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El significado de la Inmaculada como Mediadora de todas las gracias

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Declaración íntegra del Pastor Unterhalt

(LifeSiteNews)- Muchos fieles se preguntan hoy cómo permanecer firmes en la tormenta y cómo permanecer fieles a la fe verdadera en esta gran prueba.

Me gustaría responder con las famosas palabras de la Virgen María en Fátima: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.

La Inmaculada es [según san Maximiliano María Kolbe] la “obra más perfecta y el trabajo más sublime de Dios. San Buenaventura expone: «Dios podría crear un mundo aún más perfecto, pero no podría dotar a ninguna criatura con mayor dignidad de la que posee María». […] En la Inmaculada la Creación alcanza su perfección. La Madre de Dios es la criatura más semejante a Dios de todas las creadas” (San Maximiliano María Kolbe, Jedem ist der Weg gewiesen [Castellano: A todos se les muestra el camino], p. 55).

La Santísima Virgen María tiene una relación única con el Dios Trinidad. Es la radiante obra maestra del Padre, la elegida, Madre del Hijo; y la sublime Esposa del Espíritu Santo. San Anselmo se pronuncia a favor de su extraordinaria belleza diciendo que “la Virgen, a quién Dios decidió confiar a su Hijo Único, irradiaba una pureza tal que no puede ser concebida sino en Dios”. (De Conc. V. c. 18). Destinada desde toda la eternidad a ser la Madre del Redentor, el Creador la dotó con la plenitud de todas las gracias. “Y dado que sólo una madre preservada de toda culpa era digna de la infinita pureza de Dios, Él mismo así la creó” (San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María, Segunda Parte, cap. 1).

La elección de María y su lugar privilegiado en el plan salvífico de Dios ya están presentes en el protoevangelio, en el que se muestra cómo una mujer aplasta la cabeza de Satanás (cf. Gn. 3.15). Ella es “la herida de la que los enemigos no pueden recuperarse” (Ὕμνος Ἀκάθιστος). En el orden de la salvación, ella es la aurora que precede a Cristo, el Sol de Justicia.

Esta verdad se hace especialmente evidente en el dogma de la Inmaculada Concepción, esto es, “ la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano” (Pío IX, Ineffabilis Deus).

La siempre Virgen es tota pulchra, y nunca ha conocido el pecado, refleja fielmente en sí el plan de amor de Dios para con el hombre. “La serpiente no puede acceder a este paraíso” (San Juan Damasceno, In Dorm. Deip. or. 2)

La Inmaculada es la Θεοτόκος [la portadora de Dios], ella trae al mundo al Emmanuel, el único Redentor y el verdadero Salvador. Nadie podría obtener la salvación sin ella.

Por eso, dice Ireneo que ella “por su obediencia, se convirtió en causa de salvación para todo el género humano” (Adv. Haer. II, 22, 4).

Después de todo, la Virgen María no fue un instrumento pasivo de Dios – su Fiat surge de la libertad de su persona (cf. Vaticano II, Lumen Gentium, 56). San Bernardo de Claraval declara: “Te ha sido ofrecido el precio de nuestra salvación, y seremos salvados tan pronto como consientas. El mismo Señor, que tanto alaba tu belleza, implora tu consentimiento, por el cual Él ha dispuesto salvar el mundo” (De Laud. V. M. hom. 4). Su muy humilde Fiat al mensaje del ángel supone un giro decisivo en la historia: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Como una nueva Eva, trajo al mundo, que yacía en la oscuridad del pecado y de la muerte, una nueva e inextinguible luz. La Inmaculada concibió del Espíritu Santo y llevó a nuestro Salvador, que tomó su naturaleza humana de ella. “Así, el propio Jesús es, a la vez, en esencia, hijo de Dios y de María. […] Él, que tenía el poder de crearlo todo de la nada, no quería restaurar la creación herida sin la ayuda de María […]. Dios engendró a su Hijo, mediante el cual todo fue creado, María lo llevó, a aquel por quien todo fue salvado” (San Anselmo de Canterbury, Oratio 52, PL 158, 955 seq.).

Este título de mediadora del Mediador es clara en la Sagrada Escritura. La humilde sierva del Señor llevaba en su seno al Señor, fuente de todas las gracias, y lo llevó ante Isabel, para que esta conociese a su divino Hijo (cf. Lc 1, 40-41) – es decir, llevando a Cristo al pueblo. En las Bodas de Caná, Él obró su primer milagro tras la petición y mediación de su madre (cf. Jn 2,1-11). Dirigiéndose a ella como “mujer”, Jesús muestra el paralelo con el Protoevangelio (Gn 3, 15) y refuerza la postura preeminente de María en la historia de la salvación. Está íntimamente ligada con la misión de su Hijo, como ya se profetizó en la Presentación en el Templo (cf. Lc 2, 34-35).

