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¿Deberían controlarse los teléfonos móviles de los sacerdotes?

sacerdotes teléfonos móviles
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(The Public Discourse)- La nueva página web católica de noticias The Pillar ha suscitado bastante polémica al informar sobre algunos datos provenientes de teléfonos móviles que sugieren que algunos sacerdotes católicos pueden haber utilizado páginas web de citas, tanto para homosexuales como para heterosexuales. Esta noticia publicada por The Pillar [cuya traducción publicó InfoVaticana, leer aquí] hizo que monseñor Jeffrey Burrill renunciara a su cargo como secretario general de la Conferencia Episcopal estadounidense. La causa de su renuncia fueron las acusaciones de que se había utilizado en su teléfono móvil la aplicación de citas gay Grindr, además del hecho de que teléfono móvil había emitido señales desde una sauna gay en Las Vegas. La Archidiócesis de Newark ha anunciado que investigará acusaciones similares presentadas por The Pillar, desde donde afirman que «un estudio de mercado disponible comercialmente, el cual revelaba los datos de la señal de la aplicación, mostró patrones de uso de la aplicación de citas basada en la ubicación en más de diez rectorías y residencias clericales de la archidiócesis durante 2018, 2019 y 2020».

La noticia de The Pillar ha desencadenado un debate sobre ética periodística y la protección de datos personales. Según el New York Times, esta noticia también «ha desconcertado a los dirigentes de la Iglesia católica estadounidense», ya que despierta el recuerdo de los escándalos sexuales de décadas atrás. Aunque no ha habido acusaciones sobre abuso de menores, las acusaciones sugieren el incumplimiento continuado por parte de los sacerdotes de sus votos de celibato. La realidad es que la jerarquía de la Iglesia está inquieta en cuanto a las consecuencias que puedan tener estos nuevos escándalos. Tal y como comenté en un artículo reciente para una revista jurídica titulado: Mayor responsabilidad: el negocio inacabado de la Iglesia Católica, podemos pensar que la Iglesia (de conformidad con la Gran Comisión) le proporciona a la gente información sobre cómo alcanzar la salvación. En términos económicos, la Iglesia estaría comercializando un bien de confianza. Un bien de confianza es aquel en el que el consumidor no puede determinar fácilmente su calidad en cuanto a su valor, ni antes ni después de consumir el bien. Por lo tanto, el consumidor tiene que aceptar el valor de ese bien «por su fe».

Los bienes de confianza tienen un costo de compra elevado, pero es complicado determinar su calidad tanto antes como después de adquirirlos, lo que significa que no se puede medir con precisión lo útiles que son estos bienes para el consumidor. Además de la salvación eterna, otros ejemplos de bienes de confianza son la atención sanitaria, ya que el paciente por lo general no posee el conocimiento necesario para evaluar la calidad de la atención recibida; y los automóviles, ya que el consumidor medio no es un experto mecánico. En vez de medir la calidad del bien, los consumidores basan sus decisiones de compra en la reputación y en la credibilidad del vendedor del bien de confianza.

Visualizar el problema desde el punto de vista económico es útil, ya que nos ayuda a comprender el papel del celibato sacerdotal y también nos hace ver por qué el hecho de que el sacerdote cumpla este voto de castidad es de suma importancia para la misión de la Iglesia. De hecho, la obligación del celibato es una de las vías principales que la Iglesia católica ha deseado para validar la calidad de su servicio.

La obligación del celibato

La mayoría de los clientes de la Iglesia interactúan con ella principalmente a través del sacerdote de su parroquia. Por lo tanto, su percepción de la Iglesia en su conjunto depende en gran medida de su percepción de dicho sacerdote. El celibato, al impedir que los sacerdotes fieles tengan hijos, reduce el incentivo de legar bienes de la Iglesia a sus herederos, lo cual supuso un grave problema antes de que la Iglesia impusiera el celibato. Además, el celibato asegura que el tiempo, esfuerzo y fidelidad del sacerdote no se dividan entre sus tareas relacionadas con la Iglesia y las relacionadas con su familia. Sin embargo, tal y como explicó el papa Benedicto XVI, el punto más importante es que el celibato constituye una clara señal de que el sacerdote cree en la realidad de la salvación: «La renuncia al matrimonio y a una familia habría que contemplarla bajo este punto de vista: renuncio a algo normal e importante para los demás, renuncio a traer nuevas vidas al árbol de la vida, para vivir con la confianza de que solo Dios es mi heredad, y contribuir así a que los demás crean en la existencia del Reino de los Cielos. Así, no solo con palabras, sino con mi propia existencia, daré testimonio de Jesucristo y de su Evangelio, entregaré mi vida para que Dios disponga de ella».

