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Carta a los obispos españoles: «No nos dejen solos»

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«Sean faros que alumbren esta oscuridad tan aplastante»

Les ofrecemos una carta abierta que un fiel ha querido dirigir a los obispos de España.

Muy estimados padres,

Me dirijo a ustedes con todo el respeto que siento y vivo por quienes han sido elegidos por el Señor para el ministerio apostólico que desempeñan.

En estos días hemos asistido con profunda tristeza y estupor a acontecimientos deplorables que han ocurrido en el centro geográfico de nuestra Iglesia en el contexto del reciente Sínodo de la Amazonía. Me refiero en concreto a los actos de idolatría a figuras de madera representando a la ya tristemente famosa Pachamama. En concreto un acto pagano de adoración explicita en los jardines vaticanos y el posterior traslado de estas figurillas a templos sacros donde han tenido la oportunidad de ser visitadas veneradas en lugares preeminentes y señalados en dichos templos

No hay duda que han sido gestos de adoración, inequívocos, cuerpos de religiosos y laicos postrados con la frente en tierra, gesto universalmente reconocido como adoración y sumisión. Gesto que, por cierto, no vemos en nuestras iglesias cuando está ahí el Señor Resucitado, vivo, presente, deshaciéndose de ternura por sus hijos. Hay multitud de material gráfico disponible de estos hechos en los medios por si quedan dudas, desgraciadamente no hay nada de exagerado en lo antedicho.

Estos gestos y acciones idólatras han sido mitigados en parte por la valentía de héroes anónimos que han tomado estos ídolos de los templos y los han arrojado al Tíber, como corresponde, siendo posteriormente restituidos con contumacia a los templos de los que fueron sacados. Este gesto profético y valiente ha sido calificado como ‘intolerante’ por algunos prelados de importancia dentro de la Iglesia. Lo que ahora se llama intolerancia antaño lo llamábamos parresía, regalo del Espíritu Santo anclado en el don de Fortaleza y que el Señor ofrece para que demos testimonio valiente de la fe aún a riesgo de lo propio. Este don lo podemos encontrar en abundancia en los profetas del Antiguo Testamento, en los mártires, en grandes evangelizadores y por supuesto en Jesucristo. Y ahora en estas personas que con esta acción profética han devuelto.

Ante estos hechos ha habido reacción por parte de algunos prelados de la Iglesia, denunciando el atropello realizado a nuestro Dios dentro de su Iglesia. Por citar brevemente algunos, Cardenal Müller, Cardenal Brandmuller y Monseñor Schneider. Este último, en una conmovedora carta teologico-pastoral, brillante e irrepetible, nos insta a reparar este latrocinio hecho a nuestro Señor desde dentro de su Iglesia y a restituir el honor mancillado por estos gestos explícitos de idolatría en lugares sacros.

En estos días he estado buscando vivamente algún comentario al respecto por parte de nuestro episcopado, alguna reacción, alguna acción explícita también para como mínimo mitigar el daño hecho al honor de nuestro Dios. Con tristeza constato que no hay nada de esto, al menos que haya trascendido de forma eficaz al pueblo de Dios de nuestro país. Ojalá en cada diócesis al menos se haya hecho. En las dos diócesis en las que he estado este fin de semana no ha habido la más mínima mención a este escarnio ni nada destinado a repararlo.

Viendo este pecado de idolatría, “el más horrendo de los pecados” (cito al Cardenal Müller), no podemos permanecer silentes, pasivos o indiferentes. No caben medias tintas o actitudes de falsa paciencia.

“Es digno de alabanza ser paciente en el sufrimiento de las propias injurias, pero soportar pacientemente las injurias contra Dios es la suma impiedad.”(Suma Teologica IIª IIae cuestión 136, resp. 3ª).

Tenemos, todos, el deber de adorar al Señor como único Dios, respetar los lugares sagrados y arrancar la idolatría del seno de la Iglesia, suplicando al mismo tiempo al Señor con insistencia para que tenga piedad de su pueblo y no lo destruya (Exodo 32, 11-13).

En ustedes, como pastores del pueblo de Dios ungidos con el poder del Espíritu, reside la gran responsabilidad de orientarnos y guiarnos en medio de este mundo que no conoce y rechaza la Verdad. Cuánto más cuando este rechazo se produce dentro del seno de la Iglesia, en su entorno.

