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Francisco: “Dios llama a la vida, a la fe, y a un estado de vida particular”

Vatican Media
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Lo dijo el Papa ayer durante el Ángelus retransmitido desde la Biblioteca Apostólica del Vaticano.

Comentando el evangelio dominical, el Papa afirmó que “todo encuentro auténtico con Jesús permanece en la memoria viva, nunca se olvida”. “Se olvidan muchos encuentros, pero el verdadero encuentro con Jesús siempre permanece”, añadió.

“Cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. Siempre es Él quien toma la iniciativa, Él te llama. Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular. “Yo te quiero aquí”. La primera llamada de Dios es a la vida; con ella nos constituye como personas; es una llamada individual, porque Dios no hace las cosas en serie. Después Dios llama a la fe y a formar parte de su familia, como hijos de Dios. Finalmente, Dios nos llama a un estado de vida particular: a darnos a nosotros mismos en el camino del matrimonio, en el del sacerdocio o en el de la vida consagrada”, explicó el Santo Padre.

“Son maneras diferentes de realizar el proyecto que Dios, ese que tiene para cada uno de nosotros, que es siempre un plan de amor. Dios llama siempre. Y la alegría más grande para cada creyente es responder a esta llamada, a entregarse completamente al servicio de Dios y de sus hermanos”, señaló.

Frente a la llamada del Señor, nuestra actitud a veces puede ser de rechazo “porque nos parece que contrasta con nuestras aspiraciones y también de miedo, porque la consideramos demasiado exigente e incómoda”. Pero la llamada de Dios es amor, “tenemos que intentar encontrar el amor que hay detrás de cada llamada, y a ella se responde solo con amor”.

Para cada uno de nosotros “ha habido un momento en el que Dios se ha hecho presente con más fuerza, con una llamada. Recordémosla. Retornemos a ese momento, para que el recuerdo de aquel momento nos renueve siempre en el encuentro con Jesús”, animó el Santo Padre.

Tras el Ángelus, el Papa se acordó de Indonesia, golpeada por un fuerte terremoto. “Expreso mi cercanía a la población de la isla de Sulawesi en Indonesia, golpeada por un fuerte terremoto. Rezo por los muertos, los heridos y los que han perdido sus casas y su trabajo. Que el Señor los consuele y sostenga los esfuerzos de los que están llevando socorros. Recemos juntos por nuestros hermanos de Sulawesi, y también por las víctimas del accidente de avión del sábado pasado, siempre en Indonesia. Ave María...”, dijo Su Santidad.

Les ofrecemos las palabras del Papa, publicadas en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este segundo domingo del Tiempo Ordinario (cf. Jn 1,35-42) presenta el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos. La escena se desarrolla en el río Jordán, el día después del bautismo de Jesús. El mismo Juan Bautista señala al Mesías a dos de ellos con estas palabras: «¡He ahí el Cordero de Dios!» (v. 36). Y aquellos dos, fiándose del testimonio del Bautista, siguen a Jesús que se da cuenta y pregunta: «¿Qué buscáis?» y ellos le preguntan: «Maestro, ¿dónde vives?» (v. 38).

Jesús no contesta: “Vivo en Cafarnaún o en Nazaret”, sino que dice: «Venid y lo veréis» (v. 39). No es una tarjeta de visita, sino la invitación a un encuentro. Los dos lo siguen y se quedan con Él esa tarde. No es difícil imaginarlos sentados, haciéndole preguntas y sobre todo escuchándolo, sintiendo que sus corazones se encienden cada vez más mientras el Maestro habla. Advierten la belleza de palabras que responden a su esperanza cada vez más grande. Y de improviso descubren que, mientras empieza a atardecer, en ellos, en su corazón estalla la luz que sólo Dios puede dar. Algo que llama la atención: uno de ellos, sesenta años después, o quizás más, escribió en el Evangelio: «Eran más o menos las cuatro de la tarde» (Jn 1,39), escribió la hora. Y esto es algo que nos hace pensar: todo encuentro auténtico con Jesús permanece en la memoria viva, nunca se olvida. Se olvidan muchos encuentros, pero el verdadero encuentro con Jesús siempre permanece. Y ellos, tantos años después, se acordaban incluso de la hora, no podían olvidar este encuentro tan feliz, tan pleno, que había cambiado sus vidas. Luego, cuando salen de este encuentro y vuelven con sus hermanos, esta alegría, esta luz se desborda de sus corazones como una riada. Uno de los dos, Andrés, dice a su hermano Simón —a quien Jesús llamará Pedro cuando lo encuentre—: «Hemos encontrado al Mesías» (v. 41). Se fueron seguros de que Jesús era el Mesías, convencidos.

