Francisco: «Adorando la Cruz recordaremos las víctimas inocentes de los abortos»

Vatican Media
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«Llevaremos en la mente y en el corazón los sufrimientos de los enfermos, de los pobres, de los descartados de este mundo».

Francisco ha dedicado su catequesis a los días que vamos a vivir, el Triduo pascual, “los días centrales del Año litúrgico”, el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Un misterio que “vivimos cada vez que celebramos la Eucaristía”. Cuando vamos a Misa, “no vamos solo a rezar, no: vamos a renovar, a hacer de nuevo, este misterio, el misterio pascual. Es importante no olvidar esto. Es como si nosotros fuéramos al Calvario —es lo mismo— para renovar, para hacer de nuevo el misterio pascual”, señaló el Santo Padre.

El Jueves Santo “reviviremos la Misa que se llama in Coena Domini, es decir la Misa donde se conmemora la Última cena, lo que sucedió allí, en ese momento”. “Es la tarde en la que Cristo dejó a sus discípulos el testamento de su amor en la Eucaristía, pero no como recuerdo, sino como memorial, como su presencia perenne”, añadió el Papa, tarde “en la que Él nos pide que nos amemos haciéndonos siervos los unos de los otros”.

El Viernes Santo es día de penitencia, de ayuno y de oración, recordó Su Santidad. “Adorando la Cruz, reviviremos el camino del Cordero inocente inmolado por nuestra salvación. Llevaremos en la mente y en el corazón los sufrimientos de los enfermos, de los pobres, de los descartados de este mundo; recordaremos a los “corderos inmolados” víctimas inocentes de las guerras, de las dictaduras, de las violencias cotidianas, de los abortos…”, dijo Francisco.

“Delante de la imagen de Dios crucificado llevaremos, en la oración, los muchos, demasiados crucificados de hoy, que solo desde Él pueden recibir el consuelo y el sentido de su sufrimiento”, afirmó el Pontífice argentino.

El mundo “está en las tinieblas”. “Hagamos una lista de todas las guerras que se están combatiendo en este momento”, dijo el Papa, que a continuación mencionó a los niños que mueren de hambre, los que no tienen educación, pueblos destruidos por las guerras, el terrorismo, las víctimas de la droga y su industria “que mata”. “¡Es una calamidad, es un desierto!”, exclamó. Sin embargo, hay pequeñas “islas” del pueblo de Dios, dijo, “tanto cristiano como de cualquier otra fe, que conservan en el corazón las ganas de ser mejores”.

“El Sábado Santo es el día del silencio: hay un gran silencio sobre toda la Tierra; un silencio vivido en el llanto y en el desconcierto de los primeros discípulos, conmocionados por la muerte ignominiosa de Jesús”, continuó el Papa.

En las tinieblas del Sábado Santo “irrumpirán la alegría y la luz con los ritos de la Vigilia pascual”. “Será el encuentro en la fe con Cristo resucitado y la alegría pascual se prolongará durante los cincuenta días que seguirán, hasta la venida del Espíritu Santo. ¡Aquel que había sido crucificado ha resucitado!”, exclamó Su Santidad.

Cuando resucita el Señor los discípulos dudaban, “no creían”. “La primera en creer y ver fue María Magdalena, fue la apóstola de la resurrección que fue a contar que había visto a Jesús, que la había llamado por su nombre”, dijo.

Los soldados que estaban en el sepulcro “para no dejar que vinieran los discípulos y llevarse el cuerpo, le han visto: le han visto vivo y resucitado” y después “han fingido que no le habían visto”. ¿Por qué?, se pregunta el Santo Padre, porque “fueron pagados”.

“Y aquí está el dinero que hizo cambiar la realidad. Habían visto la maravilla de la resurrección, pero fueron pagados para callar. Pensemos en las muchas veces que hombres y mujeres cristianos han sido pagados para no reconocer en la práctica la resurrección de Cristo, y no han hecho lo que el Cristo nos ha pedido que hagamos, como cristianos”, aseguró Francisco.