Por lo tanto, el celibato es una señal bastante creíble de las propias creencias del sacerdote, ya que renunciar al sexo, ya sea heterosexual u homosexual, es lo suficientemente difícil como para que solo renuncien aquellos que verdaderamente creen en la posibilidad de salvación o condenación.

Tal y como ocurrió con escándalos sexuales anteriores, el escándalo actual indica que un porcentaje significativo de sacerdotes católicos no han sido fieles a su celibato obligatorio. Si ya es extremadamente difícil para los parroquianos laicos saber si su párroco local ha incumplido dicho deber, se suma que este escándalo cuestiona la credibilidad de todos los sacerdotes. Por tanto, el escándalo afecta de lleno a la capacidad de la Iglesia de comercializar con éxito dicho bien de confianza en el núcleo de su misión.

Dicho de otra manera, al reducir la credibilidad de la Iglesia y al mancillar su reputación, este escándalo consigue que los consumidores dejen de querer comprar la oferta principal de la Iglesia. Por lo tanto, la Iglesia se ve imposibilitada de llevar a cabo su tarea de salvar almas y, si se cree en la enseñanza de la Iglesia sobre la eternidad, esto supone una pérdida inimaginable.

¿Debería la Iglesia controlar el uso de los teléfonos de los sacerdotes?

Aunque el escándalo actual no pone en duda las reformas de la Iglesia dirigidas directamente a la protección de los menores, sí que deja ver que hay un problema con el celibato y que, por tanto, la credibilidad de la Iglesia sigue bajo amenaza.

Hoy en día, la Iglesia tiende a ser más reactiva que proactiva a la hora de lidiar con dicha amenaza. La política sobre el uso permitido de ordenadores, tabletas y smartphones de la Archidiócesis de los Ángeles dispone que: «La archidiócesis y [entidades subordinadas], según corresponda, se reserva el derecho a controlar, acceder, recuperar, leer, editar, redactar, eliminar o revelar todo contenido creado, enviado, recibido o almacenado en los sistemas, dispositivos y materiales de la archidiócesis o del lugar, incluyendo las conexiones realizadas y los sitios web visitados. Los usuarios no deben esperar tener ningún tipo de privacidad al utilizar sistemas, dispositivos o materiales diocesanos. La archidiócesis se reserva ese derecho con respecto a los sistemas, dispositivos y materiales que no sean propiedad de la archidiócesis, si estos se están utilizando con fines que impliquen a la archidiócesis».

Esta política se extiende expresamente a «los dispositivos personales de comunicación electrónica» que «estén sujetos a investigación de acuerdo con los términos de la política».

Ante el reportaje de The Pillar, sin embargo, cabe plantearse si la Iglesia debería controlar de manera proactiva cómo utilizan los sacerdotes sus ordenadores, tabletas y smartphones.

Lecciones del sector empresarial

En el sector empresarial, los expertos en recursos humanos dividen en cuatro categorías la cuestión de los empleadores que controlan los dispositivos de los empleados:

  1. Empleados que utilizan dispositivos del empleador con fines empresariales
  2. Empleados que utilizan dispositivos del empleador con fines personales
  3. Empleados que utilizan sus propios dispositivos con fines empresariales
  4. Empleados que utilizan sus propios dispositivos con fines personales

La ley que contempla estas situaciones se encuentra en un estado de incertidumbre y varía dependiendo de la jurisdicción, pero se pueden hacer algunas observaciones generales.

En la primera categoría, los empleados deberían tener unas expectativas de privacidad muy limitadas, y el empleador suele poder controlar el uso de dichos dispositivos para el correo electrónico y para el acceso a internet.

