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Abusos: los casos Pell, Barbarin y la dictadura de la opinión pública

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(Vatican Reporting)- La noticia, el pasado 30 de enero, de la absolución del cardenal Philippe Barbarin de la acusación de encubrimiento de los abusos en Francia no ha hecho que el cardenal se volviera atrás de su idea de presentar su renuncia como arzobispo de Lyon al papa Francisco. Es fácil comprender por qué.

            El cardenal Barbarin ya había sido absuelto de los mismos hechos en 2016, y el proceso se había reinstaurado porque en Francia existe la institución de la “citación directa”. La condena a seis años, suspendida en primer grado, había causado la indignación de la opinión pública francesa, que puso de inmediato al cardenal Barbarin en la picota por considerarlo culpable. No bastó que el papa Francisco rechazara su dimisión, explicando, en una rueda de prensa en un avión, que en conciencia no podía aceptarla porque siempre existe la presunción de inocencia.

            Incluso con la sentencia de absolución ya emitida, Massimo Faggioli comentaba que “la absolución en un tribunal no puede dar un vuelco a la sentencia de culpabilidad emitida por la opinión pública, que es la que cuenta de verdad para confiar en la Iglesia católica”.

            Y esto es, precisamente, lo que tienen en común -y da miedo- los casos del cardenal Barbarin y del cardenal George Pell, de Australia; este último está en la cárcel por una sentencia de culpabilidad por abusos sexuales que, como ha establecido el reportero Andrew Bolt de Sky News Australia (que no es, ciertamente, un defensor de la Iglesia), no tiene razón de existir.

            Estamos ante una dictadura de la opinión pública, enemiga de la verdad, a la que ni siquiera se oponen los medios de comunicación institucionales de la Iglesia. Lo lógico hubiera sido esperar reconstrucciones o editoriales detallados para rebatir los ataques mediáticos, pero lo que se hace es esconderse detrás de la idea de escuchar a las víctimas.

El riesgo de un character assassination [un ataque feroz a la reputación de una persona o institución]

Una declaración de la Sala de Prensa de la Santa Sede, difundida tras las primeras declaraciones del cardenal Barbarin después de ser absuelto, establecía sencillamente que “la Santa Sede ha tomado nota de la sentencia del Tribunal de Apelación de Lyon respecto al cardenal Philippe Barbarin y de la decisión de Su Eminencia de presentar su renuncia al papa Francisco”, y que el papa tomaría una decisión “a su debido tiempo”.

            También las reacciones a la condena del cardenal Pell han sido tibias. Entre los obispos australianos en general todos han hecho referencia al drama de las víctimas, al compromiso que ha tomado, y seguirá tomando, la Iglesia australiana para ayudarlas. El arzobispo de Sydney, Anthony Fischer, ha sido más valiente y ha puesto en evidencia que el veredicto había llegado con una votación de dos contra uno.

            La cuestión no es menor. Tras el drama y el escándalo de los abusos sexuales del clero, la Iglesia ha tenido y ha querido empezar una limpieza, retomando los procedimientos que ya se habían iniciado.

            Como ha reconocido en más de una ocasión también el papa Francisco, ha sido el extraordinario trabajo del cardenal Joseph Ratzinger primero, y de Benedicto XVI después, el que ha creado ese “marco” legal que ha sido utilizado también en la cumbre sobre los abusos deseada por el papa Francisco y que tuvo lugar en febrero de 2019. Porque la Iglesia no partía de cero sobre el tema de los abusos. Es más, probablemente es la única institución que ha afrontado de verdad el fenómeno.

            Esto no quita que siempre hay nuevos casos que salen a la luz, y que un solo caso ya es demasiado. El reciente caso del ex cardenal Theodore McCarrick, encubierto y nunca sancionado seriamente, es el relato de un cáncer difícil de extirpar.

            Sin embargo, también hay que considerar la cuestión opuesta. Es decir, que las acusaciones a la Iglesia católica forman parte de un “character assassination“, de la voluntad de atacar a la Iglesia socavando su credibilidad. Ha habido casos en que algunas diócesis han preferido pagar indemnizaciones en lugar de ir a juicio para evitar el escándalo. Y ha habido casos de sacerdotes acusados de abusos y suspendidos de sus funciones sacerdotales que luego han sido declarados inocentes, y que ya no han podido volver a las diócesis de dónde habían salido.