Detengámonos un momento en esta experiencia de encuentro con Cristo que nos llama a estar con Él. Cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. Siempre es Él quien toma la iniciativa, Él te llama. Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular. “Yo te quiero aquí”. La primera llamada de Dios es a la vida; con ella nos constituye como personas; es una llamada individual, porque Dios no hace las cosas en serie. Después Dios llama a la fe y a formar parte de su familia, como hijos de Dios. Finalmente, Dios nos llama a un estado de vida particular: a darnos a nosotros mismos en el camino del matrimonio, en el del sacerdocio o en el de la vida consagrada. Son maneras diferentes de realizar el proyecto que Dios, ese que tiene para cada uno de nosotros, que es siempre un plan de amor. Dios llama siempre. Y la alegría más grande para cada creyente es responder a esta llamada, a entregarse completamente al servicio de Dios y de sus hermanos.

Hermanos y hermanas, frente a la llamada del Señor, que puede llegar a nosotros de mil maneras, también a través de personas, de acontecimientos, tanto alegres como tristes, nuestra actitud a veces puede ser de rechazo —“No…Tengo miedo…—, rechazo porque nos parece que contrasta con nuestras aspiraciones y también de miedo, porque la consideramos demasiado exigente e incómoda. “Oh, no, no lo conseguiré, mejor que no, mejor una vida más tranquila… Dios allí y yo aquí”. Pero la llamada de Dios es amor, tenemos que intentar encontrar el amor que hay detrás de cada llamada, y a ella se responde solo con amor. Este es el lenguaje: la respuesta a una llamada que viene del amor es solo el amor. Al principio hay un encuentro, precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor. Y entonces, espontáneamente, brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: “He encontrado el Amor”, “he encontrado al Mesías”, “he encontrado a Dios”, “he encontrado a Jesús” “he encontrado el sentido de mi vida”. En una palabra: “He encontrado a Dios”.

Que la Virgen María nos ayude a hacer de nuestra vida un canto de alabanza a Dios, en respuesta a su llamada y en el cumplimiento humilde y alegre de su voluntad. Pero recordemos esto: para cada uno de nosotros, en la vida, ha habido un momento en el que Dios se ha hecho presente con más fuerza, con una llamada. Recordémosla. Retornemos a ese momento, para que el recuerdo de aquel momento nos renueve siempre en el encuentro con Jesús.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Expreso mi cercanía a la población de la isla de Sulawesi en Indonesia, golpeada por un fuerte terremoto. Rezo por los muertos, los heridos y los que han perdido sus casas y su trabajo. Que el Señor los consuele y sostenga los esfuerzos de los que están llevando socorros.

Recemos juntos por nuestros hermanos de Sulawesi, y también por las víctimas del accidente de avión del sábado pasado, siempre en Indonesia. Ave María…

Hoy se celebra en Italia la Jornada de profundización y desarrollo del diálogo entre católicos y hebreos. Me alegro de esta iniciativa que se lleva a cabo desde hace más de treinta años y espero que dé abundantes frutos de fraternidad y colaboración.

Mañana es un día importante: comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Este año el tema se basa en la exhortación de Jesús: «Permaneced en mi amor y daréis mucho fruto» (cf. Jn 15,5-9). El lunes, 25 de enero, concluiremos con la celebración de las vísperas en la basílica de San Pablo Extramuros, junto con los representantes de las demás comunidades cristianas presentes en Roma. En estos días, recemos concordes para que se cumpla el deseo de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). La unidad, que siempre es superior al conflicto.

