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Salud y salvación

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Parafraseando las palabras de Jesucristo podríamos preguntarnos de qué le sirve al hombre encontrar la vacuna contra el coronavirus para salvar su cuerpo si pierde su alma. La cuestión es que el hombre moderno ha perdido de vista esta perspectiva porque ha perdido el sentido del pecado.

(Cultura Cattolica)- No son pocos los hombres de Iglesia que, en estos momentos, están rezando para que los científicos encuentren una vacuna contra al coronavirus responsable de la pandemia de Covid-19. Sin embargo, si la oración se limitara a esto sería realmente un problema desde el punto de vista de la fe. Recientemente, un sacerdote me decía que, incluso si la ciencia encontrara la vacuna y continuáramos a cometer pecados, surgirían otras pandemias peores, como ha demostrado el secreto de Fátima sobre la profecía de la Segunda Guerra Mundial.

El verdadero problema es la salvación de nuestra alma, algo que muchos católicos hoy tienden a olvidar. Verdaderamente, nos estamos arriesgando a recorrer una vía muerta si, como creyentes, nos limitamos a rezar a Dios sólo para detener el coronavirus.

Es verdad que la primera petición de ayuda, inmediata e instintiva, que el corazón del hombre grita en una situación de emergencia es la de salvar su vida. Es la de pedirle a Dios que se encuentre un modo para detener la pandemia que está arrasando en todo el mundo. Pero no puede ser sólo esto. Como nos ha recordado recientemente mons. Crepaldi, arzobispo de Trieste, el término latino salus significa “salud”, en el sentido sanitario del término, y significa también “salvación”, en el sentido ético-espiritual y, sobre todo, religioso. La experiencia actual del coronavirus nos demuestra, una vez más, que ambos significados están conectados. Por este motivo, no debemos olvidar la importancia que tiene salvar el alma, además del cuerpo.

¡Y decir que los cristianos conocen muy bien la advertencia de su Maestro: «Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?» (Mt 16, 25-26)!

Parafraseando las palabras de Jesucristo, podríamos preguntarnos de qué le servirá al hombre encontrar la vacuna contra el coronavirus para salvar su cuerpo si pierde su alma.

La cuestión es que el hombre moderno ha perdido de vista esta perspectiva porque ha perdido el sentido del pecado.

Lo había preconizado con gran lucidez uno de los papas más grandes del siglo XX, Pío XII, cuando, el 26 de octubre de 1946, en el radiomensaje para la clausura del Congreso Catequístico nacional de Estados Unidos, celebrado en Boston, afirmó: «Tal vez el pecado más grande del mundo actual es que los hombres han empezado a perder el sentido del pecado». En el siglo XXI, podemos afirmar con seguridad que este sentido se ha perdido de manera definitiva. El hombre de nuestro tiempo vive una especie de “anestesia de la conciencia”. Quizás tenga un vago sentimiento de culpa, un complejo de culpabilidad, pero ya no es el sentido del pecado. La razón: Dios ha desaparecido del horizonte de la sociedad.

Es el pecado, y no el coronavirus, el que produce la única y verdadera infección que debemos temer: la que mata el alma. Y esta infección, hoy, se propaga también a través de leyes inicuas y contrarias a los mandamientos de Dios, de las que los hombres alardean como conquistas de la modernidad, o a través de lo que algunos sacerdotes aman definir «actualizaciones pastorales y doctrinales, exigencia de una fe que camina con el paso de los tiempos».

Por esto, la verdadera vacuna tiene que combatir, especialmente, las leyes inicuas que gritan venganza ante Dios, como pueden ser las del aborto, la eutanasia, la fecundación artificial, las normas para combatir la llamada “homofobia”, la ideología de género.

Si los cristianos no entienden esto o, peor, aprueban leyes inicuas; si ya no son capaces de reaccionar ante las cada vez más numerosas manifestaciones blasfemas o sacrílegas; si pecan superficialmente de idolatría; si afirman que ni el sexto mandamiento ni observar las fiestas de precepto son ya pecado mortal; si admiten la convivencia more uxorio y el divorcio; si sostienen que ya no se debe hablar de pecado, sino sólo de “complicaciones” o de “fragilidad”…bueno, pues entonces no deberían asombrarse si después Dios les responde que no puede ayudarles, si a su alrededor no queda más que lo que el profeta Daniel definía «la abominación de la desolación».

Y sin embargo, los cristianos conocen la advertencia de Jesús: «Anda, y en adelante no peques más» (Jn 8, 11).

