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Francisco: «Jesús reza por nosotros»

Jesús reza por nosotrosVatican Media
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El Papa Francisco ha ofrecido otra audiencia general con la presencia de fieles, en el Patio de San Dámaso, bajo el Palacio Apostólico del Vaticano. Continuando el ciclo de catequesis sobre la oración, Francisco ha dedicado sus palabras al tema: “Jesús, modelo y alma de toda oración”.

Durante la catequesis, Francisco aseguró a los fieles que «Jesús reza por nosotros». «Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús está rezando por mí con tanto amor», dijo.

«Los Evangelios nos muestran cuanto era fundamental la oración en la relación de Jesús con sus discípulos», aseguró el Santo Padre en su alocución. «Ya se aprecia en la elección de los que luego se convertirían en los apóstoles», añadió. «Jesús los elige después de una noche de oración. Parece que no haya otro criterio en esta elección si no es la oración, el diálogo de Jesús con el Padre», señaló Su Santidad.

«A juzgar por cómo se comportarán después esos hombres, parecería que la elección no fue de las mejores porque todos huyeron, lo dejaron solo antes de la Pasión; pero es precisamente esto, especialmente la presencia de Judas, el futuro traidor, lo que demuestra que esos nombres estaban escritos en el plan de Dios», indicó Francisco a los fieles.

«Jesús fue maestro y amigo, siempre dispuesto a esperar pacientemente la conversión del discípulo. El punto culminante de esta paciente espera es la “tela” de amor que Jesús teje en torno a Pedro. En la Última Cena le dice: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos» (Lc 22,31-32)», citó el Pontífice.

«Es impresionante saber que, en el tiempo del desfallecimiento, el amor de Jesús no cesa. “Pero Padre, si estoy en pecado mortal, ¿el amor de Jesús sigue ahí? — Sí, ¿y Jesús sigue rezando por mí? — Sí — Pero si he hecho cosas muy malas y muchos pecados, ¿sigue amándome Jesús? — Sí”. El amor y la oración de Jesús por cada uno de nosotros no cesa, es más, se hace más intenso y somos el centro de su oración. Debemos recordar siempre esto: Jesús está rezando por mí, está rezando ahora ante el Padre y le está mostrando las heridas que trajo consigo, para que el Padre pueda ver el precio de nuestra salvación, es el amor que nos tiene. Y en este momento que uno de nosotros piense: ¿Jesús está rezando ahora por mí? Sí. Es una gran seguridad que debemos tener», afirmó el Papa.

«Las grandes decisiones en la misión de Jesús están siempre precedidas de la oración, pero no de una oración, así, en passant, sino de la oración intensa y prolongada. Siempre en esos momentos hay una oración», recordó el Santo Padre.

«De este rápido recorrido por el Evangelio, deducimos que Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros tentativos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí», dijo Su Santidad.

«Jesús reza por nosotros. Ahora mismo, en este momento. Haced este ejercicio de memoria repitiéndolo. Cuando hay alguna dificultad, cuando estáis en la órbita de las distracciones: Jesús está rezando por mí. Pero, padre ¿eso es verdad? Es verdad, lo dijo Él mismo. No olvidemos que lo que nos sostiene a cada uno de nosotros en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros, con nombre, apellido, ante el Padre, enseñándole las heridas que son el precio de nuestra salvación», explicó Francisco a los presentes en el Patio de San Dámaso.

«No os olvidéis: Jesús está rezando por mí — ¿Ahora? — Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús está rezando por mí con tanto amor», concluyó el Papa.

Les ofrecemos las palabras del Papa, publicadas en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los Evangelios nos muestran cuanto era fundamental la oración en la relación de Jesús con sus discípulos. Ya se aprecia en la elección de los que luego se convertirían en los apóstoles. Lucas sitúa la elección en un contexto preciso de oración y dice así: «Sucedió que por aquellos días se fue Él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles» (6,12-13). Jesús los elige después de una noche de oración. Parece que no haya otro criterio en esta elección si no es la oración, el diálogo de Jesús con el Padre. A juzgar por cómo se comportarán después esos hombres, parecería que la elección no fue de las mejores porque todos huyeron, lo dejaron solo antes de la Pasión; pero es precisamente esto, especialmente la presencia de Judas, el futuro traidor, lo que demuestra que esos nombres estaban escritos en el plan de Dios.

