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El Papa: «No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político»

Papa Francisco cruz EslovaquiaEl Papa presidiendo hoy la misa (Vatican Media)
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El Papa Francisco ha comenzado la tercera jornada de su viaje a Budapest y Eslovaquia cogiendo un avión, a primera hora de la mañana, que le ha llevado a Košice, una ciudad del este del país eslovaco. De allí se ha desplazado a Prešov, 40 kilómetros al norte.

En la Plaza del Mestská športová hala de esta localidad, Francisco ha presidido la Divina Liturgia Bizantina de san Juan Crisóstomo, con la comunidad greco-católica que, en comunión con Roma, suponen tan sólo el 4% de la población ―el catolicismo en total llega al 66%.

«La cruz era instrumento de muerte, y sin embargo de allí ha venido la vida», dijo Francisco a comienzos de la homilía, en el día que la Iglesia latina celebra la Exaltación de la Santa Cruz.

Qué vio Juan al pie de la cruz, se preguntó el Papa comentando el evangelio: «Jesús, inocente y bueno, muere brutalmente entre dos malhechores». «Una de las tantas injusticias, uno de los tantos sacrificios cruentos que no cambian la historia, la enésima demostración de que el curso de los acontecimientos en el mundo no se modifica: a los buenos se los quita del medio y los malvados vencen y prosperan», señaló el Santo Padre.

«A los ojos del mundo la cruz es un fracaso», dijo, y advirtió que también nosotros «corremos el riesgo de detenernos ante esta primera mirada, superficial, de no aceptar la lógica de la cruz; de no aceptar que Dios nos salve dejando que se desate sobre sí el mal del mundo».

No aceptar al Dios «débil y crucificado», es soñar «con un Dios fuerte y triunfante», indicó Su Santidad. «Cuántas veces aspiramos a un cristianismo de vencedores, a un cristianismo triunfador que tenga relevancia e importancia, que reciba gloria y honor. Pero un cristianismo sin cruz es mundano y se vuelve estéril», alertó el Sucesor de Pedro.

¿Por qué se dejó Cristo matar en la Cruz?, se preguntó Francisco, «hubiera podido conservar la vida, hubiera podido mantenerse a distancia de nuestra historia más miserable y cruda». En cambio, eligió «el camino más difícil: la cruz». «Porque no debe haber en la tierra ninguna persona tan desesperada que no lo pueda encontrar, aun allí, en la angustia, en la oscuridad, en el abandono, en el escándalo de la propia miseria y de los propios errores», dijo el Papa.

El obispo de Roma recordó como la cruz está presente en cada rincón de nuestras iglesias, en el cuello, en casa, en el auto, en el bolsillo… «Pero no sirve de nada si no nos detenemos a mirar al Crucificado y no le abrimos el corazón», dijo. Si no nos conmovemos con el crucifijo «la cruz se queda como un libro no leído, del que se conoce bien el título y el autor, pero que no repercute en la vida». «No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social», advirtió Su Santidad.

De contemplar a Cristo en la cruz viene el testimonio, aseguró el Pontífice. «Si se ahonda la mirada en Jesús, su rostro comienza a reflejarse en el nuestro, sus rasgos se vuelven los nuestros, el amor de Cristo nos conquista y nos transforma. Pienso en los mártires, que testimoniaron el amor de Cristo en tiempos muy difíciles de esta nación, cuando todo aconsejaba callar, resguardarse, no profesar la fe. Pero no podían, no podían dejar de dar testimonio. ¡Cuántas personas generosas aquí en Eslovaquia sufrieron y murieron a causa del nombre de Jesús!», exclamó.

«Pero pienso también en nuestro tiempo, en el que no faltan ocasiones para dar testimonio. Aquí, gracias a Dios, no hay quien persiga a los cristianos como en tantas otras partes del mundo. Pero el testimonio puede ser socavado por la mundanidad o la mediocridad», señaló Su Santidad.

«La cruz no quiere ser una bandera que enarbolar, sino la fuente pura de un nuevo modo de vivir. ¿Cuál? El del Evangelio, el de las Bienaventuranzas», indicó Francisco.