En el misterio de la Pasión de Cristo esto adquiere una relevancia universal. Las palabras del Salvador, que está muriendo en la Cruz, – dirigidas a María y a su discípulo amado, Juan – tienen una inmensa importancia: “Mujer, ahí tienes a tu hijo. – Hijo, ahí tienes a tu madre” (cf. Jn 19, 26-27).

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Aquí la Inmaculada se sitúa en el culmen de la obra de la redención, como mediadora de todas las gracias: “Aquella que una vez fue conocida como María, ahora el Salvador la establece como la Mujer, la Madre y la Mediadora de todas las gracias de la Redención” (Dr. M. Miravalle, Maria Miterlöserin Mittlerin Fürsprecherin [María, co-Redentora, Mediadora, Abogada], S. 35).

Este misterio se revela especialmente en Pentecostés (cf. Hch 1, 14), porque en él vemos a los Apóstoles y discípulos del Señor junto a su Madre, rezando juntos, “y también María imploraba con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación ya la había cubierto a ella con su sombra” (Lumen Gentium, 59). La santísima Virgen María es la verdadera Madre de la Iglesia y media entre su Hijo y los hombres. “Por eso es nuestra madre en el orden de la Gracia. Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar […] hasta la consumación perpetua de todos los elegidos” (Ibid. 61-62). Su Asunción en cuerpo y alma a los Cielos y su coronación como Reina manifiesta su posición única en la historia de la Salvación, en su dimensión universal: “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap. 12, 1).

De todo esto se deduce la inestimable significación de la Inmaculada para la salvación de los hombres, como se muestra claramente en el mensaje de Fátima: “Dios desea establecer la devoción a mi Inmaculado Corazón. Prometo la salvación a aquellos que la acojan”. Los santos siempre han estado al tanto de esto, y han practicado esta devoción de manera heroica. “Nadie llega al cielo si no es por María”, dijo san Clemente María Hofbauer (Profesor Doctor F. Holböck, Geführt von Maria [Guiado por María], S. 443). La práctica de la consagración al Inmaculado Corazón de María es la llave al paraíso, cuya puerta es María, tal y como decimos en las letanías lauretanas.

“El Todopoderoso, que exalta a los humildes, ha ordenado que cielo, tierra y abismo – quieran o no – hayan de inclinarse ante el cetro de una humilde Virgen; y así ha elevado a María y la establecido como Reina de cielos y tierra, cabeza de la corte celestial, tesoro de sus tesoros, dispensadora de sus gracias, instrumento de sus más grandes milagros, co-Redentora de la humanidad, mediadora de sus elegidos, destructora de los enemigos de Dios y leal compañera de Su Gloria y Triunfos” (San Luis María Grignón de Montfort, El libro dorado. Primera parte, cap. 1).

Por tanto, el Todopoderoso y Misericordioso Dios no podría haber elevado a la Inmaculada a un lugar más alto que el que Él había designado para ella. Le dio la plenitud de todas las gracias, de forma que pudiese otorgárnoslas de forma maternal. San Alfonso María de Ligorio explica que “es voluntad de Dios que todas las gracias lleguen a la humanidad por causa de los méritos de Jesucristo desde entonces y hasta el fin de los tiempos, y que estas nos sean dadas por mano y mediación de María” (Las Glorias de María, Primera parte, cap.5).

La Inmaculada, como Reina, no está lejos de nosotros, al contrario, es muy cercana a nosotros. Los santos dan testimonio de la inefable maternidad, bondadosa, de la Santísima Virgen y su “omnipotente súplica” ante Dios. “El corazón de María es tan amoroso y tierno con nosotros que, tomando todos los corazones de todas las madres, no sería nada en comparación. Todo lo que el Hijo pide al Padre, este lo concede. Todo lo que la Madre pide al Hijo, este lo concede igualmente” (J. Frossard, Ausgewählte Gedanken des heiligen Pfarrers von Ars [A Selection of Thoughts from the Holy Curé of Ars], p. 77). Ella merece nuestro mayor amor y confianza. Ambas nos llevan a la consagración al Inmaculado corazón, porque la cristiandad siempre ha sabido que un hijo de María no puede perderse: “El corazón de esta buena Madre no sólo consiste en amor y misericordia. Su único deseo es nuestra felicidad. Uno solo tiene que volverse hacia ella para que le escuche” (Ibid. p. 48).

Con esta base, mi experiencia personal se corresponde totalmente con lo que Juan Pablo II dijo, proféticamente, hace cuarenta años, el 6 de octubre de 1979, en la catedral de san Mateo, en Washington: “La Sagrada Escritura y la experiencia de los fieles ven en la Madre de Dios a aquella que es especialmente cercana a la Iglesia en sus momentos más difíciles, cuando los ataques a la Iglesia son más amenazantes”.

