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El Papa afirma que las mujeres «no tienen las mismas oportunidades» que los hombres

Papa Francisco mujeres oportunidadesEl Papa en la audiencia de hoy, 8 de septiembre (Vatican Media)
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El Papa Francisco ha dedicado hoy la catequesis del miércoles a continuar repasando la carta de san Pablo a los Gálatas. El Pontífice argentino se ha centrado en las palabras del ‘apóstol de los gentiles’ sobre el bautismo.

«Si yo hoy preguntara: ¿quién de vosotros sabe la fecha de su bautismo?, creo que las manos levantadas no serían muchas», dijo el Papa a los miles de fieles que, posiblemente por primera vez desde que empezara la pandemia, llenaban prácticamente el Aula Pablo VI. «Y sin embargo es la fecha en la cual hemos sido salvados, es la fecha en la cual nos hemos convertido en hijos de Dios», señaló, animando a los que no lo supieran a averiguarlo.

La filiación de la que habla Pablo, explicó el Papa, «ya no es la general que afecta a todos los hombres y las mujeres en cuanto hijos e hijas del único Creador». La novedad es que este bautismo es en Cristo. «Es este “en Cristo” que hace la diferencia. No solamente hijo de Dios, como todos: todos los hombres y mujeres somos hijos de Dios, todos, cualquiera que sea la religión que tenemos. No. Pero “en Cristo” es lo que hace la diferencia en los cristianos», dijo Francisco.

El Papa recordó las palabras de Pablo sobre que ya no hay judío ni griego ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer. La igualdad en Cristo «supera la diferencia social entre los dos sexos, estableciendo una igualdad entre hombre y mujer entonces revolucionaria y que hay necesidad de reafirmar también hoy».

«Es necesario reafirmarla también hoy. ¡Cuántas veces escuchamos expresiones que desprecian a las mujeres! Cuántas veces hemos escuchado: “Pero no, no hagas nada, [son] cosas de mujeres”. Pero mira que hombre y mujer tienen la misma dignidad, y hay en la historia, también hoy, una esclavitud de las mujeres: las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Debemos leer lo que dice Pablo: somos iguales en Cristo Jesús», señaló el Santo Padre.

Papa Francisco mujeres oportunidades
El Papa besando las manos de un sacerdote recién ordenado hoy en la audiencia. (Vatican Media))

Les ofrecemos la catequesis del Papa, publicada en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Catequesis 8. Somos hijos de Dios

Hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Proseguimos nuestro itinerario de profundización de la fe —de nuestra fe—- a la luz de la Carta de san Pablo a los Gálatas. El apóstol insiste con esos cristianos para que no olviden la novedad de la revelación de Dios que se les ha anunciado. Plenamente de acuerdo con el evangelista Juan (cf. 1 Jn 3,1-2), Pablo subraya que la fe en Jesucristo nos ha permitido convertirnos realmente en hijos de Dios y también en sus herederos. Nosotros, los cristianos, a menudo damos por descontado esta realidad de ser hijos de Dios. Sin embargo, siempre es bueno recordar de forma agradecida el momento en el que nos convertimos en ello, el de nuestro bautismo, para vivir con más consciencia el gran don recibido.

Si yo hoy preguntara: ¿quién de vosotros sabe la fecha de su bautismo?, creo que las manos levantadas no serían muchas. Y sin embargo es la fecha en la cual hemos sido salvados, es la fecha en la cual nos hemos convertido en hijos de Dios. Ahora, aquellos que no la conocen que pregunten al padrino, a la madrina, al padre, a la madre, al tío, a la tía: “¿Cuándo fui bautizado? ¿Cuándo fui bautizada?”; y recordar cada año esa fecha: es la fecha en la cual fuimos hechos hijos de Dios. ¿De acuerdo? ¿Haréis esto? [responden: ¡sí!] Es un “sí” así ¿eh? [ríen] Sigamos adelante…

De hecho, una vez «llegada la fe» en Jesucristo (v. 25), se crea la condición radicalmente nueva que conduce a la filiación divina. La filiación de la que habla Pablo ya no es la general que afecta a todos los hombres y las mujeres en cuanto hijos e hijas del único Creador. En el pasaje que hemos escuchado él afirma que la fe permite ser hijos de Dios «en Cristo» (v. 26): esta es la novedad. Es este “en Cristo” que hace la diferencia. No solamente hijo de Dios, como todos: todos los hombres y mujeres somos hijos de Dios, todos, cualquiera que sea la religión que tenemos. No. Pero “en Cristo” es lo que hace la diferencia en los cristianos, y esto solamente sucede en la participación a la redención de Cristo y en nosotros en el sacramente del bautismo, así empieza. Jesús se ha convertido en nuestro hermano, y con su muerte y resurrección nos ha reconciliado con el Padre. Quien acoge a Cristo en la fe, por el bautismo es “revestido” por Él y por la dignidad filial (cf. v. 27).