            Hay que ponderar con delicadeza cada caso. La atención a las víctimas es fundamental. Y, al mismo tiempo, hay que defender la institución, porque está siendo atacada en todos sus frentes.

            En resumen, los casos de los cardenales Pell y Barbarin no atañen sólo a los casos de los cardenales Pell y Barbarin. Atañen a toda la Iglesia.

            ¿Qué es lo que no se ha contado sobre ellos? ¿Qué ha faltado a la comunicación de la Iglesia? Seguramente un poco de valentía.

El caso Barbarin

La historia del cardenal Barbarin empieza en 2014, cuando Alexandre Hesez contó los abusos cometidos contra menores por parte de Bernard Preynat en los años setenta y ochenta, denunciando también la falta de acción del cardenal Barbarin, culpable, según los testigos que eran también víctimas, de no haber denunciado al abusador a la justicia a pesar de que tuviera conocimiento de los hechos. Para que quede claro: los abusos se cometen en los años setenta y ochenta; Barbarin fue nombrado obispo de Lyon en 2002.

            En 2016, la magistratura establece que Barbarin nunca ha obstaculizado la justicia; y que incluso si hubiera sabido algo antes del 2014, todo habría prescrito. ¿Caso cerrado?

            Para nada. Porque en Francia existe la “citación directa”, que permite llevar a un acusado directamente a juicio. Así, en 2017, otras víctimas de Preynat, que en 2015 fue reducido al estado laical, denunciaron directamente al cardenal a través de la asociación francesa La parole Liberée. La denuncia no atañe sólo al cardenal Barbarin, sino a otras seis personas, incluido el cardenal Luis Ladaria Ferrer, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que al final no estuvo implicado en el proceso por el rechazo en el tribunal vaticano.

            El tribunal penal llegó a conclusiones distintas, subrayando en primera instancia que “aun teniendo la posibilidad de tener pleno acceso a toda la información, analizándola y comunicándola de un modo útil, Philippe Barbarin tomó tomado la decisión consciente de no transmitirla a la justicia con el fin de preservar a la institución a la que pertenece”.

            Se ha creado un precedente, que destaca la obligación de denuncia, mientras que los propios abogados de Barbarin subrayaban la presión que estaban ejerciendo los medios de comunicación en relación al proceso, y el peligro de que este se convirtiera en un “juicio espectáculo”, incluyendo documentales, una película, todo ello orientado a poner en evidencia el silencio del cardenal Barbarin.

            Un problema que no concierne sólo a la Iglesia católica, sino a todas las instituciones que se podrían encontrar en situaciones similares, y que ha creado en Francia un debate muy serio: por un lado, la convicción de que los procedimientos civiles son un mal necesario para purificar a la Iglesia de la vergüenza de los abusos; por el otro, la condena de la caza de brujas que ha convertido al cardenal Barbarin en el chivo expiatorio de todos los que quieren desacreditar las enseñanzas de la Iglesia.

El caso Pell

Las acusaciones presentadas contra el cardenal Pell son igual de inconsistentes. El cardenal ha sido condenado a seis años de prisión por abusar sexualmente de dos muchachos de trece años. Todo el planteamiento de la acusación está basado en el testimonio de uno de estos monaguillos, ahora adulto. El otro falleció, pero antes de morir le confesó a su madre que las acusaciones contra al cardenal eran falsas. No hay más testigos, salvo la supuesta víctima. Y sin embargo, basándose en este testimonio, en Australia han condenado al cardenal a seis años de prisión, que ya está descontando a pesar de que aún esté en curso la apelación.

            La sentencia, como sucede en el sistema anglosajón, fue confirmada en el primer grado de la apelación por un jurado formado por tres jueces. Dos lo consideraron culpable, el tercero inocente. La nota explicativa que este último juez ha escrito para explicar su decisión tiene una extensión de 200 páginas, y arroja luz sobre todos los límites de la investigación.

            Ha sido necesaria la intervención de un periodista muy conocido, no creyente, para romper el velo de silencio que rodea al juicio del cardenal George Pell en Australia, resaltando todas las contradicciones de la condena. Andrew Bolt, en un episodio de su programa The Bolt Report, recorrió paso tras paso el recorrido de las supuestas víctimas, leyó de nuevo los testimonios y los documentos del juicio, y llegó a una clara conclusión: “No sólo es improbable que el cardenal Pell cometiera el crimen, sino que es realmente imposible que lo hiciera”.

