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Francisco: «¿Cuál es la palabra que falta en el Padre nuestro?»

"Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar"Vatican Media
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Lo dijo el Papa en la audiencia general de esta mañana, que tuvo lugar en el Aula Pablo VI, donde el Santo Padre ha retomando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, bajo el tema “Padre de todos nosotros” (Pasaje bíblico: Del Evangelio según San Lucas 10, 21-22).

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos nuestro itinerario para aprender cada vez mejor a rezar como Jesús nos enseñó. Tenemos que rezar como Él nos enseñó a hacerlo.

Él dijo: cuando reces, entra en el silencio de tu habitación, retírate del mundo y dirígete  a Dios llamándolo «¡Padre!». Jesús quiere que sus discípulos no sean como los hipócritas que rezan de pie en las calles para que los admire la gente (cf. Mt 6, 5). Jesús no quiere hipocresía. La verdadera oración es la que se hace en el secreto de la conciencia, del corazón: inescrutable, visible solo para Dios. Dios y yo. Esa oración huye de la falsedad: ante Dios es imposible fingir. Es imposible, ante Dios no hay truco que valga, Dios nos conoce así, desnudos en la conciencia y no se puede fingir. En la raíz del diálogo con Dios hay un  diálogo silencioso, como el cruce de miradas entre dos personas que se aman: el hombre y Dios cruzan la mirada, y esta es oración. Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar. “Pero, padre, yo no digo palabras…” Mira a Dios y déjate mirar por Él: es una oración, ¡una hermosa oración!

Sin embargo, aunque la oración del discípulo sea confidencial, nunca cae en el intimismo. En el secreto de la conciencia, el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, tantas cosas, todas las llevo en la oración.

Hay una ausencia impresionante en el texto de «Nuestro Padre». ¿Si yo preguntase a vosotros cual es la ausencia impresionante en el texto del Padre nuestro? No será fácil responder. Falta una palabra. Pensadlo todos: ¿qué falta en el Padre nuestro? Pensad, ¿qué falta? Una palabra. Una palabra por la que en nuestros tiempos, -pero quizás siempre-, todos tienen una gran estima. ¿Cuál es la palabra que falta en el Padre nuestro que rezamos todos los días? Para ahorrar tiempo os la digo: Falta la palabra «yo». “Yo” no se dice nunca.  Jesús nos enseña a rezar, teniendo en nuestros labios sobre todo el «Tú», porque la oración cristiana es diálogo: «santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad».  No mi nombre, mi reino, mi voluntad. Yo no, no va. Y luego pasa al «nosotros«. Toda la segunda parte del «Padre Nuestro» se declina en la primera persona plural: «Danos nuestro pan de cada día, perdónanos nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal». Incluso las peticiones humanas más básicas, como la de tener comida para satisfacer el hambre, son todas en plural. En la oración cristiana, nadie pide el pan para sí mismo: dame el pan de cada día, no, danos, lo suplica para todos, para todos los pobres del mundo. No hay que olvidarlo, falta la palabra “yo”. Se reza con el tú y con el nosotros. Es una buena enseñanza de Jesús. No os olvidéis.

¿Por qué? Porque no hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios. No hay ostentación de los problemas personales como si fuéramos los únicos en el mundo que sufrieran. No hay oración elevada a Dios que no sea la oración de una comunidad de hermanos y hermanas, el nosotros: estamos en comunidad, somos hermanos y hermanas, somos un pueblo que reza, “nosotros”. Una vez el capellán de una cárcel me preguntó: “Dígame, padre, ¿Cuál es la palabra contraria a yo? Y yo, ingenuo, dije: “Tú”. “Este es el principio de la guerra. La palabra opuesta a “yo” es “nosotros”, donde está la paz, todos juntos”. Es una hermosa enseñanza la que me dio aquel cura.