La segunda categoría no supone normalmente un problema, ya que los empleadores suelen prohibir el uso de dispositivos que les pertenecen para fines personales. Cuando se permite el uso de dispositivos del empleador para fines personales, el empleado puede tener mayores expectativas de privacidad, pero la ley sin embargo sigue permitiendo por lo general que los empleadores controlen cómo utilizan sus empleados dichos dispositivos. Tal y cómo informa Business.com: «Según Michael Trust, líder en el sector de los recursos humanos y mediador certificado en Michael Trust Consulting, si un empleador le proporciona a un empleado un smartphone, cualquier información creada, utilizada o a la que se haya accedido con dicho dispositivo, es propiedad del empleador. Esto puede incluir llamadas telefónicas, mensajes de voz, mensajes de texto, mensajes instantáneos (ej. WhatsApp y Facebook Messenger), correos electrónicos, ubicaciones GPS, fotos e historial de navegación. Trust afirmó para bussiness.com que «la empresa es propietaria del teléfono y de la información, y puede revisar tanto una parte de estos como el conjunto en cualquier momento y por cualquier motivo»».

La mayor parte de la atención jurídica y de recursos humanos se dedica a la tercera y a la cuarta categoría. Esto ocurre porque la gran mayoría de los empleados son los dueños de los smartphones que utilizan para trabajar. (Los ordenadores y las tabletas suelen proporcionarlos los empleadores).

Los derechos de propiedad de los que disfruta el empleador cuando es el dueño del dispositivo obviamente no son aplicables en la tercera y en la cuarta categoría. De hecho, los empleados tendrán unas expectativas de privacidad mucho más altas, especialmente en la cuarta categoría.

¿Trae tu propio dispositivo?

Los departamentos de recursos humanos y los expertos jurídicos aconsejan que las empresas adopten una política llamada Bring Your Own Device o BYOD [en español «trae tu propio dispositivo»] para abordar la tercera y cuarta categorías. Una cláusula explícita en el manual del trabajador de una empresa debe definir las limitaciones de las expectativas de privacidad del empleado y, por tanto, reforzar de manera significativa los derechos del empleador en cuanto a dichos dispositivos. Una política BYOD común permitirá que el empleador «vea el proveedor inalámbrico, el país, la marca y modelo, la versión de sistema operativo, el nivel de batería, el número de teléfono, la ubicación, el almacenamiento, el correo electrónico corporativo y los datos corporativos». También suele permitir que el empleador vea «los nombres de todas las aplicaciones del dispositivo, tanto de las personales como de las relacionadas con el trabajo». (Se debe tener en cuenta que las funciones de privacidad de Apple iOS limitan considerablemente la capacidad del empleador de controlar de forma remota las aplicaciones personales, lo cual dificulta el problema tecnológico).

Los datos de sondeos realizados en el mundo empresarial confirman de forma uniforme que los empleados se sienten desconcertados por las políticas BYOD y que no confían en los empleadores que tienen acceso a información personal de sus smartphones. En un mercado laboral ajustado, en ocasiones los empleadores tienen que relajar las políticas BYOD para atraer o mantener a los trabajadores.

La Iglesia se enfrenta a un problema parecido. Podrían adoptar una política que obligue a los sacerdotes a utilizar tabletas y teléfonos propiedad de la Iglesia, pero dicha política abriría el debate sobre si se debería permitir el uso legítimo del correo electrónico personal y el uso de internet. Además, el coste de proporcionar tabletas y teléfonos propiedad de la Iglesia a sacerdotes y religiosos sería, por supuesto, considerable.

Una alternativa podría ser que la Iglesia adoptase una política BYOD que obligara a que los sacerdotes y religiosos tuvieran sus smartphones controlados constantemente, de manera que se pudieran rastrear la ubicación y el uso. Si la tecnología en cuanto a la privacidad del dispositivo limitara la posibilidad de control de uso por parte de la Iglesia, el dispositivo podría estar también sujeto a una inspección periódica en persona.

Está claro que ninguna de estas políticas conseguiría que algún sacerdote deshonesto no se saltara las normas utilizando smartphones clandestinos. Sin embargo, al aumentar el coste de sucumbir a la tentación, una política de este tipo al menos disuadiría de la violación de los votos sacerdotales.

Credibilidad, privacidad y vocaciones

Al igual que en el caso de los empleadores seculares, los cuales deben mantener un equilibrio entre atraer empleados y controlar que el uso de dispositivos inteligentes por parte de dichos empleados no perjudique a la empresa, la Iglesia debe equilibrar su capacidad de atraer sacerdotes y religiosos y su necesidad de preservar su propia credibilidad.