            En realidad, The Bolt Report no es sólo importante porque es una investigación periodística seria, sino también porque demuestra claramente de qué manera la opinión pública puede influir en los procesos.

            Tras hacer los recorridos él personalmente, grabarlos y cronometrarlos, Andrew Bolt ha demostrado que es imposible que el cardenal Pell cometiera cualquier tipo de abuso sexual, porque el cardenal no podía estar en la misma habitación que los dos muchachos: los tiempos no encajan.

            Pero Andrew Bolt ha ido más allá. Ha demostrado que el juicio contra el cardenal Pell puede estar lleno de prejuicios. Tras haber explicado en los más mínimos detalles por qué es imposible que el cardenal cometiera el crimen del que se le acusa, Bolt dice: “Ahora podrían preguntarme: ¿cómo es posible que sea tan fácil y que los jueces no se hayan dado cuenta de ello y que en cambio usted, un periodista, se haya dado cuenta de ello? Es realmente fácil y este es el escándalo”.

            Bolt también se lamenta de la presencia de “activistas que han intentado castigar a Sky cuando yo subrayo los increíbles problemas de esta condena, fuera de lo normal, del cardenal Pell. Pero, ¡demonios!, la justicia tiene que contar algo en este país. Tenemos que protestar, cada uno de nosotros, en este país, cuando un hombre o una mujer acaban en la cárcel por un crimen que no pueden haber cometido. Piensen en cómo se debe sentir el cardenal Pell en su celda, cubierto de vergüenza. Recuerden: si fueran ustedes acusados injustamente y condenados injustamente, tal vez les alegraría que alguien les defendiera contra la multitud”.

Qué ha hecho la Santa Sede

Hay que reconocer que la Santa Sede ha demostrado defender la presunción de inocencia tanto del cardenal Pell como del cardenal Barbarin, al menos en las decisiones de gobierno.

            El cardenal Pell ha salido del Consejo de los Cardenales por límite de edad, como los cardenales Errazuriz y Mosengwo Pasinya, pero ha seguido dirigiendo formalmente la Secretaría para la Economía hasta el final del juicio, a pesar de haber superado la fecha límite de su mandato. Su cese como prefecto le ha sido comunicado sólo después de la primera sentencia de culpabilidad, para demostrar que los dos hechos no estaban relacionados.

            Lo mismo para el cardenal Barbarin. El purpurado presentó la dimisión de inmediato, pero el papa Francisco no la aceptó. El cardenal, a pesar de la presunción de inocencia, sintió que no podía sostener la responsabilidad de la guía de la diócesis mientras esperaba la apelación. Durante tres meses, la gestión habitual de la diócesis ha estado en manos del padre Yves Baumgarten, vicario general de la archidiócesis, pero desde el principio se ha visto esta solución como una transición destinada a cerrarse.

            Sin embargo, el papa Francisco no ha nombrado a un nuevo arzobispo; lo que ha hecho es elegir al obispo Michel Dubost, de 77 años, emérito de Ervy-Corbeille-Essonnes, como administrador apostólico sede plena et ad nutum Sanctae Sedis de la archidiócesis, histórico polo de difusión del cristianismo en Francia. Monseñor Dubost asumirá la responsabilidad de guiar y gestionar, pero Barbarin seguirá siendo oficialmente el arzobispo de Lyon y primado de las Galias.

            Son acciones que tienden a garantizar la presunción de inocencia. Y tenemos una directriz muy clara en el discurso que el papa Francisco pronunció al final de la cumbre sobre los abusos que tuvo lugar en el Vaticano.

            Por una parte, el papa Francisco ha defendido con fuerza y apoyado a las víctimas: “El objetivo principal de cualquier medida es el de proteger a los menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos”.

            Por el otro, el pontífice no ha negado las presiones mediáticas, subrayando que “ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos”.

¿Una dictadura de la opinión pública?

El enfoque sobre el caso del cardenal Pell y el cardenal Barbarin, incluso el excesivamente garantista al principio del caso Barros, que generó una oleada de escándalos en Chile, van leídos precisamente desde este punto de vista.