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Tienen ante ustedes un pueblo desorientado, escandalizado, triste al ver tanto mal. No nos dejen solos, lideren con la fuerza y el poder de Espíritu a una Iglesia renovada que restaure el honor de Dios pisoteado sin piedad. Sean faros que alumbren esta oscuridad tan aplastante, sean capaces de iluminar con la Luz infinita del Señor las conciencias de sus fieles. Que la Iglesia de nuestro país llore el pecado de la Iglesia y repare el dolor intenso de Dios ante el deshonor recibido.

Tenemos ante nosotros una ocasión magnífica para honrar a nuestro Señor. Y en ustedes, repito, reside la responsabilidad y el honor de guiar al pueblo de Dios, iluminar la gravedad de lo vivido y ponernos postrados a los pies, esta vez sí, ante el Único Dios verdadero y Santo.

No dejemos que el Señor repita las palabras dichas al profeta Jeremías:

“Escuchad, prestad mucha atención, sin orgullo, que habla el Señor. Honrad al Señor vuestro Dios (…) Pero si no escucháis, lloraré en silencio vuestra arrogancia, se desharán en llanto mis ojos, verteré cuantiosas lágrimas cuando deporten al rebaño del Señor” (Jer 13, 15-17).

En el nombre del Señor, no entristezcamos al Espíritu con el que hemos sido sellados para nuestra salvación (Ef 4, 30), no echemos por tierra la gracia recibida (II Cor 6, 1). Defendamos a nuestro Dios que se hace vulnerable por amor a nosotros y reavivemos el don de Espíritu, la fortaleza y los dones recibidos de Él cuando se nos impusieron las manos (II Tim 1, 6).

Sequemos las lágrimas que el Señor vierte por la infidelidad de su pueblo escogido y alegremos el corazón de nuestro Dios. Que el Espíritu Santo nos conceda alabarle y bendecirle, darle gracias en todo momento porque eso es lo que le agrada, lo bueno, lo perfecto (I Tes 5, 18), nuestra salvación. Que Él nos conceda arriesgarlo todo por Él, que todos los días arriesga todo por nosotros.

Les pido humildemente su bendición y me encomiendo vivamente a su poderosa intercesión ante el Señor de todo.

Su hijo.

Luis F.Olmedo

38 comentarios en “Carta a los obispos españoles: «No nos dejen solos»
  1. Me pregunto por qué ninguno de los que levantan la voz ahora, con razón, contra la Pachamama en lugares de culto dice nada sobre la colocación de una escultura de Buda sobre el sagrario de Asis cuando JP II celebró aquel encuentro. ¿Creen que Buda es menos pagano que la Pachamama? ¿Creen que el sagrario de Asís es menos sacro que los de las iglesias de Roma? ¿Creen que colocar esa figura es un acto menos idolátrico y abominable que colocar las pachamamas?

    Si no miramos de frente lo que está ocurriendo en la Iglesia y vemos de dónde viene y hasta dónde llegan sus raíces no podremos atajar el mal. Nos encontraremos con otro Papa, culto, serio, astuto, con formas respetables, que un día colocará a Visnú sobre el sagrario de Asis y callaremos.

    1. Vale, creo que en tiempos de los fenicios sucedió algo similar y con los cartagineses igual. Pero, por favor, usted, Uno y Urbel: déjennos ya de machaque diario y hasta horario de «memoria histórica». DÉJENNOS VIVIR EN NUESTRO TIEMPO, que nadie les estorba a ustedes su arqueología vital, por favor.

      1. No se trata de arqueología sobre los fenicios o cartagineses (Juan Pablo II de Asís es casi ayer mismo), ni de mera erudición sino, como muy bien se señala, de atajar el mal. No se ataja el mal cortando hojas, sino sanando la raíz. Si nos dejamos cegar por la actualidad y no nos remontamos a las causas, más adelante «nos encontraremos con otro Papa culto, serio, astuto, con formas respetables, que un día colocará a Visnú sobre el sagrario de Asis y callaremos». Desde luego que el papa actual no es ni culto ni serio, ni observa formas respetables. Tengo en cambio dudas sobre que no sea astuto (él mismo se calificó como «furbo»).