San Pablo en sus Cartas hace referencia en más de una ocasión al bautismo. Para él, ser bautizados equivale a participar de forma efectiva y real en el misterio de Jesús. Por ejemplo, en la Carta a los Romanos llegará incluso a decir que, en el bautismo, hemos muerto con Cristo y hemos sido sepultados con Él para poder vivir con Él (cf. 6,3-14). Muertos con Cristo, sepultados con Él para poder vivir con Él. Y esta es la gracia del bautismo: participar de la muerte y resurrección de Jesús. El bautismo, por tanto, no es un mero rito exterior. Quienes lo reciben son transformados en lo profundo, en el ser más íntimo, y poseen una vida nueva, precisamente esa que permite dirigirse a Dios e invocarlo con el nombre “Abbà”, es decir “papá”. “¿Padre?” No, “papá” (cf. Gal 4,6).

El apóstol afirma con gran audacia que la identidad recibida con el bautismo es una identidad totalmente nueva, como para prevalecer sobre las diferencias que existen a nivel étnico-religioso. Es decir, lo explica así: «ya no hay judío ni griego»; y también a nivel social: «ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer» (Ga 3,28). Se leen a menudo con demasiada prisa estas expresiones, sin acoger el valor revolucionario que poseen. Para Pablo, escribir a los gálatas que en Cristo “no hay judío ni griego” equivalía a una auténtica subversión en ámbito étnico-religioso. El judío, por el hecho de pertenecer al pueblo elegido, era privilegiado respecto al pagano (cf. Rm 2,17-20), y el mismo Pablo lo afirma (cf. Rm 9,4-5). No sorprende, por tanto, que esta nueva enseñanza del apóstol pudiera sonar como herética. “¿Pero cómo, iguales todos? ¡Somos diferentes!”. Suena un poco herético, ¿no? También la segunda igualdad, entre “libres” y “esclavos”, abre perspectivas sorprendentes. Para la sociedad antigua era vital la distinción entre esclavos y ciudadanos libres. Estos gozaban por ley de todos los derechos, mientras a los esclavos no se les reconocía ni siquiera la dignidad humana. Esto sucede también hoy: mucha gente en el mundo, mucha, millones, que no tienen derecho a comer, no tienen derecho a la educación, no tienen derecho al trabajo: son los nuevos esclavos, son aquellos que están en las periferias, que son explotados por todos. También hoy existe la esclavitud. Pensemos un poco en esto. Nosotros negamos a esta gente la dignidad humana, son esclavos. Así, finalmente, la igualdad en Cristo supera la diferencia social entre los dos sexos, estableciendo una igualdad entre hombre y mujer entonces revolucionaria y que hay necesidad de reafirmar también hoy. Es necesario reafirmarla también hoy. ¡Cuántas veces escuchamos expresiones que desprecian a las mujeres! Cuántas veces hemos escuchado: “Pero no, no hagas nada, [son] cosas de mujeres”. Pero mira que hombre y mujer tienen la misma dignidad, y hay en la historia, también hoy, una esclavitud de las mujeres: las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres. Debemos leer lo que dice Pablo: somos iguales en Cristo Jesús.

Como se puede ver, Pablo afirma la profunda unidad que existe entre todos los bautizados, a cualquier condición pertenezcan, sean hombres o mujeres, iguales, porque cada uno de ellos, en Cristo, es una criatura nueva. Toda distinción se convierte en secundaria respecto a la dignidad de ser hijos de Dios, el cual con su amor realiza una verdadera y sustancial igualdad. Todos, a través de la redención de Cristo y el bautismo que hemos recibido, somos iguales: hijos e hijas de Dios. Iguales.

