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Aborto y Eucaristía: R.R. Reno contesta al obispo de San Diego

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(R.R. Reno/First Things) ¿Cómo debe responder la Iglesia católica al extremismo abortista? La reciente intervención del obispo Robert McElroy en este debate es lamentablemente desorientadora y de poca ayuda.

A Mons. McElroy le preocupa que sus hermanos en el episcopado aconsejen negar la comunión a los líderes favorables al aborto. Sostiene que tal medida sería un grave error con «consecuencias tremendamente destructivas». Declarar a Joe Biden y a otros políticos pro-aborto indignos de recibirla, escribe, no tiene en cuenta las «intensas presiones y complejidades» a las que se enfrentan los líderes políticos. McElroy insiste en que «la Eucaristía nunca debe ser instrumentalizada para un fin político».

Argumenta también que el hecho de dar prioridad a las cuestiones provida oscurece el testimonio moral más amplio de la Iglesia. McElroy se refiere al pecado del racismo para sugerir que se está aplicando un doble rasero. ¿Cómo pueden sus hermanos obispos aconsejar que se niegue la Eucaristía a los políticos notoriamente pro-abortistas mientras que no lo hacen cuando se enfrentan al pecado del racismo?

Estoy de acuerdo en que la vida sacramental de la Iglesia no debe convertirse en un arma política. Pero McElroy tergiversa el debate actual sobre el aborto y da a entender una falsa equivalencia entre la cuestión del racismo, que implica una grave violación de los derechos civiles y una denigración de la dignidad humana, y el aborto, que es el asesinato intencionado de una vida inocente, un acto descrito por los primeros Padres de la Iglesia como una forma de homicidio. Ambos pecados son graves, pero no tienen el mismo peso.

Debemos predicar, enseñar y trabajar contra el régimen abortista actual, pero al hacerlo también debemos reconocer las realidades políticas. Clausewitz llamó a la guerra «política por otros medios», y hasta cierto punto lo contrario también es cierto. En la conducción de la guerra, sólo está justificado iniciar las hostilidades si se puede prever la probabilidad de éxito. Algo análogo ocurre con nuestras responsabilidades políticas.

Lamento que la mayoría de los políticos católicos de Nueva York no se esfuercen por restringir el aborto (como han hecho los legisladores de Texas, Luisiana y otros lugares). El testimonio de los legisladores que proponen límites al aborto ayuda, o al menos puede ayudar, a cambiar la opinión pública. Pero reconozco que, dado el clima político de este estado, esos esfuerzos tienen pocas probabilidades de éxito, al menos por ahora.  También reconozco que, teniendo en cuenta la política de pactos, promover medidas antiabortistas de gran alcance en la asamblea legislativa de Nueva York podría limitar la capacidad de los representantes para lograr otros buenos objetivos. Por lo tanto, aunque sería inexcusable que un político católico votara a favor de leyes aún más letales, en circunstancias como las que se dan en Nueva York y en otros lugares, es aceptable trabajar por cualquier restricción y protección menor e incremental que sea posible. Lo que nunca es aceptable es simplemente darse por vencido y abandonar el tema.

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Pero esta no es la situación de Biden. Nuestro presidente no hace el más mínimo movimiento para intentar reducir nuestro régimen abortista. Ni siquiera ha intentado recuperar el intento de Bill Clinton por cuadrar el círculo: un aborto «seguro, legal y raro». El clima actual en el partido demócrata requiere que sus líderes respalden el aborto y prometan aumentar la financiación y el acceso a los servicios de aborto. Esto es lo que ha hecho Biden. Y se ha unido a los que denuncian cualquier esfuerzo por restringir el aborto como algo hostil a la «salud de las mujeres». En resumen, es un miembro de pleno derecho del partido pro-aborto, arrimando el hombro a su causa de forma muy pública.

Los obispos católicos no se enfrentan a políticos demócratas que guardan silencio sobre el aborto o que no son lo suficientemente apasionados sobre este asunto. Por el contrario, se enfrentan a demócratas católicos que afirman el aborto, insisten en que es indispensable para el empoderamiento de la mujer y defienden el asesinato del no nacido como un bien positivo. Y se presentan ante su sacerdote, su parroquia y el mundo como católicos dignos de recibir la Eucaristía.

Los días de Mario Cuomo hace tiempo que han pasado. En las últimas décadas, los obispos han tratado de llevar a cabo con los políticos católicos del partido demócrata una conversación continuada sobre la urgencia moral de la causa provida. Pero todo ha quedado en nada. Hoy en día el partido demócrata promueve agresivamente y sin arrepentirse una agenda pro-aborto, y muchos líderes políticos católicos prestan regularmente y con entusiasmo su voz y usan su poder para promover esa agenda.

