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Una propuesta para salvar el Instituto Juan Pablo II

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(NBQ)- Restablecer la cátedra de Teología moral y crear una nueva para «el acompañamiento», siguiendo las huellas del dogma; volver a contratar a monseñor Melina y al padre Noriega; reconsiderar los estatutos de la discordia. Cuatro miembros del «Juan Pablo II», incluido el vice-director Granados, escriben al duo Paglia-Sequeri proponiendo un acuerdo para salvar el Instituto, en el que aún falta el plan de formación. ¿Aceptará la nueva dirección esta propuesta?

Una nueva cátedra para apoyar e integrar la de Teología moral (que hay que mantener), volver a contratar a monseñor Livio Melina y al padre José Noriega y, también, la revisión obligatoria de los nuevos estatutos aprobados en pleno verano con un golpe de mano de la nueva dirección: son estos, en resumen, los contenidos de un acuerdo que el padre José Granados, vice-director del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia, ha propuesto con una carta fechada 27 de agosto, dirigida a monseñor Pierangelo Sequeri y a monseñor Vincenzo Paglia, rector y gran canciller del «Juan Pablo II».

La carta propone una vía de salida a la crisis que se ha creado en el Instituto con los nuevos estatutos, y que es debida al choque entre dos visiones distintas del matrimonio y la familia; de hecho, los nuevos estatutos representan una clara ruptura con la inspiración originaria de san Juan Pablo II.

Lo que se puede deducir de la carta del padre Granados -firmada también por otras tres figuras importantes del «Juan Pablo II», a saber: Stephan Kampowski, don Juan José Perez Soba y sor Alexandra Diriart-, es que no hay una posición cerrada a la «novedad»; sin embargo, esta debe estar necesariamente en continuidad con la Revelación y la enseñanza bimilenaria de la Iglesia, según la doctrina del desarrollo homogéneo del dogma. En resumen, la novedad no puede contradecir el depósito de la fe, pero puede ser profundizada a la luz del mismo.

El MOTU PROPRIO UTILIZADO COMO «EXCUSA LEGAL»

Por ello, desde las primeras líneas, los firmantes explican que el motu proprio Summa Familiae Cura -con el que el papa Francisco había puesto en marcha en 2017 la refundación del «Juan Pablo II»- «fue recibido lealmente por toda la comunidad de nuestro Instituto desde su publicación». A continuación se les recuerda a Paglia y Sequeri que «en una comunicación pública a toda la comunidad académica fechada 19 de septiembre de 2017, ustedes afirmaron que el motu proprio no tenía que entenderse de ninguna manera como la eliminación de lo que ya había, sino como una ampliación con nuevas posibilidades».

Sin embargo, todo ha ido de manera distinta. «Cuán grande ha sido nuestra sorpresa cuando hemos visto que, en la aprobación de los nuevos estatutos, la interpretación real del motu proprio era contraría a la que se nos había dicho continuamente». En resumen, sigue la carta, «el motu proprio ha sido utilizado como excusa legal» para los cambios, sin ni siquiera pasar por el diálogo, obligatorio, con el cuerpo docente. «De esta manera se ha llegado incluso a privar de sus cátedras a dos de nuestros docentes, algo inaudito en el mundo universitario».

Esta revolución es, por consiguiente, un ataque a la libertad académica y crea «una gran tensión interna» a profesores y estudiantes. Los firmantes subrayan que este precedente perjudica no sólo al prestigio del Instituto, sino que además arroja «una sombra de sospecha» sobre todas las universidades católicas. Hecho, este, que ya ha sido expuesto por muchos estudiosos de varias nacionalidades (hacer clic aquí y aquí), que han explicado por qué la aprobación de los nuevos estatutos es contraria a los procedimientos previstos por el Proceso de Bolonia sobre los estándares universitarios europeos.

LA PROPUESTA DE LAS DOS CÁTEDRAS

El padre Granados y sus compañeros argumentan su respuesta. «La eliminación de la teología moral fundamental y de la visión total que esta permite, no sólo niega el propósito de continuidad con la inspiración del Instituto anterior, sino que además tampoco honra la novedad que se quiere imprimir a su recorrido». Por esto, el ‘desafío’ lanzado por los firmantes: «Una solución más acorde con la naturaleza de la teología católica implicaría -y esta es nuestra propuesta- que en lugar de eliminar la cátedra se creara otra nueva, de modo que haya dos cátedras de moral general, cuyo diálogo exprese la relación entre lo antiguo y lo nuevo, que es lo propio de toda verdadera continuidad en la doctrina». En definitiva, «según nuestra propuesta, debería haber una cátedra de moral fundamental, la que ha funcionado hasta ahora en el Instituto, y luego otra de Teología moral del acompañamiento, que podría reflexionar sobre la propuesta pastoral de Amoris Laetitia para poder guiar al sujeto actual hacia un vida según el Evangelio».