Dirijo un cordial saludo a vosotros, los que estáis conectados a través de los medios de comunicación. Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

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9 comentarios en “Francisco: “Dios llama a la vida, a la fe, y a un estado de vida particular”
  1. Nunca olvidaré la experiencia que me convirtió, ni ninguna otra, pero la de conversión es imposible. Está siempre presente. Para mí la llamada de Dios fue en ese momento. Es la llamada que Jesús hace a un no creyente.La curación de un ciego. No se trata de creer en alguien porque te han hablado de Él, no! es un encuentro. Es conocerle. No es creer que existe es saberlo. Es Cristo que viene y te dice “ven!” como a Mateo , a los apóstoles, a los discípulos de Emaús, Zaqueo y tantos… Él dice “ven!” y tu vas. Él te hace sentir su amor inmenso y tú vas. Mateo se levantó y fue, y podemos preguntarnos :¿cómo, en un momento lo dejó todo y le siguió? uno puede pensar “bueno, es una forma de explicarlo pero seguramente tardó” No!!!!! es en un momento. Conoces a Cristo resucitado. Y lo demás ya no importa.

    1. Creo que sobre las llamadas a la vida consagrada uno se puede revelar un tiempo, según conversiones que he escuchado, pero las llamadas al creyente para que se convierta me resulta muy dificil creer que alguien después de ese encuentro no siga a Cristo. Así como no creo que ningún ciego quiera volver a serlo después de recuperada la vista.

      1. Al principio hay un encuentro, precisamente, el encuentro con Jesús, que nos habla del Padre, nos da a conocer su amor. Y entonces, espontáneamente, brota también en nosotros el deseo de comunicarlo a las personas que amamos: “He encontrado el Amor”, “he encontrado al Mesías”, “he encontrado a Dios”, “he encontrado a Jesús” “he encontrado el sentido de mi vida”. En una palabra: “He encontrado a Dios”.

        Sí! exactamente así! me emociono con sólo leerlo…

  2. ¿ no es esta entrada una bonita ocasión para hablar de nuestras conversiones, de cómo Dios nos llama, nos dirige, nos atrae; para alabar su dulzura de Buen pastor, su suavidad, su caricia, su abrazo; de agradecer su misericordia, su humildad, su abajarse a nuestra condición miserable…?

    ¿ no hubiera sido esta entrada una bonita ocasión para enaltecerle, para emocionarnos con nuestras respectivas experiencias de amor; para dar testimonio de su grandeza pero también de su infinita paciencia.etc.?

    ¿no es este un buen momento?…

    A mí me gustaría. A Él, estoy segura que también.

    1. Se me ocurre ahora… esos sacerdotes, católico y mariano, nos podrían comentar la llamada que recibieron del Señor. O cualquier otra persona, siempre es bonito. Escuchar estas cosas nos enamora más de Dios, no? Nos mueven a la alabanza y a la gratitud, ¿no es cierto?

      ¿ no es un regalo para Dios?

      1. ¿ no es regalo recordarle, recordar la obra que hizo en nosotros, o que inició? Decirle : ” no puedo olvidarlo,no quiero olvidarlo, quiero gritarlo al viento! Que todos lo sepan, que todos te alaben, que el mundo te busque, te desee, por nuestro testimonio, Señor! Tú me llamaste y yo me enamoré de ti. No puedo, no quiero vivir sin ti.No hay razón para la vida si tú, Señor mio y Dios mio, no estás conmigo. Yo te alabo Señor, yo te amo, tú eres mi baluarte, mi refugio, mi tesoro, porque siendo grande me miraste, me recogiste, me dignificaste, y sólo valgo el amor que me tienes.Tú me llamaste ,mi Dios bendito, por pura misericordia.Yo te enaltezco Señor, y hoy aquí le grito al mundo que tú, sólo tú eres mi Dios! Y que te amo desde q un día escuché tu voz.

      2. A los nueve años…qué bonito y qué suerte haber nacido en una família practicante! Agradézcaselo mucho a Dios. Es impresisonante saber escuchar la voz del Señor a los 9 años. Me alegro mucho ,cuanta felicidad debe haber en el cielo por tantos años dedicados a Dios! Una vida entera consagrada a Él.

        Dios le siga bendiciendo en su ministerio por siempre!

  3. La fotografía elegida es un monumento de elocuencia. Recuerda el momento en que el Señor tuvo que subirse a una barca para hablar a sus hijos, porque la muchedumbre le apremiaba, le empujaba, impedía que sus palabras llegasen a los ansiosos de palabras de salvación. Pero era una barquichuela, sin anaqueles de librotes encuadernados en pergamino, sin al fombras xilométricas y costosas: solo se alejó de la orilla, para ser escuchado, no para aislarse…

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