            Sin embargo, la comunicación vaticana ha gestionado la inocencia de Barbarin de manera muy tibia; y se ha olvidado de la situación del cardenal Pell, trasladado a una cárcel de máxima seguridad.

            Mientras tanto, se ha pospuesto la beatificación del arzobispo Fulton Sheen, el popular predicador televisivo admirado durante el concilio también por Ratzinger. La beatificación estaba prevista en Peoria, Illinois (EE.UU.) el 21 de diciembre pasado, pero se ha pospuesto a una fecha no definida porque, según se leía en una nota de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos-, “en el clima actual es importante que los fieles sepan que nunca ha habido, y no hay actualmente, ninguna acusación contra Sheen sobre casos de abusos de un menor. Su vida de virtud nunca ha sido cuestionada”.

            Sin embargo, la beatificación había obtenido el visto bueno del papa Francisco; obviamente, para llegar a una decisión de este tipo se deben valorar todos los detalles de la vida. Cuando el obispo Salvatore Matano de Rochester y el arzobispo Christophe Pierre, nuncio apostólico en Estados Unidos, enviaron a la Congregación para la Causa de los Santos una copia de los documentos sobre dos sacerdotes acusados de abusos en la época en la que Fulton Sheen era obispo de la diócesis, es decir, entre 1966 y 1969, la Congregación instituyó de inmediato una comisión.

            En el primer caso se concluyó que el obispo Sheen había enviado al sacerdote acusado a seguir un tratamiento psiquiátrico fuera de la diócesis, y que después este dejó el ministerio sacerdotal cuando Sheen se negó a darle un nuevo cargo en la diócesis.

            En el segundo caso, el sacerdote ya había sido alejado por el predecesor de Sheen y había vuelto a la diócesis; Sheen siempre se negó a darle un cometido. De manera autónoma, este sacerdote había decidido celebrar la misa para las religiosas del convento de la parroquia de sus padres, donde él vivía. Sólo dos años después, es decir en 1971, cuando hacía dos años que Sheen ya no era obispo de Rochester, este sacerdote obtuvo un puesto en una parroquia.

            A pesar del comportamento irreprochable de Sheen, la beatificación se ha pospuesto. Esta es la fuerza de la dictadura de la opinión pública.

Cómo funciona el sistema y qué respuesta hay que dar

Es una opinión pública que se basa también en acusaciones falsas, como las de Marek Lisinski, supuesta víctima de abusos y presidente de la Fundación polaca “No tengáis miedo”, que el 20 de enero, en víspera de la cumbre contra los abusos en el Vaticano, presentó un informe falso sobre las violaciones de la ley por parte de los obispos en el contexto de los casos de abuso.

            Lisinski incluso llegó, con gran clamor mediático, a reunirse con el papa Francisco al término de una audiencia general, acompañado por la diputada Joanna Scheuring-Wielgus, miembro del partido liberal-libertino “¡Ahora!”, famosa por su postura contraria a la Iglesia, y por Agata Diduszko-Zyglewska, una feminista militante vinculada al movimiento de la izquierda radical “Crítica Política”, organizadora de las Jornadas del Ateísmo, y que lucha por eliminar la enseñanza de la religión en los colegios. 

            Pero entonces no se podía prever que unas investigaciones periodísticas -una de ellas llevada a cabo por Sebastian Karczewski, periodista del diario liberal y declaradamente hostil a la Iglesia católica, Gazeta Wyborcza habrían revelado que Lisinski, presentado al papa como víctima de un sacerdote pedófilo, en realidad ocultaba una historia muy distinta. La realidad es que un sacerdote, Zdzisław Witkowski, le prestó dinero; luego, Lisinski no sólo se negó a devolverle el préstamo sino que decidió acusar al sacerdote de abusos sexuales, que habría cometido 30 años antes.

            Los casos Pell y Barbarin, el caso Lisinki y muchos otros son, todos ellos, casos en los que los medios de comunicación dan forma a una opinión pública que afecta también a la libertad de juicio de los jueces.

