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Papa Francisco: «Amoris laetitia requiere un paciente trabajo de aplicación»

Amoris Laetitia aplicación
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Francisco señala algunos retos que «no se terminan de afrontar y requieren un impulso pastoral renovado»: «pienso en la preparación al matrimonio, en el acompañamiento de los jóvenes casados, en la educación, en la atención a los ancianos, en la cercanía a las familias heridas o a quienes, en una nueva unión, desean vivir plenamente la experiencia cristiana».

El Papa envió ayer un vídeo mensaje a los participantes del Foro “¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia? Estrategias para la aplicación de la exhortación apostólica del Papa Francisco» organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, con motivo del quinto aniversario de la exhortación apostólica y en el año dedicado a la misma.

«¡Que el Espíritu Santo lo convierta en un evento fecundo para la Iglesia, pastores y laicos juntos, para escuchar las necesidades concretas de las familias y ayudarnos mutuamente a emprender los procesos necesarios para renovar el anuncio de la Iglesia!», exclamó el Santo Padre.

«La pregunta que os planteáis: «¿Hasta dónde hemos llegado con la aplicación de Amoris laetitia?» se propone estimular un discernimiento eclesial fecundo sobre el estilo y la finalidad de la pastoral familiar en la perspectiva de la nueva evangelización», dijo.

El Papa recordó que la exhortación Amoris laetitia, uno de los documentos pontificios más polémicos de los últimos años, «es el fruto de una profunda reflexión sinodal sobre el matrimonio y la familia y, como tal, requiere un paciente trabajo de aplicación y una conversión misionera».

«Este Foro está en continuidad con el camino sinodal, que debe concretarse en las Iglesias locales y que requiere cooperación, reparto de responsabilidades, capacidad de discernimiento y disponibilidad para estar cerca de las familias», señaló Su Santidad.

«¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!», exclamó más adelante el Papa.

«Así como la trama y la urdimbre de lo masculino y lo femenino, en su complementariedad, se combinan para formar el tapiz de la familia, del mismo modo los sacramentos del orden y del matrimonio son indispensables para construir la Iglesia como «familia de familias»», aseguró Francisco.

El Papa invito a los televidentes a «retomar» Amoris laetitia para identificar, «entre las prioridades pastorales que en ella se indican, las que mejor corresponden a las necesidades concretas de cada Iglesia local y a seguirlas con creatividad y celo misionero».

«En la estela del valor programático de la Evangelii gaudium y del programa pastoral concreto trazado por Amoris laetitia para la pastoral familiar, «espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están»», afirmó el Santo Padre citando dos documentos suyos.

«El camino emprendido con las asambleas sinodales sobre la familia ha ayudado a la Iglesia a sacar a la luz tantos retos concretos que viven las familias: presiones ideológicas que dificultan los procesos educativos, problemas relacionales, pobreza material y espiritual y, en el fondo, una gran soledad por la dificultad de percibir a Dios en sus vidas. Algunos de estos retos no se terminan de afrontar y requieren un impulso pastoral renovado en algunos ámbitos concretos: pienso en la preparación al matrimonio, en el acompañamiento de los jóvenes casados, en la educación, en la atención a los ancianos, en la cercanía a las familias heridas o a quienes, en una nueva unión, desean vivir plenamente la experiencia cristiana», dijo el Papa, tocando el punto que creó la polémica tras la publicación de su exhortación.

Les ofrecemos el mensaje completo del Papa Francisco, publicado en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Queridos hermanos en el episcopado,

queridos hermanos y hermanas:

Me dirijo a vosotros con ocasión del Foro organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, a cinco años de la promulgación de la exhortación apostólica Amoris laetitia. Doy las gracias al Dicasterio por haber tomado la iniciativa, a pesar de las dificultades prácticas causadas por la pandemia. Y os agradezco a todos que hayáis respondido a la invitación: delegados de las Oficinas de Familia de más de 60 conferencias episcopales y de más de 30 movimientos internacionales están hoy aquí, conectados para este encuentro.

