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El Papa: «Custodiar el bien no significa repetir el pasado, sino abrirse a la novedad sin desarraigarse»

Papa Francisco Eslovaquia autoridadesEl Papa con la presidente de Eslovaquia (Vatican Media)
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Francisco ha proseguido hoy su visita a Eslovaquia, en el que está siendo su 34º viaje apostólico.

Esta mañana, la primera cita del Papa fue con las autoridades del país centroeuropeo, en el Palacio presidencial de la capital: Bratislava. El Santo Padre se reunió con Zuzana Caputová, presidente del país y, para muchos, gran impulsora de esta visita papal.

En el jardín del palacio, el Papa argentino dirigió un discurso a las autoridades de Eslovaquia. Francisco les dijo que necesitamos fraternidad para “promover una integración cada vez más necesaria”. “Esta urge ahora, en un momento en el que, después de durísimos meses de pandemia, se plantea, junto a muchas dificultades, una anhelada reactivación económica, favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea”, afirmó.

Todavía “se puede correr el riesgo” de dejarse arrastrar “por la prisa y la seducción” de las ganancias, “generando una euforia pasajera que, más que unir, divide”, aseguró Su Santidad.

“Que este país, mientras en varios frentes siguen luchas por la supremacía, reafirme su mensaje de integración y de paz, y Europa se distinga por una solidaridad que, atravesando las fronteras, pueda volver a llevarla al centro de la historia”, exhortó el Papa.

El Santo Padre recordó que la historia eslovaca está marcada por la fe, y mencionó a Cirilo y Metodio. “Ellos difundieron el Evangelio cuando los cristianos del continente estaban unidos; y todavía hoy unen las confesiones de esta tierra”, señaló. “Eran reconocidos por todos y buscaban la comunión con todos: eslavos, griegos y latinos. La solidez de su fe se traducía así en una apertura espontánea. Es un legado que ustedes están llamados a recoger en este momento, para ser también en este tiempo un signo de unidad” añadió.

“Queridos amigos, que esta vocación a la fraternidad no desaparezca nunca de sus corazones, sino que acompañe siempre la simpática autenticidad que los caracteriza. Ustedes saben reservar gran atención a la hospitalidad”, aseguró el Sumo Pontífice.

Francisco, hablando del pan como don de hospitalidad, comentó que el pan del que habla el Evangelio “siempre se parte”. “Es un fuerte mensaje para nuestra vida cotidiana; nos dice que la riqueza verdadera no consiste tanto en multiplicar cuanto se tiene, sino en compartirlo equitativamente con quien tenemos a nuestro alrededor”, aseguró el Santo Padre.

“El pan, que partiéndose evoca la fragilidad, invita en particular a hacerse cargo de los más débiles. Que nadie sea estigmatizado o discriminado. La mirada cristiana no ve en los más frágiles una carga o un problema, sino hermanos y hermanas a quienes acompañar y cuidar”, dijo.

Francisco recordó como la Constitución eslovaca menciona el deseo de edificar el país sobre la herencia de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. “Ellos, sin imposiciones y sin coacciones, fecundaron la cultura con el Evangelio, generando procesos beneficiosos”, manifestó Su Santidad.

“Es esta la senda, no la lucha por la conquista de espacios y de relevancia, sino el camino que indican los santos, el camino de las Bienaventuranzas. De allí, de las Bienaventuranzas, surge la visión cristiana de la sociedad”, explicó el Vicario de Cristo.

“Los santos Cirilo y Metodio también han mostrado que custodiar el bien no significa repetir el pasado, sino abrirse a la novedad sin desarraigarse”, señaló.

Les ofrecemos las palabras del Papa a las autoridades de la sociedad civil, publicadas en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Señora Presidenta,

miembros del Gobierno y del Cuerpo Diplomático,

distinguidas Autoridades civiles y religiosas,

señoras y señores:

Expreso mi gratitud a la Presidenta Zuzana Čaputová por las palabras de bienvenida que me ha dirigido, también en nombre de ustedes y de la población. Saludo a todos ustedes, manifestándoles mi alegría de estar en Eslovaquia. Vengo como peregrino en un país joven pero de historia antigua, en una tierra de raíces profundas situada en el corazón de Europa. Verdaderamente me encuentro en una “tierra media”, que ha visto muchas transiciones. Estos territorios han sido frontera del Imperio romano y lugar de interacción entre el cristianismo occidental y oriental. De la gran Moravia al Reino húngaro, de la República checoslovaca a hoy, han sabido, en medio de no pocas pruebas, integrarse y distinguirse de un modo esencialmente pacífico. Veintiocho años atrás el mundo admiró el nacimiento sin conflictos de dos países independientes.