Si se pierde la conciencia del pecado se reduce todo a una dimensión material, y la muerte física causa más terror que la espiritual. Por desgracia, es lo que vemos suceder en estos días de pandemia, también entre muchos cristianos. Si estos no saben dar testimonio de la diferencia, ¿para qué sirven? Corren el riesgo de convertirse en la “sal sosa” del Evangelio, que no sirve para nada «nisi ut mittatur foras et conculcetur ab hominibus» (Mt 5, 13).

Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra? Los cristianos tienen que acordarse siempre de esta pregunta, conscientes de su inmensa responsabilidad para mantener viva la llama de la Verdad  hasta la vuelta de Cristo.

Hace muchos años, mons. Luigi Giussani quiso recuperar gran parte de la literatura católica que había sido censurada por la hegemonía marxista que, desde la posguerra, domina totalmente el panorama cultural italiano. Convenció a la editorial BUR a crear una Colección llamada I libri dello spirito cristiano [Los libros del espíritu cristiano]. Entre las distintas perlas, hay una que leí con placer: la novela Muerte, ¿dónde está tu victoria? [Ediciones Encuentro], del escritor católico Henri Daniel-Rops (1901-1965), de la Academia francesa. En esta novela, el autor pone en boca de uno de sus personajes, el padre Pérouze, estas palabras: «La única vida es la que nos viene de la lucha por nuestra alma (…). Los hombres, hoy, desprecian esta verdad (…), han apartado el pecado de su vida y de sus libros y, por este motivo, han acabado en un río lleno de lodo en el que, sin saberlo, bracean y se ahogan».

Espero que todos, creyentes y no creyentes, podamos recuperar, en las dramáticas circunstancias que nos impone la emergencia de la pandemia del Covid-19, la conciencia de la necesidad de reconocer, humildemente, que somos pecadores, para así salvar nuestra alma antes que nuestro cuerpo.

 

Publicado por Gianfranco Amato en Cultura Cattolica.

 

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

52 comentarios en “Salud y salvación
  1. Ninguno de los obispos se atreve a abordar la siguiente cuestión:
    Ya se está aplicando, ahora mismo, la eutanasia, y no precisamente a petición del contagiado, sino al decidir, ante la saturación de casos y escasez de medios, supuesta o real, qué contagiados entran en las UCI y cuales no, descartándose de plano los ancianos y los que padecen otras patologías, a los que se abandona a la muerte en solitario y sin sacramentos. La ley que se apruebe va a ser casi simbólica comparada con la que, sin haberse aprobado, se está aplicando ya. Ancianos y no tan ancianos. Según la información que está circulando por you tube, si bien de una médico que no ha querido identificarse ante el temor a represalias, los descartan a partir de 65 años.

    Francis, en su entrevista con sus amigos de la Secta, tampoco se atrevió a condenar este clamoroso descarte, con instrucciones desde arriba.

    1. Belzunegui me llama la atención que llames”contagiados”,a las personas,que han contraído la enfermedad del coronavirus.Tu que eres tan puntilloso para la semántica.Son hijos de Dios,pueden ser creyentes o no,pero tienen su dignidad de personas amadas de Dios,y si quieres llamar la atención,por lo que parece ser que está pasando,con la elección de quién vive o no,lo que a mí me choca es que no se reconozca y propicie esa dignidad,de personas,no individuos,ni infectados,o contagiados,como si fueran despojos.Son hijos de Dios,que sufren,una enfermedad,y que tienen derecho a ser atendidos,y cuidados para que puedan ser sábados,si fuera posible.

      1. Susanaa, creo que Belzunegui lo ha dicho en el buen sentido de la palabra, no hay desprecio, ni nada despectivo. Nadie conoce las intenciones del “otro”. Ante Dios todos somos iguales, EL no hace acepción de personas, SOLO el hombre discrimina.
        Saludos

      2. Contagiado es un adjetivo neutro para describir a una persona que ha contraído una enfermedad infecciosa, puede tener un animo peyorativo como puede ser que no lo tenga, en todo caso solo lo sabe el que lo escribió y ante la duda habría que darle el beneficio de la duda, especialmente cuando si le has leído muchas veces, nunca se ha observado ninguna inquina contra personas que sufren una enfermedad, si se ve inquina contra otras personas o colectivos, si fuera ese caso tendría mis dudas, pero nunca he notado en sus escritos una animadversión contra personas enfermas

