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El cardenal Stella y los seminarios

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A finales de julio sorprendió la noticia del anuncio del cierre del Seminario Diocesano de San Rafael. El decreto fue publicado el 6 de agosto, pero tanto en el mismo como en el comunicado del 27 de julio se insistía en que la iniciativa de tal decisión era de la Santa Sede.

En el decreto se mencionaban comunicaciones con el cardenal Stella, prefecto de la Congregación para el Clero. A pesar de las insistentes declaraciones tanto del obispo Taussig, como del portavoz del obispado, José A. Álvarez, de que el prelado sanrafaelino obraba por simple obediencia, y pedía igual obediencia, surgían las dudas.

Sin embargo, la noticia reciente de una carta de la Congregación del Clero al presidente de la Conferencia Episcopal Española, invitando a los Obispos a aceptar un proceso de unificación de seminarios da mayor credibilidad al hecho de que sí habría una influencia vaticana, pero no sería del Papa -al menos directamente- sino uno de sus colaboradores.

Lo que la Congregación del Clero debería hacer

Según leemos en el perfil del organismo (sección 1: Oficio del Clero, final), una de sus tareas es: “promueve una más adecuada distribución del clero en el mundo”.

Desde el año 2013, la Congregación para el Clero ha recibido el encargo de velar por los seminarios, que antes, según la Constitución “Pastor Bonus” (del año 1988), entraban en el área de acción de la Congregación para la Educación Católica. Pocos días antes de anunciar su renuncia, el Papa Benedicto XVI dispuso que esto fuese de la jurisdicción de la Congregación del Clero (Carta Apostólica en forma de Motu Proprio del 16 de enero de 2013).

Por lo que se ve, el cardenal Stella, actual prefecto, considera que para una mejor distribución del clero es preferible que los sacerdotes sean pocos. En efecto, no se entiende que sirva para una mayor cantidad de operarios el cerrar centros de formación.

Lo que el Prefecto para el Clero de hecho hace

El berretín de cerrar seminarios diocesanos para promover “seminarios regionales” no es nuevo en el cardenal Stella. Hace ya un par de años, en 2018, lo había intentado en España, siendo rechazada su propuesta en la Asamblea Plenaria. Ahora parece que para doblegar las voluntades episcopales estaría la amenaza de las ya tristemente famosas “visitas fraternas”, cuyos resultados suelen ser diócesis descabezadas (ejemplos: Ciudad del Este, en Uruguay, San Luis, en Argentina) y congregaciones “misericordiadas”.

También para Argentina se viene insistiendo con los “seminarios interdiocesanos”, algo sobre lo que otro miembro de la misma Congregación, precisamente el Secretario para Seminarios, en varias oportunidades habría afirmado en las reuniones de la O.S.Ar. (Organización de Seminarios de Argentina): “los seminarios interdiocesanos nunca funcionaron” (ver final de este artículo publicado en este mismo portal)

«Crónica de una extinción anunciada»

Hace exactamente medio siglo (1970), Editrice Ancora publicaba el sabroso “Quinto Evangelio”, del cardenal Giacomo Biffi en el que iba desgranando para solaz e instrucción del creyente “inoculado con el bacilo del humorismo” (contraportada… ahora que estamos atiborrados de información sanitaria) un crudo análisis de las gélidas perspectivas de la anunciada primavera posconciliar. Un estudio no por entretenido menos doloroso: necesario para conservar la esperanza, sin perder la lucidez.

El fragmento 20, precisamente, toca nuestro tema:

«¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte y se irá a buscar la que falta? Y sí llega a encontrarla, os doy mi palabra de que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que dejó» (Mt 18, 12-13).

* * *

“El reino de los cielos se parece a un pastor que tenía cien ovejas y,  habiendo perdido noventa y nueve, reprende a la última oveja por su falta de iniciativa, la echa fuera y, después de cerrar el redil, se marcha a la taberna a discutir sobre los problemas de su vida de pastor”.

Los que ya han leído el librito saben que, después de cotejar el “antiguo” texto evangélico con cada nuevo “hallazgo”, el autor hace un humorístico comentario, que invitamos a disfrutar (leyendo, e intentando descargar) en el siguiente enlace (aquí).

