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Los feligreses de Isquia ya no podrán opinar sobre quién deba ser su párroco

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El reciente aniversario de la proclamación de Pío X como Papa nos sirvió en estas páginas para recordar el último caso de aplicación del ‘derecho de patronato’ en un Cónclave, el privilegio que asistía a algunos grandes monarcas de la Cristiandad -en este caso, el emperador Francisco José de Austria- de vetar la elección de un candidato. Siendo el resultado la elevación al Solio Pontificio de un santo, tampoco vamos a quejarnos demasiado.

El caso es que se trata de algo completamente superado, y ya las autoridades civiles, cristianas o no, no tienen nada que decir sobre el nombramiento de cargos eclesiales en ninguna parte.

¿En ninguna parte? Bueno, hasta ayer mismo, en ninguna parte salvo en las parroquias de Forio y Casamicciola, en la isla de Isquia, frente a Nápoles. Allí, gracias a un privilegio que se ha mantenido durante setecientos años, los fieles, a través de su ayuntamiento, presentaban al obispo una terna de sacerdotes de la que el prelado podía escoger uno para nombrarlo párroco de una y otra localidad.

Pero la Iglesia ha dicho “¡basta!” y ha considerado inválido el privilegio. El Papa, concretamente, cuyas decisiones son inapelables a una instancia superior. Desde ahora, el obispo del lugar -en este momento, Pietro Lagnese- será el único que podrá opinar sobre quiénes serán los párrocos en Forio y Casamicciola, revertiéndolo al uso universal del clero en el resto del mundo.

En principio, el hecho de que fuera un multisecular arreglo milita contra este uso, en una Iglesia que apuesta decididamente por dar la espalda al pasado en todo lo que sea humanamente posible. Pero nos surge una duda: ¿no es el modelo hasta ahora vigente en Forio y Casamicciola perfecto para una alta jerarquía que ve en el clericalismo “la lepra de la Iglesia”? ¿Qué puede haber más decididamente opuesto al clericalismo, al ‘secuestro’ de la realidad eclesial por su clero, que permitir que los fieles tengan voz en la decisión de quién será su párroco?

Ni siquiera se trata de que elijan al candidato; el obispo puede escoger entre tres nombres. Y, al menos, en este caso se puede esperar que al menos alguien en el ayuntamiento sea católico o, al ser elegido democráticamente, que tenga en cuenta los deseos de sus representados, al contrario de lo que se ha establecido en la Iglesia china, donde los obispos serán “propuestos” -¿rechazará a alguno el Vaticano?- por un partido, el comunista, confesionalmente ateo y agresivamente anticristiano.

Siendo esta la intención obsesivamente repetida de Francisco, la lucha contra un clericalismo al que culpa incluso ‘in toto’ de los abusos sexuales de clérigos y su encubrimiento, no entendemos muy bien por qué, en lugar de abolir de un plumazo un privilegio de siete siglos no lo hace extensible a la Iglesia Universal. Se nos ocurre que sería un modo práctico, real, más allá de fáciles pronunciamientos y palabras que se lleva el viento, de proclamar al mundo su intención de lograr una Iglesia menos clerical.

No queremos pensar que haya tenido algo que ver en esta decisión el hecho de que los habitantes de estos dos pueblecitos muestren una decidida tendencia a preferir párrocos con inclinaciones que un José Manuel Vidal calificaría decididamente de “rigoristas”. El clericalismo es malísimo, salvo cuando es bueno.

7 comentarios en “Los feligreses de Isquia ya no podrán opinar sobre quién deba ser su párroco
  1. » El caso es que se trata de algo completamente superado, y ya las autoridades civiles, cristianas o no, no tienen nada que decir sobre el nombramiento de cargos eclesiales en ninguna parte »

    ¿ Nos olvidamos de China y sus 1.300 millones de chinos ? Nunca la Iglesia había estado tan sometida al poder, al pensamiento único migracionista, ambientalista, homosexualista, legetebista, ecumenista, globalista, aunque esa iglesia sometida no es la Iglesia de Cristo, sino una repelente caricatura, que provoca asco y hastío en tantos fieles de la Iglesia Católica.

  2. ESO ES CLERICALISMO !!!

    LA MENTIRA REINA HOY EN NUESTRA POBRE IGLESIA.

    El discurso es falaz, sinodalidad, participación, y la realidad es que LENINOGLIO MANDA Y ORDENA !!!

    QUE ASCO !!!

    1. Pues estas muy equivocado. La participación puede ser buena y querida por Dios . Pero la Iglesia es jerárquica, así querida por Dios. La democracia no deviene buena,se corrompe. El Cielo es un Reino y es lo bueno, lo perfecto; si la democracia tal y como se entiende en política fuera buena el Cielo sería una democracia.

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