En el panorama de las iniciativas más importantes del Año «Familia Amoris laetitia», el Foro representa un momento esencial de diálogo entre la Santa Sede, las conferencias episcopales, los movimientos y las asociaciones familiares. ¡Que el Espíritu Santo lo convierta en un evento fecundo para la Iglesia, pastores y laicos juntos, para escuchar las necesidades concretas de las familias y ayudarnos mutuamente a emprender los procesos necesarios para renovar el anuncio de la Iglesia!

La pregunta que os planteáis: «¿Hasta dónde hemos llegado con la aplicación de Amoris laetitia?» se propone estimular un discernimiento eclesial fecundo sobre el estilo y la finalidad de la pastoral familiar en la perspectiva de la nueva evangelización. La exhortación Amoris laetitia es el fruto de una profunda reflexión sinodal sobre el matrimonio y la familia y, como tal, requiere un paciente trabajo de aplicación y una conversión misionera. Este Foro está en continuidad con el camino sinodal, que debe concretarse en las Iglesias locales y que requiere cooperación, reparto de responsabilidades, capacidad de discernimiento y disponibilidad para estar cerca de las familias.

En medio de las dificultades causadas por la pandemia, que «rompen la vida de la familia y su íntima comunión de vida y de amor»[1], la familia es hoy más que nunca un signo de los tiempos y la Iglesia está invitada sobre todo a escuchar activamente a las familias y al mismo tiempo a involucrarlas como sujetos de la pastoral. Es necesario dejar de lado cualquier «anuncio meramente teórico y desvinculado de los problemas reales de las personas»[2], así como la idea de que la evangelización está reservada a una élite pastoral. Cada uno de los bautizados «es agente evangelizador».[3] Para llevar el amor de Dios a las familias y a los jóvenes, que construirán las familias del mañana, necesitamos la ayuda de las propias familias, de su experiencia concreta de vida y de comunión. Necesitamos cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente en el sacramento del matrimonio para dar ternura, paciencia y esperanza a todos, en cualquier situación de la vida.

¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!

Así como los esposos Aquila y Priscila fueron preciosos colaboradores de san Pablo en su misión, también hoy muchos matrimonios, e incluso familias enteras con sus hijos[4], pueden hacerse testigos válidos para acompañar a otras familias, crear comunidad, sembrar semillas de comunión entre los pueblos que reciben la primera evangelización, contribuyendo de manera decisiva al anuncio del kerigma.

El matrimonio, al igual que el sacerdocio, tiene «una finalidad directa de construcción y dilatación del Pueblo de Dios»[5] y confiere a los cónyuges una misión particular en la edificación de la Iglesia. La familia es «Iglesia doméstica»[6], lugar donde la presencia sacramental de Cristo actúa entre los esposos y entre los padres y los hijos. En este sentido, «el amor vivido en familia es una fuerza constante para la vida de la Iglesia»[7], constantemente enriquecida por la vida de todas las Iglesias domésticas. Por tanto, en virtud del sacramento del matrimonio, cada familia se convierte a todos los efectos en un bien para la Iglesia. [8]

La corresponsabilidad en la misión llama, pues, a los cónyuges y a los ministros ordenados, especialmente a los obispos, a cooperar con fecundidad en el cuidado y la custodia de las Iglesias domésticas. Por eso, nosotros, los pastores, debemos dejarnos iluminar por el Espíritu, para que se realice en este anuncio salvífico entre los matrimonios que muchas veces están ahí, están listos, pero no son llamados.[9] En cambio, si los llamamos, los llamamos a trabajar con nosotros, si les damos espacio, pueden brindar su aporte a la construcción del tejido eclesial. Así como la trama y la urdimbre de lo masculino y lo femenino, en su complementariedad, se combinan para formar el tapiz de la familia, del mismo modo los sacramentos del orden y del matrimonio son indispensables para construir la Iglesia como «familia de familias». Podremos tener así una pastoral familiar en la que se respira plenamente el espíritu de comunión eclesial. Ésta, de hecho, «se configura […] como una comunión ‘orgánica’, análoga a la de un cuerpo vivo […], caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida».[10]