«El testigo que tiene la cruz en el corazón y no solamente en el cuello no ve a nadie como enemigo, sino que ve a todos como hermanos y hermanas por los que Jesús ha dado la vida», manifestó el Papa.

«El testigo de la cruz no recuerda los agravios del pasado y no se lamenta del presente. El testigo de la cruz no usa los caminos del engaño y del poder mundano, no quiere imponerse a sí mismo y a los suyos, sino dar la propia vida por los demás. No busca los propios beneficios para después mostrarse devoto, esta sería una religión del doblez, no el testimonio del Dios crucificado. El testigo de la cruz persigue una sola estrategia, la del Maestro, que es el amor humilde. No espera triunfos aquí abajo, porque sabe que el amor de Cristo es fecundo en lo cotidiano y hace nuevas todas las cosas desde dentro, como semilla caída en tierra, que muere y da fruto», continuó Francisco.

«Queridos hermanos y hermanas, ustedes han visto testigos. Conserven el amado recuerdo de las personas que los han amamantado y criado en la fe. Personas humildes y sencillas, que han dado la vida amando hasta el extremo. Ellos son nuestros héroes, los héroes de la cotidianidad, y sus vidas son las que cambian la historia. Los testigos engendran otros testigos, porque son dadores de vida. Y así se difunde la fe. No con el poder del mundo, sino con la sabiduría de la cruz; no con las estructuras, sino con el testimonio».

El Santo Padre tiene dos actos más programados para hoy: un encuentro con la comunidad gitana y otro con los jóvenes. Después de ambos regresará a Bratislava.

Les ofrecemos las palabras del Papa en la homilía, publicadas en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

«Nosotros —declara san Pablo— proclamamos a un Mesías crucificado […], fuerza y sabiduría de Dios». Por otra parte, el Apóstol no esconde que la cruz, a los ojos de la sabiduría humana, representa todo lo contrario: es «escándalo», «locura» (1 Co 1,23-24). La cruz era instrumento de muerte, y sin embargo de allí ha venido la vida. Era lo que nadie quería mirar, y aun así nos ha revelado la belleza del amor de Dios. Por eso el santo Pueblo de Dios la venera y la liturgia la celebra en la fiesta de hoy. El Evangelio de san Juan nos toma de la mano y nos ayuda a entrar en este misterio. El evangelista, de hecho, estaba justo allí, al pie de la cruz. Contempla a Jesús, ya muerto, colgado del madero, y escribe: «El que lo vio da testimonio» (Jn 19,35). San Juan ve y da testimonio.

Ante todo, está el ver. Pero, ¿qué ha visto Juan al pie de la cruz? Ciertamente lo que han visto los demás: Jesús, inocente y bueno, muere brutalmente entre dos malhechores. Una de las tantas injusticias, uno de los tantos sacrificios cruentos que no cambian la historia, la enésima demostración de que el curso de los acontecimientos en el mundo no se modifica: a los buenos se los quita del medio y los malvados vencen y prosperan. A los ojos del mundo la cruz es un fracaso. Y también nosotros corremos el riesgo de detenernos ante esta primera mirada, superficial, de no aceptar la lógica de la cruz; de no aceptar que Dios nos salve dejando que se desate sobre sí el mal del mundo. No aceptar, sino sólo con palabras, al Dios débil y crucificado, es soñar con un Dios fuerte y triunfante. Es una gran tentación. Cuántas veces aspiramos a un cristianismo de vencedores, a un cristianismo triunfador que tenga relevancia e importancia, que reciba gloria y honor. Pero un cristianismo sin cruz es mundano y se vuelve estéril.

San Juan, en cambio, vio en la cruz la obra de Dios. Reconoció en Cristo crucificado la gloria de Dios. Vio que Él, a pesar de las apariencias, no era un fracasado, sino que era Dios que voluntariamente se ofrecía por todos los hombres. ¿Por qué lo hizo? Hubiera podido conservar la vida, hubiera podido mantenerse a distancia de nuestra historia más miserable y cruda. En cambio, quiso entrar dentro, ahondar en ella. Por eso eligió el camino más difícil: la cruz. Porque no debe haber en la tierra ninguna persona tan desesperada que no lo pueda encontrar, aun allí, en la angustia, en la oscuridad, en el abandono, en el escándalo de la propia miseria y de los propios errores. Precisamente allí, donde se piensa que Dios no pueda estar, Dios ha llegado. Para salvar a cualquier persona que esté desesperada quiso rozar la desesperación, para hacer suyo nuestro más amargo desaliento gritó en la cruz: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46; Sal 22,1). Un grito que salva. Salva porque Dios hizo suyo incluso nuestro abandono. Y nosotros, ahora, con Él, ya no estamos solos, nunca.