La oración en favor de sus amigos reaparece continuamente en la vida de Jesús. A veces los apóstoles se convierten en motivo de preocupación para Él, pero Jesús, así como los recibió del Padre, después de la oración, así los lleva en su corazón, incluso en sus errores, incluso en sus caídas. En todo ello descubrimos cómo Jesús fue maestro y amigo, siempre dispuesto a esperar pacientemente la conversión del discípulo. El punto culminante de esta paciente espera es la “tela” de amor que Jesús teje en torno a Pedro. En la Última Cena le dice: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos» (Lc 22,31-32). Es impresionante saber que, en el tiempo del desfallecimiento, el amor de Jesús no cesa. “Pero Padre, si estoy en pecado mortal, ¿el amor de Jesús sigue ahí? — Sí, ¿y Jesús sigue rezando por mí? — Sí — Pero si he hecho cosas muy malas y muchos pecados, ¿sigue amándome Jesús? — Sí”. El amor y la oración de Jesús por cada uno de nosotros no cesa, es más, se hace más intenso y somos el centro de su oración. Debemos recordar siempre esto: Jesús está rezando por mí, está rezando ahora ante el Padre y le está mostrando las heridas que trajo consigo, para que el Padre pueda ver el precio de nuestra salvación, es el amor que nos tiene. Y en este momento que uno de nosotros piense: ¿Jesús está rezando ahora por mí? Sí. Es una gran seguridad que debemos tener.

La oración de Jesús vuelve puntualmente en un momento crucial de su camino, el de la verificación de la fe de los discípulos. Escuchemos de nuevo al evangelista Lucas: «Y sucedió que mientras Él estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y Él les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.  Ellos respondieron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado” Les dijo: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro le contestó en nombre de todos: “El Cristo de Dios”. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie» (9,18-21). Las grandes decisiones en la misión de Jesús están siempre precedidas de la oración, pero no de una oración, así, en passant, sino de la oración intensa y prolongada. Siempre en esos momentos hay una oración. Esta prueba de fe parece una meta, pero en cambio es un punto de partida renovado para los discípulos, porque, a partir de entonces, es como si Jesús subiera un tono en su misión, hablándoles abiertamente de su pasión, muerte y resurrección.

En esta perspectiva, que despierta instintivamente la repulsión, tanto en los discípulos como en nosotros que leemos el Evangelio, la oración es la única fuente de luz y fuerza. Es necesario rezar más intensamente, cada vez que el camino se empina.

Y en efecto, tras anunciar a los discípulos lo que le espera en Jerusalén, tiene lugar el episodio de la Transfiguración. Jesús «tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías;  los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén» (Lc 9,28-31), es decir de su  Pasión. Por tanto, esta manifestación anticipada de la gloria de Jesús tuvo lugar en la oración, mientras el Hijo estaba inmerso en la comunión con el Padre y consentía plenamente en su voluntad de amor, en su plan de salvación. Y de esa oración salió una palabra clara para los tres discípulos implicados: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle» (Lc 9,35). De la oración viene la invitación a escuchar a Jesús, siempre de la oración.

De este rápido recorrido por el Evangelio, deducimos que Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros tentativos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí. Una vez, un buen obispo me contó que en un momento muy malo de su vida y de una gran prueba, un momento de oscuridad, miró a lo alto de la basílica y vio escrita esta frase: “Yo Pedro rezaré por ti”. Y eso le dio fuerza y consuelo. Y esto sucede cada vez que cada uno de nosotros sabe que Jesús reza por él. Jesús reza por nosotros. Ahora mismo, en este momento. Haced este ejercicio de memoria repitiéndolo. Cuando hay alguna dificultad, cuando estáis en la órbita de las distracciones: Jesús está rezando por mí. Pero, padre ¿eso es verdad? Es verdad, lo dijo Él mismo. No olvidemos que lo que nos sostiene a cada uno de nosotros en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros, con nombre, apellido, ante el Padre, enseñándole las heridas que son el precio de nuestra salvación.

Aunque nuestras oraciones fueran solamente balbuceos, si se vieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él. Yo no sé rezar, pero Él reza por mí. Sostenidas por la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y suben al cielo. No os olvidéis: Jesús está rezando por mí — ¿Ahora? — Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús está rezando por mí con tanto amor.