    2. Quien discrimina no es Belzunegui llamando contagiados a quienes lo están, que podemos ser todos, y no hijos de Dios contagiados, pues la filiación divina viene a través del bautismo, siendo así que, al menos en España, el número de bautizados continúa su tendencia a la baja hasta cifras que no parecen preocupar a los señores obispos. Quien discrimina son las autoridades sanitarias que descartan a los mayores de una cierta edad, provocando en muchos de ellos una muerte en solitario y sin sacramentos, descarte que goza del silencio de los señores obispos y del Bergoglio de la Secta. No hace falta que se apruebe una ley de eutanasia. Ya la tenemos y a lo bestia. Y no precisamente a petición de parte, sino a imposición de la otra parte, la que debería velar por nuestra salud y vida, ya cuestionadas con un 8M que ha hecho prevalecer la ideología sobre la vida, generando un genocidio por el que unos cuantos deberían dar con sus huesos en la cárcel.

      1. Tenemos la novena parte de contagios de todo el mundo y la quinta de muertes, a pesar de tener la 165 Ava parte de la población mundial. El 8M no ha sido inocuo.

  2. Francisco y la mayoría de obispos no están denunciando los grandes pecados de nuestro tiempo. Y eso es lo primero que hay que hacer para poder pedir que Dios pare el castigo del coronavirus.

    1. ¿El virus es un castigo?, ¿los virus que atacan a las plantas porqué las castigan porque pecaron quitándole el fosfato a la de al lado?

      1. Durante la revolución comunista china, se quiso acabar con los gorriones. Se les culpaba de comer grano y producir escasez de estos. Así los chinos empezaron a matar gorriones. Cuando no quedaron, empezaron plagas de insectos a devorar las plantaciones. Se dieron cuenta entonces que los gorriones servían de insecticidas. Tuvieron que repoblar de pajarillos traídos de Rusia sus campos.
        Quién castigó sus cosechas? No fue Dios, fue el hombre con su manipulación de las leyes naturales (adulterar). Dios lo permitió, no nos creo como robots. Robots es en lo que justamente nos quiere convertir este simulacro de plaga. No te engañes, Dios lo permite pero es el hombre el que comete el adulterio

        VIVA CRISTO REY

        1. Entonces puede que todos los regímenes totalitarios, ya sea el comunismo, el islam, el catolicismo o el fascismo e independientemente de que vean al hombre com un esclavo del estado o de Dios sean un castigo de Dios. Es una teoría que no comparto, pero tiene su razonamiento.

    2. ¿Castigo del coronavirus? Francisco ha expurgado de la liturgia y oraciones toda referencia a la ira de Dios y a la penitencia, lo deja en que nos consuele y bla bla bla. Así vamos.

    3. Dice el Maestro: “El que no tiene pecado, que tire la primera piedra”. ¿Quién de nosotros es el primero en levantar la mano? Pecado y misericordia van de la mano, lo podemos ver en la acción de Jesucristo: “vete y no peques más.”
      Saludos

  3. Dejad la ciencia hacer su camino. Si rezar ayuda a solucionar el problema, mejor… Pero no mezclemos la salvación del alma con una vacuna necesaria, como lo fueron los tratamientos de la lepra, el sarapion o lo que querais. El problema central es la salvación del alma, pero no a remolque del encuentro de la vacuna para esta pandemia.

      1. Pero la mayoría no gozamos de la iluminación y no se nos ha concedido el privilegio de saber que este virus es un castigo, solo los iluminados conocen esa verdad

  4. Cualquier cristiano que lea la Biblia (antiguo y nuevo testamento) entiende perfectamente que Dios castiga por medio de desastres de todo tipo (naturales, invasiones de otros imperios, etc) y que cuando volvemos el corazón a Él, entonces nos libra de esos desastres. La mayoría de los males de este mundo son consecuencia directa de la maldad humana. Si todos los hombres cumpliéramos sus mandatos, estoy convencido de que Dios nos libraría de ese pequeño porcentaje restante.

    1. Dios, como buen padre, primero lo hace por las buenas (como por ejemplo las apariciones de Fátima) pero si es necesario, al final usa el castigo para que espabilemos. Tenemos que volver a Dios. Es absolutamente necesario

    2. Madre mía cuanto religioso natural por aquí. Acaba de aniquilar el concepto de misericordia en Dios. Basta ya de meter miedo y acojonar a la gente como se hacía en la Edad Media. Dios es el buen pastor que cuida y perdona a sus ovejas, no que las ajusticia sin clemencia.

      1. ¿Misericordia para los que se burlan de ella? Perdona, si rechazas la misericordia divina, sólo te queda la justicia, y esta sociedad precisamente incurre en cuatro de los cuatro «pecados que claman al Cielo», esos que más tarde o temprano implican la intervención divina para restaurar la Justicia, aunque sea porque nos quita la protección.

