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Francisco: «La fe es un encuentro, no es una religión»

Dios no es un señor distante que vive solitario en los cielosVatican News
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El primer día del año 2019, está reservado para la Jornada Mundial de la Paz, pero por encima de esto, siguiendo el calendario litúrgico, es el día de la Solemnidad de María Madre de Dios. Por este motivo se celebra una misa solemne presidida por el Santo Padre. Les ofrecemos las palabras del Papa Francisco en su homilía de esta mañana en la misa celebrada en esta solemnidad en la Basílica de San Pedro.

Homilía del Papa Francisco

Basílica Vaticana
Martes, 1 de enero de 2019

 

«Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores» (Lc 2,18). Admirarnos: a esto estamos llamados hoy, al final de la octava de Navidad, con la mirada puesta aún en el Niño que nos ha nacido, pobre de todo y rico de amor. Admiración: es la actitud que hemos de tener al comienzo del año, porque la vida es un don que siempre nos ofrece la posibilidad de empezar de nuevo, incluso en las peores situaciones.

Pero hoy es también un día para admirarse delante de la Madre de Dios: Dios es un niño pequeño en brazos de una mujer, que nutre a su Creador. La imagen que tenemos delante nos muestra a la Madre y al Niño tan unidos que parecen una sola cosa. Es el misterio de este día, que produce una admiración infinita: Dios se ha unido a la humanidad, para siempre. Dios y el hombre siempre juntos, esta es la buena noticia al inicio del año: Dios no es un señor distante que vive solitario en los cielos, sino el Amor encarnado, nacido como nosotros de una madre para ser hermano de cada uno, para estar cerca: el Dios de la cercanía. Está en el regazo de su madre, que es también nuestra madre, y desde allí derrama una ternura nueva sobre la humanidad. Y nosotros entendemos mejor el amor divino, que es paterno y materno, como el de una madre que nunca deja de creer en los hijos y jamás los abandona. El Dios-con-nosotros nos ama independientemente de nuestros errores, de nuestros pecados, de cómo hagamos funcionar el mundo. Dios cree en la humanidad, donde resalta, primera e inigualable, su Madre.

Al comienzo del año, pidámosle a ella la gracia del asombro ante el Dios de las sorpresas. Renovemos el asombro de los orígenes, cuando nació en nosotros la fe. La Madre de Dios nos ayuda: Madre que ha engendrado al Señor, nos engendra a nosotros para el Señor. Es madre y regenera en los hijos el asombro de la fe, porque la fe es un encuentro, no es una religión. La vida sin asombro se vuelve gris, rutinaria; lo mismo sucede con la fe. Y también la Iglesia necesita renovar el asombro de ser morada del Dios vivo, Esposa del Señor, Madre que engendra hijos. De lo contrario, corre el riesgo de parecerse a un hermoso museo del pasado. La “Iglesia museo”. La Virgen, en cambio, lleva a la Iglesia la atmósfera de casa, de una casa habitada por el Dios de la novedad. Acojamos con asombro el misterio de la Madre de Dios, como los habitantes de Éfeso en el tiempo del Concilio. Como ellos, la aclamamos «Santa Madre de Dios». Dejémonos mirar, dejémonos abrazar, dejémonos tomar de la mano por ella.

Dejémonos mirar. Especialmente en el momento de la necesidad, cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar la Virgen, a la Madre. Pero es hermoso ante todo dejarnos mirar por la Virgen. Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos. Se dice que los ojos son el espejo del alma, los ojos de la llena de gracia reflejan la belleza de Dios, reflejan el cielo sobre nosotros. Jesús ha dicho que el ojo es «la lámpara del cuerpo» (Mt 6,22): los ojos de la Virgen saben iluminar toda oscuridad, vuelven a encender la esperanza en todas partes. Su mirada dirigida hacia nosotros nos dice: “Queridos hijos, ánimo; estoy yo, vuestra madre”.

Esta mirada materna, que infunde confianza, ayuda a crecer en la fe. La fe es un vínculo con Dios que involucra a toda la persona, y que para ser custodiado necesita de la Madre de Dios. Su mirada materna nos ayuda a sabernos hijos amados en el pueblo creyente de Dios y a amarnos entre nosotros, más allá de los límites y de las orientaciones de cada uno. La Virgen nos arraiga en la Iglesia, donde la unidad cuenta más que la diversidad, y nos exhorta a cuidar los unos de los otros. La mirada de María recuerda que para la fe es esencial la ternura, que combate la tibieza. Ternura: la Iglesia de la ternura. Ternura, palabra que muchos quieren hoy borrar del diccionario. Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor, porque María jamás se señala a sí misma, sino a Jesús; y a los hermanos, porque María es Madre.

