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Juan Pablo II fue pionero de la ‘conversión ecológica’

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En los últimos años venimos escuchando machaconamente una expresión que desconcierta a no pocos: conversión ecológica. Escuchada con frecuencia en Roma, es repetida sin cesar en diversas partes del mundo, sobre todo en esas entidades burocráticas llamadas Conferencias Episcopales. Pero, ¿es una expresión nacida a partir del 13 de marzo de 2013? ¿Es una ocurrencia del Papa Francisco? Miremos hacia atrás.

Tras el Gran Jubileo del año 2000, que convocó Juan Pablo II y que acabó el 6 de enero de 2001, el Pontífice polaco dedicó las audiencias generales de los miércoles a explicar a los peregrinos cómo debía ser el compromiso de los cristianos en la vida social a inicios del nuevo milenio.

La segunda de esas audiencias, que tuvo lugar el 17 de enero de ese año, versó sobre la ecología. Bajo el título “El compromiso por evitar la catástrofe ecológica”, el Papa señaló la necesidad de estimular y sostener la “conversión ecológica”.

Juan Pablo II comentó pasajes de las escrituras para mostrar la importancia de la Creación. Empezó con el Salmo 148, en el que el fiel “es como “el pastor del ser”, es decir, aquel que conduce a Dios todos los seres, invitándolos a entonar un “aleluya” de alabanza”. Según dijo el Santo Padre, el salmo “nos introduce en una especie de templo cósmico que tiene por ábside los cielos y por naves las regiones del mundo, y en cuyo interior, canta a Dios el coro de las criaturas”.

Citando otras partes de las Escrituras, como el Génesis, Isaías y el Apocalipsis, Juan Pablo II afirmó que se veía que “la armonía del hombre con su semejante, con la creación y con Dios es el proyecto que el Creador persigue”. “Dicho proyecto ha sido y es alterado continuamente por el pecado humano, que se inspira en un plan alternativo, representado en el libro mismo del Génesis (cc. 3-11), en el que se describe la consolidación de una progresiva tensión conflictiva con Dios, con el semejante e incluso con la naturaleza”, explicó Wojtyła.

El Papa aseguró que el hombre “recibe una misión de gobierno sobre la creación para hacer brillar todas sus potencialidades”, es “una delegación que el Rey divino le atribuye en los orígenes mismos de la creación”. Sin embargo el señorío del hombre no es absoluto, sino ministerial, comentó el Pontífice.

“Por desgracia, si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas”, lamentó. “Sobre todo en nuestro tiempo, el hombre ha devastado sin vacilación llanuras y valles boscosos, ha contaminado las aguas, ha deformado el hábitat de la tierra, ha hecho irrespirable el aire, ha alterado los sistemas hidro-geológicos y atmosféricos, ha desertizado espacios verdes, ha realizado formas de industrialización salvaje, humillando —con una imagen de Dante Alighieri (Paraíso, XXII, 151)— el “jardín” que es la tierra, nuestra morada”, dijo el Papa. Todavía no estaba de moda lo de “nuestra casa común”.

“Es preciso, pues, estimular y sostener la “conversión ecológica”, que en estos últimos decenios ha hecho a la humanidad más sensible respecto a la catástrofe hacia la cual se estaba encaminando”, señaló el Papa polaco. El hombre no es ya “ministro” del Creador. Pero, autónomo déspota, está comprendiendo que debe finalmente detenerse ante el abismo.

“Por consiguiente, no está en juego sólo una ecología “física”, atenta a tutelar el hábitat de los diversos seres vivos, sino también una ecología “humana”, que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador”, dijo el Papa.

Como ven, el Papa Francisco no se ha inventado el término “conversión ecológica”, viene de más atrás, como tantas cosas. A veces es importante tomar perspectiva.

Les ofrecemos la catequesis completa, publicada en español en la web del Vaticano:

El compromiso por evitar la catástrofe ecológica

1. En el himno de alabanza que acabamos de proclamar (Sal 148, 1-5), el Salmista convoca a todas las criaturas, llamándolas por su nombre. En las alturas se asoman ángeles, sol, luna, estrellas y cielos; en la tierra se mueven veintidós criaturas, tantas cuantas son las letras del alfabeto hebreo, para indicar plenitud y totalidad. El fiel es como “el pastor del ser”, es decir, aquel que conduce a Dios todos los seres, invitándolos a entonar un “aleluya” de alabanza. El salmo nos introduce en una especie de templo cósmico que tiene por ábside los cielos y por naves las regiones del mundo, y en cuyo interior canta a Dios el coro de las criaturas.