Un cristiano lleva a la oración todas las dificultades de las personas que están a su lado: cuando cae la noche, le cuenta a Dios los dolores con que se ha cruzado ese día; pone ante Él tantos rostros, amigos e incluso hostiles; no los aleja como distracciones peligrosas. Si uno no se da cuenta de que a su alrededor hay tanta gente que sufre, si no se compadece de las lágrimas de los pobres, si está acostumbrado a todo, significa que su corazón es ¿cómo es? ¿Marchito? No, peor: es de piedra. En este caso, es bueno suplicar al Señor que nos toque con su Espíritu y ablande nuestro corazón. “Ablanda, Señor, mi corazón”. Es una oración hermosa: “Señor, ablanda mi corazón, para que entienda y se haga cargo de todos los problemas, de todos los dolores de los demás”. Cristo no pasó inmune al lado de las miserias del mundo: cada vez que percibía una soledad, un dolor del cuerpo o del espíritu, sentía una fuerte compasión, como las entrañas de una madre. Este «sentir compasión» –no olvidemos esta palabra tan cristiana: sentir compasión- es uno de los verbos clave del Evangelio: es lo que empuja al buen samaritano a acercarse al hombre herido al borde del camino, a diferencia de otros que tienen un corazón duro.

Podemos preguntarnos: cuando rezo, ¿me abro al llanto de tantas personas cercanas y lejanas?, ¿O pienso en la oración como un tipo de anestesia, para estar más tranquilo? Dejo caer la pregunta, que cada uno conteste. En este caso caería víctima de un terrible malentendido. Por supuesto, la mía ya no sería una oración cristiana. Porque ese «nosotros» que Jesús nos enseñó me impide estar solo tranquilamente y me hace sentir responsable de mis hermanos y hermanas.

Hay hombres que aparentemente no buscan a Dios, pero Jesús nos hace rezar también por ellos, porque Dios busca a estas personas más que a nadie. Jesús no vino por los sanos, sino por los enfermos, por  los pecadores (cf. Lc 5, 31), es decir, por  todos, porque el que piensa que está sano, en realidad no lo está. Si trabajamos por la justicia, no nos sintamos mejor que los demás: el Padre hace que su sol salga sobre los buenos y sobre los malos (cf. Mt 5:45). ¡El Padre ama a todos! Aprendamos de Dios que siempre es bueno con todos, a diferencia de nosotros que solo podemos ser buenos con alguno, con alguno que me gusta.

Hermanos y hermanas, santos y pecadores, todos somos hermanos amados por el mismo Padre. Y, en el ocaso de la vida, seremos juzgados por el amor, por cómo hemos amado. No solo el amor sentimental, sino también compasivo y concreto, de acuerdo con la regla evangélica -¡no la olvidéis!- «Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos, más pequeños a mí lo hicisteis». Así dice el Señor. Gracias.

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Saludos en español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. Hay banderas panameñas ahí. Saludo al grupo Valdocco, que está presente y trabaja en zonas marginales por la cultura, por el bienestar de los pueblos. Los animo a pensar cómo es el diálogo que tienen con el Señor y a seguir el ejemplo de Jesús para rezar de forma concreta, recordando a aquellos que tienen a su lado y aman, como también a aquellos que no quieren tanto. Necesitamos aprender de Dios que es bueno con todos.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

13 comentarios en “Francisco: «¿Cuál es la palabra que falta en el Padre nuestro?»
  1. Esta me la sé. En el Padrenuestro falta el «perdona nuestras deudas»,es decir, la palabra que falta es «deudas» q son las del purgatorio. La neo iglesia del vaticano II malinterpretando como siempre, ha puesto «ofensas» en su lugar para que no se ofendan los protestantes, nuestros ecumeniamigos que no tienen purgatorio. Me parece a mí que esta manipulacion doctrinal es muy anterior a Francisco y nunca nadie ha protestado. Veis, Francisco no tiene toda la culpa sino que cada uno ha tenido su parte de culpa. Unos quitan el purgatorio sin que se note y otros ponen la comunion adúltera ¿ qué más da? Lo importante es que poco a poco vaya colando todo.