Esta historia llama a Eslovaquia a ser un mensaje de paz en el corazón de Europa. Es lo que sugiere la gran franja azul de su bandera, que simboliza la fraternidad con los pueblos eslavos. Fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria. Esta urge ahora, en un momento en el que, después de durísimos meses de pandemia, se plantea, junto a muchas dificultades, una anhelada reactivación económica, favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea. Todavía se puede correr el riesgo de dejarse arrastrar por la prisa y la seducción de las ganancias, generando una euforia pasajera que, más que unir, divide. Además, la sola recuperación económica no es suficiente en un mundo donde todos estamos conectados, donde todos habitamos una tierra media. Que este país, mientras en varios frentes siguen luchas por la supremacía, reafirme su mensaje de integración y de paz, y Europa se distinga por una solidaridad que, atravesando las fronteras, pueda volver a llevarla al centro de la historia.

La historia eslovaca está marcada de manera indeleble por la fe. Deseo que ésta ayude a alimentar de modo connatural propósitos y sentimientos de fraternidad. Pueden inspirarse en las grandiosas vidas de los santos hermanos Cirilo y Metodio. Ellos difundieron el Evangelio cuando los cristianos del continente estaban unidos; y todavía hoy unen las confesiones de esta tierra. Eran reconocidos por todos y buscaban la comunión con todos: eslavos, griegos y latinos. La solidez de su fe se traducía así en una apertura espontánea. Es un legado que ustedes están llamados a recoger en este momento, para ser también en este tiempo un signo de unidad.

Queridos amigos, que esta vocación a la fraternidad no desaparezca nunca de sus corazones, sino que acompañe siempre la simpática autenticidad que los caracteriza. Ustedes saben reservar gran atención a la hospitalidad. Me sorprenden las expresiones típicas de la acogida eslava, que ofrece a los visitantes el pan y la sal. Y quisiera ahora inspirarme en estos dones sencillos y preciosos, impregnados de Evangelio.

El pan, elegido por Dios para hacerse presente entre nosotros, es esencial. La Escritura invita a no acumularlo, sino a compartirlo. El pan del que habla el Evangelio siempre se parte. Es un fuerte mensaje para nuestra vida cotidiana; nos dice que la riqueza verdadera no consiste tanto en multiplicar cuanto se tiene, sino en compartirlo equitativamente con quien tenemos a nuestro alrededor. El pan, que partiéndose evoca la fragilidad, invita en particular a hacerse cargo de los más débiles. Que nadie sea estigmatizado o discriminado. La mirada cristiana no ve en los más frágiles una carga o un problema, sino hermanos y hermanas a quienes acompañar y cuidar.

El pan partido y compartido equitativamente recuerda la importancia de la justicia, de dar a cada uno la oportunidad de realizarse. Es necesario esforzarse para construir un futuro en el que las leyes se apliquen a todos por igual, sobre la base de una justicia que no esté nunca en venta. Y para que la justicia no permanezca como una idea abstracta, sino que sea concreta como el pan, es necesario emprender una seria lucha contra la corrupción y que ante todo se fomente e imponga la legalidad.

Además, el pan se une inseparablemente a un adjetivo: cotidiano (cf. Mt 6,11), pan cotidiano. El pan de cada jornada es el trabajo, que ocupa gran parte de ella. Del mismo modo que sin pan no hay nutrición, sin trabajo no hay dignidad. En la base de una sociedad justa y fraterna rige el derecho de que a cada uno se le conceda el pan del trabajo, para que nadie se sienta marginado y se vea obligado a dejar la familia y la tierra de origen en busca de mejores oportunidades.