        1. Yo no sabia nada de la escultura de Buda en Asis. Me parece deplorable igualmemte.
          La diferencia es que ahora los fieles tenemos resistencia a la que agarrarnos, sabemos que debemos estar vigilantes ante tantos y tantos atropellos diarios. ¿ Quien nos iba a decir que tenemos tantos sacerdotes, obispos y cardenales llevandonos por el camino de la perdicion? ¿Cuando las ovejas dudaban de sus pastores?
          «Perece mi pueblo por falta de conocimiento»
          Por eso es fundamental esta web/ blog y tantos otros que aprovechan otras redes diferentes para dar aviso.

    2. Una precisión, José R. En Asís se celebraron dos encuentros. En uno estuvo el Papa Juan Pablo II. Fue en otro anterior, próximo en el tiempo, cuando ocurrió lo de aquel Buda. Cuando estuvo el Papa no ocurrió, se había tomado nota y aprendido la lección. También precisó el Papa que no estaban allí para «orar juntos», sino «juntos para orar». Con eso quería decir que no quería hacer un acto religioso sincretista, por lo que sólo rezó una oración con los cristianos de distintas confesiones. Y con los otros fue una fotografía y un momento de reunión para significar que la Paz no se debía dejar sólo en manos de los políticos, sino que las religiones debían hacer algo, comenzando por respetarse y convivir, evitando enfrentamientos dolorosos y crueles.

      1. Aquel encuentro de Asís se celebró en un contexto de gravísima amenaza para la Paz, pues la Unión Soviética y sus satélites iban a invadir Europa Occidental.
        Por eso un año antes, el 25 de marzo de 1984 hizo la Consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María, con la imagen de la Virgen de Fátima llevada expresamente al Vaticano, en cuya corona insertó la bala que le disparó Alí Agca el 13 de mayo de 1981. A partir de ahí vinieron los acontecimientos que terminaron con la Caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la Caída del comunismo y de la URSS el 22 de agosto de 1991.

        1. En efecto Juan Pablo II no presenció la profanación del altar con el buda, fue lo que le faltó. Sí presenció ritos paganos, entre otros en Asís 1986 los de pieles rojas emplumados y demás. Sí permitió que se le impusieran sobre la frente signos paganos, y sí besó en 1999 el corán, y sí invocó en 2000 junto al río Jordán la bendición de San Juan Bautista sobre el islam. No es «arqueología vital» sino hechos escandalosos y muy recientes (en la historia de la Iglesia, treinta años no son nada). No es un vano despliegue de erudición, sino remontarse a las causas para atajar el mal.

          1. Sólo en el intento de salvar lo que se pueda salvar del Papa, postura obligada para todo católico, en el Jordán no bendijo, sino que dijo «San Juan Bautista proteja al islam», frase difícil de asumir, desde luego. Pero en la misa que acabo de escuchar, en la Palabra de Dios, San Pablo decía «Bendecid a quienes os persiguen», lo que no excluye a los paganos. En el mismo sentido quiero interpretar el beso al Corán, no como aprobación de su contenido, sino como signo de paz con esa religión.
            Respecto a los pieles rojas emplumados y los colorines en la frente, me parece que no puede entenderse como paganismo ni sincretismo, sino como folklore, salvo opinión más autorizada.

          2. Hace usted bien en procurar salvar lo que se pueda salvar en las intenciones de cualquier prójimo, no sólo de Juan Pablo II, Francisco o cualquier otro papa. Así lo recomienda San Ignacio de Loyola. Pero hay que reconocer que afina usted mucho: San Juan Bautista proteja a Nerón, y a Hitler, y a Mao. Buenas noches,

  2. Simplemente no hubo adoración de nada …dejen ya de hacerse las «piadosas» víctimas de algo que sólo existe en su imaginación, por no decir en su paranoia…
    Si tienen problemas personales con los tiempos que les toca vivir resuelvalos entre ustedes, no intenten mezclaremos al resto, jerarquía incluida, en un pretendido mundo oscuro que solo vive en sus neurosis, también en las de algunos obispos y cardenales.
    Basta ya de victimismos infantiles y pseudo-piadosos que rayan la paranoia por no decir que son pura paranoia…o un plan perfectamente orquestado…o, lo más probable, ambas cosas a la vez.
    Lo de ustedes no se cura con más agua bendita sino con más psiquiatras …y menos intereses inconfesados e inconfesables.

  3. El mal viene de atrás. Cuando la Amoris Laetitia, propiciatoria descaradamente de las comuniones sacrílegas y las confesiones sin arrepentimiento ni propósito de la enmienda, todos enmudecieron, todos, absolutamente todos, no se salva ni uno.