La carta sigue diciendo por qué «la presencia de ambas cátedras sería enriquecedora mútuamente». En primer lugar, se trataría de continuar «la reflexión sobre la moral fundamental, custodiando y profundizando la enseñanza de la Veritatis Splendor, haciendo además que el profesor Melina recupere su cátedra. Así se podría seguir la investigación de una moral centrada en el encuentro con Cristo, quien nos ha revelado la diferencia radical entre el bien y el mal y nos ha dado la capacidad de caminar en la verdad del amor». A esto se añadiría la nueva cátedra propuesta por los cuatro, que «ayudaría a que esta reflexión sobre lo que son los cimientos no deje de lado las situaciones difíciles de nuestro tiempo. Es una sensibilidad -precisan los firmantes- que ya estaba presente en la enseñanza de la moral fundamental del Instituto».

NOVEDAD SIGUIENDO LAS HUELLAS DEL DOGMA

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Deteniéndose aún más sobre el tema de la continuidad, la carta explica lo siguiente: «La nueva cátedra de moral del acompañamiento, al estar en diálogo con la cátedra de moral fundamental, tendría todos los elementos para proponer una interpretación de la novedad de Amoris Laetitia según las leyes católicas del desarrollo del dogma. La necesidad de tener en cuenta la enseñanza de la Veritatis Splendor indicaría, de hecho, la posibilidad de un camino gradual de crecimiento, sin olvidar la diferencia radical entre el bien y el mal (respetando los absolutos morales), para poder así guiar a los hombres a vivir el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia».

Este diálogo resultaría aún más fecundo si se incluye «la cátedra del sacramento del matrimonio», que «ayudaría a demostrar cómo las cuestiones suscitadas por Amoris Laetitia no atañen sólo a la acción moral, sino que afectan también a los cimientos de la vida común, visible y encarnada, de la Iglesia». De este modo se evitarían distorsiones «contrarias a la lógica de la fe» y se respetaría la intención propuesta en el motu proprio del papa Francisco de ampliar el campo de interés del Instituto cultivando, al mismo tiempo, «la visionaria inspiración de san Juan Pablo II».

VOLVER A CONTRATAR A MELINA Y NORIEGA

La aceptación de la propuesta de los firmantes conlleva no sólo volver a contratar a monseñor Melina, sino también al padre Noriega; de hecho, se subraya su despido «fraudulento» basado en una supuesta «incompatibilidad» (a la que nunca antes se había hecho mención) por su doble encargo, entre otras cosas «cuatro meses antes de que cumpla su plazo como superior general».

Si se acepta la propuesta, esta deberá estar acompañada por la «revisión de los estatutos por parte de la Congregación para la Educación Católica». Una revisión que, de todas formas, es obligatoria, vista la falta de «un proceso real de consulta» con el cuerpo docente, al que se le enviaron documentos distintos «de los que tenía en mano, y estaba estudiando, la Congregación». A la espera de que los estatutos sean revisados, los firmantes proponen una solución práctica inmediata y viable: «… la contracción del profesor Noriega para la cátedra de Teología moral del matrimonio y la familia (estatutos, art. 21, pár. 3) y la asignación de la cátedra de Bioética (ibídem) al profesor Melina, ampliamente cualificado para esta tarea».

AÚN FALTA EL PLAN DE ESTUDIOS

El tiempo apremia y la propuesta podría resolver la situación de impasse que atraviesa el Instituto y, además, sus actividades rutinarias: en estos días, a pocas semanas del inicio del nuevo curso académico, aún no está disponible el plan de estudios, como avisa brevemente la página web del «Juan Pablo II», que pospone la publicación de la información necesaria -incluida la relacionada con la elaboración del plan de estudios- a un indefinido «en los próximos días».