¿Cómo podemos aprender a ver la gloria en la cruz? Algunos santos han enseñado que la cruz es como un libro que, para conocerlo, es necesario abrir y leer. No basta adquirir un libro, darle un vistazo y colocarlo en un lugar visible de la casa. Lo mismo vale para la cruz: está pintada o esculpida en cada rincón de nuestras iglesias. Son incontables los crucifijos: en el cuello, en casa, en el auto, en el bolsillo. Pero no sirve de nada si no nos detenemos a mirar al Crucificado y no le abrimos el corazón, si no nos dejamos sorprender por sus llagas abiertas por nosotros, si el corazón no se llena de conmoción y no lloramos delante del Dios herido de amor por nosotros. Si no hacemos esto, la cruz se queda como un libro no leído, del que se conoce bien el título y el autor, pero que no repercute en la vida. No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social.

De la contemplación del Crucificado brota el segundo paso: dar testimonio. Si se ahonda la mirada en Jesús, su rostro comienza a reflejarse en el nuestro, sus rasgos se vuelven los nuestros, el amor de Cristo nos conquista y nos transforma. Pienso en los mártires, que testimoniaron el amor de Cristo en tiempos muy difíciles de esta nación, cuando todo aconsejaba callar, resguardarse, no profesar la fe. Pero no podían, no podían dejar de dar testimonio. ¡Cuántas personas generosas aquí en Eslovaquia sufrieron y murieron a causa del nombre de Jesús! Un testimonio realizado por amor a Aquel que habían contemplado largamente. Tanto, hasta el punto de asemejarse a Él, incluso en la muerte.

Pero pienso también en nuestro tiempo, en el que no faltan ocasiones para dar testimonio. Aquí, gracias a Dios, no hay quien persiga a los cristianos como en tantas otras partes del mundo. Pero el testimonio puede ser socavado por la mundanidad o la mediocridad. La cruz en cambio exige un testimonio límpido. Porque la cruz no quiere ser una bandera que enarbolar, sino la fuente pura de un nuevo modo de vivir. ¿Cuál? El del Evangelio, el de las Bienaventuranzas. El testigo que tiene la cruz en el corazón y no solamente en el cuello no ve a nadie como enemigo, sino que ve a todos como hermanos y hermanas por los que Jesús ha dado la vida. El testigo de la cruz no recuerda los agravios del pasado y no se lamenta del presente. El testigo de la cruz no usa los caminos del engaño y del poder mundano, no quiere imponerse a sí mismo y a los suyos, sino dar la propia vida por los demás. No busca los propios beneficios para después mostrarse devoto, esta sería una religión del doblez, no el testimonio del Dios crucificado. El testigo de la cruz persigue una sola estrategia, la del Maestro, que es el amor humilde. No espera triunfos aquí abajo, porque sabe que el amor de Cristo es fecundo en lo cotidiano y hace nuevas todas las cosas desde dentro, como semilla caída en tierra, que muere y da fruto.

Queridos hermanos y hermanas, ustedes han visto testigos. Conserven el amado recuerdo de las personas que los han amamantado y criado en la fe. Personas humildes y sencillas, que han dado la vida amando hasta el extremo. Ellos son nuestros héroes, los héroes de la cotidianidad, y sus vidas son las que cambian la historia. Los testigos engendran otros testigos, porque son dadores de vida. Y así se difunde la fe. No con el poder del mundo, sino con la sabiduría de la cruz; no con las estructuras, sino con el testimonio. Y hoy el Señor, desde el silencio vibrante de la cruz, nos dice a todos nosotros, te dice también a ti, a ti, a ti, a mí: “¿Quieres ser mi testigo?”.