  4. Los rigoristas haciéndose los indefensos, implorando sobreprotección paterna, cuando en verdad con la mala leche que gastan tienen para 14 obispos per cápita. Anda y que os tome en serio el prior del valle.

    Por cierto, que no se os olvide adorar con mucho incienso a la patrona de vuestro pueblo. Y regaladle joyas, ¿eh?

  5. Roma ya cayó en el 2016 cuando Francisco aprobó la falsificación total y absoluta de la verdad, con la comunión y absolución de los adúlteros en Amoris laetitia, y hoy 2019 con la superidolatría de la Pacha Mama, y la aniquilación de la eclesiología con los curas casados, las mujeres diaconisas y el rito amazónico que no es apostólico.

    Se acabó, resistencia efectiva y activa ante el plan del mal de romper la Iglesia.

  6. Mucho mejor solos, que mal acompañados. No son de fiar, ni tampoco dan trigo, solo parole, parole, parole, y por sus frutos recientes, ya los conocemos. Que Dios nos libre de que el lobo cuide de las ovejas.

  7. Rigoristas somos todos. Unos del Catolicismo, la Verdad plena, otros del pensamiento único ambientalista, migracionista, homosexualista y legetebero, del relativismo absolutista, del budismo, del islam, del protestantismo, etc etc. Yo, puestos a ser rigorista, opto por la Verdad plena, el Catolicismo. Nuestros obispos tratan de conciliar dos rigorismos: El del Catolicismo y el del pensamiento único relativista absolutista, misión imposible, por lo que acaban decantándose por la nada más absoluta.

  8. Tienen mucha razón quienes ven una continuidad en todos los pontificados postconciliares, puesto que los últimos papas han puesto todo su empeño en aplicar las directrices del Concilio Vaticano II, como por ejemplo, la Declaración «Nostra Aetate», que no dice que las religiones no cristianas sean verdaderas, sino que las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas deben estar basadas en la caridad y en la búsqueda de la paz, no en la exclusión, la discriminación, la agresividad y la guerra, como ha sucedido tantas veces en la Historia, y de ahí el encuentro de Asís para orar juntos pero no revueltos, y tantos otros gestos ecuménicos y de diálogo interreligioso, que es una parte del trabajo que nos toca a los católicos de hoy en la Viña del Señor.

    1. Pero todo eso no es motivo para estar continuamente martilleando las cabezas de los lectores –que no tenemos culpa y que encima somos los más favorables– una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… Que prediquen a tiempo y destiempo en «Religión Digital», ¿no?

      1. Nosotros tal vez nos sintamos martilleados por su ceguera, y tal vez incluso consideremos que cegueras como la suya, que no parecen inmutarse ante hechos igualmente graves, nos han traído hasta aquí. Pero no pretendemos que deje usted de hablar o que se vaya a escribir otro sitio. Ni creo que dudemos, yo no lo hago, de su buena fe. Pero la buena fe, sin un análisis de las causas y las raíces, no es suficiente. Porque esto tiene unas causas, y si lo circunscribimos solo a este pontificado y no a una doctrina errónea puede muy bien volver a ocurrrir.

  9. Veamos la continuidad:

    JPII-BXVI condenaron el aborto. FI exalta las abortistas Boninno y Plumen, incluso premiando a la segunda.
    JPII-BXVI condenaron el marxismo y la teología de la liberación. FI los aprueba.
    JPII-BXVI condenaron la homosexualidad, FI la aprueba al promocionar al obispado y cardenalato a homosexualistas e incluso homosexuales.
    JPII-BXVI rechazaron la comunión adulterina. FI la aprueba.
    JPII-BXVI condenaron el pecado contra el 6ª y 9º mandamiento. FI lo aprueba y hasta lo eleva al rango de respuesta generosa a Dios: AL 303. La bomba, según Seifert.
    JPII-BXVI nunca calificaron el islam como religión de paz. FI siempre, hasta el punto de engañar y fomentar la persecución de los cristianos.
    JPII-BXVI Fueron muy comedidos en los temas migratorios, con muchas puntualizaciones, especialmente respecto al Islam. FI fomenta la inmigración clandestina, mafios y la invasión de Europa por el Islam.
    JPII-BXVI nunca hicieron del ambiente la nueva religión.