«Ustedes son la sal de la tierra» (Mt 5,13). La sal es el primer símbolo que Jesús emplea enseñando a sus discípulos. Esta, en primer lugar, da gusto a los alimentos, y lleva a pensar en ese sabor sin el cual la vida se vuelve insípida. No bastan ciertamente estructuras organizadas y eficientes para hacer buena la convivencia humana, se necesita sabor, se necesita el sabor de la solidaridad. Y como la sal sólo da sabor disolviéndose, así la sociedad encuentra gusto a través de la generosidad gratuita de quien se entrega por los demás. Es hermoso que a los jóvenes, en particular, se los motive en este sentido, para que se sientan protagonistas del futuro del país y lo tomen en serio, enriqueciendo con sus sueños y su creatividad la historia que los ha precedido. No hay renovación sin los jóvenes, que a menudo son engañados por un espíritu consumista que marchita la existencia. Muchos, demasiados en Europa se arrastran en el cansancio y la frustración, estresados por ritmos de vida frenéticos y sin saber cómo encontrar motivaciones y esperanza. El ingrediente que falta es el cuidado por los demás. Sentirse responsables de alguien da gusto a la vida y permite descubrir que lo que damos es en realidad un don que nos hacemos a nosotros mismos.

La sal, en los tiempos de Cristo, además de dar sabor, servía para conservar los alimentos, preservándolos del deterioro. Me gustaría que nunca dejen que los fragantes sabores de sus mejores tradiciones se estropeen por la superficialidad del consumo y las ganancias materiales. Y mucho menos de los colonialismos ideológicos. En esta tierra, hasta hace algunos decenios, un pensamiento único coartaba la libertad; hoy otro pensamiento único la vacía de sentido, reconduciendo el progreso al beneficio y los derechos sólo a las necesidades individualistas. Hoy, como entonces, la sal de la fe no es una respuesta según el mundo, no está en el ardor de llevar a cabo guerras culturales, sino en la siembra humilde y paciente del Reino de Dios, principalmente con el testimonio de la caridad, del amor. Vuestra Constitución menciona el deseo de edificar el país sobre la herencia de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. Ellos, sin imposiciones y sin coacciones, fecundaron la cultura con el Evangelio, generando procesos beneficiosos. Es esta la senda, no la lucha por la conquista de espacios y de relevancia, sino el camino que indican los santos, el camino de las Bienaventuranzas. De allí, de las Bienaventuranzas, surge la visión cristiana de la sociedad.

Los santos Cirilo y Metodio también han mostrado que custodiar el bien no significa repetir el pasado, sino abrirse a la novedad sin desarraigarse. Vuestra historia cuenta con muchos escritores, poetas y hombres de cultura que han sido la sal del país. Y como la sal quema sobre las heridas, así sus vidas han pasado con frecuencia a través del crisol del sufrimiento. Cuántas personas ilustres fueron encerradas en la cárcel, permaneciendo libres interiormente y ofreciendo luminosos ejemplos de valentía, coherencia y resistencia a la injusticia. Y sobre todo de perdón. Esta es la sal de vuestra tierra.

La pandemia, en cambio, es el crisol de nuestro tiempo. Esta nos ha mostrado que es muy fácil, a pesar de estar todos en la misma situación, disgregarse y pensar solamente en uno mismo. Volvamos a comenzar reconociendo que todos somos frágiles y necesitados de los demás. Ninguno puede aislarse, ya sea como individuo o como nación. Acojamos esta crisis como un «llamado a repensar nuestros estilos de vida» (Carta enc. Fratelli tutti, 33). No sirve recriminar el pasado, es necesario ponerse manos a la obra para construir juntos el futuro. Me gustaría que lo hicieran con la mirada dirigida hacia lo alto, como cuando miran sus espléndidos montes Tatras. Allí, entre los bosques y las cumbres que señalan el cielo, Dios parece más cercano y la creación se revela como la casa intacta que durante siglos ha acogido tantas generaciones. Sus montes conectan cimas y paisajes variados en una cadena única, y trascienden los límites del país para unir en la belleza pueblos diversos. Cultiven esta belleza, la belleza del conjunto. Esto requiere paciencia, esto requiere esfuerzo, esto requiere valentía e intercambio, esto requiere entusiasmo y creatividad. Pero es la obra humana que el cielo bendice. Que Dios los bendiga, que bendiga esta tierra. Nech Boh žehná Slovensko! [¡Que Dios bendiga a Eslovaquia!] Gracias.