Hermanos y hermanas, estamos por tanto llamados de forma más positiva a vivir una nueva vida que encuentra en la filiación con Dios su expresión fundamental. Iguales por ser hijos de Dios, e hijos de Dios porque nos ha redimido Jesucristo y hemos entrado en esta dignidad a través del bautismo. Es decisivo también para todos nosotros hoy redescubrir la belleza de ser hijos de Dios, ser hermanos y hermanas entre nosotros porque estamos insertos en Cristo que nos ha redimido. Las diferencias y los contrastes que crean separación no deberían tener morada en los creyentes en Cristo. Y uno de los apóstoles, en la Carta de Santiago, dice así: “Estad atentos a las diferencias, porque vosotros no sois justos cuando en la asamblea (es decir en la misa) entra uno que lleva un anillo de oro, está bien vestido: ‘¡Ah, adelante, adelante!’, y hacen que se siente en el primer lugar. Después, si entra otro que, pobrecillo, apenas se puede cubrir y se ve que es pobre, pobre, pobre: ‘sí, sí, siéntate ahí, al fondo’”. Estas diferencias las hacemos nosotros, muchas veces, de forma inconsciente. No, somos iguales. Nuestra vocación es más bien la de hacer concreta y evidente la llamada a la unidad de todo el género humano (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen gentium, 1). Cualquier cosa que agrave las diferencias entre las personas, causando a menudo discriminaciones, todo esto, delante de Dios, ya no tiene consistencia, gracias a la salvación realizada en Cristo. Lo que cuenta es la fe que obra siguiendo el camino de la unidad indicado por el Espíritu Santo. Y nuestra responsabilidad es caminar decididamente por este camino de igualdad, pero igualdad que es sostenida, que ha sido hecha por la redención de Jesús.

Gracias. Y no os olvidéis, cuando volváis a casa: “¿Cuándo fui bautizada? ¿Cuándo fui bautizado?”. Preguntad, para recordar esta fecha. Y también celebrar cuando llegue la fecha. Gracias.

Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los invito a redescubrir la belleza de ser hijos e hijas de Dios, y a dar gracias por el don recibido en el bautismo, que nos hace hermanos y hermanas en Cristo, miembros de la Iglesia y partícipes de su misión en el mundo.

Y en este día, los cubanos celebran a su Patrona y Madre, la Virgen de la Caridad del Cobre. Con un recuerdo agradecido de mi peregrinación a su Santuario, en septiembre de 2015, quiero presentar nuevamente a los pies de la Virgen de la Caridad la vida, los sueños, las esperanzas y dolores del pueblo de Cuba. Que dondequiera que haya hoy un cubano, experimente la ternura de María, y que Ella los conduzca a todos hacia Cristo, el Salvador.

Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

Llamamiento

El próximo 11 de septiembre en Etiopía se celebrará el Año Nuevo. Dirijo al pueblo etíope mi más cordial y afectuoso saludo, de forma particular a los que sufren a causa del conflicto actual y de las graves situaciones humanitarias causadas por él. Que este sea un tiempo de fraternidad y de solidaridad en el que escuchar el común deseo de paz.

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19 comentarios en “El Papa afirma que las mujeres «no tienen las mismas oportunidades» que los hombres
      1. Exacto, sólamente en la Fe y adhesión a la Persona y Obra de Jesucristo halla el hombre ó si lo prefieren el ser humano su filiación divina.
        ¡No hay hijos de Dios, fuera de Jesucristo! Esto es tan, tan básico, que asombra ver que nadie de los que estudiaron tanta teología abran la boca para corregirle. Este Papa no cree realmente en Jesucristo. ¿No nos hemos dado cuenta aún? ¿Cómo es posible que lleve 8 años sentado en la silla de San Pedro?

    1. En esto tiene toda la razón, los únicos, absolutamente únicos que son los hijos adoptivos de Dios en plenitud son los católicos, moleste a quien moleste. Francisco parece estar creando una confusión para crear una religión mundial, pues una cosa son los hijos adoptivos en plenitud, que son todos los católicos que no están en pecado mortal, y otra cosa son los hijos de Dios, que por cierto, no sólo son los que están en la tierra sino incluso los que estuviesen hipotéticamente fuera de la Tierra, dado que en pura lógica son criaturas creadas por el Creador. Es un escándalo de confusión deliberada que Francisco no diferencie entre hijo adoptivo en plenitud, qué son los católicos y no los ortodoxos y los protestantes porque están separados de la plena comunión, e hijo de Dios.

  1. Prosiguiendo Francisco con la tontera ordenada por el Nuevo Orden mundial y para quedar bien con sus amigos progres: la primera desigualdad y discriminación natural que hay entre el hombre y la mujer es que el hombre no puede quedar embarazado y la mujer sí. De ello vienen unas repercusiones tan trascendentales que son de orden biológico, físico, químico, anatómico, orgánico genético, gónadas, gametos, genitales, glándulas, hormonas, sistema locomotor y digestivo, sistema nervioso y neuronal, hasta llegar al orden psicológico, anímico y espiritual.

    La igualdad siempre es relativa, es decir, en relación a ciertas circunstancias, se ha de tratar igual lo que es igual y desigual lo que es desigual.