            Son casos que habría que estigmatizar. De hecho, es asombroso que cuando se demuestra que las acusaciones son falsas, o que no hay pruebas que las sustenten, todos callan. Es verdad que un solo caso de abusos es una vergüenza total; pero también es verdad que es un escándalo dejar a un cardenal inocente a la merced de la caza de brujas porque se necesita un chivo expiatorio de renombre, dejando que el escándalo se consuma en la oscuridad, ante el silencio de todos y, por desgracia, también de sus hermanos purpurados y obispos y de sus medios de comunicación, todos ellos asustados por las agresiones mediáticas que podría sufrir por el hecho de atreverse a objetar ante los modos y la superficialidad con que se ha llegado a la incriminación y condena, a menudo no definitiva.

            No parece que la respuesta oficial de la comunicación de la Iglesia estigmatice este problema. Hay una resignación a no tener nunca relevancia en la opinión pública, a no poder hacer valer la verdad. Y se toman medidas que, con frecuencia, parecen más populistas que reales. Como el de la abolición del secreto pontificio para los delitos sobre menores.

            Una medida de peso, ciertamente, porque como ha subrayado el arzobispo Charles J. Scicluna, “la víctima no tenía la posibilidad de conocer la sentencia que había seguido a su denuncia, porque existía el secreto pontificio”, y con la disposición se salvaguarda la comunidad.

            Pero esta medida también ha hecho arrugar la nariz a los abogados que, en todo el mundo, tienen que lidiar con las acusaciones de abuso, verdaderas o falsas, contra obispos y sacerdotes.

            El secreto pontificio es, de hecho, un principio de organización interna, y todo lo que recae bajo el “secreto pontificio” puede ser revelado sólo a las autoridades competentes según la ley canónica, que después deben decidir sobre la medidas que hay que tomar.

            Es el Secreta Continere de Pablo VI el que regula el secreto pontifico, que atañe también a las “denuncias extrajudiciarias de delitos contra la fe y las costumbres, y de delitos perpetrados contra el sacramento de la penitencia, así como también el proceso y las decisiones que se refieren a tales denuncias, haciendo siempre salvedad el derecho de aquel que ha sido denunciado a la autoridad de conocer la denuncia, se ello fuese necesario para su defensa. El nombre del denunciante será lícito hacerlo conocer solo cuando a la autoridad parezca oportuno que el denunciado y el denunciante comparezcan juntos”.

            Por consiguiente, estaban vinculados al secreto pontificio sólo los que habían recibido la información durante un cometido oficial de la Iglesia, mientras que las víctimas o denunciantes no lo estaban. El fin del secreto pontificio era garantizar que las decisiones las tomaban quienes habían recibido dicha facultad de la ley eclesiástica, es decir, la autoridad competente, y esto precisamente para tutelar a las víctimas y los denunciados, para evitar la anarquía, las agendas y los cálculos personales en los procesos.

            Las directrices y las instrucciones a las autoridades competentes sobre cómo llevar a cabo estos procesos se encuentran en el motu proprio La tutela de los menores, en la ley vaticana sobre la protección de los menores y las personas vulnerables y en el motu proprio Vos Estis Lux Mundi, todos ellos publicado en 2019, reinando el papa Francisco y tras la cumbre sobre los abusos. Son documentos que no contradicen el secreto pontificio y que, al contrario, proporcionan instrucciones y directrices sobre cómo gestionar la información que pueda caer bajo el secreto pontificio.

            Con la instrucción Sobre la confidencialidad de las causas no cambia nada, salvo el hecho que el término “secreto pontificio” es sustituido por “seguridad, integridad y confidencialidad” de la información, y la confidencialidad del secreto de oficio.

            Sin embargo, por el texto no se comprende si se ha enmendado el Secreta Continere, mientras que se incluyen temas que están fuera del secreto pontificio, mientras que otros (algunos de ellos relacionados) permanecen dentro del alcance del secreto pontificio, y no se aclaran las razones y consecuencias de esta diferencia de trato.

            Así, se crea la impresión (y algo más) de que el secreto pontificio era un medio para encubrir los abusos, cuando en realidad era sólo un principio organizativo.

            La respuesta, por tanto, corre el riesgo de crear un daño peor que los juicios espectáculo. Y parece que no haya un deseo de defender la verdad, que incluye la necesidad de decir claramente cómo están las cosas, es decir, y sin ánimo de ofender a la opinión pública, que algunos procesos son injustos y no tiene ningún fundamento.

            Una buena respuesta de comunicación por parte de la Iglesia tiene que estar basada en la verdad, sin importar la situación incómoda en que la deje.