Os invito, por tanto, a retomar Amoris laetitia para identificar, entre las prioridades pastorales que en ella se indican, las que mejor corresponden a las necesidades concretas de cada Iglesia local y a seguirlas con creatividad y celo misionero. En el tiempo de la pandemia, el Señor nos ha dado la oportunidad de repensar no sólo las necesidades y las prioridades, sino también el estilo y la forma de planificar y llevar a cabo nuestro compromiso pastoral. En la estela del valor programático de la Evangelii gaudium y del programa pastoral concreto trazado por Amoris laetitia para la pastoral familiar, «espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están».[11]

Hay que hacer un esfuerzo especial para formar a los laicos, especialmente a los cónyuges y a las familias, para que comprendan mejor la importancia de su compromiso eclesial, es decir, el sentido de la misión que se deriva de ser cónyuges y familia. Muchas familias no son conscientes del gran don que han recibido en el Sacramento, signo eficaz de la presencia de Cristo que acompaña cada momento de su vida. Cuando una familia descubre plenamente este don, siente el deseo de compartirlo con otras familias, porque la alegría del encuentro con el Señor tiende a difundirse y genera otra comunión; es naturalmente misionera. [12]

El camino emprendido con las asambleas sinodales sobre la familia ha ayudado a la Iglesia a sacar a la luz tantos retos concretos que viven las familias: presiones ideológicas que dificultan los procesos educativos, problemas relacionales, pobreza material y espiritual y, en el fondo, una gran soledad por la dificultad de percibir a Dios en sus vidas. Algunos de estos retos no se terminan de afrontar y requieren un impulso pastoral renovado en algunos ámbitos concretos: pienso en la preparación al matrimonio, en el acompañamiento de los jóvenes casados, en la educación, en la atención a los ancianos, en la cercanía a las familias heridas o a quienes, en una nueva unión, desean vivir plenamente la experiencia cristiana.

Espero, pues, que estas jornadas de trabajo sean una buena ocasión para compartir ideas y experiencias pastorales; y también para crear una red que, en la complementariedad de vocaciones y estados de vida, en espíritu de colaboración y comunión eclesial, anuncie el Evangelio de la familia de la manera más eficaz, respondiendo a los signos de los tiempos.

Os encomiendo a la intercesión de María Santísima y de san José, para que la gracia de Dios haga fructífero vuestro compromiso por el bien de las familias de hoy y de mañana. Os bendigo y os deseo lo mejor en vuestro trabajo y os pido, por favor, que recéis por mí. Gracias.

[1] Exhort. ap. Amoris laetitia (seguidamente AL), 19.

[2] AL, 201.

[3] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 120.

[4] Cfr. S. JUAN PABLO II, Exhort. ap. Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 50.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1534.

[6] Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 11.

[7] AL, 88.

[8] Cfr. ibid., 87.

[9] Cfr. Discurso para la inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota Romana, 25 enero 2020

[10] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Christifideles laici (30 diciembre 1988), 20.

[11] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 25.

[12] Cfr ibíd., 23.

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45 comentarios en “Papa Francisco: «Amoris laetitia requiere un paciente trabajo de aplicación»
  1. Entre los problemas acuciantes que afectan hoy a las familias, el Papa señala uno especialmente grave: presiones ideológicas que dificultan los procesos educativos. El término es un pelín abstracto, creo que se debe decir más nítidamente: se ataca sistemáticamente a la familia y al matrimonio, por medio del adoctrinamiento sectario a los hijos. Pero en todo caso, bien está que se denuncia. Ahora bien, ¿qué se hace para remediarlo en las propias instituciones docentes de la Iglesia?. ¿Son las mismas refugios para las familias y matrimonios de creyentes, o cada vez más son correas de transmisión de directrices ideológicas sectarias y de inspiración hostil al cristianismo?. ¿Velan nuestros pastores para que tales presiones ideológicas nunca se hagan presentes en los colegios de ideario católico?.

    “Una fe que no da fruto en las obras no es fe” (Papa Francisco).