  2. ¿En qué no tienen «las mismas oportunidades» las mujeres que los hombres?. Lo mismo es que el Papa nos está animando, de forma velada y confusa, a evangelizar entre musulmanes, cultura en donde sin duda hay inferioridad social para las mujeres. De otra forma, no se me ocurre a qué hace referencia el Papa.

    Pues nada, creo que lo voy a interpretar así. A extremar las críticas a las sociedades islámicas, auténticos conglomerados de negación de la dignidad natural de la mujer.

  3. Bien lo de denunciar la existencia de esclavitud, pero como de costumbre, el Papa luego propone soluciones que contribuyen a agravar el problema denunciado, como es la defensa de un rancio inmigracionismo radical. Si se quiere combatir la esclavitud, hay que combatir a las mafias de la inmigración ilegal y reforzar la seguridad fronteriza.

    El Papa es muy activo en denunciar injusticas, pero luego formula propuestas que llevan a profundizar en ellas, no a reducirlas.

  4. La foto del Papa besando la mano de un sacerdote. ¿Y si el sacerdote le hace «la cobra»? (Como él ha hecho a muchos fieles devotos, humillándolos).
    Si él NO CREE en la costumbre de besar la mano al Papa, al Obispo etc (lo de a cualquier cura ya por desgracia yo sólo lo he conocido en películas y novelas antiguas), ¿por qué lo hace? ¿Por qué «inflige» a otros lo que él no se deja hacer?
    Única explicación, por muy anticínico que uno sea: para presumir de «humilde» en otra foto

  5. No es que tengamos menos oportunidades las mujeres, aunque en muchas profesiones aún nos miran con recelo. Lo peor de las mujeres para llegar arriba en nuestro trabajo es que normalmente nos toca cuidar a los hijos, llevar la casa, y atender a los ancianos o enfermos. Y así no hay carrera que resista. Y los matadores horarios de las empresas en España. Yo salia a las 8 de la tarde de trabajar la mayor parte de los días. En el resto de occidente, a las 5 de la tarde no queda nadie en los lugares de trabajo. Y no crean que nos lo pagaban como horas extras; echar horas es lo corriente en el mundo empresarial español. Y si no lo haces, a la calle.

    1. Y yo cuando era estudiante tenía que compatibilizar un trabajo de 8 horas con una universidad a dedicación parcial y otro trabajo de 2 horas en una farmacia. Y hay muchos trabajadores que tienen que trabajar en más de dos sitios y simplemente subsistiendo, y hay matrimonios que los dos están trabajando y apenas llegan a fin de mes, y también hay otros que no pueden trabajar y están viviendo del apoyo de su familia. Menos lloriqueos y más dedicarse hallar soluciones de tipo práctico.

  6. Entonces todos los hombres son hijos de Dios (en dónde lo dice la biblia) y los bautizados son hijos de Dios en Cristo, una especie de hijos especiales.
    ¿Si por el bautismo ya estan directamente salvados los hijos especiales, entonces los hijos de Dios no bautizados están por salvar? . ¿Esa es la diferencia?
    Las nuevas doctrinas nunca son doctrinas católicas. ¿Esto explica mejor el dogma de que fuera de la iglesia no hay salvación? Me parece a mí que no.

  7. Que alguien corrija de una vez a Francisco, porque sólo Jesucristo fue engendrado por Dios, no creado, como dice el Credo; por eso Cristo es el único Hijo de Dios, y por eso «en Cristo» y sólo en Cristo podemos ser hijos adoptivos de Dios; sin Cristo, sólo somos criaturas de Dios. Ya basta de engañar impunemente a la gente.

    Y para evitar malentendidos, conviene recordar que ser uno en Cristo Jesús, aunque iguala a varones y mujeres en dignidad, mantiene sus diferentes funciones en la Iglesia, cuya cabeza es Cristo; y es que no se trata de «llegar arriba» sino de entrar en el Reino de los Cielos.

  8. Sólo Dios sabe lo que significa este papado. Esperemos en Dios y no le demos mayor publicidad a las palabras de este papa que habla sobre todo como un político, utilizando la palabra de Dios de la Sagrada Escritura para defender sus ideas políticas. Ya dijo en cierta entrevista que él nunca había sido de derechas sin añadir nada más. De esta manera decía sin quererlo que siempre había sido de izquierdas colocándose en una ideología política distinguiendo por lo tanto a unos de otros. Y ahora usa la palabra de Dios que enseña a no distinguir entre cristianos para arremeter una vez más contra unos poniéndose del lado de los otros.

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