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La venganza de Becciu: el defenestrado cardenal se querella contra L’Espresso

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El cardenal Angelo Becciu, antaño poderoso y defenestrado en una reunión con el Papa que no llegó a una hora de duración, tiene ganas de revancha y sabe que no puede conseguirla a través de las vías jurídicas de un Estado, el Vaticano, que es también una monarquía absoluta. Así que ha decidido hacerlo querellándose contra el diario que dio primero la noticia.

No es que dudemos en absoluto de que Su Santidad tuviera buenas razones para deshacerse de su leal colaborador de la noche a la mañana. Estamos casi completamente seguros de eso. Solo la investigación abierta en torno a la compraventa del edificio londinense de apartamentos de lujo ya empezaba a apestar, con su uso liberal de fondos reservados a obras de caridad, el célebre Óbolo de San Pedro. Si la mujer de César debe parecer honesta además de serlo, cuánto más un príncipe de la Iglesia.

Pero la hora de las ingenuidades en torno a las finanzas de la Santa Sede pasó ya hace mucho, y es difícil encontrar a alguien crea que el caso Becciu es una golondrina que no hace verano. Dicen los franceses que “quien come Papa, muere”, pero podría actualizarse y adaptarse el proverbio asegurando que quien se acerca a las finanzas vaticanas, cae. Y el número de caídos es demasiado egregio y abultado como para achacarlo a la impericia de los afectados o a su singular venalidad.

Es decir, Becciu no está dispuesto a ser lo que los americanos llaman el ‘fall guy’, el tipo al que se echan todas las culpas cuando ya se hace indisimulable la trapisonda, el que paga el pato. No sabemos si quiere realmente ‘tirar de la manta’; no creemos que algo tan radical sea bueno para su salud. Pero, desde luego, no quiere quedar como el malo de la película. Al menos, como el único malo.

Pero, ¿cómo hacerlo? No puede apelar contra su defenestración. Después de todo, perder una prefectura no es exactamente un castigo, y si lo parece algo más quedarse sin los privilegios del cardenalato, nos remitimos a la frase que, según es fama, espetó Su Santidad al entonces prefecto para la Doctrina de la Fe: el Papa no tiene que dar explicaciones a nadie de sus decisiones. Por no hablar de que el propio Becciu aceptó su renuncia. Por esa vía no hay nada que hacer.

Pero sí puede tener una ocasión plausible de contar su versión de los hechos, y es querellándose contra el diario que tenía noticia de su renuncia antes que el propio cardenal y que glosó con regodeo sus culpas, L’Espresso. Lo cuenta el portal italiano de información religiosa Korazym, en traducción de nuestro Specola, que de las oscuras arbitrariedades vaticanas sabe un rato largo. Cortamos y pegamos, porque lo merece:

“Bien sabemos, que en este pontificado que comenzó el 13 de marzo de 2013 el Monarca Reinante decide y sostiene prácticamente todo (hasta el más mínimo detalle y yo sé lo que estoy escribiendo). Entonces, la pregunta es la siguiente: si el Hombre que viste de blanco se deshace directamente de los cardenales, ¿por qué una revista habría dado en exclusiva la noticia cierta de la expulsión del cardenal Becciu casi 8 horas antes de la voluntad expresa del Hombre que viste de Blanco?

La respuesta solo puede ser una y es que la noticia de la expulsión del cardenal Becciu llegó por voluntad exclusiva del Hombre que viste de blanco, por el simple hecho de que en su reinado absoluto no puede haber pruebas o periodistas que se rebelan contra el régimen. Pero hay alguien que se rebela en cambio. De hecho, Adnkronos ha recibido recientemente una visita de cortesía. Veremos en el futuro si las visitas de cortesía se convertirán en visitas de la Guardia di Finanza en las oficinas institucionales de la redacción de Adnkronos o en las casas particulares de los editores”.

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