Por un lado, la escasez de vocaciones se podría agravar si se dijera a los candidatos al sacerdocio que sus dispositivos se controlarán habitualmente. Después de todo, ¿quién quiere sentirse como si Gran Hermano lo estuviera vigilando constantemente? Tal y como observaron desde New York Times: «El Padre Bob Bonnot, director ejecutivo de la Asociación de Sacerdotes Católicos de los Estados Unidos, dijo que el hecho de haber utilizado información del teléfono móvil para rastrear los movimientos de monseñor Burrill había agudizado la vulnerabilidad que muchos sacerdotes sienten».

«Puede ser una amenaza terrible», dijo. «Puede conseguir que todos los sacerdotes se sientan incómodos y preocupados».

Por otro lado, a diferencia de la mayoría de los empleadores privados, la Iglesia se enfrenta al problema singular (en términos económicos) de ser una productora especializada en un único servicio, que es además un bien de confianza. La adherencia de sus empleados a su voto de castidad es un elemento fundamental para mantener la credibilidad de dicho producto. El resultado es que el coste de una mala conducta por parte del empleado es particularmente elevado para la Iglesia.

Ante el problema en cuanto a las vocaciones y la preocupación sobre la privacidad, una política BYOD que se inmiscuya de manera significativa en la privacidad de los sacerdotes debería ser, sin duda, el último recurso. Teniendo en cuenta el gran daño que supusieron para la credibilidad de la Iglesia los anteriores escándalos sexuales, como lo demuestra la disminución de la asistencia y del apoyo financiero, la renovación de las preocupaciones sobre el celibato sacerdotal que dificultan aún más que la Iglesia persuada a sus consumidores para comprar su producto podría justificar dicho recurso.

Lo que la Iglesia necesita es información. Una recogida generalizada de datos anónimos como los que ha publicado The Pillar le podría dar información a la Iglesia sobre el tipo de problema al que se enfrenta. Si el porcentaje de sacerdotes que utilizan aplicaciones de citas es insignificante, una solución adecuada podría ser una mejor formación. Sin embargo, si el porcentaje es significativo, esto significaría que las supuestas mejoras en la formación sacerdotal que se han llevado a cabo en los últimos años no han servido y que se necesitan medidas más severas.

Publicado por Stephen Bainbridge en The Public Discourse.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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33 comentarios en “¿Deberían controlarse los teléfonos móviles de los sacerdotes?
  1. Una visión totalmente norteamericana de la privacidad, porque la legislación europea y española está bien clara, la privacidad de las personas es un derecho humano fundamental, mientras que por los Estados Unidos, la privacidad da la sensación de que parece ser un bien comercial y más vulnerable a la intromisión si hay una causa que lo justifique, al ser un simple derecho subjetivo no fundamental.

  2. A pesar de todo lo que está pasando y que ha quedado al descubierto, personalmente creo que es una barbaridad y un abuso el controlar los teléfonos de los sacerdotes.
    Todos tenemos derecho a la privacidad en nuestra vida. Dios nos da libertad para usarla bien o mal; pero estar investigando como si todos fuesen culpables me parece exagerado.
    Eso si, cuando pillan a algunos actuando indebidamente, no veo que se tomen acciones concretas. Por qué será?????

    1. Tienes toda la razón, Saray. Por supuesto que los sacerdotes tienen derecho a la privacidad, como todo ser humano. Es el colmo del cinismo solo pensar en prohibírsela. Y también tienes razón, en que cuando pillan a alguno haciendo lo que no debe, hacen como que no se enteran. Atacar a los justos, sí lo hacen en muchas ocasiones.

  3. Debe defemderse la privacidad del clero, y por tanto éticamente no es admisible que se nos controle. Permitir semejante intrusión en las comunicaciones sería inmoral, y provocaría situaciones como por ejemplo que podrían saber quién escribe comentarios en Infovaticana, lo que disuadiría de hacerlo y atentaría contra la libertad de expresión.

    1. Algunos obispos estarían dispuestos a pagar lo que fuese con tal de saber los nombres de los sacerdotes que aquí denuncian sus comportamientos.
      Pero pobre del sacerdote cuya identidad fuese descubierta

    2. Únicamente sería legítimo controlar (informando de tal control al clero) los terminales que son propiedad de la Iglesia y sirven para usos de trabajo, de modo análogo a como un banco no controla los dispositivos de sus empleados pero sí los que son de la oficina bancaria.

