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Marion, la esperanza católica francesa

La influencia de Marion Maréchal crece, pero no gusta a todo el mundo.
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“¡Chartres suena, Chartres te llama! ¡Gloria y honor a Cristo Rey!”. Bajo un cielo radiante, una oleada de peregrinos cantan mientras atraviesan la campiña francesa. Es el fin de semana de Pentecostés y unas doce mil personas caminan desde la Catedral de Notre-Dame, en París, hasta Chartres, sede de la famosa catedral, situada a unos 80 km. al sur de la capital.

La peregrinación, que viene realizándose desde hace 36 años, está organizada por el grupo tradicionalista Notre-Dame de Chrétienté (Nuestra Señora de la Cristiandad). Este año se ha unido a los peregrinos el jefe de la liturgia en el Vaticano, el cardenal Robert Sarah.

Pero hay otra estrella entre la multitud: Marion Maréchal, sobrina de la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen. Participa en la peregrinación con un grupo de amigos. Al principio mantiene un perfil bajo: es sólo una peregrina entre peregrinos. Pero su anonimato no dura mucho. Algunos participantes le preguntan si pueden hacerse una foto con ella. “Gracias por estar aquí”, le dicen, uno tras otro, los peregrinos.

Oficialmente, Maréchal se retiró de la política el año pasado, cuando su tía fue derrotada por Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales. Pero esta figura precoz, que se convirtió en diputada en 2012 a la edad de 22 años, parece estar ya planeando su vuelta a la primera línea de la política. El otoño pasado ayudó a fundar L’Incorrect, una revista conservadora gestionada por algunos de sus seguidores y que sirve como vehículo para sus ideas. Y el mes pasado presentó una escuela privada en Lyon, el Institut de Sciences Sociales, Economiques et Politiques (Issep). Raheem Kassam, el antiguo editor jefe de Breitbart London y consejero jefe del líder de Ukip (UK Independence Party), Nigel Farage, es parte del cuerpo docente.

Luego, en un gesto altamente simbólico, Maréchal eliminó el “Le Pen” de su apellido. Lo había heredado de su madre, Yann, una de las tres hijas de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional. Algunos comentaristas han sugerido que este gesto indica un distanciamiento de la marca política “Le Pen”, en vista de las próximas elecciones presidenciales de 2022. Pero ella ha insistito en decir que era, sencillamente, “un modo de demostrar mi transición a la vida civil”. En el portal Boulevard Voltaire ha afirmado: “Nunca he sentido -y nunca sentiré-, vergüenza por mi apellido”.

Su presencia en la peregrinación a Chartres es significativa. Claramente, Maréchal cuenta con que la derecha católica la apoye en su vuelta a la política. Pero su relación con la Iglesia es compleja. Está, al mismo tiempo, sincera y políticamente motivada.

Maréchal es una de las figuras públicas en Francia con doble antecedente cristiano. Aunque fue bautizada como católica, su padre adoptivo, Samuel Maréchal, es protestante. Su abuelo Michel Maréchal, es el pastor de la Iglesia pentecostal de Nantes y antiguo misionero en África. Una vez ella le describió como “un santo”. (Su padre biológico, Roger Auque, periodista y diplomático, falleció en 2014.)

Cuando era adolescente, Maréchal asistía a la escuela dominical pentecostal durante sus vacaciones en Nantes. Algunos dicen que conserva una espiritualidad de estilo evangélico, centrada más en su relación personal con Dios que en la recepción de los sacramentos. Más tarde asistió al Instituto San Pío X, una escuela en el rico barrio parisino de Saint-Cloud, gestionada por las Dominicas del Espíritu Santo, vinculadas a la Misa Tridentina. Aquí recibió su Primera Comunión y la Confirmación.

Actualmente la práctica religiosa de Maréchal fluctúa. Su matrimonio con el hombre de negocios Matthieu Decosse duró sólo dos años, y acabó en divorcio en 2016. Pero no teme definirse como católica o defender los valores morales de la Iglesia. En 2013, participó en todas las protestas contra el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En 2016, se opuso a una ley que censuraba las páginas web provida. “Yo mismo soy un accidente”, dijo durante un debate en la Asamblea Nacional. Una amiga muy cercana dijo que estaba diciendo la verdad: “Viene de una familia rota. Sabe muy bien lo importante que son estos temas”.

Maréchal se posiciona eficazmente como paladina de la derecha católica. Con 28 años, atrae a mucha gente joven, que se reconoce en ella. También atrae a los conservadores más mayores, y desorientados. Ocupa el sitio dejado vacante por François Fillon, que encarnaba a la derecha en las últimas elecciones presidenciales, y la derrota de Marine Le Pen. Es la única que puede ofrecer, de forma plausible, una síntesis entre el Frente Nacional y la corriente dominante del centro-derecha.

Sin embargo, los obispos franceses se sienten incómodos con ella. Aunque muy cercana a la Iglesia en cuestiones relacionadas con la vida y la familia, rechaza con firmeza la posición de la Iglesia francesa respecto a los inmigrantes. Y su punto de vista empresarial no concuerda en absoluto con el del Papa Francisco.

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A pesar de todo, algunos líderes eclesiales han decidido iniciar un diálogo con ella. Mons. Dominique Rey, obispo de Fréjus-Toulon (un bastión del Frente Nacional en el sur de Francia), la invitó a la escuela de verano diocesana en 2015. Pero otros están rezando para que los católicos franceses no sigan a esta nueva Juana de Arco.

Pierre Jova es periodista en el semanal católico Pèlerin

 

Publicado en el Catholic Herald; traducido por Helena Faccia para InfoVaticana.

2 comentarios en “Marion, la esperanza católica francesa
  1. Esa peregrinación se realiza desde muchos años antes. Ya en los primeros años del siglo XX, desde luego, la tengo yo documentada.
    Marion es la gran esperanza blanca por su capacidad de liderazgo. Da un poco de miedo, pero creo que está claramente alejada de su abuelo y de su tía en casi todo. Y es muy valiente. Sí, a lo mejor funciona. Pero es muy joven y hay que ir viendo su evolución. A los conservadores de EEUU los dejó deslumbrados, es muy brillante. Mucho más inteligente y moderada que su abuelo y su tía, pero ya se verá.

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