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46 comentarios en “Francisco: «Jesús reza por nosotros»
  1. Convendría que el Papa Francisco aclarara lo que dice de que «Nuestras tentativas de oración sean completamente vanas e ineficaces.» Ya que según cómo se entienda, puede esconder el error teológico luterano de la «sola gracia.» Cuando en realidad Dios quiere nuestro esfuerzo como cooperación a la gracia, de modo que la vida presente es el tiempo de merecer.

    1. Esta no es la religión católica que me han enseñado a mí desde pequeña, y que he procurado seguir profundizando en ella durante toda mi vida…

      1. No lo dice, y sus razones ( dudosas) tendrá. La puerta para entrar en la gracia de Dios, entendiendo que el hombre debe poner su parte, es el sacramento de la reconciliación, que sólo están en esta iglesia, de Jesús-Dios. Como, efectivamente no lo dice, una vez más ratifica que no existe un Dios católico. Ese es su sonado ecumenismo entreguista.

    2. S. M.:

      El texto se entiende perfectamente y no habla de la «sola gracia», sino más bien de que Cristo se ocupa y preocupa de nosotros primero y a pesar de nuestros pecados.

      Primero es la gracia e inmediatamente después nuestra colaboración con ella.

      De luteranismo no hay nada. Es querer sacar punta a todas las palabras del Papa, como siempre hace.

      ¿Cual es su finalidad en la crítica constante? Quizás debería preguntarse por eso…

    3. Que extraño que vuelvas a retorcer las palabras para que parezca que dice lo que en realidad no dice.
      Supongo que es para justificar tu queja a sin fundamento.
      Si no tienes motivos para la queja… Los inventas.

  2. Jesús oró (rezó) al Padre cuando estaba en este mundo.

    Ya resucitado y glorificado, Jesucristo está sentado en el Cielo a la derecha del Padre, y es parte de la Santísima Trinidad como Segunda Persona.

    ¿A quién le va a rezar «Jesús» en el Cielo?

    Si Jesús sigue rezando en el Cielo, no es Dios.
    Astuta manera de negar la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

    1. Ciertamente, Nuestro Señor Jesucristo se sigue ofreciendo en sacrificio de modo incruento, renovando el sacrificio redentor del Calvario, en el Santo Sacrificio de la Misa, hasta el fin del mundo.

      Lo cual se sigue ocultando y disfrazando de mil maneras, muchas veces haciendo de la Misa Novus Ordo un carnaval, o persiguiendo el «Summorum Pontificum»(aclaro que no soy de ir a la Misa Tradicional, si bien tengo mucho respeto por ella)

      Pero eso no se puede asimilar o igualar de ninguna manera a la oración de intercesión de un santo en el Cielo, porque no tiene nada que ver.

  3. Cristo vive en nosotros y nosotros en Él por el bautismo.

    Cuando estamos en pecado es cuando reza con la oración de su cruz «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» porque le tenemos crucificado en nuestro interior ,en el cual habita.

    Cuando estamos en gracia la oración que brota de nuestro interior procede del Espíritu Santo que Jesús nos envia.

    Jesús dijo a los apóstoles :»también rezo por aquellos que os escucharan» o «que a través de vosotros me escucharán» (más o menos.Cito de memoria) lo cual significa que en su presente eterno, como Dios que es, «vive» y reza por nosotros.

    No sé verle nada errado al texto, la verdad…

    1. Jn 17, 20-23

      Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

      Ahí está la cita!

      1. Esas citas y muchas más, son todas de cuando estaba en este mundo y aún NO había resucitado y aún NO estaba en gloria en el Cielo reasumiendo el honor y gloria que Le corresponden por ser la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, en unión perfecta y eterna con el Padre y el Espíritu Santo.

        Lee la primera frase que escribí, allí lo aclaro de entrada.

        Y no, Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios y está en el Cielo, no reza. ¿A quién le va a rezar, si Él mismo es Dios?

          1. Cuando leí la expresión del Papa me causó cierta perplejidad sin poder precisar la razón. Lo que dice Stork es razonable. Tema para algún teólogo quizás? (de los buenos, por favor)

          2. Juanete,

            No sé…yo todo lo veo en presente.

            Jesús es la Palabra y la Palabra es eterna.

            Jesús ya era Dios cuando se hizo hombre. No sé separar el Jesús hombre del Jesús Dios. Ya era Dios cuando rezó al Padre por nosotros. Y esa oración, esa Palabra es eterna , pq Cristo es Dios y es eterno e inmutable.