Mirada de la Madre, mirada de las madres. Un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos. Viviremos en la misma casa, pero no como hermanos. La familia humana se fundamenta en las madres. Un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no rico de futuro. Madre de Dios, enséñanos tu mirada sobre la vida y vuelve tu mirada sobre nosotros, sobre nuestras miserias. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos.

Dejémonos abrazar. Después de la mirada, entra en juego el corazón, en el que, dice el Evangelio de hoy, «María conservaba todas estas cosas, meditándolas» (Lc 2,19). Es decir, la Virgen guardaba todo en el corazón, abrazaba todo, hechos favorables y contrarios. Y todo lo meditaba, es decir, lo llevaba a Dios. Este es su secreto. Del mismo modo se preocupa por la vida de cada uno de nosotros: desea abrazar todas nuestras situaciones y presentarlas a Dios.

En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la Madre es esencial. Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido. Necesitamos confiarnos a la Madre. En la Escritura, ella abraza numerosas situaciones concretas y está presente allí donde se necesita: acude a la casa de su prima Isabel, ayuda a los esposos de Caná, anima a los discípulos en el Cenáculo… María es el remedio a la soledad y a la disgregación. Es la Madre de la consolación, que consuela porque permanece con quien está solo. Ella sabe que para consolar no bastan las palabras, se necesita la presencia; allí está presente como madre. Permitámosle abrazar nuestra vida. En la Salve Regina la llamamos “vida nuestra”: parece exagerado, porque Cristo es la vida (cf. Jn 14,6), pero María está tan unida a él y tan cerca de nosotros que no hay nada mejor que poner la vida en sus manos y reconocerla como “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

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Entonces, en el camino de la vida, dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados consigo mismos e indiferentes a todo. Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. La vida es así. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad. Necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre.

Dios no prescindió de la Madre: con mayor razón la necesitamos nosotros. Jesús mismo nos la ha dado, no en un momento cualquiera, sino en la cruz: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27) dijo al discípulo, a cada discípulo. La Virgen no es algo opcional: debe acogerse en la vida. Es la Reina de la paz, que vence el mal y guía por el camino del bien, que trae la unidad entre los hijos, que educa a la compasión.

Tómanos de la mano, María. Aferrados a ti superaremos los recodos más estrechos de la historia. Llévanos de la mano para redescubrir los lazos que nos unen. Reúnenos juntos bajo tu manto, en la ternura del amor verdadero, donde se reconstituye la familia humana: “Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Digámoslo todos juntos a la Virgen: “Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios”.

38 comentarios en “Francisco: «La fe es un encuentro, no es una religión»
    1. Y a usted le falta un poquito de humildad para no juzgar tan atrevidamente. Si empieza asi el 1 de enero no quisiera tropezar con su lengua el 31 del 12…

    2. Los protestantes evangélicos iberoamericanos siempre dan la misma murga en los escenarios o por sus radios: «¡Eso es religión. Pero el cristianismo no es religión, el cristianismo no es religióóóón…!»

    3. La Religion es la que nos conduce a la Fe
      ¿ que seria denosotros si JESÚS , los Apostoles y Santos de la Iglesia Catolica no nos hubieran enseñado e Interpretado el Verdadero sentido del Evangelio y Escrituras Sagradas ?

  1. A mi me parece una homilía magnífica. Espero que ayude al Santo Padre a ser coherente con lo predica alguna vez.
    Que el nuevo año le haga recapacitar y acoger a todos los que ha criticado y perseguido, con buena voluntad y amor de Pastor de todos.
    Que la esperanza en el Señor prenda en todos los católicos de buena Fe.

  2. Las criticas son merecidas y hechas con la mejor voluntad. A nadie le hace ningun gracia crticar a Bergoglio, es un tremendo sufrimiento hacerlo, pero nuestra fe y nuestra religion hay que defenderlas de las desagradables opiniones que Francisco expresa.

  3. Platitudes, bobadas sin relieve. Más bien, elongadas pendientes con ángulo cóncavo hacia el abismo de la idiotez relativista. Puro bergoglianismo peronista. Pan y circo. «Hacé una cosa y decí otra, che… Así liiiiindo. Tomás con la derecha y repartís con la siniestra, pibe…».

  4. Sí, un encuentro y una vivencia modernista. Todo menos lo que ha dicjo siempre la iglesia que es la fe: la adecuacion de la inteligencia a la verdad revelada

  5. «Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. La vida es así. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad.».

    ¿Por quién lo dirá?

  6. 166 La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros. Texto del Catecismo.

