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Las ocasiones perdidas del obispo Cobo en el Palacio de Hielo

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Creo que puede consignarse como un momento excepcional aquel en el que un obispo de la Iglesia Católica, sucesor de los Apóstoles, va a rezar un responso ante decenas de cadáveres en medio de una peste, lo cuenta en un artículo no breve en una publicación religiosa sin apenas hacer mención a la muerte en su sentido cristiano, y en absoluto a lo que viene después.

En el órgano de la Archidiócesis de Madrid, Alfa y Omega, el obispo auxiliar José Cobo cuenta, en un artículo con el largo titular ‘José Cobo relata sus impresiones en la morgue del Palacio de Hielo: Del hielo a la Resurrección’, cuenta precisamente eso, cómo dirigió la semana pasada el rezo de responsos en el Palacio de Hielo, convertido en una gran morgue por el desbordamiento de los servicios funerarios como consecuencia de la pandemia.

Y uno imagina a un prelado católico ante todos aquellos cadáveres a los que van rezar un responso e inmediatamente se le ocurre que es una ocasión magnífica para acordarse de la muerte, y todo lo que viene, según nuestra fe, después de la muerte y que da sentido a todo lo demás. Incluso en términos comprensibles para el más zote, cualquiera se da cuenta de que todos morimos, y de que, en la concepción cristiana de la existencia, esta vida es “una mala noche en una mala posada” o, en cualquier caso, una prueba para la Vida Verdadera, donde estaremos junto a Dios toda la eternidad. O no. Si eso no es central, nada en absoluto lo es.

Por eso llama poderosamente la atención el texto del obispo, que esquiva todas esas cuestiones, que no dice una palabra del Cielo o de la eternidad -a pesar de esa ‘Resurrección’ del titular- ni aprovecha para recordar a los fieles que ese es nuestro destino, el de todos, con independencia de que nos contagiemos o no del virus.

Dejaré que sea el propio obispo quien describa lo que ‘sintió’ en aquel momento: “Entonces sucedió el milagro de la oración. Como luz en la tiniebla, sentí que allí estaba toda la Iglesia rezando por medio de este pobre obispo. Y con ella, las familias de aquellos difuntos y las personas a las que abrazaron, y con las que lloraron… Entonces las gradas se poblaron de corazones y, por un momento, el frío se alejó”.

“Como un soplo de esperanza, la oración silenciosa de las exequias se insertó en la vida de verdad. Testigo soy de cómo la palabra despliega la fecundidad de dar sentido a lo que sucede, aun cuando no lo comprendamos, aun en medio del bosque de ataúdes”.

“Las palabras no eran mías, eran las de la comunidad, las de nuestra Iglesia, y retumbaban en la sequedad del hielo: «A tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de estos hermanos nuestros. Concédeles el lugar de la luz y de la paz…». El eco del Evangelio humanizaba el frío y la masificación. Y allí estaba la presencia de Jesucristo, abrazando a cada uno de sus hermanos, llorando como lo hacía al pie de la tumba de su amigo Lázaro y dando su esperanza”.

¿Ven a que me refiero? Lo que dice Cobo está muy bien, pero para quien conozca incluso por encima cuál es nuestra esperanza como cristianos, deja bastante perplejo ese modo de eludirlo, de no mencionarlo, de no recordarlo cuando la ocasión, como era el caso, la pintaba calva.

De la literalidad de las palabras del obispo, lo que parece desprenderse es que lo importante era lo que ese acto comunitario representaba para la ‘comunidad’, para lo que seguimos aquí, porque no estamos solos. “Recé con todas mis fuerzas para que esa esperanza que portamos en el corazón de la Iglesia llegara desde esta pista hasta caldear los corazones de aquellos que lloran a estos difuntos, incluso a toda nuestra sociedad que tanto lo necesita”, sigue Cobo. “Entonces, al abrigo de un lento padrenuestro, las gradas se llenaron de corazones, vidas y familias. Y pedimos por ellos, para que el consuelo del Resucitado los envuelva y sientan que no están solos. Es como una puerta abierta donde la Iglesia se ofrece a estar con sus hermanos, y la abre para, en Cristo, recomponer la relación con sus seres queridos desde la fe”.

Todo, todo lo que dice es cierto, y muy bien dicho. Pero si habla de la esperanza, ¿tanto le cuesta decir en qué consiste? En términos puramente humanos, ¿qué empresa, qué proyecto, elude hablar de lo que constituye su eje cuando la ocasión lo pone tan fácil, lo hace tan evidente?

