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La lección de santa Teresa para nuestro mundo

Santa Teresa lecciones
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¿Se acuerdan de la estúpida consigna de principios de la pandemia, “todo va a salir bien”? No fue cosa de aquí, de España; fue universal, como todos los remedios oficiales, más o menos desastrosos. Y, naturalmente, no se cumplió: salimos con miles de negocios cerrados, con recorte de nuestras libertades, con paro y muerte. De hecho, ni siquiera hemos salido, y ni las vacunas, que se prometieron como el fin de la pesadilla, han servido para volver a la normalidad y hoy las restricciones siguen a la orden del día, en algunos países agravadas con medidas directamente tiránicas.

Pero los católicos sí que podemos decirlo. Para el católico, que “todo va a salir bien” es una verdad de fe, quizá la más olvidada en estos tiempos revueltos. Por eso es imperativo que en esta fiesta de Santa Teresa recitemos sus versos más conocidos y universales, capaces de devolvernos la serenidad: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta”.

A menudo en estos días hemos comprobado la justeza de las palabras del Papa cuando lamentaba el pelagianismo inconsciente de muchos católicos. Porque si resulta comprensible preocuparse por la marcha de la Iglesia hacia la irrelevancia en nuestra sociedad, el mimetismo blando de nuestra jerarquía con los valores que las modas ideológicas mundanas les marcan, la débil fe que traslucen tantas actitudes pacatas, cobardes o planas, no tiene, en cambio, excusa el tono de desesperación con que se expresan esas preocupaciones. Solo Dios basta.

En la iglesia de los jesuitas a la que solía ir de pequeño en Madrid, al lado de la cruz había una cita del Evangelio que me fascinaba y hasta hoy me repito casi a diario: Nolite timere, ego vici mundum. No tengáis miedo, yo he vencido al mundo. Me intrigaba, sobre todo, el tiempo verbal en perfecto; Cristo no decía: “Venceré al mundo”, sino “he vencido”. Ya ha sucedido, hemos ganado, Cristo ha vencido, y lo que vivimos es solo un epílogo de esa historia de triunfo, oculto a nuestros ojos solo para que tenga mérito nuestra elección.

Hoy, cuando en el entorno eclesial que nos toca vivir la consigna es la misma que fascina a políticos y publicitarios, “el cambio”, conviene más que nunca recordar ese “Dios no se muda”, tener en cuenta permanentemente que Cristo es el Señor de la Historia, y que esta tiene un final feliz. El cristiano vive en el tiempo, pero no pertenece al tiempo, sino a la eternidad, y no hay proyecto sinodal ni escucha atentísima que vaya a cambiar un ápice los planes de Dios.

La Revelación quedó cerrada con la muerte del último apóstol, San Juan, y ningún poder de este mundo puede alterarla. En ella, articulada por la Tradición, tenemos todo lo que un cristiano necesita conocer para salvarse y para llevar en este mundo una vida de gradual identificación con Cristo que nos lleve a la morada que tenemos reservada desde siempre.

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7 comentarios en “La lección de santa Teresa para nuestro mundo
    1. Es una frase que, adoctrina, con la publicidad, películas, etc sólo si nos fiamos de nuestro Señor Jesucristo, nos evitaremos una estancia larga en el purgatorio, un abrazo,

  1. Es verdad todo lo que dice.
    Que nada nos turbe.
    Y en el huerto de los olivos, Cristo nos dice que oremos y velémos, para no caer en la tentación.
    Somos frágiles, débiles.
    Cristo no se muda, pero nosotros si. Que Él fortalezca nuestra fe.

  2. Es verdad todo lo que dice.
    Que nada nos turbe.
    Y en el huerto de los olivos, Cristo nos dice que oremos y velémos, para no caer en la tentación.
    Somos frágiles, débiles.
    Cristo no se muda, pero nosotros si. Que Él fortalezca nuestra fe.

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