“La Cruz de Cristo es el signo de la esperanza que no decepciona; y nos dice que ni siquiera una lágrima, ni siquiera un lamento se pierden en el diseño de salvación de Dios. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de servirle y de reconocerle y de no dejarnos pagar para olvidarle”, terminó el Pontífice.

Les ofrecemos las palabras del Papa, ofrecidas en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Catequesis. El Triduo Pascual

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya inmersos en el clima espiritual de la Semana Santa, estamos en la vigilia del Triduo pascual. Desde mañana y hasta el domingo viviremos los días centrales del Año litúrgico, celebrando el misterio de la Pasión, de la Muerte y de la Resurrección del Señor. Y este misterio lo vivimos cada vez que celebramos la Eucaristía. Cuando nosotros vamos a Misa, no vamos solo a rezar, no: vamos a renovar, a hacer de nuevo, este misterio, el misterio pascual. Es importante no olvidar esto. Es como si nosotros fuéramos al Calvario —es lo mismo— para renovar, para hacer de nuevo el misterio pascual.

La tarde del Jueves Santo, entrando en el Triduo pascual, reviviremos la Misa que se llama in Coena Domini, es decir la Misa donde se conmemora la Última cena, lo que sucedió allí, en ese momento. Es la tarde en la que Cristo dejó a sus discípulos el testamento de su amor en la Eucaristía, pero no como recuerdo, sino como memorial, como su presencia perenne. Cada vez que se celebra la Eucaristía, como dije al principio, se renueva este misterio de la redención. En este Sacramento, Jesús sustituyó la víctima del sacrificio —el cordero pascual— consigo mismo: su Cuerpo y su Sangre nos donan la salvación de la esclavitud del pecado y de la muerte. La salvación de toda esclavitud está ahí. Es la tarde en la que Él nos pide que nos amemos haciéndonos siervos los unos de los otros, como hizo Él lavando los pies a los discípulos. Un gesto que anticipa la cruenta oblación en la cruz. Y de hecho el Maestro y Señor morirá el día después para limpiar no los pies, sino los corazones y toda la vida de sus discípulos. Ha sido una oblación de servicio a todos nosotros, porque con ese servicio de su sacrificio nos ha redimido a todos.

El Viernes Santo es día de penitencia, de ayuno y de oración. A través de los textos de la Sagrada Escritura y las oraciones litúrgicas, estaremos como reunidos en el Calvario para conmemorar la Pasión y la Muerte redentora de Jesucristo. En la intensidad del rito de la Acción litúrgica se nos presentará el Crucificado para adorar. Adorando la Cruz, reviviremos el camino del Cordero inocente inmolado por nuestra salvación. Llevaremos en la mente y en el corazón los sufrimientos de los enfermos, de los pobres, de los descartados de este mundo; recordaremos a los “corderos inmolados” víctimas inocentes de las guerras, de las dictaduras, de las violencias cotidianas, de los abortos… Delante de la imagen de Dios crucificado llevaremos, en la oración, los muchos, demasiados crucificados de hoy, que solo desde Él pueden recibir el consuelo y el sentido de su sufrimiento. Y hoy hay muchos: no olvidar a los crucificados de hoy, que son la imagen del Jesús Crucificado, y en ellos está Jesús.

Desde que Jesús tomó sobre sí las llagas de la humanidad y la misma muerte, el amor de Dios ha regado nuestros desiertos, ha iluminado nuestras tinieblas. Porque el mundo está en las tinieblas. Hagamos una lista de todas las guerras que se están combatiendo en este momento; de todos los niños que mueren de hambre; de los niños que no tienen educación; de pueblos enteros destruidos por las guerras, el terrorismo. De tanta, tanta gente que para sentirse un poco mejor necesita de la droga, de la industria de la droga que mata… ¡Es una calamidad, es un desierto! Hay pequeñas “islas” del pueblo de Dios, tanto cristiano como de cualquier otra fe, que conservan en el corazón las ganas de ser mejores. Pero digámonos la realidad: en este Calvario de muerte, es Jesús quien sufre en sus discípulos. Durante su ministerio, el Hijo de Dios había derramado generosamente la vida, sanando, perdonando, resucitando… Ahora, en la hora del supremo Sacrificio en la cruz, lleva a cumplimiento la obra encomendada por el Padre: entra en el abismo del sufrimiento, entra en estas calamidades de este mundo, para redimir y transformar. Y también para liberarnos a cada uno de nosotros del poder de las tinieblas, de la soberbia, de la resistencia a ser amados por Dios. Y esto, solo el amor de Dios puede hacerlo. Por sus llagas hemos sido sanados (cf. 1 P 2,24), dice el apóstol Pedro, de su muerte hemos sido regenerados, todos nosotros. Y gracias a Él, abandonado en la cruz, nunca nadie está solo en la oscuridad de la muerte. Nunca, Él está siempre al lado: solo hay que abrir el corazón y dejarse mirar por Él.