La Nuova Bussola ha sabido, por fuentes informadas, que los retrasos en establecer claramente las enseñanzas a impartir en el curso 2019/2020 se deben a la dificultad de encontrar docentes disponibles; dificultades exacerbadas por el caos en el que ha caído el Instituto con los estatutos de la discordia. ¿Aceptarán Paglia y Sequeri corregir la situación?

Publicado por Ermes Dovico en la Nuova Bussola Quotidiana.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

12 comentarios en “Una propuesta para salvar el Instituto Juan Pablo II
  1. ¿Aceptarán Paglia y Sequeri corregir la situación? Se pregunta el articulista. ¡ pero si estos son unos mandados, unos correveidiles, unos francisquitas, unos aprendices de brujo. El problema, con serlo, no son ellos; es Quiensoyyo.

    1. ¡Puras impertinencias!!! O quizá lloriqueos de conservadores que suplican se les devuelva su último bastión. Pobrecillos, no soportan la fragancia de la primavera.

  2. Todo esto es intentar pactar una salida con el diablo. Un «dejame existir y tu haz ño que quieras» . mala estrategia, porque es inútil. Quien esta detrás de todo esto es francisco in personae. Solo hay una salida. La única que ha dejado Francisco: fundar un centro nuevo, privado negociado con nos estados para en reconocimiento oficial de los títulos. O bien fundarlo como centro asociado a alguna universidad privada independiente de la iglesia o bien centro asociado a una universidad pública. Un centro así dejaría sin alumnos al actual Juan Pablo II absorbería a todos esos alumnos y los interesados nuevos no se matricularian en el jp2 visto lo visto lo que está cayendo y lo que va a caer, sino que se irían a matricularse a ese nuevo instituto. En un par de cursos Francisco tendría que echar el cierre a su engendro y… Gane over

  3. «Debería haber una cátedra de moral fundamental, la que ha funcionado hasta ahora en el Instituto, y luego otra de Teología moral del acompañamiento.» El Instituto, recuerdo, tenía relación directa con la Lateranensis y con la Facultad de Teología de la Universidad, en la cual el orden de estudios era » Nelle Specializzazioni della Facoltà (Teologia Fondamentale, Teologia Dogmatica – sezione di Cristologia, Teologia Dogmatica – sezione di Ecclesiologia) è possibile conseguire la Licenza in S. Teologia, oltre che in Teologia Fondamentale e in Teologia Dogmatica (Cristologia o Ecclesiologia), anche nei seguenti indirizzi: Teologia della vita cristiana, Storia».
    Obviamente si se altera el orden de estudios o se elimina un paso el resultado va a ser diferente.
    Al conocimiento de Teología Dogmática le sigue la Teología Moral y luego la aplicación a un caso concreto, si no conocen la «partitura» cómo van a acompañar sin desafinar (en la salvación del alma…..).

  4. La realidad es que el pensamiento buenondista, teológicamente diluido ya permeó desde hace mucho tiempo en la Iglesia a profesores y alumnos. La gente está dormida o anestesiada. Mírese la Lateranense, la Gregoriana y demás.
    No señores, el problema es mucho más profundo y no se estaba resolviendo con una cátedra de teología moral, ni aunque la diera Juan Pablo II en persona.
    El asunto es muy profundo y general cuando el pastor no es cabeza y decapita diocesis e instituciones.

    Hay que recuperar el pensamiento de los padres de la Iglesia, el amor a la cruz, el sentido de pecado, los sacramentos…¡¡¡penitencia, penitencia, penitencia!!!

  5. El problema es que entre las virtudes morales del hoy difunto Instituto Juan Pablo II el heroismo no forma parte de las mismas y eso indica que la crisis de la moral no es cosa de Francisco, aunque también.

  6. Reproduzco una cita de Tomás Mantecón Movellán, de uno de sus artículos sobre tortura en la Edad Moderna:
    «Ya en los tempranos años ochenta del siglo XX Vincenzo Paglia (V. Paglia: La morte confortata. Riti della paura e mentalità religiosa a Roma nell`età moderna, Roma, 1982) comprobó la importancia religiosa del sufrimiento de los penitenciados antes de morir como elemento fundamental para facilitar la salvación del alma de estos convictos. El sufrimiento previo a la muerte creaba un estado espiritual en el penitenciado que facilitaba la salvación de su alma, además de dotar de ejemplaridad al evento. El castigo físico debía ser proporcional al daño cometido y a la culpa del actor o promotor de la acción».
    Acudan a Internet. A las fuentes. Pueden comprobar.
    Sin palabras.

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