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Qué nos enseña esta crisis

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No dejo de recibir noticias que reflejan con dramatismo la cobardía, la doblez y la mezquindad del gobierno de esta nación, y cada vez siento la tentación de compartirlas con todos mis amigos, pero luego pienso que, en estos momentos, es mucho más necesario otro tipo de reflexión, una reflexión que nos ayude a levantar la mirada por encima de toda la miseria moral que nos rodea y pueda dar algo de claridad a nuestros espíritus, agobiados por la oscuridad que se ha hecho más densa de repente.

Si alguien piensa que, cuando todo esto acabe, las cosas deben seguir como antes, creo que no ha entendido nada de lo que está pasando, porque si, al acabar esta crisis, las cosas siguieran como antes, sencillamente no habríamos aprendido la lección, y la consecuencia vendría en forma de una sucesión de nuevas crisis, cada vez peores y cada vez más destructivas.

Muchos, entre los que todavía creen en algo, se preguntan si esta crisis es un castigo de Dios. Otros afirman que se trata simplemente de una desgraciada concurrencia de factores puramente naturales. Otros, finalmente, la achacan a una suerte de conspiración de los poderes del mundo para lograr el control total sobre una población atemorizada.

Y yo pienso, ¿y por qué no todo al mismo tiempo? Me explico. Que la causa inmediata sea una concurrencia de factores naturales que haya sido hábilmente aprovechada por ciertos poderes para crear tal situación de pánico que les permita un férreo control sobre la población, o incluso que esa concurrencia de factores haya sido provocada por esos mismos poderes, son ambos supuestos perfectamente verosímiles, y en modo alguno incompatibles con el hecho de que se trate de un castigo divino, de una primera y seria advertencia sobre la deriva funesta del hombre que estamos viviendo.

Dios, causa primera, interviene siempre a través de las causas segundas. No es Su mano la que nos golpea directamente, sino que deja que nuestras propias acciones y omisiones, y las consecuencias y contradicciones que de ellas se derivan, obren por sí mismas y produzcan sus propios efectos, y, en la medida en que esas acciones y omisiones nos hayan desviado de nuestra propia naturaleza, tanto peores serán sus efectos, que nosotros mismos habremos generado. Dios canaliza sus castigos a través de nuestros propios errores, y pienso que nos equivocaríamos si dejásemos de lado esta vertiente trascendente del problema y nos autolimitásemos a las interpretaciones “pegadas al suelo”, porque, en ese caso, seríamos totalmente incapaces de comprender la urgente necesidad de cambiar de rumbo, de girar 180 grados en nuestra trayectoria de colisión con nosotros mismos, y sencillamente no haríamos nada.

El peor peligro que nos amenaza en este momento es, precisamente, no entender que somos nosotros mismos los que llevamos mucho tiempo atentando contra nuestra naturaleza y poniéndonos con ello en un peligro cada vez mayor, y que Dios sencillamente nos invita, a través de esta crisis, a reflexionar sobre lo que estamos haciendo y a tomar medidas correctoras, es decir, a cambiar totalmente el rumbo de nuestras vidas para evitar males mayores. Si no lo hacemos, esos males mayores llegarán, y su fuerza será proporcional a nuestra persistencia en el error.

Pedro Abelló

14 comentarios en “Qué nos enseña esta crisis
  1. Es la misma Ley de Jerarquías, y tanto rige para la del tiempo que pasa como así para la del espacio que queda.
    ” Así como en el grado y manera de que el Hombre -como ser superior de la Creación- se rebela contra su Dios creador; En la misma manera ésta – aquí en microbicho como ser inferior- se rebela contra el Hombre su ser superior.
    Y viceversa: En la manera de que el Hombre cumple con la voluntad de Dios; la Naturaleza, y sus bichitos animado o inanimados, se acomodan y cumplen con la voluntad del Hombre

  2. Sí, Dios castiga, por mucho que la misericorditis bergo liante lo niegue una y otra vez, pero castiga preventivamente, para salvarnos. Es un padre, un padrazo. Los padres también castigamos a los hijos, por su bien, aunque el lenguaje políticamente correcto les llama consecuencias, no castigos, un vocablo demasiado duro para el blando lenguaje que se nos quiere vender.

    Castigo di Dio, ma per salvarci. Dice la Scrittura

    1. l peccato originale pone la prima relazione tra peccato dell’uomo e castigo. Ma la sofferenza è solo il risultato della rottura di un equilibrio oppure c’è anche un positivo intervento di Dio? La Bibbia tiene conto di una realtà variegata, che comporta diversi modi dell’agire divino. L’Antico Testamento interpreta alcune calamità naturali e situazioni dolorose come interventi di Dio che castiga. Anche il NT descrive un’azione castigante di Dio, ma rivelando in modo definitivo che il Suo scopo è sempre – nel rispetto della libertà umana – la nostra salvezza.

    2. No comparto su opinión Belzunegui.Dios no castiga, somos nosotros los que nos buscamos nuestra propia desgracia.Cuando se le dar la espalda a Dios todo es fracaso, derrota, desolación .No castigó al hijo pródigo cuando se fué pero el mundo lo consumió. Y es que, como dice St.Pablo, o estás en comunión con uno o lo estás con el otro,y el otro todos sabemos a donde conduce. Dios no ha hecho libres pero sólo hay dos caminos; uno conduce a la vida y el otro a la muerte.