El Sábado Santo es el día del silencio: hay un gran silencio sobre toda la Tierra; un silencio vivido en el llanto y en el desconcierto de los primeros discípulos, conmocionados por la muerte ignominiosa de Jesús. Mientras el Verbo calla, mientras la Vida está en el sepulcro, aquellos que habían esperado en Él son sometidos a dura prueba, se sienten huérfanos, quizá también huérfanos de Dios. Este sábado es también el día de María: también ella lo vive en el llanto, pero su corazón está lleno de fe, lleno de esperanza, lleno de amor. La Madre de Jesús había seguido al Hijo a lo largo de la vía dolorosa y se había quedado a los pies de la cruz, con el alma traspasada. Pero cuando todo parece haber terminado, ella vela, vela a la espera manteniendo la esperanza en la promesa de Dios que resucita a los muertos. Así, en la hora más oscura del mundo, se ha convertido en Madre de los creyentes, Madre de la Iglesia y signo de la esperanza. Su testimonio y su intercesión nos sostienen cuando el peso de la cruz se vuelve demasiado pesado para cada uno de nosotros.

En las tinieblas del Sábado Santo irrumpirán la alegría y la luz con los ritos de la Vigilia pascual, tarde por la noche, y el canto festivo del Aleluya. Será el encuentro en la fe con Cristo resucitado y la alegría pascual se prolongará durante los cincuenta días que seguirán, hasta la venida del Espíritu Santo. ¡Aquel que había sido crucificado ha resucitado! Todas las preguntas y las incertidumbres, las vacilaciones y los miedos son disipados por esta revelación. El Resucitado nos da la certeza de que el bien triunfa siempre sobre el mal, que la vida vence siempre a la muerte y nuestro final no es bajar cada vez más abajo, de tristeza en tristeza, sino subir a lo alto. El Resucitado es la confirmación de que Jesús tiene razón en todo: en el prometernos la vida más allá de la muerte y el perdón más allá de los pecados. Los discípulos dudaban, no creían. La primera en creer y ver fue María Magdalena, fue la apóstola de la resurrección que fue a contar que había visto a Jesús, que la había llamado por su nombre. Y después, todos los discípulos le han visto. Pero, yo quisiera detenerme sobre esto: los guardias, los soldados, que estaban en el sepulcro para no dejar que vinieran los discípulos y llevarse el cuerpo, le han visto: le han visto vivo y resucitado. Los enemigos le han visto, y después han fingido que no le habían visto. ¿Por qué? Porque fueron pagados. Aquí está el verdadero misterio de lo que Jesús dijo una vez: “Hay dos señores en el mundo, dos, no más: dos. Dios y el dinero. Quien sirve al dinero está contra Dios”. Y aquí está el dinero que hizo cambiar la realidad. Habían visto la maravilla de la resurrección, pero fueron pagados para callar. Pensemos en las muchas veces que hombres y mujeres cristianos han sido pagados para no reconocer en la práctica la resurrección de Cristo, y no han hecho lo que el Cristo nos ha pedido que hagamos, como cristianos.

