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El Papa: “Cuántas buenas intenciones traicionadas. Cuántas promesas no mantenidas”

“El Señor sabe que somos muy débiles e inconstantes, que nos cuesta levantarnos de nuevo y que nos resulta muy difícil curar ciertas heridas”Vatican Media
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El Papa Francisco ha presidido la celebración del Domingo de Ramos en una Basílica de San Pedro completamente vacía. Tan sólo un pequeño coro, sus acólitos, el arcipreste de San Pedro y algunas religiosas y ayudantes, asistieron a una sobria pero preciosa misa en el altar de la Cátedra de San Pedro, bajo el Espíritu Santo de Bernini.

Les ofrecemos la homilía del Papa, publicada en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Jesús «se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo» (Flp 2,7). Con estas palabras del apóstol Pablo, dejémonos introducir en los días santos, donde la Palabra de Dios, como un estribillo, nos muestra a Jesús como siervo: el siervo que lava los pies a los discípulos el Jueves santo; el siervo que sufre y que triunfa el Viernes santo (cf. Is 52,13); y mañana, Isaías profetiza sobre Él: «Mirad a mi Siervo, a quien sostengo» (Is 42,1). Dios nos salvó sirviéndonos. Normalmente pensamos que somos nosotros los que servimos a Dios. No, es Él quien nos sirvió gratuitamente, porque nos amó primero. Es difícil amar sin ser amados, y es aún más difícil servir si no dejamos que Dios nos sirva.

Pero, una pregunta: ¿Cómo nos sirvió el Señor? Dando su vida por nosotros. Él nos ama, puesto que pagó por nosotros un gran precio. Santa Ángela de Foligno aseguró haber escuchado de Jesús estas palabras: «No te he amado en broma». Su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros, a cargar sobre sí todo nuestro mal. Esto nos deja con la boca abierta: Dios nos salvó dejando que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la humildad, la paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza del amor. Y el Padre sostuvo el servicio de Jesús, no destruyó el mal que se abatía sobre Él, sino que lo sostuvo en su sufrimiento, para que sólo el bien venciera nuestro mal, para que fuese superado completamente por el amor. Hasta el final.

El Señor nos sirvió hasta el punto de experimentar las situaciones más dolorosas de quien ama: la traición y el abandono.

La traición. Jesús sufrió la traición del discípulo que lo vendió y del discípulo que lo negó. Fue traicionado por la gente que lo aclamaba y que después gritó: «Sea crucificado» (Mt 27,22). Fue traicionado por la institución religiosa que lo condenó injustamente y por la institución política que se lavó las manos. Pensemos en las traiciones pequeñas o grandes que hemos sufrido en la vida. Es terrible cuando se descubre que la confianza depositada ha sido defraudada. Nace tal desilusión en lo profundo del corazón que parece que la vida ya no tuviera sentido. Esto sucede porque nacimos para amar y ser amados, y lo más doloroso es la traición de quién nos prometió ser fiel y estar a nuestro lado. No podemos ni siquiera imaginar cuán doloroso haya sido para Dios, que es amor.

Examinémonos interiormente. Si somos sinceros con nosotros mismos, nos daremos cuenta de nuestra infidelidad. Cuánta falsedad, hipocresía y doblez. Cuántas buenas intenciones traicionadas. Cuántas promesas no mantenidas. Cuántos propósitos desvanecidos. El Señor conoce nuestro corazón mejor que nosotros mismos, sabe que somos muy débiles e inconstantes, que caemos muchas veces, que nos cuesta levantarnos de nuevo y que nos resulta muy difícil curar ciertas heridas. ¿Y qué hizo para venir a nuestro encuentro, para servirnos? Lo que había dicho por medio del profeta: «Curaré su deslealtad, los amaré generosamente» (Os 14,5). Nos curó cargando sobre sí nuestra infidelidad, borrando nuestra traición. Para que nosotros, en vez de desanimarnos por el miedo al fracaso, seamos capaces de levantar la mirada hacia el Crucificado, recibir su abrazo y decir: “Mira, mi infidelidad está ahí, Tú la cargaste, Jesús. Me abres tus brazos, me sirves con tu amor, continúas sosteniéndome… Por eso, ¡sigo adelante!”.

El abandono. En el Evangelio de hoy, Jesús en la cruz dice una frase, sólo una: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Es una frase dura. Jesús sufrió el abandono de los suyos, que habían huido. Pero le quedaba el Padre. Ahora, en el abismo de la soledad, por primera vez lo llama con el nombre genérico de “Dios”. Y le grita «con voz potente» el “¿por qué?”, el porqué más lacerante: “¿Por qué, también Tú, me has abandonado?”. En realidad, son las palabras de un salmo (cf. 22,2) que nos dicen que Jesús llevó a la oración incluso la desolación extrema, pero el hecho es que en verdad la experimentó. Comprobó el abandono más grande, que los Evangelios testimonian recogiendo sus palabras originales.