            Todo es presente en Dios pq Él «es» y lo q dijo, lo dice y lo dirá. «Es dicho» ahora y siempre.

            No se entendería si no fuera un Dios trinitario pero lo es.Y el Padre y el hijo tienen una relación de amor, una relación íntima. Una relación que » es».

            ¿ o no fué la Palabra quien rezó por nosotros? Pues la Palabra «es». Pues entonces «reza».

            ¿ o fué sólo la humanidad de Cristo la que oró?

            Verdad que no? Verdad q fue Jesús «hombre y Dios» quien oró? Pues entonces ¿cómo pudo Dios orarse a sí mismo? Pq es trinitario.

            Yo lo veo así.

          3. Y desde otro ángulo también reza a Dios desde su cuerpo místico, q es la Iglesia. Reza por la Iglesia en nosotros.

        1. Entonces… Con la resurrección parte de los evangelios son inválidos? Si no son válidas por qué los leemos en la eucaristía cada domingo?

        2. Si asi es StorK.
          Hay un cuento que se llama el principe y el mendigo, que explica algo parecido a lo que hizo Jesus. Dejo los privilegios que tenia por ser Dios, cuando vino al mundo a redimirnos, y se metio en el tiempo al hacerse hombre, para enseñarnos como llegar al cielo. El es el camino, la verdad y la vida, y «nadie va al Padre sino por mi».
          Orando al Padre, nos enseña lo que nosotros debemos hacer, como debemos orar, también en su obediencia al Padre, nos enseña que es preciso hacer siempre su voluntad. Actua como debemos actuar los hombres para darnos ejemplo. Pero sigue siendo Dios, por eso dice: «Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida, para recobrarla de nuevo, nadie me la quita, sino que yo voluntariamente la entrego. Tengo el poder de darla, y el poder de recobrarla» Jn 10, 17. Aqui actua como Dios. Ningún ser humano puede matar a Dios.

        3. Sr Stock:una pregunta para usted,la Santísima Trinidad,sigue en el Cielo,conservando la Trinidad?.Si responde afirmativamente,Dios hijo Jesucristo,tiene al Padre y al Espíritu Santo,para hablar con ellos,acerca de lo que su Sagrado Corazón,siente por sus hermanos en la Fe,y por los que lo son en potencia.Asi que a mí entender puede haber oración.Un saludo.

          1. El diálogo inefable y eterno entre las tres Personas de la Santísima Trinidad que es un sólo Dios, no es asimilable a que «una le reza a la otra».

            Si entendemos por «rezar», lo mismo que entiende la Real Academia. En el fondo todo esto puede ser confusión de términos.

            Nuestro Señor Jesucristo, hijo unigénito del Padre, único Mesías y nuestro Redentor, Rey del Universo, Supremo Legislador y Supremo Juez, es único mediador entre la Santísima Trinidad y la humanidad.
            En esa mediación, intercede pero NO reza.

            Espero haber respondido su duda.

          1. Jesús,la segunda persona de la Trinidad,se encarnó,se hizo hombre sin dejar por ello de ser Dios,y rezó al Padre antes de entregarse a la muerte de cruz,le pidió por sus discípulos,e incluso :Padre aparta de mi este cáliz,pero no se haga mi voluntad sino la tuya.»Jesús no dejo de ser Dios ni un instante, pués de ser así,no habría redención.Solo Dios puede redimir,con su sangre.

  4. Jesús intercede por nosotros al Padre, si nosotros se lo pedimos en nuestras oraciones. Constantemente Jesús pedía a los discípulos oración y fe.

  5. » Me han sido dado plenos poderes en el cielo y sobre la tierra» Mt 28,18
    Ya no tiene que interceder, ahora actua como lo que es : Dios.

      1. » Dios no le reza a Dios»

        ¿Acaso Cristo cuando estaba en la tierra no era Dios?
        ¿Acaso cuando Jesús de Nazaret rezaba por nosotros , no era Dios?

        Interceder es rezar en lenguaje católico.
        Pues en la tierra rezó

        1. Sí, ya se lo dije varias veces, antes, aquí arriba: estando aquí en la tierra oró, rezó, subía al monte a rezar, rezó y oró en el Monte de los Olivos para que pasase de Él ese cáliz, etc.innumerables veces.

          Pero ya en el Cielo, ya resucitado y glorificado y sentado a la derecha del Padre, en diálogo inefable con las otras dos Personas de la Santisima Trinidad, me resulta claro que no se pone de rodillas a implorar ante el Padre o el Espíritu Santo.