    1. Uno, deje de exagerar en sus reparos. Falta, culpa, deuda, ofensa. Ésa es la esencia.
      Porque los franceses dicen desde antes del CV II: Pardonne-nous nos OFFENSES,
      comme nous pardonnons aussi à ceux qui nous ont OFFENSÉS.
      Y en inglés, desde antes del CV II se reza: forgive us our TRESPASSES (= pecados, ofensas)
      as we forgive those who TRESPASS (= pecan, ofenden) against us.
      Perdonanos nuestras deudas (de Purgatorio), como nosotros perdonamos a nuestros deudores (¿de purgatorio?). ¡Qué payasada!
      Porque si quiere apegarse a la traducción latina, más adelante, et ne nos inducas in tentationem lo tradujeron y no nos dejes caer en tentación, pero literalmente es y no nos lleves a la tentación. (¿Es que acaso Dios nos lleva a la tentación? Desde antes del CV II nos llevan el mundo, el demonio y la carne, no Dios.)
      Hay que ponernos seios, y no salir con pequeñeces sólo por tener algo que decir.

      1. El evangelio de Mateo en griego es opheilēma/opheiletēs, DEUDAS. En Lucas dice pecados pero luego aclara «como nosotros perdonamos a los que nos deben». Cristo quiso que entendiéramos que el pecado acarrea una deuda y así lo interpretaron los padres de la Iglesia. De hecho, Cristo en la cruz está pagando nuestras deudas.

        ¿Es que acaso Dios nos lleva a la tentación? El sentido de «et ne nos inducas in tentationem» es «no nos pongas en prueba que seguro que caemos». Pero Dios no lo hacer para que caigamos, sino para reforzarnos.

        Dios nos pone a prueba para acrisolar nuestro corazón (Dt 13,3; Prov 17,3; 1Pe 4,12-13). Y con la prueba, da su gracia: «Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que dispondrá con la tentación el modo de poderla resistir con éxito» (1Cor 10,13). Por eso, «tened por sumo gozo veros rodeados de diversas tentaciones, considerando que la prueba de vuestra fe engendra paciencia» (Sant 1,2-3).

  2. tradutore traidore. A diferencia de los católicos los modernistas no creen que la Fe se comunique mediante un depósito al que adherirnos trasmitido por una sucesión apostólica sino que la fe es un sentimiento de lo que a mi me parece que es Dios y no lo que textualmente dice el texto. Es como si un criptoanalista descifrase sus impresiones personales y no lo que el texto dice. Vivimos en el subjetivismo más lamentable y el criterio es la fuente original no lo que digan los franceses, los ingleses o Paquito el chocolatero y si Dios puede ponernos a prueba como sucede con Job, como sucede con Abraham porque el Dios megaguay del siglo actual se parece al Dios revelado como un huevo a una castaña, porque Dios es eternamente Bueno porque es eternamente Justo.

  3. Bueno,. La oración por excelencia, la única que nos dejó Cristo, es claro que no iba a traer el yo, el yo no existe en la Santísima Trinidad,. Me parece que el Papa , por algo, necesitó platicar éso

      1. !!!Muy cierto !!!, Según oigo, Dios dice: Yo soy, , entonces, nosotros NO somos, solo Él. Según sé, que El Espíritu Santo, no dice Yo, El Hijo tampoco, tampoco Dios Padre, si no, los tres a un tiempo si dicen Yo soy, ,, que ése es su nombre. Jesucristo cuando lo apresaron dijo : Yo Soy, y hasta se cayeron los soldados, estaba respondiendo como hombre y como Dios, (ésto lo digo porque creo que es así, si estoy equivocada, pues a decírmelo, y lo corrigo), y algo bonito que dijo un sacerdote: dice que aprendimos mal a conjugar el verbo ser, que debemos comenzar al revés, ellos son, vosotros, nosotros, él, tú, yo soy, que mucho del mal está en que primero está el yo, los demás, hasta el final.

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