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31 comentarios en “Las ocasiones perdidas del obispo Cobo en el Palacio de Hielo
    1. Es que el obispo ha cometido la desfachatez de no hacer la homilía que le gustaría a Estebitan y claro, este aprendiz torpe de cigüeña carca no puede tolerarlo.
      A ver si asistes pronto a tu propio responso. Rezo por ello

      1. Grosero comentario el tuyo, Canali. Algunos eluden mencionar las cosas por su nombre en una época en que se desconoce hasta el padrenuestro y la ocasión es de las que invitan a hacer catequesis.

      2. Canali: no voy a entrar a valorar lo que opina el articulista ni lo que opinas tú. De hecho tiendo a ser más de tu opinión que de la suya. Pero para desearle la muerte a alguien como acabas de hacerlo hay que tener un alma muy negra, o directamente estar como una regadera. No entiendo cómo se puede permitir un comentario así. Que Dios te guarde, amigo…

  1. Anunciamos a Jesucristo crucificado, muerto y resucitado al tercer dia, Inés. ¿De que sirvió todo si no les decimos que resucitó y que Cristo nos resucitará a todos, buenos y malos, justo antes de ser juzgados por Él? Los sentimientos están bien cuando se sujetan al Bien.

  2. Una iglesia que renuncia a los Novísimos no es la Iglesia de Jesucristo. Es una iglesia pagana, de encefalograma plano, cortoplacista.

      1. Canali, que andas muy despistado y te vence la pasión. Jesucristo no escribió nada y eso debías saberlo. Lo que sí hizo es predicar y ¡claro que sí! predicó mucho de los novísimos que supongo conoces, y además repetidamente o en enseñanza directa o en parábolas. ¿Sabes cuántas veces cita el Infierno -con diferentes palabras- los Evangelios, predicación de Cristo? Cuenta, cuenta.

      2. Pues si habló del infierno y del paraíso y de los que rechazan la acción del Espíritu Santo, que no tendrán perdón. Continuamente hablaba del paraíso y del infierno. ¡Joer Canali, abre los evangelios alguna vez!

    1. 47 Versículos de la Biblia nos hablan del infierno, de los cuales nada menos que 37 son del Nuevo Testamento, pero la ignorancia es muy atrevida y descalifica a quien alardea de ella.

    2. 47 Versículos de la Biblia nos hablan del infi erno, de los cuales nada menos que 37 son del Nuevo Testamento, pero la ignorancia es muy atrevida y descalifica a quien alardea de ella.

  3. Señor Canali,léase el Evangelio completo y verá que Jesucristo nombró mas el Infierno que el Cielo. Si no lo cree puede comprobarlo usted mismo.

  4. Señor Canali,léase el Evangelio completo y verá que Jesucristo nombró mas el In fierno que el Cielo. Si no lo cree puede comprobarlo usted mismo.

  5. Está naciendo una nueva generación de sacerdotes y religiosos que está tomando un protagonismo central en medio de la crisis del virus. Los obispos, en su inmensa mayoría, están desaparecidos y pensando en que todo pase para seguir con sus ocurrencias. Ni saben, ni son capaces de otra cosa. En los últimos años ha surgido por todos los sitios un buen número de sacerdotes y religiosos que no comulgaban con la ‘iglesia conciliar’ que se ha intentado imponer a la fuerza a tiempo y a destiempo. Pensamos que ha llegado su hora, por edad y, por capacidad, es lo que nos queda.

  6. La presunta ‘iglesia conciliar’, que lleva decenios en una primavera ilusoria que nos ha llevado al invierno más duro que podíamos imaginar, se ha extinguido. El virus nos está haciendo ver que ya no es nada, no existe, ha desaparecido. Entramos en un periodo en que vemos una impresionante creatividad que, como todo en la vida, necesita de asentamiento y de madurez que pensamos llegará muy rápido , porque ahora todo va muy rápido. Una iglesia ha cerrado sus puertas y otra muy distinta las abrirá. Specola.

    1. La que tiene que volverlas a abrir es la Iglesia Católica, sumida en un letargo obligado por la tiranía de la misericorditis, regaladora de comuniones y cielos a discreción, sin necesidad de conversión ni de esfuerzo alguno penitencial ni reparador.

  7. Me parece sesgado, como poco, el comentario de C. Esteban. Las palabras del obispo me parecen preciosas y muy ajustadas a esta circunstancia, momento y lugar.