Queridos hermanos y hermanas, también este año viviremos las celebraciones pascuales en el contexto de la pandemia. En muchas situaciones de sufrimiento, especialmente cuando quienes las sufren son personas, familias y poblaciones ya probadas por la pobreza, calamidades o conflictos, la Cruz de Cristo es como un faro que indica el puerto a las naves todavía en el mar tempestuoso. La Cruz de Cristo es el signo de la esperanza que no decepciona; y nos dice que ni siquiera una lágrima, ni siquiera un lamento se pierden en el diseño de salvación de Dios. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de servirle y de reconocerle y de no dejarnos pagar para olvidarle.

Saludos:

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Que en estos momentos de incerteza y aflicción por la pandemia, la fuerza de Cristo resucitado afiance nuestra fe, renueve nuestra esperanza y aumente nuestra caridad. Felices pascuas de Resurrección para todos. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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Comentarios
17 comentarios en “Francisco: «Adorando la Cruz recordaremos las víctimas inocentes de los abortos»
  1. Podría ir a adorar la Cruz junto a su amigo Biden, para no perder en su memoria los millones de niños víctimas del aborto por las políticas que promueve, que son tan contrarias a la vida.

    1. A mi también me han censurado. Y simplemente había expresado con educación mi disconformidad con el silencio de Francisco en el tema del aborto, ya que lo que en esta catequesis ha dicho, y nada, es lo mismo.

      1. Pues si no recuperan mis comentarios me declaro en huelga de comentarios y dejaré de colaborar económicamente con Infovaticana.

          1. Sacerdote Católico. Ánimo!!! Dios está con usted. Recuerde, esas flechas incendiarias que salen de las tinieblas, el escudo de Jesús las repele.
            Dios y la Virgen lo bendigan.
            Mi admiración por los buenos sacerdotes.

      2. No conozco su comentario pero le apoyo en que en casos dudosos deben admitirse, expresados con educación.
        Sin embargo el Papa en esta ocasión sí ha hablado contra el aborto y hay que reconocerlo.
        Y los católicos somos, y debemos ser «papistas», y eso no es ser «papólatras», o no siempre.
        Un Papa con defectos no será un Papa santo, pero sí un Papa
        Si no es el anticristo, es el vicario de Cristo.

  2. Al censor de Infovaticana se le ha ido la mano. Así no ganará comentaristas. Si los comentarios que se escriben con respeto son borrados ¿por qué seguir comentando?
    ¿Es que Infovaticana va ahora a imitar el pésimo sistema de Infocatólica que no admite comentarios sobre las noticias del Papa?

  3. Lo vuestro, comentaristas, es grave, muy grave.

    Vuestro fariseismo comparado con el de vuestros antepasados en vida de Cristo es mucho más retorcido y maligno.

    Sinceramente, no os queda vergüenza.

    Una catequesis donde se denuncian todo tipo de violencias y sólo sabéis criticar. Al menos, podríais tener la decencia de manteneros en silencio si tanto odiáis al Papa.

    Pero no, no podéis evitar dejar de lanzar basura por la boca ni en esta ocasión.

    Vergüenza ajena. A mi me asquea considerarme cristiano con integristas como vosotros. Peor que los talibanes.

    1. No hay que ser dormido. Dijo algo en el contexto de que se le están echando encima los cardenales por prohibir las misas sin motivo, mas que darle el gusto a sus amigos, los rotchil, onu, oms,masones.

  4. Sacerdote católico,no estoy casada con Infovaticana ni mucho menos,más bien estoy en desacuerdo en varias cosas,especialmente en la no aceptación del Concilio vaticano ll como custodiado en toda su letra por el Espritu Santo.Pero quiero creer que Infovaticana ,no necesita de nuestros comentarios,lo nuestro es un pequeño aporte,a veces son simples divagues de personas como yo,a veces acertados y otras veces no.Con todo el respeto que ud me merece como persona y como sacerdote,le digo que ud y yo podemos dejar de opinar ya mismo,que la aguja no se va a mover y sin su aporte económico ,no van a desaparecer.

  5. Este hombre tiene una manera de expresarse extrañísima.

    En la forma: azucarada, melosa, empalagosa.
    En el fondo:
    Ladina.
    Escabrosa.
    Bifronte.
    Ambígua.
    Sibilina.
    Mefistofélica.

    Sonríe y adula… Mientras sostiene una manzana.

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