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¿Crucifijos colgados en las paredes o nuestras paredes (y nosotros) colgados del crucifijo?

Crucifijos Italia clases
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(Antonio Socci/Lo Straniero)- El caso fue planteado por un profesor de una escuela de formación profesional que no quería un crucifijo en la pared del aula. La mayoría de los estudiantes, por el contrario, decidieron mantenerlo.

El 9 de septiembre, el Tribunal de Casación dio su veredicto: el crucifijo en el aula «no constituye un acto de discriminación del profesor disidente por motivos religiosos» porque «en un país como Italia, está vinculado a la experiencia vivida por una comunidad y a la tradición cultural de un pueblo».

El Centro Livatino subraya la importancia del pronunciamiento: significa que «no existe una prohibición que esté basada en la constitución que lo impida». Sin embargo, hay un «pero».

Según el Tribunal de Casación, la circular del director de la escuela, que decreta la «orden pura y simple de colocar el símbolo religioso», no se «ajusta al modelo y al método de una comunidad escolar dialogante que busca una solución compartida en el respeto de las diferentes sensibilidades».

Es esta comunidad la que debe decidir «de forma autónoma su exhibición», tal vez «acompañándola de los símbolos de otras confesiones presentes en el aula» y, en todo caso, buscando un «acuerdo razonable entre las posiciones divergentes».

Sin embargo, según el Centro Livatino, el Tribunal de Casación «crea una norma en lugar de interpretar las existentes», por lo que es necesaria la intervención del Parlamento.

Además, someter a votación los símbolos religiosos puede abrir el camino a situaciones surrealistas. El calendario escolar, por ejemplo, prevé el cierre de las escuelas todos los domingos (fiesta cristiana) y, a continuación, las vacaciones escolares de Navidad, Reyes y Pascua. ¿Se votará mañana sobre esto? Incluso el recuento de años adoptado por la escuela (y la comunidad civil) parte del nacimiento de Jesús. El islam y otras religiones tienen cálculos diferentes. ¿Se somete todo a votación? ¿Incluso los programas escolares?

Parece haber una contradicción en la sentencia del Tribunal de Casación: la segunda parte considera que el crucifijo es un símbolo confesional (lo que lleva a las conclusiones que hemos visto). En la primera parte, en cambio, destaca el significado de la presencia del crucifijo en un aula, en referencia a nuestra tradición cultural e identidad nacional.

De hecho, ese símbolo en las aulas no tiene que ver tanto con la fe de los cristianos, que en cualquier caso llevan el crucifijo en el corazón o alrededor del cuello, como con nuestra cultura, la identidad de nuestro pueblo y, por tanto, de todos.

No son los crucifijos los que cuelgan de las paredes. Hay una canción de Gianna Nannini que habla de «paredes colgando de crucifijos». De hecho, son los muros de nuestra civilización los que cuelgan del crucifijo. Sin ella, todo se viene abajo, ya no sabemos quiénes somos.

Nuestra historia e identidad están impregnadas de cristianismo. La literatura, el arte, la filosofía, la historia, la música que estudiamos e incluso la ciencia florecen en el seno del cristianismo. Las universidades y los hospitales nacen de la historia cristiana, al igual que el concepto de Europa. Incluso la lengua italiana tiene como origen y paradigma un poema que celebra el catolicismo: la Divina Comedia.

La propia laicidad del Estado y la idea de democracia se basan en el concepto del Reino de Dios y de la persona humana que trajo Jesucristo.

Benedetto Croce, el santo de la cultura laica, en su conocida obra Perché non possiamo non dirci cristiani escribió: «El cristianismo fue la mayor revolución que ha realizado la humanidad… Y no podemos pensar en las revoluciones y descubrimientos que siguieron en los tiempos modernos… sin la revolución cristiana, en una relación de dependencia con ella, a la que se le debe la primacía porque el impulso original fue y sigue siendo el suyo».