Esta visión podría ser, por un lado, la representación de un paraíso perdido y, por otro, la del paraíso prometido. Por eso el horizonte de un universo paradisíaco, que el Génesis coloca en el origen mismo del mundo (c. 2), Isaías (c. 11) y el Apocalipsis (cc. 21-22) lo sitúan al final de la historia. Se ve así que la armonía del hombre con su semejante, con la creación y con Dios es el proyecto que el Creador persigue. Dicho proyecto ha sido y es alterado continuamente por el pecado humano, que se inspira en un plan alternativo, representado en el libro mismo del Génesis (cc. 3-11), en el que se describe la consolidación de una progresiva tensión conflictiva con Dios, con el semejante e incluso con la naturaleza.

2. El contraste entre los dos proyectos emerge nítidamente en la vocación a la que la humanidad está llamada, según la Biblia, y en las consecuencias provocadas por su infidelidad a esa llamada.

La criatura humana recibe una misión de gobierno sobre la creación para hacer brillar todas sus potencialidades. Es una delegación que el Rey divino le atribuye en los orígenes mismos de la creación, cuando el hombre y la mujer, que son “imagen de Dios” (Gn 1, 27), reciben la orden de ser fecundos, multiplicarse, llenar la tierra, someterla y dominar los peces del mar, las aves del cielo y todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra (cf. Gn 1, 28). San Gregorio de Nisa, uno de los tres grandes Padres capadocios, comentaba:  “Dios creó al hombre de modo tal que pudiera desempeñar su función de rey de la tierra (…). El hombre fue creado a imagen de Aquel que gobierna el universo. Todo demuestra que, desde el principio, su naturaleza está marcada por la realeza (…). Él es la imagen viva que participa con su dignidad en la perfección del modelo divino” (De hominis opificio, 4:  PG 44, 136).

3. Sin embargo el señorío del hombre no es “absoluto, sino ministerial, reflejo real del señorío único e infinito de Dios. Por eso, el hombre debe vivirlo con sabiduría y amor, participando de la sabiduría y del amor inconmensurables de Dios” (Evangelium vitae, 52: L’Osservatore romano, edición en lengua española, 31 de marzo de 1995, p. 12). En el lenguaje bíblico “dar el nombre” a las criaturas (cf. Gn 2, 19-20) es el signo de esta misión de conocimiento y de transformación de la realidad creada. Es la misión no de un dueño absoluto e incensurable, sino de un administrador del reino de Dios, llamado a continuar la obra del Creador, una obra de vida y de paz. Su tarea, definida en el libro de la Sabiduría, es la de gobernar “el mundo con santidad y justicia” (Sb 9, 3).

Por desgracia, si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas. Sobre todo en nuestro tiempo, el hombre ha devastado sin vacilación llanuras y valles boscosos, ha contaminado las aguas, ha deformado el hábitat de la tierra, ha hecho irrespirable el aire, ha alterado los sistemas hidro-geológicos y atmosféricos, ha desertizado espacios verdes, ha realizado  formas de industrialización salvaje, humillando —con  una  imagen de Dante Alighieri (Paraíso, XXII, 151)— el “jardín” que es la tierra, nuestra morada.

4. Es preciso, pues, estimular y sostener la “conversión ecológica”, que en estos últimos decenios ha hecho a la humanidad más sensible respecto a la catástrofe hacia la cual se estaba encaminando. El hombre no es ya “ministro” del Creador. Pero, autónomo déspota, está comprendiendo que debe finalmente detenerse ante el abismo. “También se debe considerar positivamente una mayor atención a la calidad de vida y a la ecología, que se registra sobre todo en las sociedades más desarrolladas, en las que las expectativas de las personas no se centran tanto en los problemas de la supervivencia cuanto más bien en la búsqueda de una mejora global de las condiciones de vida” (Evangelium vitae, 27: L’Osservatore romano, edición en lengua española, 31 de marzo de 1995, p. 8). Por consiguiente, no está en juego sólo una ecología “física”, atenta a tutelar el hábitat de los diversos seres vivos, sino también una ecología “humana”, que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador.

5. Los hombres y mujeres, en esta nueva armonía con la naturaleza y consigo mismos, vuelven a pasear por el jardín de la creación, tratando de hacer que los bienes de la tierra estén disponibles para todos y no sólo para algunos privilegiados, precisamente como sugería el jubileo bíblico (cf. Lv 25, 8-13. 23). En medio de estas maravillas descubrimos la voz del Creador, transmitida por el cielo y la tierra, por el día y la noche: un lenguaje “sin palabras de las que se oiga el sonido”, capaz de cruzar todas las fronteras (cf. Sal 19, 2-5).