    1. «Amoris laetitia» requiere un trabajo masivo de lavado de cerebro, hasta que los últimos creyentes olviden totalmente las condenas explícitas de Jesús al divorcio contenidas en los evangelios.

      1. Tremendo y muy certero, Lector.

        En estos tiempos oscurecidos, conviene leer y releer el Capítulo 1 de la Carta a los Gálatas, v.6 al 12.

  2. Lo que realmente hace falta es un trabajo de lectura de las «Dubia» presentadas por cuatro cardenales refutando al Papa.
    El sucesor de Francisco, si es de buena doctrina, podría condenar los errores de «Amoris Laetitia».

    1. Osea que el sistema sucesor adecuado es el que se amolde a tu gusto.
      Con esa actitud de decretar buenos y malos te pareces a aquellos que críticas.

      1. Miguel, Sacerdote no tacha a nadie de bueno o malo. Ejerce una crítica fundada porque quiere lo mejor para la Santa Madre Iglesia. Y es legítimo que quiera hacerlo.

        Usted confunde el «no juzgar al prójimo» con la aceptación incondicionada del Papa como monarca absoluto e infalible en cualquiera de sus opiniones o declaraciones.

          1. Miguel, nada de conveniencias. Se critica lo que es criticable, y se acata lo que es parte de la Revelación divina. Antes y después del Concilio Vaticano II. Como debe ser, dado que el CVII no alteró nada del magisterio preexistente.

          2. No lo ve Miguel y no lo ve nadie.

            Se autoengaña, pero los demás lo vemos con bastante claridad.

            Miguel, acertadisimo comentario.

  3. Cuando estaba en el colegio «me obligaron» a leer «Juan Rulfo» de Pedro Páramo.
    Pensé que nunca jamás volvería a encontrar un escrito tan denso, tan espeso, tan intrincado, tan farragoso, tan incomprensible…

    Me equivoqué.

  4. «el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!», Franciscus dixit.

    Pero…

    Claro, claro. El amor es posible para siempre, ….y si no, pues os divorciáis y os arrejuntáis de nuevo que no pasa nada. Os daré la comunión de nuevo. Amoris laetitia dixit.

    ¡Vaya caradura!

  5. Papa Francisco: «Amoris laetitia requiere un paciente trabajo de derribo doctrinal, ejem ejem…, perdón, digo de aplicación pastoral».

  6. No lean ni vayan a ninguna reunión sobre Amoris laetitia. Rechácenla del todo. El Capítulo VIII es la cabeza de la bestiezuela avernal que devora a todo lector en el gravísimo error de la moral luterana del bonum imperfectum et incompletum: los recasados civilmente sin haber disuelto su matrimonio canónico pueden comulgar y ser absueltos, pues si bien cometen un acto moral intrínsece malum, no obstante si disciernen subjetivamente acompañados de un cura, ven la necesidad objetiva de unirse, y en su unión hay elementos positivos como el amor con ánimo vitalicio, la ayuda mutua, la fidelidad, el respeto, la convivencia y cura de los hijos, entonces es una acción moral querida por Dios, incluso exigida por Dios, que da la gracia santificante que permite obtener la santificación y ser bienaventurado una vez fallecido. Evidentemente, se pueden hacer tantos recasamientos como cumplan con estas condiciones.

  7. En una «nueva unión»,es decir ADULTERANDO,NO SE PUEDE VIVIR JAMÁS UNA VIDA CRISTIANA PLENA.
    Principalmente,porque si no se vive la CASTIDAD, se está en PECADO MORTAL y eso te hace merecedor de la condenación eterna.
    A no ser que uno se arrepienta,pida perdón en la confesión y abandone el adulterio.
    No hay más.
    En el Evangelio no hay datos de medias conversiones.
    Jesucristo,tampoco lo contempla.
    No hay datos en todo el Evangelio tampoco,de ningún cristiano en camino de discernimiento en pecado mortal.

    1. En cambio si que hay datos de los divorcios en la ley judía.
      Si la miramos para condenar a los gays y todo lo que no nos gusta también es válida para el divorcio que tampoco nos gusta pero también está en la Biblia.