Por supuesto, siempre se muestra a aquellos que se han consagrado a la Madre de Dios, y reciben la luz y la fuerza para permanecer firmes y leales a Nuestro Señor. Son aquellos que, ligados a la Madre de Dios, viven la fe verdadera en las parroquias. Aquellos fieles que tienen devoción mariana, encuentran que – guiados por ella – la misericordia de Dios es aún mayor en el confesionario, en la adoración, en la Comunión. El “totus tuus” los fortalece en su camino de fe viviendo los mandamientos, y el rosario les otorga una eficaz ayuda de lo alto. Los hijos de María siempre se dejarán guiar por la Sagrada Escritura y el Catecismo y permanecerán fieles a esta verdad revelada. En este camino, por la mediación de la Madre del Redentor, alcanzarán la salvación.

Publicado por el padre Frank Unterhalt en LifeSiteNews.

Traducido por Verbum Caro en InfoVaticana.

10 comentarios en “El significado de la Inmaculada como Mediadora de todas las gracias
  1. Dentro del cristianismo el gran equívoco, fallo filosófico-teológico de los protestantes, faltos de fe salvífica, consiste en no considerar y tener en cuenta a la Virgen María tal cual Ella es; y que Ella desearía que fuera.
    Así que mal veo yo este puente como tabla de salvación de ecumenista para esta secta del cristianismo.

  2. La Virgen lo tiene difícil en esta cloaca que es la cultura actual, pero no ceja de luchar para sacarnos, a cada uno, de este pantano putrefacto. Sus lágrimas y sus sudores de sangre, visibles en muchas imágenes, muestran el dolor que siente por el fracaso de muchos de sus esfuerzos, a causa de nuestra cerrazón en el pecado y nuestra insuficiencia reparadora. Una insuficiencia que en este momento es dramática porque tenemos encima la gran tribulación y no estamos preparados. María se presenta ante nosotros cubierta con una gabardina llena de manchas, que representan las salpicaduras de nuestros pecados porque Ella no se nos aparta ni un segundo. Nuestra Señora de la Gabardina. ¿Que podemos hacer para corresponder a tanto amor desde la indigencia? Ante todo llenar nuestro corazón de una confianza total: Una confianza que no se derrumbe nunca, pase lo que pase.

    1. escudriña tu Biblia y lee el que llevó nuestros pecados fue el Señor Jesucristo y somos salvos por la fe en Él, Él sufrió el calvario, la humillación, el desprecio y sigue sufriendo el desprecio porque no lo aceptan, Jesús es el único camino al Padre y todo lo que pidan al Padre en mi nombre lo haré Juan 14:13.

  3. totalmente contrario a la Biblia está publicación, como va a decir que el camino al cielo es María…si la Biblia nos dice Jesucristo es el único camino, la verdad y la vida. Como va a decir que Dios exaltó a María, sí el que fue exaltado fue el nombre del Señor Jesucristo es por es su nombre sobre todo nombre, Él es el Salvador del mundo y en su nombre se prédica el perdón y arrepentimiento de pecados, Cuando le dijeron a Jesús una mujer Bienaventurados los pechos q te dieron de mamar él respondió Más Bienaventurados es guardar mi Palabra. Escudriñen bien su Biblia y no vivan engañados por está falsa doctrina.

    1. Marion, eres tú la que debes leer con calma este escrito del P. Unterhalt para abandonar tus errores protestantes. María es todo lo que es por voluntad de las personas trinitarias y no por ella misma. No hace nada para sí misma, todo para su Hijo. Su Hijo es el Redentor pero Ella es medianera entre nosotros y Él por voluntad divina: Recuerda el momento: «Mujer ahí tienes a tu hijo, luego dice al discípulo, ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa «(Jn 19, 26-27)
      Aquel discípulo somos hoy TODOS los cristianos, llamados a acogerla como Madre en nuestra casa.
      Pero no te inquietes Marion, le he pedido a Nuestra Señora que te explique todo esto, como hizo con Roy Schoeman, y estoy seguro de que pronto lo hará porque sabe que tu quieres a su Hijo.

  4. Los protestantes, en buen juicio, deberían pensar que creer en Jesús el Cristo como salvador de la humanidad, al caso, no quita menospreciar la labor de su Madre la Virgen María.

    valga pues que: Quien, aquí o allá, menosprecia a la Madre mal puede apreciar al Hijo.

  5. Pregunto desde la total ignorancia, por si alguien puede responder:
    ¿Los protestantes no creen en las apariciones marianas? ¿Y los ortodoxos?
    Gracias.

    1. Ahí llevas razón, hablas desde la total ignorancia. En las apariciones no es obligatorio ni que creamos los católicos, ¿no te habías enterado de que la Iglesia no lo obliga (que será lo único, por cierto)?

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