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Al cardenal Osoro tampoco le gusta la “polémica” Ley Celaá

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El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha comenzado su carta semanal preguntándose si la nueva ley de educación “integra los viejos y nuevos valores que son el alma de la conciencia española que recoge nuestra Constitución y que han de convertirse siempre en fermento de fraternidad y convivencia” o si provoca lo contrario.

“¿Qué valores y actitudes son necesarios para que un texto legal, que debería buscar la justicia y, en este caso, promover la verdad del hombre, sea a la vez reconciliador e impulse la voluntad de buscar la concordia?”, es la segunda pregunta que se hace el purpurado.

“Reclamamos una escuela que forme e informe, que dinamice la conciencia crítica y la sensibilidad ética, en la que se haga posible la esperanza con razón y el reconocimiento del prójimo con sus diferencias, en la que se legitimen la religión y la distintas ideas, que no han de confundirse con fanatismo o dictadura”, escribe Carlos Osoro en la misiva.

La ley Celaá “ha estado acompañada en toda su tramitación por la polémica”, asegura el arzobispo de Madrid, y añade que suscita distintas preguntas: “Con esta ley, padres, educadores, políticos y pensadores, ¿abordamos las necesidades reales que surgen en esta nueva situación de la humanidad o las que, desde una ideología, estimamos? ¿La nueva ley engendra más libertad y más lucidez ante las nuevas situaciones que tenemos delante de nosotros, nos transmite más confianza, o limita libertades a la hora de elegir la escuela? ¿Podemos reconstruir este mundo, tantas veces castigado, sin contar con todos? ¿Este proyecto de ley reconoce la labor de tantas instituciones de iniciativa social, que ayudan a formar hombres y mujeres limpios de alma, sanos de corazón y con miradas siempre esperanzadas? En una democracia, ¿no debería garantizarse que, manteniendo siempre la convivencia y el respeto al prójimo, todo pudiéramos realizar proyectos según nuestras convicciones?”

Osoro cree que, al ser un derecho fundamental, los poderes públicos deben implicarse en la defensa de la educación y deberían hacerlo “siendo conscientes de que «los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos», como recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos 1948”.

“Por ello, se deben garantizar y asignar recursos económicos y personales a todas las escuelas, tanto a las escuelas públicas concertadas de iniciativa social como a las escuelas públicas de iniciativa estatal”, escribe el cardenal.

Entonces el prelado esboza los rasgos que deben tener las escuelas y educadores.

  1. Escuelas y educadores que apuestan por la persona frente a las cosas, que creen en la capacidad del ser humano para descubrir el Misterio y su propio misterio.
  2. Escuelas y educadores que proclaman el valor sagrado e irreductible de cada ser humano frente a la colectividad, que no ven números ni profesionales futuros, ni si son de aquí o de allá, sino que asoman a todos al mundo con curiosidad y responsabilidad.
  3. Escuelas y educadores que proponen la esperanza frente al absurdo y a la desesperanza.
  4. Escuelas y educadores que inciden en la solidaridad y la fraternidad de todos los hombres.
  5. Escuelas y educadores que se empeñan en la comunicación y proponen tender la mano a los pobres y desvalidos, a quienes están en los márgenes, frente a la insolidaridad e incomunicación que nos hace vivir solo para nosotros mismos.
  6. Escuelas y educadores que engendran aliento y esperanza siempre en la vida frente al desaliento y el desencanto.
  7. Escuelas y educadores que animan a vivir en una actitud lúcida y crítica frente al adoctrinamiento o el embaucamiento ideológico.
  8. Escuelas y educadores que incitan a vivir la libertad de alma y de cuerpo frente a ese aletargamiento que producen noticias y productos impuestos.
  9. Escuelas y educadores que regalan cultura generosa del espíritu frente a saberes que lanzan a la guerra y a la competitividad.
  10. Escuelas y educadores que construyen personas que, con su vida, dan misericordia y reconciliación, paz y comunión.

1 comentarios en “Al cardenal Osoro tampoco le gusta la “polémica” Ley Celaá
  1. Se olvida de lo más importante, de lo más esencial, de la premisa de donde parte la educación: la familia. Los padres son, somos, los primeros y principales educadores. Los colegios colaboran con los padres. La educación no corresponde al Estado. Al Estado corresponde facilitar la tarea educativa porque esa educación genera ciudadanos libres, responsables y educados. Basta de estatalismos, de totalitarismo.

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