Los católicos fieles están viviendo «una pesadilla» en China

El acuerdo alcanzado por el Vaticano con las autoridades chinas no ha supuesto alivio alguno en las condiciones de los católicos fieles, más bien al contrario.
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El acuerdo alcanzado por el Vaticano con las autoridades chinas no ha supuesto alivio alguno en las condiciones de los católicos fieles, más bien al contrario. El cardenal Zen, arzobispo emérito de Hongkong, lo achaca a que «el Papa no entiende China» en una tribuna publicada en el New York Times.

«Si fuera un viñetista, dibujaría al Santo Padre de rodillas ofreciendo las llaves del Reino de los Cielos al presidente Xi Jinping y diciendo: «Por favor, reconózcame como Papa”. Estas duras palabras no corresponden a un deslenguado bloguero ni a un ocioso e ignorante comentarista en redes sociales, sino que es el penúltimo párrafo de una columna publicada por el cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, arzobispo emérito de Hongkong, en el New York Times, con el revelador titular: ‘El Papa no entiende China’.

Es el enésimo grito de alarma del prelado chino contra el acuerdo entre el Vaticano y el gobierno comunista de Pekín que, asegura Zen, pone en serio peligro a la Iglesia perseguida en aquel país.

No es para menos, a juzgar por los datos que ofrece la ONG International Christian Concern, según la cual el presidente Xi Jinping sigue aumentando las restricciones a la libertad religiosa, haciendo que los creyentes vivan en una continua «pesadilla», según un informe del Congreso norteamericano.

Jinping se ha propuesto con las nuevas medidas ‘sinicizar’ la religión en el país para convertirla en un ‘instrumentum regni’, una herramienta más de control en manos del Partido Comunista que sirva a los intereses del poder.

The Baptist Press señala que Chris Smith, diputado de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, decía en su informe: «Si no te ajustas en todo lo que hagas a los principios del Partido Comunista y a la ideología de Xi Jinping, te van a arrestar, te van a torturar y, en algunos casos, te van a matar».

En China, por ejemplo, una oración comunitaria en público se considera «actividad religiosa ilícita» y conlleva una detención, lo que hace muy difícil la práctica de la fe en China. El acuerdo alcanzado con la Santa Sede, por el que Roma reconoce a la hasta ahora cismática Iglesia Patriótica China y a sus obispos y permite que el Gobierno elija a los prelados, lejos de reducir la presión estatal sobre los fieles parece haberla recrudecido.

El Papa respondió a las críticas de este acuerdo asegurando que, aunque sea el Gobierno el que proponga a los candidatos al episcopado, es él quien los nombra, en última instancia, y puede vetarlos. Pero lo que se pregunta Zen en su artículo es: ¿cuántas veces podrá ejercer ese derecho? Y, sobre todo, ¿qué utilidad tiene tener la última palabra cuando los otros tienen todas las demás?

Hemos olvidado, dice Zen, «que nunca tienes un acuerdo verdaderamente bueno con un régimen totalitario». El obispo emérito sabe de lo que habla: conoce China, conoce el comunismo y conoce Roma. El Papa, en cambio, solo conoce una de esas tres realidades.

De hecho, Zen achaca parte, al menos, del trágico error que supone este acuerdo a la propia experiencia vital de Francisco como argentino. Él mismo, explica Zen, conoce a los comunistas en el poder, como opresores implacables, mientras que Francisco puede sentir cierta simpatía por ellos porque los ha conocido más bien como defensores de los oprimidos, sujetos, además, a la represión de una junta militar y una situación socioeconómica de grandes desigualdades.

Zen, que a lo largo de su tribuna hace un rápido repaso a la historia de las relaciones entre el Vaticano y el gobierno comunista chino, acaba dirigiendo estas palabras a los obispos y sacerdotes de la Iglesia perseguida china: «Por favor, no iniciéis una revolución. ¿Ocupan vuestras iglesias? ¿Ya no podéis celebrar misa? Idos a casa y rezad con vuestras familias. Cultivad la tierra. Esperad tiempos mejores. Volved a las catacumbas. El comunismo no es eterno».

 

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Comentarios
15 comentarios en “Los católicos fieles están viviendo «una pesadilla» en China
    1. Sí se equivoca, y muchísimo. Se equivoca igual que quien le manda. Por eso, la «objeción de consciencia».

      Dios no obliga a obedecer ciegamente a nadie: mucho menos al que es probadamente idiota, corrupto, o malvado.

      «Al entrar a la iglesia se quita uno el sombrero, no la cabeza», decía Chsesterton.

  1. Las puertas del infierno no prevalecerán sobre mi Iglesia.y después de reconocerse pecador pecador ir al Sacramento de la Reconciliación y la Sagrada Eucaristía y Comunión.

  2. Seguramente la infiltración comunista en el Vaticano es mucho mayor de lo que podemos pensar y por eso no se ha levantado ninguna voz sensata ni se ha escuchado al cardenal Zen, ni a otros chinos, que los hay en el Vaticano.

    Se han montado en el tigre, cosa muy fácil, ahora a ver como se bajan, que es la parte difícil. Porque una vez aceptado lo que sea, por poco que sea, los comunistas no sueltan la presa. Los católicos chinos lo van a pasar muy mal, debemos prepararnos para recibir noticias de muchos mártires.

    Sólo nos queda rezar por los católicos chinos y pedir a los mártires que intercedan pon nosotros.

  3. ¡Dios mío, ven en auxilio de Tu Iglesia en China. Señor, date prisa en socorrerla! ¡Ven, Señor Jesús, que las cosas allí se han complicado más!

  4. El acuerdo con el régimen criminal chino ha sido un éxito apoteósico. Se ha traicionado a los católicos auténticos y se han reconocido obispos de carnaval (¿Qué potestad tiene el partido comunista chino para nombrar obispos?). Menos mal que el Señor prometió que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos.

  5. Pues no fue el Sr. Parolin que fue a China y que dijo que allá es parecido a Disneylandia de tan felices que son todos, que había mucha libertad y eran la mar de amables, que había un enorme respeto por los derechos humanos

  6. La gran simpatía que el papa ha profesado siempre a los comunistas hace que no pueda comprender en profundidad el problema de los católicos en China.

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