El libro de la Sabiduría, evocado por san Pablo, celebra esta presencia de Dios en el universo recordando que “de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor” (Sb 13, 5; cf. Rm 1, 20). Es lo que canta también la tradición judía de los Chassidim:  “Dondequiera que yo vaya, Tú! ¡Dondequiera que yo esté, Tú…, dondequiera me vuelva, en cualquier parte que admire, sólo Tú, de nuevo Tú, siempre Tú” (M. Buber, I racconti dei Chassidim, Milán 1979, p. 256).

Saludos

Deseo saludar a los fieles de lengua española, en particular a los profesores y alumnos del liceo Charles de Gaulle, de Concepción (Chile), así como a los peregrinos venidos de España y de otros países latinoamericanos. Que nuestra oración sea un himno de alabanza por el don de la creación que el Señor ha puesto en nuestras manos. Muchas gracias.

(En italiano)

Hoy celebramos la memoria litúrgica de san Antonio abad, maestro de vida espiritual. Pero él es también muy popular en los ambientes rurales como patrono de las ganaderías. En estos ambientes se está viviendo un momento de gran dificultad a causa de la alarma social causada por la difusión de una reciente enfermedad. En esta situación de notable malestar, dirijo a todos los honrados ganaderos la expresión de mi cercanía espiritual.

Que el ejemplo de san Antonio os ayude a todos vosotros, queridos jóvenes, a seguir a Cristo decididamente; a vosotros, queridos enfermos, os sostenga en los momentos de desconsuelo y de prueba; y a vosotros, recién casados, os estimule a no descuidar la oración en la vida diaria.

Hoy se celebra en Italia la Jornada para la amistad judeo-cristiana. Manifiesto mi aprecio y apoyo a esta iniciativa de la Iglesia italiana, y deseo de corazón que contribuya al desarrollo de un auténtico diálogo judeo-católico.

Mañana comenzará el Octavario de oración por la unidad de los cristianos, durante el cual las Iglesias y Comunidades eclesiales rezarán juntas para que se realice plenamente la voluntad de Cristo de que sus discípulos sean una sola cosa. Este año el tema elegido es la expresión de Jesús en el evangelio de san Juan:  “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Queridísimos hermanos y hermanas, os invito a todos a uniros a esta invocación coral al Señor y os doy cita para el jueves 25 de enero, en la basílica de San Pablo, donde, como es tradicional, celebraremos la solemne conclusión de este Octavario de oración por la unidad de los cristianos.

21 comentarios en “Juan Pablo II fue pionero de la ‘conversión ecológica’
  1. Pues a ver si tomáis perspectiva aquí también. ¿A lo mejor viniendo de JP2 dejáis de atacar la idea sistemáticamente cada vez que Francisco la propone? No es ideología de derechas o de izquierdas, sino que casa perfectamente con la Tradición católica: cada poder real que adquiere la Humanidad debe ser empleado con moderación para alcanzar el equilibrio de la justicia en su uso. El poder sobre la vida en el conjunto del planeta es algo que la Humanidad ha adquirido muy recientemente. Es parte obvia de la moral católica que también ese poder puede usarse mal, destructivamente, y debe usarse bien, como todos los otros. Que la naturaleza siga pudiendo acabar con la Humanidad (con un virus, con un asteroide, o como sea), no modifica el hecho de que ahora (desde la bomba atómica, digamos), nosotros podemos también dejar la naturaleza inhabitable. Habrá que convertirse para ejercer ese poder según la voluntad de Dios en vez de como atorrantes, aunque sea Francisco quien lo diga.

    1. Pues, la pregunta que me asalta es ¿cuándo fue la actualización de ese sitio? No vaya a ser como cierta ley de memoria histórica. O tal vez un aggiornamento en clave pancho. Si tenemos suerte y hay algún archivo de las alocuciones del Papa, podamos comprobarlo, en este caso vídeo manda. Si se llega a publicar no me quedará más que aceptarlo.

  2. Lo malo, lo perverso, es que la conversión ecológica se está manejando como sustitutivo de la verdadera conversión integral a Jesucristo, sin limitación alguna.

      1. Interesante apreciación, pero creo que aun así el término sobra. La conversión en la iglesia católica debe estar reservada claramente a Cristo. Lo demás estupendo. Pero llamarle conversión no me convence.

        Bendiciones.

