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El Papa: «Hay ricos buenos, santos, que no están apegados a la riqueza»

Vatican Media
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«¿Cómo va nuestra vida? ¿Qué prefiero yo? ¿Aceptar siempre la invitación del Señor o encerrarme en mis cosas, en mis pequeñeces?»

El Señor nos invita a la fiesta que es el encuentro con él, pero ante nuestro rechazo envía a llamar a los pobres y a los enfermos en las plazas para que aprovechen la cena. En su homilía en la Misa celebrada en Santa Marta, el Papa Francisco invitó a preguntarnos: «¿Qué es lo que prefiero? ¿Aceptar siempre la invitación del Señor o encerrarme en mis cosas, en mis pequeñeces?”.

(Adriana Masotti/Vatican News)- En su homilía el Papa comenzó comentando el pasaje del Evangelio propuesto por la liturgia del día en el que el evangelista Lucas se refiere a un hombre que quiso dar una gran fiesta pero cuyos invitados, con diferentes excusas, no aceptaron su invitación. Entonces envió a sus sirvientes a llamar a los pobres y a los lisiados para que llenaran su casa y disfrutaran de la cena. Francisco afirmó que puede decirse que este relato resume la historia de la salvación y también presenta la descripción del comportamiento de muchos cristianos.

«La cena, la fiesta, es la figura del cielo, de la eternidad con el Señor», explicó Francisco y dijo que en una fiesta nunca se sabe a quién se va encontrar, se conocen a personas nuevas y también se encuentran personas que no se querría ver, pero el clima de la fiesta es la alegría y la gratuidad. Porque una fiesta verdadera debe ser gratuita: «Y en esto nuestro Dios siempre nos invita así, no nos hace pagar la entrada. En las fiestas verdaderas, no se paga la entrada: paga el dueño, paga el que invita». Pero hay quienes anteponen sus propios intereses a la gratuidad:

Ante la gratuidad, ante la universalidad de la fiesta, está esa actitud que cierra el corazón: «Yo no voy». Prefiero estar solo, con la gente que me gusta, cerrado». Y esto es pecado, el pecado del pueblo de Israel, el pecado de todos nosotros: la cerrazón. «No, para mí es más importante esto que aquello. No, yo elijo lo que es mío. Siempre lo mío. Y en lo mío no hay gratuidad.

Este rechazo – prosiguió Francisco – es también desprecio hacia quien invita, es decir al Señor: «No me molestes con tu fiesta». Es cerrarse «a lo que el Señor nos ofrece: la alegría del encuentro con Él».

Y en el camino de la vida muchas veces nos encontraremos ante esta elección, a esta opción: o la gratuidad del Señor, ir a visitar al Señor, encontrarme con el Señor, o cerrarme en mis cosas, en mi propio interés. Por eso el Señor, hablando de una de las cerrazones, decía que es muy difícil que un rico entre en el reino de los cielos. Sin embargo hay ricos buenos, santos, que no están apegados a la riqueza. Pero la mayoría está apegada a la riqueza, está cerrada. Y por esto no pueden comprender lo que es la fiesta. Tienen la seguridad de las cosas que pueden tocar.

La reacción del Señor ante nuestro rechazo es decisiva: quiere que todo tipo de personas sean llamadas a la fiesta, conducidas, incluso forzadas, malas y buenas. «Todos están invitados. Todos, nadie puede decir: ‘Yo soy malo, no puedo…’. No. El Señor porque tú eres malo te espera de una manera especial.»  El Papa también recordó la actitud del padre con el hijo pródigo que regresa a casa: el hijo había comenzado un razonamiento, pero él no lo deja hablar y lo abraza. «El Señor – dijo – es así. Es la gratuidad».

En cambio refiriéndose a la Primera Lectura, en la que el Apóstol Pablo advierte contra la hipocresía, el Papa Bergoglio afirmó que a los judíos, que rechazaban a Jesús porque se creían justos, el Señor les dijo una vez: «Pero yo les digo que las prostitutas y los publicanos los precederán en el reino de los cielos». Y añadió que el Señor ama a los más despreciados, pero nos llama a nosotros. Sin embargo, frente a nuestra cerrazón se aleja y se enoja como dice el Evangelio. Y concluyó:

Pensemos en esta parábola que el Señor nos da hoy. ¿Cómo va nuestra vida? ¿Qué prefiero yo? ¿Aceptar siempre la invitación del Señor o encerrarme en mis cosas, en mis pequeñeces? Y pidamos al Señor la gracia de aceptar siempre ir a su fiesta que es gratuita.

La Misa de esta mañana contó con la presencia, entre otros, de un sacerdote de 96 años de edad que hoy celebra su 70° aniversario de sacerdocio.

Publicado en Vatican News.

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6 comentarios en “El Papa: «Hay ricos buenos, santos, que no están apegados a la riqueza»
  1. Hoy toca contentar a los papólatras, para irlos preparando para el fin del celibato sacerdotal y alguna cuña en la línea diaconisa, aperitivo de sacerdotisa.

  2. Cada temporada le da por una cosa, ahora contenta a los ricos, que menos mal no son el demonio. Gracias a Dios hay gente emprendedora que crea trabajo, y hay gobiernos que les obliga a pagar impuestos, porque si todo el mundo fuera filósofo y charlatán, nos bubiéramos muerto de hambre. Lo de las pequeñeces otra que no calla últimamente. Francisco querido, todos tenemos nuestras pequeñeces, porque somos humanos, y tenemos nuestras cosas, como pagar pisos, coches, seguros del hogar y del coche, porque ya nos gustaría trabajar debajo de nuestra casa, pero las cosas no son así, la gente emparejada tiene que contentar a su pareja que también tiene sus cosas, y el que no lo está, pues anda buscando su media naranja. O sea Francisco que todos tenemos nuestras pequeñas cosas, que nos impide pensar en las tonterías que tú piensas. Pensamos en las nuestras y cómo resolverlas.

  3. Creo que trata de seguir la línea que ha tenido últimamente: de «no quedarse en casa viviendo una vida cristiana» y salir a predicar por todos lados. En ese sentido, cada uno aporta con lo que puede, porque hay personas llamadas a vocación que se consagran íntegramente a Dios de por vida, y personas que también quieren ser para Dios y a la vez, con su ayuda, tratar de seguir adelante en la «vida laica», con todo lo que ello conlleva. Esto último no puede ser malo para él, porque una referencia indirecta que lo contradice es lo que habló Cristo acerca de los eunucos.

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