Otro símbolo de la cultura laica, Federico Chabod, en Storia dell’idea d’Europa escribió: «No podemos dejar de ser cristianos, aunque ya no sigamos las prácticas del culto, porque el cristianismo ha moldeado nuestra forma de sentir y de pensar de manera indeleble; y la profunda diversidad que existe entre nosotros y los antiguos, entre nuestra forma de sentir la vida y la de un contemporáneo de Pericles y Augusto se debe precisamente a este gran hecho, el mayor hecho sin duda de la historia universal, es decir, la palabra cristiano. Ni siquiera los llamados ‘librepensadores’, ni los ‘anticlericales’ pueden escapar a este destino común del espíritu europeo».

El artículo más bello en defensa del crucifijo en las aulas apareció en L’Unità [periódico del Partido Comunista italiano] bajo el título «Non togliete quel Crocifisso» [«No quitéis ese crucifijo»], y fue escrito por una escritora judía, la talentosa Natalia Ginzburg: «El crucifijo no genera ninguna discriminación. Es silencioso. Es la imagen de la revolución cristiana, que ha difundido por todo el mundo la idea de igualdad entre los hombres, hasta entonces ausente… El crucifijo es el símbolo del dolor humano. No conozco ningún otro signo que transmita tan poderosamente el sentido de nuestro destino humano. El crucifijo forma parte de la historia del mundo».

Paradójicamente, el filósofo más anticristiano, Nietzsche, lo confirmó con rencor: «Mediante el cristianismo se concedió al individuo una importancia tal, un valor tan absoluto, que ya no podía este ser sacrificado… Y esta pseudohumanidad fervorosa que es el cristianismo quiere precisamente lograr que nadie sea sacrificado».

Así que todos estamos colgados del Crucifijo.

Publicado por Antonio Socci en su blog Lo Straniero.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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4 comentarios en “¿Crucifijos colgados en las paredes o nuestras paredes (y nosotros) colgados del crucifijo?
  1. Me gustaría recordar al «viejo profesor», a Enrique Tierno Galván, cuando fue constituido alcalde de Madrid, todos se extrañaron de que no suprimiese la cruz, ni del momento de su juramento, ni de su mesa de despacho, conviene recordad sus palabras: «En efecto, tiene usted razón, yo no soy creyente, soy agnóstico. Pero la figura del Crucificado es para mí un gran símbolo: es el hombre que dio su vida por defender hasta el final una causa noble».
    Estaría conforme que lo quitaran pero con una condición: que los profesores de universidades e institutos, dejaran de tener libertad de cátedra, es decir, perdieran el derecho a manifestar en las clases su ideología y se preocuparan sólo de impartir la materia que deben de explicar. Si los católicos no nos podemos manifestar como tales, no entiendo porque lo pueden hacer los profesores. Además, los políticos, mientras estén representando un cargo, ¿porqué pueden manifestar ideología?

    1. Como dice un prefacio de la Santa Misa «…quisiste que el que venció en un árbol (el del Paraíso), fuera en un árbol (el de la Cruz) vencido».
      O las aclamaciones del Viernes Santo: «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo» «Venid a adorarlo»

  2. Me publicaron una carta en La Razón, hace ya algunos años y con mi verdadero nombre, en la que explicaba que, aún siendo España un estado que no profesa religión oficial alguna, el crucifijo sigue siendo un símbolo constitucional. No sólo se halla en enseñas y escudos autonómicos, como Asturias, provincias vascas, escudo de Aragón, escudo de Barcelona, etc…, sino que se halla en el mismísimo escudo de la bandera nacional y en la posición más noble y destacada, por encima de todos los demás símbolos que conforman el escudo de la nación española. Fíjese mi improbable lector: Por encima del escudo del reino de Aragón, por encima del escudo del reino de Granada, por encima del escudo del reino de Castilla y León, por encima del escudo del reino de Navarra, por encima del escudo de la familia real, por encima de las columnas de Hércules, por encima de las coronas que esas mismas columnas sostienen, por encima de la propia corona en sí, allí está el crucifijo.

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