      1. A ver, los sacerdotes no son meros empleados «de la Iglesia». La Iglesia se asemeja más a una familia que una empresa. Este problema surge en EEUU debido a la homosexualidad den los seminarios y al deficiente educación. En vez de controlar, ¿por qué los obispos mejoran su relación con su obispo? En cuantoa religiosos que tienen voto de pobreza, hay más control como es obvio.

  4. Esta vez estoy de acuerdo con vosotros.
    No me parece bien controlar los equipos de nadie por mera precaución.
    Quien quiera incurrir en determinados delitos lo hará igualmente como se hacía antes de éstos dispositivos así que no solo es una medida inlegan sino estúpida.

  5. Que fue por la dureza de corazón del hombre, que Dios les tenía aceptado éso de repudiar a la esposa para luego tener otra y luego otra. Ésa dureza se encuentra más en el hombre que en la mujer. Las monjas no andan con sus teléfonos haciendo tamañas canalladas, supongo que algunas harán otras, pero serán muy contadas.
    No es culpa del teléfono, es el duro corazón que olvida con facilidad su voto hecho a Dios Nuestro Señor. ¿Acaso una pistola no es un arma de defensa en unos, y en otros un instrumento para cometer asesinatos? Así el teléfono.
    La mano que lo usa es la que se debe controlar.

    1. Algunos no se despegan del él.
      Conozco incluso un obispo -ahora cardenal- que solía gobernar la diócesis desde el asiento trasero de su coche oficial a través del móvil.

  6. En vez de preocuparnos de los sacerdotes que tienen vicios sexuales, ¿porque no nos ocupamos de dar una excelente formación en los seminarios?
    Y una excelente formación incluye excelentes formadores, que sepan ver qué candidato es un falso candidato y quien de verdad ama a Jesucristo. El don de discernimiento de espíritus se hace imprescindible para esta tarea. Y Dios lo dará a espuertas a aquellos formadores santos que lo requieran.
    Por parte de Dios nunca falta.
    Si la situación está tan mal, solo es signo de una gran apostasía entre el clero, y también en el pueblo, claro.

    1. Totalmente de acuerdo con usted, Neila.
      Pero el problema no es solo la formación en el Seminario.
      Hay una total falta de acompañamiento de los sacerdotes en muchas diócesis de España, en las cuales los obispos solo se preocupan de un cura cuando causan algún problema o, peor, cuando el problema se convierte en un escándalo con repercusiones en la prensa, que es a lo que realmente tienen pánico los obispos. Casi me atrevería a decir que más que al Juicio de Dios temen al juicio del mundo.
      Especialmente falta un acompañamiento a los sacerdotes jóvenes, recién salidos del Seminario, a los que a menudo, por imposiciones de la realidad pastoral, se les envía al quinto pino, solos, sin supervisión ni planificación de su trabajo y de su estancia. Sin preocuparse apenas de las condiciones de su vivienda, ….
      No quiero hacer largo este comentario porque veo que el algoritmo de este portal «modera» los comentarios largos y luego no salen.
      Ya me ha pasado varias veces.

      1. Cuánta razón, Telémaco.
        Cuántos sacerdotes solos, abandonados, desilusionados con su obispado. Buscándose la vida como pueden para hacer sus tareas pastorales. Y mientras, el obispado funcionando como una oficina cualquiera. Que ni te sonríen cuando vas por allí, vamos.

      2. Habiendo trabajado muchos años en seminarios, en una ocasión en la ocasión de la ordenación de diáconos, le dije al obispo que tendría que nombrar a un sacedote a acompañar a esos jóvenes. Contestó ¿Donde voy yo a encontrar a un sacerdote que quiera o pueda hacer eso? Resultado: uno de ellos se enamoró de una chica después de 7 años de seminario y abandonó la vocación. Culpa del obispo, a mi parecer.

    2. Totalmente de acuerdo con usted, Neila.
      Pero el problema no es solo la formación en el Seminario.
      Hay una total falta de acompañamiento de los sacerdotes en muchas diócesis de España, en las cuales los obispos solo se preocupan de un cura cuando causan algún problema o, peor, cuando el problema se convierte en un escándalo con repercusiones en la prensa, que es a lo que realmente tienen pánico los obispos. Casi me atrevería a decir que más que al Juicio de Dios temen al juicio del mundo.
      Especialmente falta un acompañamiento a los sacerdotes jóvenes, recién salidos del Seminario, a los que a menudo, por imposiciones de la realidad pastoral, se les envía al quinto pino, solos, sin supervisión ni planificación de su trabajo y de su estancia. Sin preocuparse apenas de las condiciones de su vivienda, ….
      No quiero hacer largo este comentario porque veo que el algoritmo de este portal «modera» los comentarios largos y luego no salen.
      Ya me ha pasado varias veces.