“cada cual atiende su juego…”

Los Cardenales, así como la Curia Romana, están para colaborar con el Papa en su tarea de apacentar al rebaño de Cristo. Pero a veces parece que más bien atienden a su propio juego, como en el divertimento infantil del “Antón pirulero” ¿Cuál será la prenda que pretenden no pagar? ¿O será que su único interés es agradar a quien dirige el juego desde la Silla de Pedro?

En esta actitud de congraciarse con el poder, se nota una prisa por “adelantarse a sus deseos”, como quizá intentó Taussig, poniéndole fecha de vencimiento a una floreciente casa de formación (su expresión habitual era “mi seminario”) por considerar que a lo mejor forma sacerdotes demasiado rígidos.

Hay que reconocer que la responsabilidad no es sólo ni principalmente de quienes así se descarrían y descarrían (escandalizan) a otros, sino de quien ha recibido la autoridad suprema para la misión que se le ha confiado, el Sucesor de Pedro, cuya tarea es “confirmar en la fe a sus hermanos” (cfr Lc 22, 32).

Confiamos en que alguien ayude de verdad al Papa haciéndole notar que quizás algunas libertades y/o iniciativas aparentemente inconsultas de sus colaboradores (en las diócesis y organismos vaticanos) más bien perjudican su tarea labor de Pastor Supremo y deterioran su imagen ante la mirada del Pueblo de Dios.

Por Fr. Rafael Aingeru. Adaptado por InfoVaticana.

7 comentarios en “El cardenal Stella y los seminarios
  1. Me formé en un seminario de una diocesis minúscula y les aseguro que mi formación dejó mucho que desear. Aceptaría esta medida si concede a los seminaristas la libertad de formarse en la Facultad de Teología y el seminario que ellos elijan, dentro de los aprobados por la Santa Sede.

  2. Ciudad del Este no es Uruguay, sino Paraguay, seminario qué abrió el querido pastor Mons. Rogelio Livieres, QEPD, y qué fue fecundo y con muy buenos sacerdotes

  3. Cuando se pasó de seminarios regionales a seminarios diocesanos se llenaron todos los seminarios. Pero hoy muchas Iglesias locales experimentan tener seminarios inmensos, para 150 alumnos y sólo tienen 25 o 30. Ellos mismos piden volver a los seminarios entre varias diócesis. Sostener seminarios inmensos vacíos no es nada fácil. Tener suficientes formadores preparados adecuadamente tampoco. Ahora bien, qué se necesita una buena pastoral vocacional que contrarreste el espíritu mundano es tambien fundamental.

  4. Desengañense. Es una estrategia para que aquellos obispos para los que la pastoral vocacional no es importante, puedan acudir a Roma sin pasar la vergüenza de decir que tienen su seminario vacío. Pero in seminario interdiocesano es mucho más que agrupar seminaristas. Es una línea sacerdotal clara y eclesiál. Se imaginan ustedes en tiempos pasados un seminario con seminaristas, hablo de los años 70 y 80 con seminaristas de Toledo y Madrid. Yo no.

  5. Lo paradójico, incongruente e indignante ,es que se cierre un Seminario (San Rafael y próximamente San Luis) con muchos seminaristas y fecundo en ordenaciones sacerdotales,para “revitalizar” seminarios decadentes y de dudosa fidelidad a la doctrina católica…

  6. Y cómo se van a integrar en su diócesis de origen los seminaristas “exiliados” después de años de ausencia? (Las prácticas y el conocimiento pastoral) Y alejados de sus familias,como si fueran religiosos y no diocesanos?

  7. Hay diversas maneras de sostener los seminarios. El mi diòcesis se suele utilizar el seminario para organizar retiros espirituales, convivencias y en verano se realizan cursos.

    El problema lo veo màs en encontrar formadores adecuados y que es una labor que quema mucho.

    En general en mi diòcesis hay un problema para encontrar sacerdotes jòvenes formados y que quieran asumir responsabilidades en el obispado.

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