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Carlo Caffarra, padre y maestro

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«El Señor siempre está en la barca, por lo que no debemos temer las tempestades. Tenemos que tener fe». Esta es una de las frases que en más ocasiones me ha repetido el cardenal Carlo Caffarra en los distintos encuentros que tuve con él cuando era pastor de mi diócesis, Bolonia y, también, cuando se retiró a vivir en un pequeño apartamento cerca del seminario.

Era un hombre esquivo, incluso tímido, pero al mismo tiempo sincero y generoso. En una palabra: bueno. Tal vez este sea uno de los aspectos menos conocidos de un cardenal que ha sido definido, con demasiada frecuencia, doctrinario, frío y distante, cuando en realidad era un padre en el sentido más auténtico del término. Su preparación teológica es reconocida, sobre todo en campo moral, marcando una época en la vida de la Iglesia católica.

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En 1981, cuando Juan Pablo II pensó en la creación de un instituto para el matrimonio y la familia llamó al entonces profesor Carlo Caffarra para que fuera su primer presidente, consciente de que era la persona adecuada para el cargo. La amistad que unía al Santo Papa polaco y al cardenal fue grande, hasta el punto que Caffarra fue un estrecho consejero de Wojtyla en algunos de sus más importantes documentos magisteriales, sobre todo la Encíclica Veritatis splendor y la Exhortación Familiaris consortio. Los dos estaban en sintonía también sobre el significado profético de la Encíclica Humanae vitae del Papa Pablo VI, publicada en julio de 1968.

En 1988, en el veinte aniversario de la Humanae Vitae, por indicación de san Juan Pablo II, Caffarra organizó en el Vaticano un famoso congreso en el que acusó de “antiteísmo” a los teólogos disidentes y pidió medidas disciplinarias contra los obispos que les autorizaban a enseñar en las respectivas diócesis. De alguno dijo el nombre, sobre todo de Bernhard Haering, el más célebre de los teólogos moralistas del postconcilio que, de distintas maneras, habían alimentado una oposición a la encíclica que prohíbe la anticoncepción. Y este reaccionó con una carta abierta al Papa, una especie de llamamiento al desarme: el Papa debía frenar a sus moralistas de confianza, obligándoles a que dejaran de acusar de herejía a los disidentes, empezando por Caffarra, al que Haering juzgó ser presa de “delirio teológico”. Una dura batalla dentro de la Iglesia, que caracterizó el postconcilio y que ha llegado hasta el aula del doble sínodo sobre la familia convocado por el Papa Francisco.

A este respecto, Caffarra, junto a los cardenales Raymond Burke, Walter Brandmüller y Joachim Meisner, presentó al Papa los cinco dubia pidiendo aclaraciones sobre el capítulo VIII de la Exhortación postsinodal Amoris laetitia, convencido de que algunos de sus pasajes podían inducir a confusiones interpretativas en cuestiones sobre las que el Magisterio ya se había expresado. Ciertamente, no era contrario al desarrollo de la doctrina, pero sentía que era su deber advertir sobre una posible discontinuidad que no puede caracterizar dicho desarrollo.

Es restrictivo recordar al cardenal Caffarra sólo por estos dubia, sobre todo si se hace pensando en que era contrario al Papa, pues nada estaba más lejos de su mentalidad y su deseo. Bromeando dijo que prefería oír decir sobre él que tenía una amante y no que era contrario al Sumo Pontífice. Amaba profundamente, visceralmente, a la Iglesia, hasta el punto de sufrir casi físicamente si veía que era objeto de ofensas, o la veía confundida.

Leyendo su magisterio durante los años en que guio la diócesis de Bolonia, el resultado es el retrato de un pastor que se sentía realmente responsable de sus ovejas, de acompañarlas y, al mismo tiempo, de guiarlas. Prestaba mucha atención a no seguir la dispersión del mundo para llevar a todos al Señor, y no hacia falsos maestros o modas, de los que denunciaba con valentía sus riesgos y peligros.

El cardenal Caffarra dedicó su vida a profundizar el plan de Dios en el ámbito, sobre todo, del amor humano, la familia y la vida. Comentando la Encíclica Caritas in veritate del Papa Benedicto XVI dijo: «Es como si se hubiera robado la palabra amor. Una de las palabras clave de la propuesta cristiana, amor, ha sido secuestrada por la cultura moderna que la ha convertido en un término vacío, en una especie de recipiente en el que cada uno mete lo que siente. La verdad del amor es, hoy, difícilmente compartible. “Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Este es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad” (Caritas in veritate, n. 3)».

Este pasaje representa, muy resumido, el corazón del buen combate que el cardenal Caffarra llevó a cabo hasta el 6 de septiembre de 2017, cuando, un poco por sorpresa, volvió a la casa del Padre. Lo recordamos con su sonrisa, porque le gustaba mucho bromear con salidas inesperadas y nunca banales; después, serio de nuevo, era capaz de evaluar las cosas de una manera penetrante y afilada. En este libro hemos recogido algunos pasajes de su magisterio y lo hemos comparado con un plato de tallarines boloñeses: un plato sabroso y sencillo al mismo tiempo. Leer estas páginas les hará descubrir un cardenal que ha sido padre y maestro.

(Lorenzo Bertocchi, autor del epílogo del libro No anteponer nada a Cristo que recoge algunos de los pasajes más destacados del magisterio del cardenal Carlo Caffarra)

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1 comentarios en “Carlo Caffarra, padre y maestro
  1. Que esté con Dios, seguro sufrió mucho, y dicen, no sé si un santo dijo, que a veces, para no pasar por el purgatorio, las penas las teníamos en la tierra, penas muy grandes, que llevadas con esperanza en Dios eran entonces nuestra entrada al cielo, , pues que él haya entrado muy feliz

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