  8. Estar continuamente criticando lo que dicen o dejan de decir los Obispos o sacerdotes me parece a mí que genera división y alienta a quienes SÍ están abiertamente contra la Iglesia. Por qué no dejamos de mirar la paja en el ojo ajeno y nos quitamos la viga del nuestro?… No valdría más preguntarse uno a su mismo: Mi modo de vivir, mi testimonio, mi caridad, mi oración.. es reflejo de la verdadera fe en Cristo? o será que nos hemos puesto el escudo de la “catolicidad” a costa de la caridad y la humildad hacia nuestro prójimo?. Cuando se cerraron los templos escribí esa misma semana al Arzobispo y también lo he hecho al Presidente de la CEE pidiendo que se mantuvieran abiertos, pero me expresé con todo el respeto debido que se merecen como Pastores de la Iglesia que son. Por qué no dejamos de “envenenarnos” con este tipo de noticias y dirigimos toda nuestra atención a vivir con intensidad esta Semana Santa unidos en oración?Que Dios les bendiga!.

    1. Siento decirte que es perder el tiempo, estos prelados son una caterva de soberbios que tras la máscara de pastores, solo hay soberbia y prepotencia. Ellos desprecian todas las comunicaciones que se les envía por el pueblo cristiano, es más, no se dignan a contestar nunca.
      Y ojo,a los responsables de esta página, en cuanto puedan la cierran, son más implacables de lo que pensamos, solo se ponen nerviosos por el miedo a perder su estatus o el dinero, por eso son tan genuflexos ante cualquier gobierno por muy diabólico que sea.

      Como ejemplo, hace dos años y medio cerraron el foro carlista de la CTC, Comunión Tradicionalista Carlista, tras 15 años abierto y así sigue.

  9. Están muriendo sólos y sin sacramentos. Están muriendo por calificarlos previamente de mayores o ancianos. Han sido descartados por mera razón de edad, después de haberlo dado todo, de habernos dado todo. Están aplicando ya la ley de eutanasia, sin siquiera haberse aprobado y sin petición previa del paciente. Simplemente se les descarta al superar los 70 años, o incluso menos, y se les priva de UCI o respiradores. El riesgo de muerte en esta situación de descarte es harto elevado. Se les aplica la sedación para que no sufran y a otra cosa mariposa. las directrices vienen de arriba, desde lo más alto. Ningún obispo ha alzado la voz ante este genocidio, ante esta masacre, indigna del pueblo español. ¿ A qué tiene miedo el episcopado español ? ¿ A que les priven de la asignación tributaria del IRPF ? ¿ Han comprado ya su silencio como a las tv privadas ?

  10. Ganas de sacar punta de todo. Me parece muy oportuno, humana y cristianamente su gesto, sus palabras, su plegaria. Olvidan que no estamos ya en una sociedad del nacional catolicismo, sino en un nuevo areópago de gentes de distintas sensibilidades religiosas, incluso de ninguna. El obispo está allí como un ser humano que conforta y reza, no como un jefe de los suyos, un maestro de sus discípulos… sino de todos.

    1. Eso es precisamente lo que quiere el pensamiento único: el poliedro de las iglesias hermanadas en la que ninguna tiene la plenitud de la verdad, sino aspectos parciales, pero la suma de verdades parciales y errores da como resultado lo que estamos padeciendo, una iglesia que no salva, que se limita a unos responsos por si hay algo en el más allá.

  11. A ver D. Carlos …..!!! Que no digo yo que no escriba bien , y muchas veces hasta muy bien!……pero vamos …..en este le ha dado unas vueltas pars hacer decir al Obispo auxiliar lo que no es …..
    Ademas se nos olvida que el ser consagrado obispo no lleva incorporado la ciencia infusa….

  12. Pues a mi me repele el estilo “literario” del obispo Cobo. El sabía que sus palabras las iba a leer mucha gente y se esforzó en hacer algo literario , vamos como para lucirse. Es cierto además que faltó que hablase más de Jesucristo, que dijo: Yo soy la resurrección y la vida.si pudiera resumirlo diría que menos poesía y más evangelio. “morir tenemos, ya lo sabemos” repetían antaño los cistercienses.En nuestra sociedad no se habla de la muerte, los muertos son números, y una catástrofe humanitaria una estadística. Ni un triste responso público, un minuto de silencio a nivel nacional, ni un luto nacional. Todos los dias oimos aplausos por los vivos…¿para cuándo las oraciones por los difuntos’.

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