          Jesucristo es el único mediador e intercesor, pero no precisa de rezar tal como lo hacemos en este mundo, ya que entre las 3 Personas de la Santísima Trinidad que son un sólo Dios, hay una unión perfecta y un diálogo inefable.

          Por esa razón, decimos «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío» y no «Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros».

          1. Puede leer en Hebreos, cap.5 v.7:

            Mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo, con voz fuerte y muchas lágrimas oró y suplicó a Dios, que tenía poder para librarlo de la muerte; y por su obediencia, Dios lo escuchó.

            «Mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo»

  6. Romanos 8,
    34. Cristo Jesús, el que murió, aún más, el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, es quien intercede por nosotros.

    1. INTERCEDER (definición de la RAE)
      Del lat. intercedĕre.

      1. intr. Hablar en favor de alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal.

    1. REZAR (definición de la RAE)
      Del lat. recitāre ‘recitar’.

      1. tr. Dirigir a Dios o a personas santas oraciones de contenido religioso.

      2. tr. Dicho del clérigo obligado a ello: Recitar el oficio divino vocal u oralmente.

      3. tr. coloq. En un escrito, decir o decirse algo. El calendario reza agua. El libro lo reza.

      4. tr. Rel. Recitar la misa, una oración, etc., en contraposición a cantarla.

      5. intr. coloq. Dicho de una cosa: Tocar o pertenecer a alguien, ser de su obligación o conocimiento. Eso no reza CON tus alumnos.

      6. intr. coloq. Gruñir, refunfuñar.

    1. Intercede.
      No reza.

      REZAR (definición de la RAE)
      Del lat. recitāre ‘recitar’.
      1. tr. Dirigir a Dios o a personas santas oraciones de contenido religioso.

      Jesucristo, en el Cielo, no dirige ni a Dios ni a personas santas oración alguna de contenido religioso. No precisa: «todo está cumplido».

  7. Está la oración de intercesión, el Catecismo lo dice bien claro en el capítulo de «la oración cristiana» sobre la oración filial de Jesús, etc.
    No pretendo defender a Berg, que es indefendible, pero tampoco con el afán de llevarle la contraria en todo digamos lo que no es, copiando el diccionario y negando el Catecismo. 😉

    1. En el 2634 del CIC (y tampoco en las Sagradas Escrituras) no encontré nada respecto a que «Jesús resucitado y glorificado y sentado a la derecha del Padre», reza a Dios; o al menos, al Padre.

      Sino que Jesús es mediador e intercesor, no es que «reza».

      Siendo Dios, no reza. Dios no le «reza» a Dios. En la medida en que estemos de acuerdo en los términos y de qué se interpreta por «rezar». Si para ti interceder es rezar, vale. Pero para mí interceder no es lo mismo que rezar.

      Interpreto que ese capitulo del CIC se refiere a la oración de la Iglesia y de los fieles a Jesús, único mediador. No es acerca de que Jesús reza. 🙂

      1. » Dios no le reza a Dios»

        ¿Acaso Cristo cuando estaba en la tierra no era Dios?
        ¿Acaso cuando Jesús de Nazaret rezaba por nosotros , no era Dios?

        Interceder es rezar en lenguaje católico.

        1. Ya lo dije varias veces, antes, aquí arriba: estando aquí en la tierra oró, rezó, subía al monte a rezar, rezó y oró en el Monte de los Olivos para que pasase de Él ese cáliz, etc.innumerables veces.

          Pero ya en el Cielo, ya resucitado y glorificado y sentado a la derecha del Padre, en diálogo inefable con las otras dos Personas de la Santisima Trinidad, me resulta claro que no se pone de rodillas a implorar ante el Padre o el Espíritu Santo.

          Jesucristo es el único mediador e intercesor, pero no precisa de rezar tal como lo hacemos en este mundo, ya que entre las 3 Personas de la Santísima Trinidad que son un sólo Dios, hay una unión perfecta y un diálogo inefable.

          Por esa razón, decimos «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío» y no «Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros».

          1. Leemos en Hebreos, cap.5 v.7:

            Mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo, con voz fuerte y muchas lágrimas oró y suplicó a Dios, que tenía poder para librarlo de la muerte; y por su obediencia, Dios lo escuchó.

            «Mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo»

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