    3. ¿Y que diferencia hay entre esto que crees tú y los mitos sobre sus dioses que creían los antiguos griegos?, que su religión ya no está de moda y la tuya aún lo está. Para los hombres de dentro de trescientos años ya no habrá diferencia

    4. Miguel, cuando vas a la playa, ves todo tipo de gente: malas, asesinos, adúlteros, prostitutas, abortistas, criminales, pedófilos, borrachos, todos disfrutando del mar. Sin embargo, Dios hace salir el sol para justos e injustos. Menos mal que Dios no tiene corazón humano.
      Saludos

      1. No entiendo por qué mezclais cosas, Luis Alberto. ¿Qué tiene que ver el hecho de que el sol salga para todos, con las pruebas de Dios? Dios nos ama a todos, claro. Y desea nuestra conversión. Eso no es incompatible con lo otro. Precisamente yo me acerqué a Dios en una prueba durísima ‘que no creía merecer’ y contra la que en principio me rebelé. Que no nos entiendan los no cristianos, pues vale. Pero entre los cristianos, me sorprende. Sinceramente, no entiendo a los negais el AT. Aunque tampoco hay que irse tan lejos, ya que además su interpretación es por ello mucho más compleja. El SXX es buena muestra de lo que pasa cuando el hombre se aleja de Dios. Eso sin desmerecer ni un ápice la plenitud que vino a traer Jesús, además de nuestra Salvación. Dios conoce nuestros corazones y solo Él. Pero lo que está mal está mal. Yo agradezco la justicia humana que encarcela a un violador y libra a otras mujeres de sus malos actos. Su corazón q lo juzgue Dios.
        Dios le bendiga.

        1. Hola Belzunegui, veamos.
          El ejemplo que puse sobre el sol que sale en la playa, era una manera de decir, que la misericordia de Jesucristo está por encima de nuestros pecados. La misericordia de Dios no toma en cuenta a nadie cuando Dios actúa en su creación. El problema viene de nosotros que todos los días juzgamos al que no piensa o no es como nosotros. Por ejemplo: Jesús como Dios sabía que Judas era un ladrón, y sin embargo se puede decir que lo “encubre” porque ni EL ni los apóstoles lo denuncian. ¿Por qué? Porque Jesús no tiene un corazón como el nuestro. Los Padres de la Iglesia decían que antes que juzgues a tu hermano, pídele a Dios que te cosa la boca. Por supuesto que lo que está mal, mal está, pero el cristiano no está llamado a hacer justicia porque Jesucristo no nos ha juzgado con la ley, sino con su corazón. Ya lo dijo EL: “Haz tu lo mismo.” El que quiere ser cristiano, será mártir o no lo será.
          Saludos

  5. Y como ni comprenderán ni aprenderán vendrá otra peor.

    Y me dijo: No selles los discursos de la profecía de este libro porque el tiempo está cercano: El que es injusto continúe aun en sus injusticias, el torpe prosiga en, sus torpezas, el justo practique aún la justicia y el santo santifíquese más. (Ap.22,10-11)

    1. Rastri, este escrito tiene mas de dos mil años, y en toda la historia de la humanidad, se ha cumplido. Pero no tiene nada que ver con el 2020. El tiempo cumplido de uno, es cuando deja este mundo.
      Saludos

  6. Quizás sea porque Dios no hace salir el sol y el sol no sabe que está iluminando prostitutas y todo tipo de gente depravada, parece que los buenos no van a la playa, no están en tu lista.

  7. ¿Y que tal aquellos que se habían olvidado de que Dios los creó..? Cuántos entre tantos, será gracias a ése virus que gozarán en el cielo con Cristo,, cosa que tal vez no hubiera pasado de no haber muerto en ésta situación. Que tuvieran muerte repentina,, ¿y sin arrepentimiento? ! Qué feo! ! Qué horror!
    Si Dios nos llama,,, Bendito Sea..San Francisco le dice Hermana muerte.
    Que llegue cuando Dios disponga, y que nos halle dispuestos.

    1. Spes, no te preocupes de “esos tantos”, ya lo dijo el Señor: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme”. Solo nos queda rezar y mucho por ellos, gritar por ellos hasta que nos quedemos roncos.
      Un santo ante un cadáver solía decir: “Hoy él, mañana yo.”
      Saludos hermano.