    Cada vez hay más cosmopaletos

  7. » La religión es la mayor rebeldía del hombre que no tolera vivir como una bestia, que no se conforma -no se aquieta- si no trata y conoce al Creador. Os quiero rebeldes, libres de toda atadura, porque os quiero -¡nos quiere Cristo!- hijos de Dios. Esclavitud o filiación divina: he aquí el dilema de nuestra vida. O hijos de Dios o esclavos de la soberbia, de la sensualidad, de ese egoísmo angustioso en el que tantas almas parecen debatirse. »
    San Josemaría Escrivá

  8. Salvo el de creyente, todos los comentarios son extremadamente negativos. No se si lo saben, pero la mente no está en el cerebro, sino que es el espacio exterior. (Sí, todo el espacio, con todo lo que hay en él). Esto ha sido probado por la ciencia. Rupert Shaldreick entre otros lo están probando experimenralmente, de un modo muy prometedor. En una palabra, lo que se piensa de otros, llega a los otros. Los pensamientos negativos afectan a los demas muy negativamente.

    1. Por otro lado, la negatividad hace mucho daño a la persona que la emite. Esto tambien ha sido comprobado. Es causa de enfermedades psicosomáticas. Agrava las condiciones de salud. Y por supuesto no conducen al cielo, sino al infierno. Y son causa de infelicidad✋

  9. El modernismo pretende que la fe sea una vivencia, un encuentro vivencial. Lo malo es que estas palabras concretamente no significan nada. No especifican nunca lo que significa ese galimatías. Lo que se encubre aquí es reducir la fe a sentimientos y emociones, eso es lo que en realidad quieren decir. Por eso se ha dejado de utilizar la inteligencia porque razonando cualquiera se da cuenta del error modernista. Por eso la clase de religion que plantean consiste en nada, no se explica la fe porque de inteligencia y de razonar, nada de nada, al final nadie sabe nada, y el resultado es que todos apostatan, puesto que como su vivencia no ha encontrado nada, abandonan.
    La definicion de fe de la Iglesia católica es la definicion que ha tenido siempre, que es la de Santo Tomas de Aquino. Y si el catecisml lía, mas vale quitarlo y coger el ripalda.

  10. Cuando los modernistas hablan de fe, esa fe no es la adecuacion de la inteligencia a la verdad revelada, no se refieren a la fe católica sino que se refieren a que todo hombre tiene fe porque el Dios inmanente que se han sacado de la manga se revela en el subconsciente de todo hombre produciendo un encuentro vivencial, lo cual es falso, mas falso que Judas. Nunca especifican de cuál fe se trata para que cada uno interprete lo que quiera. Su obsesion es el hombre en el lugar de Dios con el que Cristo se ha unido dignificando supuestamente su naturaleza por hacerse hombre, dignificando a todos y no a muchos. No hablan del sobrenatural y de la Gracia que dignifica y santifica, ellos hablan de naturaleza y de dignidad humana absoluta con su bienestar terrenal. De ahí la necesidad del ecumenismo, q es la puesta en comun de las vivencias de todos. Sí, se les ha ido la cabeza y mucho. Todavía tiene que venir un Papa restaurador y repartir excomuniones masivas.

  11. Según Santo Tomás, la religión es una virtud moral que es parte de la justicia, pues tiene que ver con el deber que el hombre tiene para con Dios, y la justicia es «dar a cada uno lo suyo». Es claro que sin la gracia y la caridad la religión no salva, y que éstas suponen la fe, por lo que no hay religión que salve sin la fe teologal. Pero inversamente, no puede haber tampoco fe teologal sin religión, porque la fe teologal, si no es informe por el pecado, implica la gracia y la caridad, y si hay caridad para con Dios, se cumplen las obligaciones de la justicia respecto de Él.

  12. ¿ Cuándo aprenderá o repasará Francisco el Catecismo de la Iglesia Católica ? ¿ Es mucho pedir ?

    176 La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras.

    177 «Creer» entraña, pues, una doble referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona que la atestigua.

    178 No debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

    179 La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo.

    180 «Creer» es un acto humano, consciente y libre, que corresponde a la dignidad de la persona humana.

    181 «Creer» es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la Madre de todos los creyentes. «Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»

  13. En Santo Tomás, la religión no es ante todo un rito o una congregación religiosa, sino que es una virtud moral, y por tanto, depende ya de la ley natural. Si Dios no hubiese ordenado al hombre a un fin sobrenatural, la única religión que habría sería la que estuviese basada en esa virtud moral natural. Como de hecho sí lo ha ordenado a un fin sobrenatural, la única religión que efectivamente salva es la que está basada en la fe en la Revelación sobrenatural. Eso no quiere decir que la religión que se basa en motivos puramente naturales sea ahora algo malo, pero es, de suyo, un bien solamente natural (no considerando ahora lo que se debe al pecado original y sus consecuencias), y por tanto, ineficaz para la salvación eterna.

  14. Este discurso del Papa Francisco, y Dios lo ayude a hacer lo que le corresponde a su responsabilísimo cargo, debemos rezar por él porque también es nuestro prójimo; en una frase, una sola frase desafortunada del Papa en esta ocasión me recuerda una táctica que astutamente puso en práctica Martín Lutero: la de ir estableciendo poco a poco cambios dentro de la doctrina y de la liturgia de lo que iba quedando de iglesia, para que así el pueblo llano no se percatara de los cambios.

