La magnaminidad de Osoro

La magnaminidad de Osoro

Osoro, arzobispo de Madrid, ha declarado no oponerse al reposo de los restos de Franco en La Almudena, justificando su decisión en que “no tenemos inconveniente en acoger a nadie; la Iglesia ha sabido acoger siempre a todas las personas; naturalmente, como cualquier cristiano, Franco tiene derecho a enterrarse donde lo crea conveniente”.

Alguien debería recordarle a Osoro que Franco no fue “cualquier cristiano”. Que Franco fue el cristiano que hizo posible que en España se preservara la fe, y que salvó a la Iglesia del genocidio que sus enemigos le preparaban, genocidio que perpetraron allá hasta donde les fue posible, que no fue poco. Y que si no les fue posible llevarlo más allá, fue precisamente gracias a Franco.

Como “cualquier cristiano”. Quizá, solo quizá, Osoro podía haber dicho “católico” en lugar de “cristiano”. Pero claro, lo de católico – uuuuuyyyy – le debe resultar casposo al señor obispo. Pues no, en La Almudena no se entierra a cualquier cristiano; solo a los que son católicos.

¿Franco, cristiano? Sí, desde luego, como el resto de los católicos; solo que, salvo alguna mala interpretación de la muchachada miliciana – los efectos colaterales de la Revolución, vaya – a los templos protestantes no les rozaron las pavesas de los conventos y las iglesias romanas. La conexión masónica, I presume.
Lo de “cristiano”, en Osoro, es una perífrasis para evitar nombrar las cosas por su nombre. Parte del lote de la vergüenza que la Iglesia nos está haciendo sufrir desde hace ya mucho tiempo. Demasiado tiempo, monseñor.
Publicado originalmente por Fernando Paz en El Debate

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