      1. 🙄,, Estimado Luis Alberto,,, me dices :
        Saludos hermano,,
        Dime saludos hermana,,,, Spes es mi nombre en latín. 😁.
        Además hoy vi mi radiografía,,! Pero si anda la muerte con nosotros!

  8. Cristo ruega al Padre y dice:
    Yo no ruego por el mundo sino por los que Tú me has dado porque son tuyos; y todo lo tuyo es mío y todo lo tuyo es mío; y Yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy e el mundo, pero ellos si están en el mundo y yo voy a ti. Padre Santo cuida en tu nombre a los que me habías dado. (Jn.17,9-12)

    Yo tampoco ruego al Dios Padre por este mundo; ruego sí por mi, y por ende, por los que piensan como yo pienso; para que mi fe no decaiga; para que sin desfallecer yo crea que este mundo, en causa y consecuencia de pecado original, es la obligada transición, por Jesús prometida, hacia otro mundo mejor. Yo ruego y pido al Dios Padre que cuanto antes sea el final prometido, para mí, sea lo mejor.

    Y no obstante, consciente de mi limitación, no puedo dejar de decir: -Hágase en mí Señor Dios tu voluntad.

  9. luis Alberto
    Rastri, este escrito tiene mas de dos mil años, y en toda la historia de la humanidad, se ha cumplido. Pero no tiene nada que ver con el 2020. El tiempo cumplido de uno, es cuando deja este mundo.
    Saludos

    Me gustaría saber, Luis, cómo argumentas y sabes tú que este escrito data de dos mil años atrás, cuando sabido es que para Dios no existe tiempo pasado o futuro, por una parte; mientras que por otra, quisiera advertirte que yo en mi lógica circunstancia de vivir y sentir como profeta que soy, lo que veo y leo hoy menos que ayer y menos que pasado mañana, que para esta década de 2020 el fin del tiempo, en mi lógica circunstancia como profeta que soy repito, veo el fin del tiempo; y lo veo y lo veré y lo sentiré en su punto y definitivo final.

  10. Hola Rastri, espero que te encuentres bien, aquí en el Perú estamos de cuarentena por orden de nuestro presidente. Debes de saber que hasta la fecha, NADIE ha interpretado auténticamente el libro del Apocalipsis, ni siquiera la Iglesia lo ha hecho, a pesar de que tiene grandes exegetas de fama mundial.
    Te voy a poner un ejemplo de cómo el ser humano, a pesar de toda la ciencia que posee, es una hormiga en el universo. Dice el astrónomo del Vaticano: “Si dividimos las galaxias por la población mundial, a cada uno le tocaría 14 galaxias, cada una de estas galaxias están hechas de unos cien mil millones de estrellas.”
    Evidentemente que lo que dice este astrónomo, yo le tengo que creer, así no lo haya visto con mis propios ojos, pero le creo porque para eso ha estudiado.
    Continua.

  11. Para Rastri que continua.
    El libro del Apocalipsis, según los expertos, fue escrito hacia el año 100 D.C. Ojo que estoy hablando el libro como “escritura” no como contenido. De este libro, muchos se han llenado el bolsillo con mucho dinero, interpretándolo a “su” manera con relatos apocalípticos, como si el fin del mundo es inminente. Ya sabemos que estos grandes “profetas” que profetizaron estos acontecimientos, FRACASARON porque el mundo sigue en pie.
    Tú dices que “ves”, pero con ¿los ojos que cada ser humano tiene? Porque ahora en las redes, se presentan personajes que también “ven” el futuro y el momento apocalípticos que estamos viviendo por el coronavirus. Personajes que dicen que “ven” pero telepáticamente con los ángeles y con seres de otros mundos.
    Yo creo Rastri, que yo y tú moriremos y la tierra seguirá existiendo, hasta que Dios lo decida.
    Saludos hermano.

  12. luis alberto

    “Habida cuenta de que el Hombre es directamente proporcional en grado de inteligencia y evolución alcanzada ,igual, al tiempo que le separa del principio de la Creación y el fin de la misma”.
    Si entendieras esto, entenderías que el ser humano, más que una hormiga es el gobernador del Universo.

    1. Rastri, dice la Escritura: ¿Que es el hombre para que te acuerdes de él?
      Yo entiendo gobernador del universo, si, pero en el sentido de hacer el mal, de destruir la ÚNICA casa común en la que todos habitamos. Fíjate de que somos como una hormiga, que un virus ha puesto de rodillas al mundo. En suma: no somos nada y si no nos volvemos a Dios, habremos destruido nuestra única casa.
      Saludos hermano.

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