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La mujer que murió a los 26 años para salvar a su tercer hijo, camino a los altares

María Cristina Mocellin
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“Me opuse con todas mis fuerzas a renunciar a ti, tanto que el médico entendió todo y no añadió nada más. Riccardo, eres un regalo para nosotros. Fue esa noche, en el coche de vuelta del hospital, cuando te moviste por primera vez. Parecía como si estuvieras diciendo «¡gracias, mamá por quererme!». ¿Y cómo no te íbamos a querer? Eres precioso, y cuando te miro y te veo tan bello, animado, simpático, pienso que no hay sufrimiento en el mundo que no merezca la pena soportar por un hijo”.

Esta es parte de la carta que la joven de 26 años María Cristina Mocellin escribió en septiembre de 1995, un mes antes de morir de cáncer, a su hijo Riccardo. Una enfermedad que renunció a tratarse durante el embarazo para no poner en peligro la vida del feto, escribe Javier Lozano en Religión en Libertad.

El 30 de agosto, el Vaticano hacía público el decreto de la Congregación para las Causas de los Santos, aprobado por el Santo Padre, por el que se reconocían las virtudes heroicas de esta mujer fallecida hace 26 años.

Nacida en 1969 en Monza, en el norte de Italia, desde niña experimentó una fuerte espiritualidad y desde muy pronto fue escribiendo un diario espiritual que la acompañó hasta su muerte. Tal y como recoge la web que promueve la causa de canonización de María Cristina, en este cuaderno fue anotando desde antes de la adolescencia todas las meditaciones y sus conversaciones con Dios.

Durante su adolescencia llegó a tener una inquietud vocacional por la vida religiosa debido al ejemplo de las monjas de su colegio por lo que llegó a plantearse ser Hija de la Caridad. Pero un encuentro casual con Carlo Mocellin, al final de unas vacaciones familiares, hizo cambiar su parecer.

Con 18 años, ya saliendo con Carlo, le fue diagnosticado un sarcoma en el muslo izquierdo. Tras varios ingresos y varios ciclos de quimioterapia, Cristina logró curarse por completo y, con 21 años, se casó con Carlo. Diez meses después de la boda nació su primer hijo, Francesco; año y medio después, llegaría Lucía.

Meses después del nacimiento de la niña, Cristina quedó embarazada del tercero, Riccardo. Coincidiendo con ese momento, apareció un nuevo sarcoma en la misma pierna en la que lo padeció cinco años antes.

Frente al oncólogo que trataba a María Cristina ambos mostraron su determinación en salvaguardar la vida del niño. Se sometió a una operación para extirpar el tumor, pero Cristina decidió posponer la quimioterapia para no dañar a Riccardo. Éste nació en julio de 1994, tras lo cual Cristina comenzó una dura y dolorosa batalla ante la enfermedad.

La metástasis llegó a los pulmones y ella se abandonó completamente a la voluntad de Dios. El 22 de octubre de 1995, desde 2014 fiesta de Juan Pablo II, Cristina murió.

Semanas antes de morir, escribió una carta a su hijo Riccardo en la que decía:

“Querido Riccardo, debes saber que no estás aquí por casualidad. El Señor quería que nacieras a pesar de todos los problemas que había. Papá y mamá, como puedes comprender, no estaban muy contentos con la idea de tener otro bebé, ya que Francesco y Lucía eran muy pequeños. Pero cuando supimos que estabas allí, te amamos y deseamos con todas nuestras fuerzas. Recuerdo el día en que el médico me dijo que todavía estaba diagnosticando cáncer de ingle. Mi reacción fue repetir varias veces: ¡Estoy embarazada! ¡Estoy embarazada! ¡Pero estoy embarazada, doctor! Para enfrentar los miedos de ese momento se nos dio una fuerza de voluntad inconmensurable para tenerte”.

Puedes leer aquí el artículo completo de Javier Lozano en Religión en Libertad.

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5 comentarios en “La mujer que murió a los 26 años para salvar a su tercer hijo, camino a los altares
  1. Precioso relatio de amor auténtico y capacidad de sacrificio. El que da la vida por sus hermanos se parece mucho a Cristo, como María Cristina.
    Gracias por compartirlo con nosotros.

  2. Una història muy hermosa llena de amor, personas como Maria Cristina son un gran ejemplo evangelizador que motivan y dan ejemplo, esta chica si que da ejemplo de apostolado y de evangelización

  3. En una sociedad enferma de hedonismo y egoísmo, que hace de cualquier capricho instantáneo un derecho exigible ante todos, ejemplos como el de esta madre deben difundirse, porque son ejemplo vivo de la sociedad que fuimos y de la que debemos recuperar. Una sociedad inspirada en valores por los que merece la pena vivir, luchar, e incluso hasta morir.

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