  10. JPII-BXVI conde naron la píl dora y la separación de los aspectos unitivo y procreador del acto conyugal. FI las aprueba al colocar en el Instituto del Matrimonio y la Familia al homo sexualista pildo rístico Maurizio Chiodi.
    JPII-BXVI defendieron siempre la virginidad y la inmaculada concepción de María. FI nos la presenta tan normalita hasta el punto de sostener que la Virgen no nació santa, por lo que niega el dog ma de la IC.
    JPII-BXVI defendieron el dog ma del infier no. FI lo niega abiertamente en varios ocasiones, pues los supuestos desmen tidos no desmienten nada.
    JPII-BXVI propiciaron el apostolado y el prose litismo. FI los prohibe, llegando incluso a calificar el prose litismo como el mayor pe cado contra el prose litismo.
    JPII-BXVI aceptaron la pena de muer te en supuestos extre mos. FI la recha za totalmente, dejando desprotegidas a las víctimas.
    Este elenco es enunciativo. Podemos seguir hasta el infi nito y ad nau seam.

  11. Veamos la continuidad. En 1996 el Gran Oriente de Italia quiso conferir a Juan Pablo II el premio Galileo Galilei, esto es la más alta distinción de la masonería italiana para no masones.
    «Nuestra intención, explicaba el Gran Maestre de dicha Logia, es rendir homenaje a un hombre que, a diferencia de sus predecesores, ha mostrado una gran apertura intelectual al rehabilitar a Galileo, al promover un análisis crítico de la Inquisición, un hombre que, en una palabra, se ha batido en favor de la tolerancia y del diálogo entre todas las religiones, como lo recuerda la cumbre histórica de la reunión interreligiosa de Asís» (Corriere della Sera del 22 de diciembre de 1996, pág. 14).

  12. Sigamos con la continuidad, ahora respecto del islam. En mayo de 1999 Juan Pablo II besó el corán, y en 2000 imploró la bendición de San Juan Bautista sobre el islam (plegaria junto al río Jordán).

  13. Sigamos con la continuidad. Mensaje de la Gran Logia masónica de Francia a la muerte de Juan Pablo II en 2005:
    «Defensor de los derechos del hombre, de los valores morales y espirituales universales, Su Santidad el Papa Juan Pablo II ha sido un pastor inspirado que ha cargado con el mundo durante todo su pontificado para hacer más tangible el diálogo de cada hombre con su Creador».

  14. Sigamos con la continuidad, ahora sobre la pena de muerte. Cierto que Francisco ha llegado más lejos que Juan Pablo II al considerar siempre inadmisible la pena de muerte, pero lo ha hecho por el camino abierto por Juan Pablo II, que ya se apartó de la doctrina tradicional. En el nº 56 de Evangelium vitae dijo precisamente: “la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo. Hoy, sin embargo, gracias a la organización cada vez más adecuada de la institución penal, estos casos son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes“.

  15. En cuanto al nº 2267 del Catecismo de Juan Pablo II decía que “si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana”. Estas enseñanzas de Juan Pablo II se hacían todavía eco, pero ya de una manera imperfecta, de la Tradición de la Iglesia, completamente abandonada por Francisco. El eco estaba cuando menos debilitado, puesto que la distinción entre la legitimidad de principio y la oportunidad del ejercicio, si estaba presente, lo era solamente de manera implícita, y Juan Pablo II no recordaba ya que la pena de muerte deriva su legitimidad del derecho natural.

  16. Además era al menos muy ingenuo, si no hipócrita, pretender justificar la abolición de la pena de muerte, como ya hacía Juan Pablo II, invocando la dulcificación de las costumbres en las sociedades modernas, en una época caracterizada por la admisión social y legal del aborto. En cuanto al argumento de las penas de sustitución, no se admite universalmente (¡y ahora Francisco se opone también a la cadena perpetua!). En todo caso, no pertenece a la Iglesia pronunciarse de una manera tan explícita y categórica, como ya hizo Juan Pablo II, para decidir acerca de la oportunidad de la pena de muerte, en el plano del derecho positivo y de la ley civil.

  17. Qué va a levantar esta gentuza cobarde y miserable carente de fe. Mejor estamos solos q mal acompañados. Estos obispos carecen ya de legitimidad y, digan lo que digan, visto su ejemplo, no vale para nada.

  18. Nos ponen a la Pachamama enfrente para que no veamos que lo verdaderamente importante es lo trataron en el sínodo. Se me hace que estamos siguiendo su juego. Las noticias que se han filtrado sobre lo tratado en las deliberaciones son alarmantes.,
    Salute

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