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10 comentarios en “El Papa: «Custodiar el bien no significa repetir el pasado, sino abrirse a la novedad sin desarraigarse»
  1. Ya está Francisco con su discurso errático sobre lo que él llama hospitalidad, pero que él interpreta en dejarse invadir por el islam.
    En cuanto a la Iglesia, no debe buscar la novedad por la novedad, sino recuperar la fortaleza espiritual del pasado.

    1. ¿Abrirse a la novedad, qué significa? ¿novedades morales? ¿Hay que ir de moderno por la vida con el resultado catastrófico que amarga el final de tantas órdenes religiosas que se creyeron el «agiornamiento» del siglo pasado?

    2. Qué buen alcalde del pueblo de la película «Bienvenido Mr. Marshall» hubiese sido el simpar he re je argentino con sus peroratas de la confusión. Mientras, el padre de la confusión aplaude.

  2. Todo aquello que Dios Eterno tenia que revelar al hombre se alcanzó con nuestro Señor Jesucristo: en el está toda la la verdad y la vida. Por que como enseña la Iglesia, toda la novedad, todo el camino, todo el destino se alcanza alcanzando a Jesucristo. Y por eso, toda nuestra tarea consiste en alcanzar esa plenitud que logramos hace dos mil años cuando Jesucristo el Señor caminó por los caminos de la tierra.

    En cambio, los que buscan la novedad, la revolución, la utopía mundana como le ocurre al señor Bergoglio, lo que en realidad pretenden es repetir una sociedad en la que se prescinde de Dios y se pretende poner al hombre en el centro… Lo que en realidad pretenden es un renacimiento del Paganismo… Es eso que llaman Nueva Era, y que no es sino la esclavitud tinta en sangre del hombre sometido al Mal.

  3. Je, abrirse a la novedad, abrirse a OTRO evangelio para que caigamos en a n a t e m a. No voy a transcribir Gálatas 1:8-9 porque es muy conocido, pero sí los siguientes versículos:

    «Sin embargo, temo que, como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así vuestras mentes degeneren de la simplicidad y pureza que han de tener con Cristo. Porque si alguno viene y predica otro Jesús que al que nosotros hemos predicado, o si recibís otro Espíritu que el que recibisteis, u otro Evangelio que el que abrazasteis, bien lo toleraríais».
    —2 Cor 11:3-4

    «Porque vendrá el tiempo en que no soportarán mas la sana doctrina, antes bien con prurito de oír se amontonarán maestros con arreglo a sus concupiscencias. Apartarán de la verdad el oído, pero se volverán a las fábulas».
    —2 Tim 4:3-4

    Bergoglio hace honor a su nombre: Ber Gog Lio (El Hijo de Gog que levanta rebelión). No para de hablar como dragón.

    1. Y nunca mejor ahora recordar a San Vicente de Lerins y su Conmonitorio respecto de como actuar en tiempos en los que alguien quiere modificar alguna enseñanza de siempre:

      1. Habiendo interrogado con frecuencia y con el mayor cuidado y atención a numerosísimas personas, sobresalientes en santidad y en doctrina, sobre cómo poder distinguir por medio de una regla segura, general y normativa, la verdad de la fe católica de la falsedad perversa de la h e r e j í a, casi todas me han dado la misma respuesta: «Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los h e r e j e s que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: CON LA AUTORIDAD DE LA LEY DIVINA ANTE TODO, Y CON LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA».

        «Y SI ALGÚN CONTAGIO NUEVO SE ESFUERZA EN ENVENENAR, NO YA UNA PEQUEÑA PARTE DE LA IGLESIA, SINO TODA LA IGLESIA ENTERA A LA VEZ INCLUSO, **ENTONCES SU GRAN CUIDADO SERÁ APEGARSE A LA ANTIGÜEDAD**, QUE EVIDENTEMENTE NO PUEDE YA SER SEDUCIDA POR NINGUNA MENTIROSA NOVEDAD».

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