Con Juan, en el Calvario, estaba la Santa Madre de Dios. Nadie como ella vio abierto el libro de la cruz y lo testimonió por medio del amor humilde. Por su intercesión, pidamos la gracia de convertir la mirada del corazón al Crucificado. Entonces nuestra fe podrá florecer en plenitud, entonces los frutos de nuestro testimonio madurarán.

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25 comentarios en “El Papa: «No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político»
  1. ¡¡¡Pues bien que echaste mano del Cristo que más devoción inspira en Roma cuando te montaste aquel numerito en una Plaza de San Pedro totalmente vacía, hipócrita, iconoclasta!!!
    Encima conseguiste que se deteriorase por la lluvia que le cayó encima mientras tú estabas bien tapadito.
    Lo único que conseguiste fue dar gusto al Enemigo al mostrar una Plaza de San Pedro como jamás nadie había visto. Era todo un símbolo de la apostasía de Occidente y de la debilidad del Papado, aunque tal vez hubiese muchos que seguían el acto por televisión

    1. De que nos sorprendemos???? Que es la izquierda??? Pues precisamente es aquella ideología por la cual sus miembros hacen TODO lo contrario de lo que predican y además alardean……y que es el sujeto en cuestión???? Pues un izquierdista como la copa de un pino

    2. ¿Como conviertes tu acto de piedad que muchos católicos vivimos con la mayor devoción en un acto iconoclasta? Tu odio al Papa Francisco te hace leer con malos ojos actos buenos.

      1. No se confunda usted conmigo, Padre.
        Yo no odio a Francisco. Rezo todos los días por él, en la Misa, en el Oficio y en el Rosario.
        Otra cosa es que sea muy crítico con muchas de sus afirmaciones y ejercicios de confusión, que lo soy.
        Y, por cierto, yo también seguí con recogimiento ese acto del Papa.
        Lo que critico es esa afirmación concreta del Papa. La cruz, en efecto, es mucho más que un mero objeto de devoción, pedro no hay que despreciar la devoción.
        En cuanto a lo de no hacer de ella un instrumento político creo que incurre deliberadamente en la falacia del hombre de paja. Nadie la usa como símbolo político, pero sí como símbolo de una cosmovisión cristiana del mundo. Eso es lo que saca de quicio a los globalistas, esclavos del Nuevo Orden Mundial.
        Espero haberle aclarado las cosas y sacarle de su malentendido.
        Me encomiendo a sus oraciones

        1. Telémaco, lo que dices en tu comentario es correcto, yo no veo el odio por ningún lado, sino simplemente descripción de hechos tal como fueron. La reacción de Sacerdote, con todos mis respetos, no le hace meritorio de su nombre.

          1. Estoy de acuerdo con usted Tom.
            Sacerdote, será un sacerdote? No lo creo. De todas formas, la frase a la que nos referimos, es simplemente una Bergogliada más. De hecho este impos también señaló la Cruz diciendo que era el fracaso de Dios. Entonces, que podemos esperar de aquel que no es ni 54 nt0, ni P4 P4. Que lo aplaudan los m4 50 n35, les hace la tarea muy bien.

  2. El principio fundamental en el catolicismo, resumido en latín, es el “et-et” (esto y aquello), y a él se opone constantemente el “aut-aut” protestante (esto o aquello). En este último hay un empecinamiento ciego en ver como excluyentes conceptos que son complementarios. En lógica, este tipo de errores de razonamiento se definen como falacia de la falsa disyunción o falacia de falso dilema.

  3. ¿Dios débil y crucificado? Pero, ¿De dónde sacan eso este Señor? Jesús nuestro Señor asumió la naturaleza humana, y como hombre fue crucificado, pero su naturaleza humana no significó una disminución de su ser de Dios.
    Concilios Romanos de 860 y 863
    DZ635 «635 Cap. 7. Hay que creer verdaderamente y confesar por todos los modos que nuestro Señor
    Jesucristo, Dios e Hijo de Dios, sólo sufrió la pasión de la cruz según la carne, pero según la
    divinidad permaneció impasible, como lo enseña la autoridad apostólica, y con toda claridad lo
    demuestra la doctrina de los Santos Padres.
    636 Cap. 8. Mas aquellos que dicen que Jesucristo redentor nuestro e Hijo de Dios sufrió la
    pasión de la cruz según la divinidad, por ser ello impío y execrable para las mentes católicas,
    sean anatema.»

