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La ‘inculturación’ que nos trae el sínodo

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“La gente recibe el anuncio de Jesús con su propia cultura”, ha dicho el Papa en un encuentro con indígenas amazónicos, añadiendo que hay que estar alerta ante las nuevas formas de colonización.

Los filólogos de todo el mundo deben mucho a los misioneros españoles: tienen a su alcance, para conocer los idiomas indígenas del América Central y del Sur los diccionarios y gramáticas que elaboraron nada más desembarcar en las Indias Occidentales. Y no era solo cosa suya, de su ardiente deseo de llevar a los pueblos recién descubiertos el mensaje salvífico de Cristo, sino de la propia Corona. Cada vez que un súbdito bienintencionado sugería a Felipe II que se promoviera el castellano en todos sus dominios para facilitar la comunicación, el rey respondía negativamente, insistiendo en la necesidad de comunicarse con los nativos “en su lengua natural”.

El éxito de esta ‘inculturación’ fue prodigioso, como cuentan unánimes todas las crónicas y como puede verse en la realidad de la América Hispana, especialmente cuando se la compara con la parte del continente que quedó en poder de otros europeos no católicos.

‘Inculturación’ va camino de convertirse en la palabra fetiche del presente sínodo, en el ‘leit motiv’ de su actuación y, sobre todo, en la excusa que cubre y explica todo el extraño espectáculo y los no menos extraños pronunciamientos que están saliendo de este sínodo.

Empecemos por el principio: ¿qué significa ‘cultura’? A menudo, cuando se habla elogiosamente del multiculturalismo, la gente parece tener la vaga idea de algo que tiene que ver con bailes tradicionales, atavíos como los célebres tocados de pluma que tanta tinta han hecho correr o con el restaurante etíope que acaban de abrir en el barrio. Si la cultura fuera esto, sería inocua y trivial.

Pero la cultura, naturalmente, no es eso; la cultura es la expresión concreta del modo que tiene un pueblo de ver el mundo, en lo grande y en lo pequeño; de concebir qué es el hombre, qué es la naturaleza, qué es la sociedad.

En ese sentido, es cierto y, a la vez, profundamente falso decir que nuestra cultura es, sin más, la combinación de la cultura griega y la romana con unas leves gotas de cosmovisión germánica. Nuestra cultura ha sido siempre -desde que existe como ‘nuestra’-, una cultura cristiana, transida por el mensaje de Cristo, determinada por él, hecha diferente a las demás, e incluso a lo que había, por la aceptación generalizada de ese mensaje.

El Santo Padre utiliza una imagen en la tertulia a la que hemos hecho referencia. Dice que el Evangelio es como una semilla que cae en la tierra que encuentra y crece con las características de esta tierra. Eso es, naturalmente, un disparate. No importa dónde plante uno una semilla de pino, que, o no sale, o sale un pino, ni más ni menos pino que en cualquier otra tierra.

Y en el profundo error de esa imagen está el núcleo del temor y el desconcierto con que muchos fieles están asistiendo a este sínodo.

No se puede pretender extender la Buena Nueva entre los indígenas, que cale y que esto deje intacta su cultura. Es imposible. Igual que no se puede pretender, sencillamente, como parece ser el caso, una supuesta ‘inculturación’ que “recoja la espiritualidad indígena”, porque la espiritualidad indígena, o es falsa, o, lo que pueda tener de auténtica está incorporado, respondido y superado en el mensaje de Cristo.

Pero no es este el tipo de ‘inculturación’ que estamos viendo en el sínodo; no es la inculturación de un Matteo Ricci en China o de los misioneros españoles en América, es decir, con los parientes étnicos de estos mismos indios amazónicos, de las reducciones jesuitas con los tupis y los guaraníes.