La presencia abierta, notoria y persistente de líderes políticos que vociferan a favor del aborto abre una brecha entre la enseñanza de la Iglesia y la vida sacramental de la Iglesia. El obispo McElroy no es sincero al sugerir que tomar conciencia de las «intensas presiones y complejidades» disipa la amenaza a la integridad de la Eucaristía.

Y la referencia de McElroy al racismo es un claro ejemplo de cortina de humo. Le reto a que nombre a un solo político católico que propugne volver a segregar las escuelas o volver a imponer leyes que prohíban el matrimonio interracial. No hay ninguno. Mientras tanto, los católicos que ocupan cargos políticos defienden habitualmente el aborto como un derecho casi sagrado.

Los obispos católicos deberían ser cuidadosos en asuntos que inflaman las pasiones políticas. Como sabe cualquiera que haya trabajado en favor de la santidad de la vida, nuestra causa ha sido cínicamente cooptada por los republicanos que quieren nuestros votos. Las preocupaciones morales de los católicos progresistas (algunos equivocados, pero sinceros) han sido cínicamente manipuladas por los demócratas.

Necesitamos un cuidadoso razonamiento moral, así como una rigurosa atención al derecho canónico. Pero es una vergüenza que el obispo McElroy eche polvo a los ojos de los fieles y los confunda. La cultura de la muerte está muy avanzada. Políticos sin vergüenza no se limitan a despreciar la enseñanza de la Iglesia sobre la santidad de la vida, sino que proclaman públicamente lo contrario, cantando hosannas a la matanza de inocentes. Frente a este indignante antitestimonio, un obispo debe velar por la integridad de la Eucaristía.

Artículo publicado por R.R.Reno en First Things. Traducido por InfoVaticana.

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7 comentarios en “Aborto y Eucaristía: R.R. Reno contesta al obispo de San Diego
  1. Es doctrina católica que los que viven en pecado no pueden comulgar. Los promotores del aborto como Biden son pecadores no arrepentidos y por tanto no pueden comulgar. Los obispos que trabajan para impedir la comunión de abortistas hacen muy bien. Los que no lo hacen, como el Papa Francisco, Ladaria, o Mc Elroy, traicionan a Cristo.

  2. Pablo VI dijo: «El humo de satanás ha entrado por alguna grieta y se ha colado en el Templo Santo de Dios.»
    Apocalipsis 9,3-5:
    «Y de la HUMAREDA saltó sobre la tierra una plaga de langostas,con poder semejante al que tienen los escorpiones de la tierra.Se les ordenó que no hicieran daño a la hierba,ni a la vegetación,ni a los árboles.Sólo a quienes no llevasen en su frente la marca de Dios.»
    «Las langostas eran como caballos preparados para,el combate.Coronas como de oro ceñian sus cabezas,y tenian el rostro como de hombre.»Apocalipsis 9,7
    » SE NEGARON A CAMBIAR DE CONDUCTA.Siguieron adorando a los demonios,a los ídolos de oro y plata,bronce,madera y piedra,dioses que no pueden ver,oir,ni caminar.Siguieron aferrados a sus crímenes,sus hechicerías,su lujuria y sus rapiñas» Apocalipsis 9,20-21
    Palabra de Dios.
    Tal cual.

    1. Cierto que el humo de Satanás entró en la Iglesia, pero no por una grieta, como dijo Pablo VI como si la hecatombe posconciliar no tuviera nada que ver ni con el concilio Vaticano II ni con su calamitoso pontificado. El humo de Satanás entró por las ventanas de la Iglesia que Juan XXIII abrió al mundo de par en par. Cuentan que preguntado un día en su despacho por la finalidad del concilio que había convocado, se volvió hacia una ventana y la abrió de par en par. Por esa ventana entró el humo de Satanás y el vendaval del posconcilio.

  3. Los palacios vaticanos estaban llenos de corrupción antes, durante y después del concilio. El asunto es que lo que se mantenía oculto, sobre la homosexualidad y demás, empezó a salir a la luz. Algunos quieren que se crea que esto procede del «progresismo» y que antes no era así. Antes pasaba y quedaba todo absolutamente tapado.

  4. Los feligreses de la diocesis de este obispo tienen que rezar mucho por este señorel para que respete el evangelio, la vida y que le pida perdón a la Santisima Trinidad por sus dislates. Ojalá que los catolicos comprometidos de sus Diocesis le reclamen sus desvaríos.

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