      1. En la Ley Judía, desde luego, estaba explícito algo que no era divorcio sino repudio y el repudio siempre era del hombre a su mujer y nunca al revés. Sin embargo el repudio fue rechazado por Jesucristo aquí: Mt 19, 1-12. Es decir el repudio está prohibido en el NT y Jesús da las razones de por qué había estado vigente hasta entonces.

      2. Y el pecado de homosexualidad está condenado no sólo en el Antiguo Testamento también en el Nuevo Testamento.Además Jesús también dijo: «No he venido a abolir la ley ,ni los profetas,sino a darle cumplimiento»
        Jesús estableció el matrimonio entre HOMBRE Y MUJER,no entre hombre y hombre y mujer y mujer.
        Y la práctica homosexual es condenada también por ejemplo en Romanos 1 por San Pablo:»Dignos de muerte quienes tales cosas practican, no sólo quienes las practican,sino también quienes APRUEBAN a los que las practican.»Romanos 1,32

          1. Oye no, interesada no. La potestad en interpretar las Escrituras es de la comunidad eclesial. Desde el comienzo.

            Si hablamos de libre interpretación ya estamos en otra cosa, en el protestantismo, no en la Iglesia católica, que pide que uno asuma la doctrina.

            Los grupos protestantes tienen todo un arcoiris de doctrinas de todo tipo. Por eso, debido a la libre interpretación, hay tantos grupos. Si uno interpreta alguna cosa en concreto, seguro que puede encontrar lugar entre alguno de ellos. ¡Hay tantos! Puede creer en que la praxis de la homosexualidad es pecado en un grupo, y en el otro no.

            Encajaría bien, aunque le animo a crecer en el pensamiento católico.

          2. Señor Miguel,Jesucristo instituyó el matrimonio entre HOMBRE Y MUJER,y fuera de él no se pueden mantener relaciones sexuales.
            Eso no da lugar a más interpretaciones.Punto.
            El homomonio y el lesbimonio es un invento satánico.

          3. Miguel, el magisterio solemne de la Iglesia es muy claro acerca de la homosexualidad. Y lo que la Iglesia sienta como verdad revelada, es Palabra de Dios.

            Su problema es que no es creyente. De ahí sus diferencias inevitables con los comentaristas, que generalmente somos creyentes. Creyentes en la fe católica, me refiero. Usted seguramente tendrá otras creencias, pero no la católica.

          4. Miguel, se lo explicamos, una vez más, como me consta que se le ha explicado antes decenas de veces: para los católicos la Revelación divina tiene dos fuentes: Evangelios y Tradición. Ambas provienen de Dios. La Tradición dice lo que dice sobre la homosexualidad, le gustará a usted poco o nada, pero dice lo que dice, y no vamos ni a cambiarlo porque a usted le incomode, ni a dejar de proclamarlo cuando se nos pregunte.

            Como tantas otras ocasiones, hay que recordarle lo evidente: usted replica a católicos. Y usted no cree en lo mismo que los católicos. Nunca va a estar de acuerdo con los católicos, porque creemos en cosas diferentes.

          5. Eres un cínico de manual. Estás aquí con el único objeto de fastidiar y crear confusión. Lo segundo no lo consigues por tu cortedad, pero lo primero, si, y con creces. Eres un pequeño imbe cil que das pena y asco.

      3. Miguel, Cristo expresamente se pronunció sobre el divorcio, declarando que Él venía a restaurar la Antigua Alianza.

        Para la homosexualidad, no declaró nada, por lo que la Ley del Antiguo Testamente seguía siendo leal a la Alianza con Dios Padre.

        Un matiz: a los gays nadie les condena, el pecado es decisión libre y personal de cada cual. Se condena el pecado, al pecador SIEMPRE se le ofrece conversión y salvación, nunca jamás se le negará el abrazo de Cristo al pecador arrepentido, sea por el pecado nefando o por otro de idéntica gravedad.

  8. Amoris Laetitia requiere una retirada y condena definitiva, por heretica ya que no sólo justifica el pecado sino que además dice la barbaridad, de que «puede que Dios lo pida».
    En fin, un bodrio para guardar en la basura.