    1. Seguiremos debatiendo y creciendo, gracias. El centro es Cristo. Mejor o peor, a Él seguimos. A Dios trino adoramos. De la mano de Santa María Virgen, vamos, ya que sin ella no habríamos tenido a Jesús.

      Bendiciones.

  3. Impecable lo de Juan Pablo II,muy bueno el enfoque que da al tema,Habria que analizar,con buena fe,lo que este santo con milagros comprobados,quiso decirnos.El texto no tiene errores,no me gusta lo de conversion ecologica,tal vez alguien bien formado.pueda explicarlo.lo voy a averiguar.

  4. Y cuando Dios mandó fuego del cielo contra sodoma y gomorra, dónde estaba la ecología?¿Dios atentó contra la ecología o cometió pecado ecológico?. Como tienen respuestas para todo, dirán que el Génesis es un cuento. Lo que es un cuento es Nostra Aetate, Dignitatis Humanae, y todo ese compendio apócrifo.

  5. Bastaría con leer el párrafo 51 de Caritas in Veritate (2009) de Benedicto XVI: “Toda lesión a la solidaridad y a la amistad civil causa daños al medio ambiente, así como la degradación del medio ambiente, a su vez, causa insatisfacción en las relaciones sociales. La naturaleza, especialmente en nuestros tiempos, está tan integrada en las dinámicas sociales y culturales que ya casi no es una variable independiente. La desertificación o el empobrecimiento productivo de algunas zonas agrícolas es también el resultado del empobrecimiento de las poblaciones que viven allí y su atraso. Al fomentar el desarrollo económico de esas poblaciones, se protege también la naturaleza. Además, ¡cuántos recursos naturales son devastados por la guerra! La paz de los pueblos y entre los pueblos también permitiría una mayor protección de la naturaleza…”.

  6. Hay muchos ejemplos de intervenciones del Magisterio Petrino anterior al Papa Francisco sobre la interconexión entre la ecología humana y la ecología ambiental.

    Por lo tanto, desde este punto de vista, el concepto de “ecología integral” no es nuevo, si se limita a este informe. Insistir en su novedad desde este punto de vista – como parecen hacer Zamagni y muchos otros – significa olvidar el Magisterio anterior y presentar el concepto de “ecología integral” como un punto de inflexión.

  7. Que se trata de un “punto de inflexión” es cierto, pero no en este punto, no porque indique una relación hombre-ambiente que hasta ahora se ha descuidado, sino más bien porque corre el riesgo de equiparar las dos dimensiones. Los anteriores pontífices, sí, siempre han destacado el informe, pero también el orden de este informe que prevé la superioridad de la ecología humana sobre la ecología ambiental. Volviendo, de nuevo para dar un ejemplo entre muchos, al párrafo 51 de la Caritas in Veritate, también afirma que “la Iglesia tiene una responsabilidad por la creación y debe hacer valer esta responsabilidad también en público. Y al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el aire y el agua como regalos de la creación que pertenecen a todos. Ella debe proteger al hombre -por encima de todo- contra la destrucción de sí mismo”.

  8. Lo que marca la diferencia es el adverbio “por encima de todo”, que indica una prioridad de valor incuestionable y finalista bíblica y teológicamente. Benedicto XVI hace entonces una aplicación muy clara y hoy bastante desacostumbrada: “Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre se hacen artificiales, si se escarifican los embriones humanos para la investigación, la conciencia común termina por perder el concepto de ecología humana y, con ella, también el de ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones que respeten el medio ambiente natural, cuando la educación y las leyes no les ayudan a respetarse a sí mismas”.

  9. En el concepto de “ecología integral” este orden para el cual las dos ecologías – la humana y la ambiental – no están en el mismo nivel, sino que la segunda está subordinada a la primera y depende de ella, no está del todo claro. El hecho de que no está claro se confirma también por dos aspectos de la vida concreta.

    La primera es que la línea de compromiso ecológico indicada por el Vaticano a los católicos es de colaboración con todos, incluso con aquellos que no respetan el orden anterior o incluso lo invierten.

  10. La segunda es que a estas alturas la sensibilidad común, incluso la católica, está dispuesta a tolerar el aborto estatal, pero no el desperdicio de agua potable para uso doméstico, el suicidio asistido, pero no el abandono de animales en el verano, la supresión de embriones humanos, pero no la calefacción doméstica con gas natural en lugar de fotovoltaica. La militancia de los católicos en los movimientos ecológicos revela a menudo esta agitación de las prioridades que el concepto de “ecología integral” ciertamente no corrige y no ayuda a evitar.

    Stefano Fontana

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