase Trento). Menos «amor» y más caso a Cristo: «el que me ama cumple los Mandamientos». Y, de nuevo, léase Trento: para salvarse es obligatorio cumplir los Diez Mandamientos y los mandamientos de la Iglesia (excomulgado quien diga lo contrario). Yo no sé qué hace usted en una web católica si no comparte la fe de la Iglesia.

        1. Explicación para su coeficiente: «Menos amor… de boquilla» (quien no cumple los mandamientos no ama a Dios, por más que llené sus comentarios con la palabra «amor»).

          Estoy por creer que es cierto que usted es un jubilado sin nada mejor que hacer, como dijo una vez, que no ha superado la época «contestataria» de cuando era joven. ¿Hay algo con lo que no esté en contra en esta página? ¿O sólo entra para hacernos reír, a la vez que hace el ridículo? Hoy está «sembrao»: una tontería detrás de otra, en sesión continua (que también es de su época, por cierto).

      1. ¿Por qué en vez de trollear no hace un cursillo de lectura comprensiva? El propio comentario lo dice explícitamente: «contraponer fe y preceptos». ¿Le parece poco error teológico? Nada menos que por eso se excomulgó a Lutero y se convocó el Concilio de Trento para definir ex cathedra justo lo contrario, excomulgado al que dijera lo contrario.

  2. Pues si la libertad es eso evidentemente hay que cumplir los mandamientos. Menospreciarlos para luego decir que la libertad debe ser controlada por un servicio carece de sentido. Si mi madre está enferma y yo utilizo mi libertad para acompañarla lo que estoy haciendo es cumplir el 4º Mandamiento; si con una estafa puedo hacerme rico y me controlo lo que hago es cumplir el 7º, etc…
    Ahora bien, también puedo hacer todas estas cosas porque soy muy majo, pero entonces es que no soy cristiano y tengo una conciencia subjetiva.

  3. Pues si yo estuviera allí, sin traductor iría guiado por mi corazón y el pediría delante de la cara que deje esa impostura, que libere a nuestro Papa Benedicto y se vaya a Buenos aires a hacer fiestas con sus amigos porteños de la sinagoga de satanás.

  4. Olvide mencionar que el que promueve la homosexualidad, el LGTBQIXYZ, encubre Abusos sexuales TAMVIEN ES UN LIBERTINO.

    No tiene autoridad para hablar.

  5. Olvide mencionar que el que promueve la homosexualidad, el LGTBQIXYZ, encubre Abusos sexuales TAMBIEN ES UN LIBERTINO.

    No tiene autoridad para hablar.

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