  7. Pues no me gusta este artículo. Presenta el celibato no como una Gracia que da Dios a quien quiere en el momento que quiere sino como una invención de la iglesia que otorga esta a quien quiere y a los que ellos digan. Esto suena a que la iglesia se inventa las vocaciones, de ahí su manía con enrear a adolescentes, que ni tienen la psicología formada ni saben lo que hacen. El resultado de todo esto lo estamos viendo: en vez de preocuparse de averiguar dónde estará la vocación se dedican a buscar gente rara que les resulta simpática. Y me temo que esto no es un invento modernista sino una corrupción nepotista q venía de antes.

    1. Por naturalismo racionalista se vuelve siempre a lo mismo: presentar el sacerdocio como un trabajo de funcionario para una serie de gente que por casualidad, por suerte o por fortuna ha sido seleccionada en un casting por un comité de expertos que a su vez fueron elegidos en su momento por otro comité de eruditos sabiondos, con lo cual desaparece la acción de Dios y su orden sobrenatural, no apareciendo por ninguna parte. Olvídate de historias de vocaciones de Santos que esto va de marketing, números y resultados. La pregunta entonces es: ¿no será que todo este mar icronismo telefónico se debe a meter gente que Dios no ha llamado a hacer nada? No es normal que se citen en un chat, se supone que Dios les dio una Gracia para evitarlo.

      1. Una cosa es que el sacerdote tenga tentaciones y otra cosa es que se cite con tíos, tías o ties en un chat. Supongo que irán a la cita si están obsesionados con el chat. ¿No será que te consiguieron tu puesto por ser el sobrino del cura o porque tu madre pagó el tejado de la parroquia? ¿No será que te convencieron para meterte donde Dios no te había llamado? ¿De verdad que Dios pone estas vocaciones? ¿No es más lógico pensar que os las inventais vosotros?. Un tinglado de influencias, patrocinios y recomendados, y en definitiva un insulto a Dios.

        1. ¿Cómo va a ser una ordenación válida aquella en la que a un niño chico lo enrearon y convencieron de que tenía que ser cura porque lo presionaban o porque se lo decía no se quién? Esto es lo mismo que con los matrimonios nulos. Se ordenan a montones sin saber lo que están haciendo: nulo. Por eso muchos ven el celibato como una imposición o invención, por eso se lo saltan, porque reprimen lo que Dios les ha puesto como natural y se imponen a sí mismos una cosa q no es natural. Por eso chatean.

          1. Y de vueltas al Vaticano II: presenta al pueblo de Dios como todos iguales y todos llamados a lo mismo, en donde los curas y monjas no son elegidos especialmente por Dios sino por la comunidad al igual que los protestantes. Esto es lo que pasa. Esto es anterior al modernismo.

          2. Algo se estaría haciendo mal para que la horda modernista terminara dominando la iglesia, algo se estaria haciendo mal: tanto ordenar a tus amigos y conocidos que metiste a tus enemigos.

          3. No estoy de acuerdo con este planteamiento. No creo que haya muchos casos de este tipo hoy en día. En países pobres puede ser. Antes de ser ordenados, deberían de haber demostrado que son capaces de vivir el celibato durante al menos dos años. Si no, el Director Espiritual debería de intentar convencer al joven que diga la rector que quiere más tiempo. La comunicación del seminarista con el Director Espiritual es completamente confidencial y no puede decir nada al rector. Se lo tiene que decir el seminarista aunque siempre hay una distinción entre el fuero interno y externo, pero pedir más tiempo para discernir es lo correcto si es el caso.

  8. De paso, no estaría de más que se controlaran los móviles y los correos electrónicos de los políticos y sobre todo los de los periodistas, de forma que no pudiesen propagar mentiras o noticias no contrastadas. Con los políticos, nos ahorraríamos la corrupción y miles de millones de euros. Con los periodistas, la gran cantidad de calumnias y mentiras que están sufriendo muchas personas.

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