    Y en medio de todo el discurso inserta esta frase:
    “Es madre y regenera en los hijos el asombro de la fe, porque la fe es un encuentro, no es una religión.”
    Que aparte de suscitar lógicamente preguntas como: ¿encuentro con quien y de que forma? y ¿qué es religión? y que el oyente tiene que deducir resulta sorprendente, ya que allí podemos ver ya la doctrina protestante contaminando a la Doctrina Católica, y dicha por alguien que debe ser custodio de la Doctrina Católica.

    1. Claro. Francisco, poco a poco, va rompiendo barreras. Rompiendo moldes que llaman la atención sólo a las mentes más preparadas, mientras que el pueblo llano va tragando, dando al mismo tiempo a los recalcitrantes antivatolicos motivo para tacharnos de conspiraciónistas o ultratradicionalistas.
      La mente de Francisco está puesta en la futura religión universal.

  15. Ese cuento horroroso lo hemos escuchado ya demasiadas veces en Latinoamérica, cuando hay gente que se pone a hablar de religión sin ni siquiera establecer que es tal cosa; y terminan llamándole “religiosos” a personas que precisamente no cumplen lo que su religión les manda; es decir a los irreligiosos.
    O frases tan despistadas como: “esto no es religión, si no una relación personal con Dios”; ¡cuando precisamente esa relación personal con Dios es la esencia misma de la religión!
    Parece ser que la confusión se originó al hacer demasiado énfasis en que en el Cristianismo no es el hombre el que intenta ir a Dios, si no Dios es el que se abaja al hombre. Pero la religión sigue siendo religión, porque cambia el que se acerca y la dirección de ambos, pero sigue siendo entre uno y Otro, y la relación del hombre con Dios se sigue dando.

  16. Esto lleva a que quienes despreciando el significado original que la palabra religión ha tenido por más de 2.000 años, y no solo en el ámbito católico si no en el protestante, cambiando el significado original de esa palabra establezcan una oposición entre: “religión” y cristianismo.
    Y he aquí que nace el fariseísmo cristiano. En innúmeras ocasiones los hemos oído prácticamente haciendo la oración del fariseo: te doy gracias Señor porque no soy como ese católico, “religioso”, idólatra, pagano, ignorante, que reza en vez de orar…yo en cambio soy “solo” “cristiano” oro en el Espíritu y tu me amas, y ¡como soy!.. o dicen como Martín Lutero cualquier simulacro de humildad para no quedar tan en evidencia.
    Pero el Señor dice que esa jactancia no justifica.
    Buscando vender o popularizar el Evangelio se cae en una especie de elitismo que lleva a juzgar las oraciones ajenas, algo grave, porque solo Dios tiene conocimiento y potestad para tal juicio. La persona que incurre en este tipo de act

  17. No es que la religión sea en si algo malo, si no que hay religión falsa, y si hay una falsificación podemos deducir por pura lógica que hay un original de tal falsificación, una religión verdadera; y así lo dice el Apóstol Santiago, en una carta a la cual esquivan inventando que es para judíos; como si judíos no hubieran sido todos los apóstoles; claro que eran judíos, bien sea de la dispersión o no, pero si, de religión cristiana.
    Recordemos más bien lo que la misma Santa Biblia dice acerca de la religión:
    Santiago 1:26,27; 2:1
    “Si alguno se cree religioso pero no pone freno a su lengua, se engaña a si mismo. Y su religión es vana. La religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: ayudar a huérfanos y viudas en las tribulaciones y conservarse incontaminado del mundo. Hermanos míos, no entre la acepción de personas en la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado.»
    Por consiguiente entre otras cosas podemos inferir que la vivencia de la fe cristiana es la Religión Ve

  18. Qué desafortunado es este hombre en sus comparaciones y a veces en sus palabras. Yo no creo que lo haga con mala idea, es solo que no sabe hablar.

  19. En la vida moral de la persona cristiana, las virtudes teologales son el alma de la virtud de la religión. Su raíz ya no es meramente natural, sino sobrenatural: la fe, la esperanza y la caridad son, en el cristiano, la causa de los actos propios de la religión: «Las virtudes teologales pueden imperar a la virtud de la religión, cuyos actos se ordenan a Dios. He aquí por qué S. Agustín dice que a Dios se le da culto con la fe, la esperanza y la caridad» (S.Th., II-II, 81, 5). En efecto, el culto a Dios presupone que creemos en Dios, uno y trino, principio y fin de todas las cosas, que tenemos la esperanza de que Él acepta nuestros dones, y que nuestra voluntad está conformada a la suya por la caridad.

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