¿Y todo esto para qué? Una vez más por nosotros, para servirnos. Para que cuando nos sintamos entre la espada y la pared, cuando nos encontremos en un callejón sin salida, sin luz y sin escapatoria, cuando parezca que ni siquiera Dios responde, recordemos que no estamos solos. Jesús experimentó el abandono total, la situación más ajena a Él, para ser solidario con nosotros en todo. Lo hizo por mí, por ti, por todos nosotros, lo ha hecho para decirnos: “No temas, no estás solo. Experimenté toda tu desolación para estar siempre a tu lado”. He aquí hasta dónde Jesús fue capaz de servirnos: descendiendo hasta el abismo de nuestros sufrimientos más atroces, hasta la traición y el abandono. Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: “Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene”.

Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no abandonar lo que de verdad importa. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece. El drama que estamos atravesando en este tiempo nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor. De este modo, en casa, en estos días santos pongámonos ante el Crucificado —mirad, mirad al Crucificado—, que es la medida del amor que Dios nos tiene. Y, ante Dios que nos sirve hasta dar la vida, pidamos, mirando al Crucificado, la gracia de vivir para servir. Procuremos contactar al que sufre, al que está solo y necesitado. No pensemos tanto en lo que nos falta, sino en el bien que podemos hacer.

Mirad a mi Siervo, a quien sostengo. El Padre, que sostuvo a Jesús en la Pasión, también a nosotros nos anima en el servicio. Es cierto que puede costarnos amar, rezar, perdonar, cuidar a los demás, tanto en la familia como en la sociedad; puede parecer un vía crucis. Pero el camino del servicio es el que triunfa, el que nos salvó y nos salva, nos salva la vida. Quisiera decirlo de modo particular a los jóvenes, en esta Jornada que desde hace 35 años está dedicada a ellos. Queridos amigos: Mirad a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás. Sentíos llamados a jugaros la vida. No tengáis miedo de gastarla por Dios y por los demás: ¡La ganaréis! Porque la vida es un don que se recibe entregándose. Y porque la alegría más grande es decir, sin condiciones, sí al amor. Es decir, sin condiciones, sí al amor, como hizo Jesús por nosotros.

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20 comentarios en “El Papa: “Cuántas buenas intenciones traicionadas. Cuántas promesas no mantenidas”
  1. Primero, te quitas el Título de Vicario de Cristo, y luego, permites aún la comunión y absolución de vueltos a casar por lo civil sin nulidad matrimonial en La Alegría del Amor y el Rescripto de 5 de junio de 2017 que eleva esta la comunión y absolución a magisterio auténtico, no contestas a las dudas del 2016, y permites que muchos obispos lo implementen: Roma, Malta, Sicilia, Valle de Aosta, Bélgica, Alemania -aquí con camino sinodal-, Braga, Fátima y Lisboa.

    En efecto, Bergoglio, cuántas promesas tuyas no mantenidas… predicas sin dar ejemplo, consejos das que para ti no tienes…

    1. No sólo eso: según informa Church Militant (no pongo el enlace, búsquenlo, porque esta basura de filtro de spam pone en moderación y por tanto nunca se publican los artículos con enlaces) ha mutilado toda referencia a la ira de Dios de las misas para epidemias.

  2. Tú, en cambio, Bergoglio, no puedes traicionar ninguna buena intención pues ya conocemos tus intenciones: demoler totalmente la Iglesia Católica, perseguir a los católicos, acabar con ellos y marcharte a un lugar en el que no crees, pero que ya verás, cuando los cambios sean irreversibles, para los hombres, que no para Dios, quien para algo nos ha mandado o permitido esta plaga. Creer que, detrás de esta plaga, no está Dios, como crees tu, es propio de alguien que no cree en Dios, al menos en un Dios católico, como tú.

    1. Mmm… Vigila el precipicio de La Alegría del Amor, no caigas por él, deja que los muertos entierren a los muertos… Suerte, que soldado precavido no muere en combate, vigila la falsa bandera, y mantén siempre rumbo ad orientem… 😂

  3. Muy genérico el castigo para interpretarlo contra Bergoglio. O fue una epidemia vaticana?

    Si fuese un castigo, sería contra el ser humano, y sobre todo contra ancianos y enfermos. Se ve que a usted no le importa figurarse algo así.

  4. Los discursos o frases del incoherente bergoglio me suenan tan falsos y vacios tal como ponerme a leer a paulo coelho. Solo me deja pensando cual sera su proximo acto de demolición de lo que aun queda de ortodoxia en la Iglesia católica.

  5. Sí, ha sido una Misa preciosa y la homilía lo mejor de todo. Felicito a Infovaticana por difundirla. Que tomen nota la mayoría de los Obispos y sus secuaces, que quieren hacernos creer que el caso de España es el mismo de Italia y que hacen lo mismo que el Papa. De eso nada.
    Lo lamentable son los comentarios a la noticia. Hermanos, hace tiempo que les observo y ustedes estropean esta página. Están envenenados y necesitan una cura a fondo. No se puede estar vomitando insensateces continuamente, porque lo único que hacen es repetir los mantras de siempre contra el Papa, inventados por gente de mala voluntad que ni siquiera se lee enteros los escritos del Papa y que sólo saben causar escándalo. La verdad les hará libres. Purifiquen su ojo y su juicio estará sano. Le harán un favor a su alma.

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