    1. Dice el Magisterio eclesiástico y teológico que en Jesucristo Dios se hizo débil para salvarnos, porque la humanidad es frágil. Dios eterno sin limatones y perfecto se abaja hasta la muerte y muerte de Cruz y eso es debilidad absoluta y aceptada para redimirnos.

  4. Francisco vuelve a hablar de forma confusa. Dios es fuerte y triunfante aunque su victoria pasa por la cruz. Contrariamente a lo que dice Francisco, un cristianismo relevante es lo mejor, y es lo propio si se reconoce el Reinado social de Cristo, tal como enseñaron sus predecesores, con lo cual Francisco contradice al magisterio pontificio.

    1. Contrariamente a lo que ha dicho Francisco, la cruz es, y tiene que ser, objeto de devoción, y es símbolo de monarquías católicas, está presente en la bandera de muchas naciones, es un signo fundamental en la religión verdadera y en la sociedad rectamente orientada.

      1. ES la cruz objeto de devoción pero sólo como objeto de devoción debe ser empleado por países o agrupaciones no como politización o ideologización.

        1. Ve y diles esto mismo a Pedro Sánchez y sus secuaces. Que han derribado, y seguirán derribando, lo que constituye devoción para nosotros excusándose en razones políticas. Que no nos amonesten por ser devotos de la cruz. Que amonesten a los que se escudan en razones políticas para menospreciar y atacar a los católicos.

    2. Tener la cruz en el corazón no impide ver enemigos como erróneamente dice Francisco, sino que lleva a perdonarlos y trabajar para convertirlos.

    3. Este discurso contiene otros errores como lo de que todos los hombres aunque no estén bautizados sean hermanos, como lo del testimonio de vida al margen de la predicación, etc.
      Y adolece de la incoherencia de que Francisco, que siempre calla ante la ideología de género y el aborto, diga que no hay que callar.

    4. El Papa se equivoca también al decir que «El testigo de la cruz no se lamenta del presente.» Con la jerarquía eclesiástica hecha un desastre, con el NOM penetrando cada vez más, con el islam invadiendo Europa, es normal lamentarse del presente, lo que ocurre es que hay que hacerlo con visión sobrenatural, llenos de esperanza en la victoria de Cristo y de los suyos.

    5. Y para acabar, también es deplorable de esta homilía, lo que no dice. Pues entre todas sus palabras no ha hablado ni una sola vez del sacrificio redentor, que es la razón de ser de la cruz de Cristo.

      1. Suscribo uno por uno cada uno de sus comentarios. La Santa Cruz es tan importante que es lo único en la creación que es adorado junto con Dios. Bendita Cruz que nos vale tal Salvador.

  5. Vaya, por fin el papa Francisco ha asistido a una litúrgica tradicional … pero se trata de una divina liturgia oriental, no del inmemorial rito romano. Este segundo es asunto de rígidos nostálgicos, a quienes debe reconducirse al misal vaticanosegundista de Pablo VI y Juan Pablo II de Asís, por las buenas o por las malas.

  6. Berg ha ido a Hungría y Eslovaquia a soltar su verborrea mundialista y anticristiana, y a servirse de signos cristianos para proclamar un mensaje que no es cristiano: todas las burradas de los años 60 y 70 condensadas.

    ¿Ha ido a un congreso eucarístico, o a atacarlo? Porque es el momento de decir maravillas sobre el Santísimo Sacramento…. en vez de los ataques directos o velados a los católicos de bien.

  7. Caray, pues precisamente es eso mismo lo que pensé, la conveniencia de no instrumentalizar la Cruz como símbolo político, cuando Evo Morales entregó al Papa Francisco un crucifijo alterado para simular la simbología comunista de la hoz y el martillo. Lástima que entonces el Papa no tuviera tan claras las ideas y rechazara de plano semejante blasfemia.

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