Las ‘tradiciones humanas’ que nunca cuestionan

Braz de Aviz Francisco junto a unos cardenales.
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Con la que está cayendo y ante la desaparición acelerada de la vida religiosa, que apenas pasa semana sin que cierre algún nuevo monasterio, el cardenal Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, comenta que lo que preocupa al Papa es “la tendencia a retomar posiciones tradicionalistas”.

Olvidemos por un momento que el abandono de esas “tradiciones humanas” -la Tradición es inmutable, fuente de Revelación al mismo nivel que la Escritura- que el cardenal deplora por ‘preconciliares’ coincidió matemáticamente en el tiempo con la gran crisis de la vida religiosa, y que precisamente las congregaciones que han vuelto a ellas o las mantienen son las únicas que experimentan buena salud e incluso un crecimiento de vocaciones, con ser todo ello crucial en los tiempos que corren.

Dejemos de lado, también, el hecho tangible de que el fin por el que el Concilio o sus postrimerías se deshicieron supuestamente de esas formas y fórmulas, llegar más fácilmente al Mundo para atraerlo hacia Cristo, no puede decirse que haya sido un éxito, y aunque el cambio en sí mismo no tiene por qué ser positivo, cambiar lo que funciona perfectamente es una locura, sobre todo cuando se cambia por lo que no.

Y pasemos por alto, también, que los cambios introducidos son peores desde cualquier punto de vista, ya sea por una mera cuestión de estética o por su capacidad de atraer vocaciones o conversiones, o como significantes del Misterio que está en el núcleo mismo de nuestra fe.

Adoptemos por un momento, por mor del argumento, la posición ‘cambiófila’ más extrema, la necesidad de tirar al cubo de la basura de la historia todas aquellas tradiciones que puedan alterarse sin afectar al núcleo de la fe, cambiemos todo lo cambiable, afirmando que son estructuras formales que han quedado desfasadas.

Bien, pero si actuamos así, en seguida nos daremos cuenta de que eso nos aleja de estos fervientes renovadores en cuestiones sorprendentes. Por ejemplo, y ya que quien protagoniza la noticia es una cardenal, ¿qué hay de los cardenales? No son una institución de Derecho Divino, como sabe cualquier fiel; ni siquiera ha sido históricamente el único medio de elegir al obispo de Roma.

Cristo consagró a Pedro y, a través de él, a sus sucesores como vicarios suyos, pero no dijo una palabra sobre cómo elegir a esos sucesores.

En origen, el obispo de Roma, como cualquier otro obispo, era elegido por aclamación asamblearia de los fieles. Este sistema funcionó más o menos mientras los cristianos fueron pocos, pero pronto se revelaron sus fallos, con un montón de nombramientos que acabaron como el rosario de la aurora. Hasta el siglo XII se proclamaron al menos 31 antipapas en pugna con otros ganadores, y en apenas cien años en torno al año 1000, 12 papas fueron expulsados del trono, cinco fueron enviados al exilio y cinco fueron asesinados.

Así nacieron, en el siglo XI, el colegio de cardenales como electores legítimos de los Papas, pero todavía no funcionaban como en la actualidad, porque se exigía la unanimidad.

Pero este modelo, bueno sin duda para el siglo XI, ¿qué tiene que ver con nuestro tiempo? ¿Por qué tendría que haber un cuerpo de electores? ¿Por qué tendría que tener ese privilegio, digamos, el propio Braz de Aviz, que tanto lamenta que nos aferremos a viejas tradiciones desfasadas? Estoy seguro de que, si lo piensa, pocos mecanismos ajenos al dogma puede haber menos adaptados a los tiempos modernos a los que con tanto afán trata de adaptarse la Iglesia de hoy.

Sospechamos que los lectores conocen la respuesta a esa pregunta. Y no creemos que le haga ningún favor a Su Eminencia.

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Comentarios
11 comentarios en “Las ‘tradiciones humanas’ que nunca cuestionan
  1. Bueno, lo de la homosex está explícitamente condenado en la Biblia. Esto es un hueso más duro de roer, verdad? Porque o quemaban las páginas de la Biblia correspondientes, u olvídate de la religión revelada y hagamos una al gusto de la maffia bardassa, absolutamente mayoritaria.

  2. No proviene del Colegio Apostólico (lo son los Concilios Ecuménicos) sino de Nicolás II que estableció el actual colegio cardenalicio con la ficción legal de que era el verdadero clero de Roma (presbíteros y diaconos amén de los obispos suburbicarios) cuya elección era confirmada por el pueblo por aclamación.
    Durante siglos se eligió a los obispos por el clero y el pueblo, muchas veces por aclamación (S. Fabián, S. Agustín o S. Ambrosio por ejemplo) y mas tarde por los cabildos catedralicios. El actual sistema es muy moderno y procede más de la influencia de los poderes seculares (concordatos, etc.) que de la verdadera tradición.

  3. “la Tradición es inmutable, fuente de Revelación al mismo nivel que la Escritura-“. Pues ha cambiado un montón de veces: Los sacerdotes, obispos y Papas se casaban, la esclavitud era reconocida como legítima, se incitaba a las guerras de religión, se metía a los hijos en conventos contra su voluntad…Igual que los “tradicionalistas” españoles llamaban “tradición” solamente a los siglos XVI y XVII, los conservadores en la Iglesia llaman “tradición” solo a lo que les gusta.

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