  9. “hasta que los últimos creyentes olviden totalmente las condenas explícitas de Jesús al divorcio contenidas en los evangelios.” No hay mayor contradicción que aplicar farisaicamente lo que dijo Jesús, que no paró de condenar a los fariseos. Se hizo el matrimonio para el hombre y no el hombre para el matrimonio. Y ya que, cuando les conviene, afirman que la tradición es una fuente de revelación junto a la Escritura, cojan un libro de historia y vean cómo la Iglesia, durante 1.000 años, autorizaba el divorcio con causas justas.

    1. Sota, nunca la Iglesia ha admitido el divorcio. Usted llama «divorcio» a lo que no lo es. Es, en esencia, un problema de desconocimiento total de la materia.

      Ni las Escrituras ni la Tradición convalidad el divorcio. El sacramento matrimonial válido es indisoluble. Lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre.

      1. Pues cógete un libro de historia y verás que sí. Y una de las muchas pruebas de ello es que la Iglesia Católica permaneció unida a la ortodoxa hasta el año 1.000, y la iglesia ortodoxa lo sigue admitiendo. No olvides que el Evangelio dice “salvo caso de fornicación”.

      2. Si, pero muchos de los que parecen válidos no lo son y se dan casos en los que no puede ser probado. De eso habla el Papa en su encíclica y hay personas que siguen aferradas a una supuesta validez que a ojos de Dios no lo es.

        El proceso de nulidad está hecho según principios y métodos del derecho humano. Es un proceso judicial falible y así lo reconoce la propia Iglesia.

        Y como es falible, puede pronunciarse erróneamente y causar una injusticia. ¿Y que pasa entonces con el que sufre el error?

        Al ser falible el Papa deja una puerta abierta a discernimientos personales, entre la persona y el sacerdote, de modo que ese posible «error» (humanamente imposible de ser demostrado en un proceso de nulidad) no sea una nueva carga sobre el que lo sufre.

        Y van los rígidos y se rasgan las vestiduras; como siempre… los fariseos siguen presentes.

          1. No entiendo su respuesta.

            ¿Intenta decir que no existen las nulidades matrimoniales?

            Si hay nulidad, nunca ha habido sacramento.

            Y si hay matrimonio celebrado y es nulo, pero no se puede demostrar, tampoco existe sacramento.

      3. 1.»Salvo caso de fornicación»,lo que os saltáis. 2.Cógete un libro de historia y verás que sí. Pero como los ortodoxos admiten el divorcio en ciertos casos y la Iglesia católica no se separó de ellos hasta el año 1000, ahí tienes una prueba más.

  10. Vamos a ir al fondo del asunto: permitiendo el divorcio con causas justas (como hacía la Iglesia durante 1.000 años), los matrimonios bajo presión, por interés, los matrimonios acordados, irían explotando como globos de feria, porque solo un matrimonio por amor puede resistir el paso del tiempo. Pero esto es precisamente lo que hay que evitar, para mantener separadas las clases sociales y que las niñas bien no se queden sin su pelotazo financiero. Y no lo digo yo: consulten la “Pragmática contra el abuso de los matrimonios desiguales” de Carlos III, supuestamente un rey reformista. La Iglesia representa un triste papel haciendo de comparsa.

  11. Me sumo a lo dicho magistralmente por Lector arriba de todo:

    «Amoris laetitia» requiere un trabajo masivo de lavado de cerebro, hasta que los últimos creyentes olviden totalmente las condenas explícitas de Jesús al divorcio, contenidas en los evangelios.

    Jesucristo ha sido clarísimo y terminante al respecto. Pero siguen obrando a contramano.

  12. Por favor, ¿me podeis decir donde dice textualmente y literalmente en Amoris Laetitia que los divorciados vueltos a casar pueden recibir la comunión sacramental?
    Por favor, decídmelo; porque leo lo del acompañamiento, lo de casos complejos, lo de no rechazar a nadie en situaciones irregulares, pero lo de la comunión……..es que quizá no lo he leído bien.
    Espero respuestas y opiniones. Gracias.

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