Publicado por Andrea Gagliarducci en su blog.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

23 comentarios en “Abusos: los casos Pell, Barbarin y la dictadura de la opinión pública
  1. Barbarin ha sido el chivo expiatorio, pues las instrucciones venían de Ladaria-Francisco. Pell ha pedecido los cañones australianos, pero las balas o bombas eran vaticanas.

  2. La dictadura de la opinión pública se corta de raíz facilmente: obtenida la absolución se pide al juez que ordene publicar en los medios tantas veces la sentencia de absolución como veces hayan nombrado al absuelto.
    El Pais denunció, acusó y exhibió el tema del “clan de los Romanones” de Granada ” más de treinta veces. La absolución, una.
    ¿ Se lo pensaría mejor la siguiente vez si le hubieran condenado a publicar la sentencia más de 30 veces?
    ¿ Lo hará la jerarquía católica? ¡ Pues claro que no!

  3. Qué pecado tan horrible es la calumnia, pues aunque se llegue a demostrar la inocencia, quedará la mancha, la duda.
    “Calumnia, que algo queda”
    Se dice que es frase de Voltaire, seguro sí, y a cuántos él acusaria?
    Siempre habrá víctimas,, o los abusad0s o los calumniados. Que Dios les ayude.

  4. Esto no es nuevo, la homosexualidad fue considerada enfermedad mental sin debate científico, solo porque se daba por hecho y muchos homosexuales inocentes fueron condenados en tribunales por crímenes que no cometieron solo porque por ser homosexuales se daba por hecho que tenían que ser criminales, y a muchos otros colectivos a lo largo de la historia les ha ocurrido igual, lo nuevo es que eso les ocurra a los católicos (desde hace mil serecientos años no les pasaba), eso indica la pérdida del poder y es lo que muestra a las claras que le quedan unas cuantas décadas de vida a la iglesia, así que muere una dictadura pero nos viene otra, así es la historia de la humanidad, se hunde un monstruo derrotado por otro monstruo,

    1. los cristianos asesinados sólo en Nigeria _11.500 cristianos asesinados entre 2006 y 2014, 1,3 millones de desplazados, 13.000 iglesias destruidas, ni siquiera son noticia

      1. Los miles de niños que forman parte de las redes de prostitución o los cientos de miles que mueren cada año por enfermedades curables tampoco, es triste la realidad, mucha gente sufre por el egoísmo humano

  5. José rojo,
    ! Qué se va a hundir hombre, si no es el Titanic!
    Es la Barca de Pedro. Que era, “un pobre pescador” pero sabía su oficio de marinero como el que más.
    Las olas la zarandean,,,, pero no la hunden,,,, 😁,,,, y tampoco va en el lago Ness para que surgan monstruos 🐉, !! José, ya ponte a trabajar y déjate de tanta película!! 😂

    1. ¿Cres que los antiguos egipcios pensaban que su religión terminaría?, ¿que te hace pensar que la religión que tu has elegido va a ser mas eterna que las religiones que eligen los demás?, ¿crees que tú eres más lista? Si hubieran nacido en irán serías musulmana, la barca de pedro navegará lo que corresponda, dos mil años o veinte mil y después se hundirá como todas las barcas, de hecho está ya hundida puesto que casi ningún católico se adhiere a la fe católica, incluyendo curas, obispos, cardenales y el mismo papa, solo tiene de católica el nombre

      1. 😁, No José rojo,,, el ” listo” es Dios y si Él dice que la Iglesia nunca se acabará, asi es.
        Hay misterio en la Biblia, dice que se acabará el mundo, pero puede ser “lo mundano”, no la tierra. Y si es el mundo, tampoco se acabará, pues has de saber que son tres Iglesias.
        Triunfante, militante y purgante
        Al final “final” será la Triunfante la que reine para toda la eternidad. Yo creo en la Palabra de Dios y si a los otros se les caducó el dios,, pues ya te imaginarás porquê fue.
        Cielos y tierra pasarán más mis palabras, no pasarán.
        Así dice Dios.
        Gloria a Dios.

  6. “decisión consciente de no transmitirla a la justicia con el fin de preservar a la institución a la que pertenece”

    Ésto no lo dice el Wyoming en el Intermedio. Lo dice un tribunal de justicia. Es cualquier cosa menos “dictadura de opinión pública”.