No, lo que vemos es lo contrario: el intento de ‘amazonizar’ la Iglesia universal. Francisco dijo sentirse muy entristecido al escuchar una (improbable) burla a los tocados de plumas de los indios y preguntó qué diferencia había entre estos y las birretas de los clérigos católicos. Pero no mucho antes ya se había encargado de denostar este atavío clerical en Mozambique, con lo que ya tenemos una diferencia: unos gustan al Papa y los otros, no. Y, casualmente, los que no le gustan son los que tienen una simbología específicamente católica y pertenecen a nuestra cultura, la única, al parecer, que no hay que guardar en una burbujita y proteger de las contaminaciones.

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Para acabar de arreglarlo, hay en todo esto un toque de farsa, de ‘cultura IKEA’, en este indigenismo de conveniencia, casualmente tan ajustado a las demandas de la muy poco paleolítica Iglesia alemana.

Casualmente, por supuesto, las agencias de ayuda de la riquísima Iglesia alemana, como Adveniat y Misereor, son las que parten el bacalao, económicamente hablando, en la región, razón quizá de que los pocos indios a los que se deja hablar en la tribuna lo hacen repitiendo un mensaje que suena mejor en el alemán original, y se mantiene alejados de los focos a los que dicen lo obvio: que los que más han hecho por los indígenas han sido los misioneros previos a la Teología de la Liberación, que los indígenas no viven aislados en el Paleolítico sino, como todos, en el S. XXI, y que lo que quieren, también como todos, son oportunidades de desarrollo y no pasarse hasta los restos en un modo de vida que les condena a una existencia breve, brutal, pobre y solitaria.

17 comentarios en “La ‘inculturación’ que nos trae el sínodo
  1. La inculturación consiste en adaptar la cultura que sea a Jesucristo, no al revés, como hace Francis, Una cultura pagana de muerte y de luchas tribales debe pasar a cultura creyente, de vida, de familia, de parroquia, de adoración al Dios verdadero y de respeto recíproco y colaboración.

  2. “Especialmente cuando se la compara con la parte del continente que quedó en manos de europeos no católicos”. No sé si al autor se ha dado cuenta del siniestro sentido de lo que acaba de decir: en la parte del continente que quedó en manos de europeos no católicos, el resultado fue muerte, genocidio y exterminio y cuando esos europeos no católicos se hicieron con parte de la America Hispana, como en Argentina y Uruguay, exterminaron a todos ellos, incluidos mujeres y niños.

    1. Sota de Bastos,
      Se te olvida la pastillita.
      Se te mezclan las cosas en la cabeza y solo escribes cosas incomprensibles o mentiras.
      Lo del exterminio en América, repetido, tiene cuatro posibilidades:
      O mientes como un bellaco porque te pagan para hacerlo.
      O mientes como un bellaco de puro ignorante ideologizado.
      O no has estado nunca en Hispano-América.
      O eres ciego y no ves el color de la piel de las personas.

      1. Por favor: ¿Niegas que los anglosajones exterminaran a los indios en EEUU o que los masones exterminasen a los indios en Argentina y Uruguay? En Uruguay no dejaron ni un solo indio charrúa vivo. Ni uno solo de muestra.

  3. “la espiritualidad indígena es falsa o está recogida en el mensaje de Cristo”. Pues lo mismo puede decirse de la espiritualidad europea o greco-romana, con a diferencia de que esta última se ha adherido al Cristianismo, desnaturalizándolo, y luego en vez de cristianizar a los indígenas hemos pretendido greco-romanizarlos.

  4. Dejémonos de tonterías que no hemos hecho para ,que esto no suceda, las aberraciones y ofendas profundas a nuestro credo , a los que nos parecieron , los primeros mártires que murieron por no someterse a lo que estos patrocina , no puede ser la misma fe es contradictoria en algo que no conoce de tiempos. Todos los católicos de una forma u otra somos cómplices y h los bailado la Daza de las brujas.

  5. Si lo que se pretende con la foto que encabeza este blog es denigrar a los indios, allí va una pregunta: ¿Qué aspecto tendrían los apóstoles hace 2.000 años? ¿Iban con frac o con corbata?

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