      Dios actúa en nuestras vidas, eso sí,pero siempre intentando reconducirnos hacia el buen camino.Cuando la cosa se pifia, es culpa nuestra.

      Yo creo que es así.

      1. A mí esta crisis, desde la cuarentena, me enseña a vivir en el silencio del desierto de Jesús, me enseña a vivir en el ayuno de muchas cosas, en la oración intensa y profunda,en la paz de la resignación y de la aceptación de aquello que no puedo cambiar,en definitiva del encuentro con Jesús en el silencio y la soledad de su desierto. Es,para mí, un tiempo de meditación de la Palabra también y del servicio a la persona que tengo a mi cargo y de intercesión por las demás. Lo veo como un tiempo para Dios, un ofrecimiento ,un encuentro en la habitación más oculta.Una parada en el tiempo,una mirada a Cristo, un “te amo y confío en ti”. Un respiro de presente eterno divino. Y ,en esta paz y en este silencio, un deseo de permanecer en este respiro con Cristo ,mi amado, para siempre.

        Aprender a ser más María,aunque siendo también Marta desde nuestras circunstancias. Y esperando que el dolor de estos tristes acontecimientos no me saque de este silencio amoroso de Dios.

  3. Hijo mío, no desprecies el castigo del Señor,
    ni te ofendas por sus reprensiones.
    Porque el Señor castiga a los que ama,
    como corrige un padre a su hijo querido.
    Proverbios 3:11-12
    El prudente ve el peligro y lo evita;
    el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias.
    Proverbios 27:12
    Yo reprendo y castigo a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete.
    Apocalipsis 3:19
    Todos los que han pecado sin conocer la ley, también perecerán sin la ley; y todos los que han pecado conociendo la ley, por la ley serán juzgados.
    Romanos 2:12
    Ciertamente, ningún castigo, en el momento de recibirlo, parece agradable, sino más bien penoso; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.
    Hebreos 12:11

  4. Sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.
    1 Juan 4:18
    Si alguien peca inadvertidamente e incurre en algo que los mandamientos del Señor prohíben, es culpable y sufrirá las consecuencias de su pecado.
    Levítico 5:17
    En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más.
    Lucas 12:48
    Arrepentíos y apártaos de todas vuestras maldades, para que el pecado no os acarree la ruina.
    Ezequiel 18:30b
    El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.
    Marcos 16:16
    Sobre todo, hermanos míos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Que tu «sí» sea «sí», y tu «no», «no», para que no seáis condenados.
    Santiago 5

  5. Estoy de acuerdo con las escrituras y con los textos que propone . Pero… ¿por qué no castiga al hijo pródigo? …¿quiere decir que lo que sufrió el hijo pródigo fuera de casa fue un castigo de su Padre ? ¿no fue la consecuencia de su decisión y de sus propios actos? ¿de dónde surgió la acción de despilfarrar el dinero y quedarse en la miseria, del Padre o del hijo? La diferencia es la fuente de la que procede la desgracia, usted cree que es el castigo de Dios y yo creo que es la consecuencia de nuestros actos.Fíjese en los textos que ha mencionado, algunos hablan de consecuencias.Otros son recomendaciones a cambiar de dirección…al final todo se reduce a dos caminos, como ya he dicho, el que lleva a la muerte y el que lleva a la vida (didaké).El de la muerte tiene una meta.El de la vida otra. Dios avisa para que elijamos el que lleva a la vida. Si elegimos el otro a Dios no le hace falta castigarnos,esa meta es el castigo en sí.Llegamos solos.

    No es tan diferente ,sólo un matiz

    1. ¿ Te parece poco castigo el hambre, hambre, que pasó, que hasta quería comer las algarrobas de los cerdos y nadie se las daba ? En el pecado tuvo su penitencia, pero lo reconoció, se arrepintió y fué perdonado.

      1. Sí claro! estamos de acuerdo. No me sé hacer entender…lo que quiero decir es que no fue el Padre quien provocó que el hijo deslpifarrara el dinero en vicios.Fue la elección del hijo. Eligió el pecado .Y ,cómo usted bien dice, me ha encantado la frase, ” en el pecado tuvo su penitencia”. No le hizo falta al padre hacer nada.El mismo pecado conduce a la desgracia. Y si hubiera muerto sin arrepentirse se hubiera quedado eternamente fuera de la casa del Padre.

        La única diferencia es que usted interpreta que es el Padre quien castiga al hijo apartándole eternamente de Él, y yo que es el hijo el que rechaza al Padre para siempre.

        Un saludo

        1. Quien elige el pecado entra en comunión con el maligno.Eso es lo que nos condena.Si morimos en comunión con el maligno nos condenamos eternamente.No es un castigo del Padre sinó un rechazo del hijo. St.Pablo lo explica así:

          1Cor 10, 16-22

          “La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? 17.Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan. 18.Fijaos en el Israel según la carne. Los que comen de las víctimas ¿no están acaso en comunión con el altar? 19.¿Qué digo, pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? O ¿que los ídolos son algo? 20.Pero si lo que inmolan los gentiles, ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios! Y yo no quiero que entréis en comunion con los demonios. 21.No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios.”

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