    Lo de Pell tampoco lo dice el Wyoming, sino otro tribunal. Y otro más lo ratifica. Es FALSO que la condena se base únicamente en el testimonio de un hombre. Como mínimo, espero que estemos de acuerdo, se basará también en el testimonio del propio Pell, ¿verdad? Y éste ha podido contradecirse… por ejemplo, dejando claro como el agua que mentía. Por otra parte, el testimonio de un hombre, dependiendo de lo que diga, puede ser todo lo que hace falta. Por ejemplo, si describe alguna característica peculiar de la anatomía del pene del cardenal ¿Verdad?

    Aparte de lo dicho, hubo 12 TESTIGOS en el juicio a Pell… ¿verdad? Y, de nuevo, nada de dictadura de opinión.

    1. Quienes niegan la justicia, el funcionamiento de la justicia, en un estado de derecho como Australia, se convierten en antisistema.

      Quienes además lo hacen sin haberse leído la sentencia son unos temerarios.

    2. 12 testigos de nada, por eso se considera increíble la sentencia, porque dictaron la sentencia previamente al proceso. Si se leyó la sentencia y el voto encontra del tercer juez de la segunda instancia que dice no se probó nada

      1. ¿? ¿Por qué motivo dice usted “12 testigos de nada”. Tiene usted dos testimonios principales. El cardenal dice que es cierto. La víctima dice que sí es cierto. Yo no sé usted… pero ante esa situación yo me callo, y ni para uno ni para otro. No sabría decir quién miente y quién dice la verdad. Y como todo el mundo sabe: in dubio pro reo. El cardenal sería inocente.

        Pero no ha sido así. ¿Por qué motivo? Pues porque lo que dijo el cardenal, y lo que dijeron esos 12 testigos, ha inclinado la balanza a favor de la víctima. ¿Verdad? Así funciona la justicia, como usted sabe perfectamente.

        Si usted tiene alguna prueba, la más mínima, de que dictaron sentencia “antes” del proceso, eso es un delito, denunciable. Y no sé a qué espera usted o todos esos que como usted van sembrando dudas sobre esos jueces por “los medios”. ¿A qué esperan? Saquen las PRUEBAS de ese delito y úsenlas…

      2. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Que no lo hacen ni lo van a hacer? Ah… claro… Sí… ya sé. Mucha tontería en un blog o en mil blogs, pero luego, al a hora de l averdad, lo CIERTO es que ni siquiera conocen ustedes la declaración del cardenal. Ni siquiera saben lo que se dijo en el juicio. Ni siquiera saben qué declararon esos 12 testigos. Y se atreven a decir que se le condena “solo” por la declaración de la víctima, lo cuál es FALSO.

  7. La justicia suele ser representada por una mujer con una venda en los ojos, lo que pretende expresar que la justicia debería ser impuesta objetivamente, sin miedo ni favoritismos, independientemente de la identidad, el dinero, el poder o debilidad.
    Pero, como todos sabemos, los jueces tienen ojos, oídos, y cada vez que alguno comete la osadía de emitir un voto disidente de la corrección política, no confirmando el juicio mediático paralelo que ha forjado la opinión públicada sus tertulianos, los activistas, y sus ONGetas,…
    va jodío

    1. ¿? ¿Va jodío? Dejemos aparte lo grosero de la expresión “va jodío”. ¿Qué quiere usted decir? ¿Ha tenido algún problema ese juez por emitir un voto disidente? No, ¿verdad? Está en su derecho. Pero como la justicia es así, no llega con el voto disidente de UN juez para declarar inocente al cardenal, ¿verdad? ¿Sabe usted que ya hubo muchas otras denuncias antes de ésta? Sí… no se pudo probar nunca ninguna de ellas… y el cardenal salió ileso, hasta ahora. ¿Por qué será? ¿Por qué lo denunciarían tanto? ¿Por qué ahora un tribunal le ha declarado CULPABLE?

      No sé… igual es que ES CULPABLE, ¿no?
      – No… es que no le daba tiempo a haber hecho lo que dicen que ha hecho…

      Ya… seguro. Y eso lo han descubierto aquí, en este blog, pero al abogado del cardenal no se le ocurrió decirlo en el juicio, ¿verdad?

      En fin. Ustedes sabrán por qué motivo defienden, una y otra vez, al pedófilo, acusado, juzgado y condenado.

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