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‘Una Familia de Bandidos’, o cuando la fe se levantó en armas

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La Revolución Francesa ha triunfado en París, el Rey ha sido guillotinado, y los habitantes de un rincón rural de Francia, La Vendee, ven cómo les arrebatan todo lo que daba sentido a sus vidas hasta rebelarse contra el poder.

Vivir la fe es hoy, y desde hace siglos, una cuestión personal, íntima y privada. Ahondando un poco, es también ya, en la Europa descristianizada de nuestro siglo, una excentricidad, una rareza que el dogma público tolera con cierta impaciencia, siempre que el cristiano queme el incienso debido a los dioses de la modernidad.

Pero, ¿qué es, cómo sería, cómo fue vivir en una sociedad donde la fe cristiana es el fin aceptado, la clave del comportamiento diario y la inspiración de todas las leyes y costumbres?

Una familia de bandidos nos proporciona una ventana íntima a ese mundo entre dos luces; nos permite espiar, en un trepidante relato contando en primera persona, en forma de carta en la que una anciana cuenta a sus nietos los trágicos avatares de su propia familia, cómo era vivir en una Francia rural donde el cristianismo no era como un artículo más de consumo que elegimos de una balda en el hipermercado, una rareza personal, sino el espíritu vibrante de toda la comunidad.

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Y lo hace, para mayor dramatismo, justo cuando esa vida llega a un brusco y violento fin. La Revolución Francesa ha triunfado en París, el Rey ha sido guillotinado, y los habitantes de un rincón rural de Francia, La Vendee, ven cómo les arrebatan todo lo que daba sentido a sus vidas hasta rebelarse contra el poder y, tras una épica sucesión de milagrosas victorias, llegar, primero, a la derrota y, finalmente, al primer genocidio político de nuestra historia.

En esta lucha desesperada, de la que fue testigo y participante la supuesta autora del relato, ganaron quienes han moldeado nuestro mundo, nuestra forma de pensar hoy. Ellos son quienes han escrito la historia oficial, y por eso la otra, la de los perdedores, solo aparecerá así, en forma de relato familiar y privado, casi susurrado a la luz de la lumbre.

La Vandea fue doblemente destruida. Primero, con una carnicería sistemática que acabó con la vida de 170.000 personas y la destrucción del 20% de sus edificios. Después, con su tragedia borrada de la Historia oficial. Es la de la Vandea una tumba sin marcas, una historia proscrita despachada en los manuales como una simple revuelta de bandidos. Por eso el irónico ‘bandidos’ del título de este libro, cuando pocas gentes puede haber más alejada de la imagen que uno se hace de un bandido que los Serant y su heróico entorno; por eso el recuerdo, desleído por los años, quedó en historias como la que aquí se narra, tragedias de familias que fueron transmitidas en la discreción de los hogares de padres a hijos, en los márgenes del Gran Relato.

Directa, sencilla y lineal, con las leves pero conmovedoras inexactitudes e imprecisiones y las reflexiones esperables en un recuento de recuerdos, Una familia de bandidos presenta al lector moderno un mundo a la vez familiar y tan ajeno como si transcurriera en tierras exóticas y remotas. Es nuestra historia, la de nuestros antepasados, viviendo conforme a la visión y las normas que construyeron nuestra civilización.

Pero el pasado es realmente un país extranjero, y especialmente para un católico contemporáneo no puede dejar de chocar la desarmante naturalidad con la que se hacía de la fe la base real de la vida y de la muerte, y no un mero ‘rincón personal y privado’ de prácticas y opiniones.

La fe, una fe sin alharacas ni manifestaciones espectaculares, preside toda la peripecia, no ya de María o de los Serant, sino de toda la sociedad que les rodea, señores y campesinos. Una fe que les proscribe el odio al enemigo que les masacra y destruye todo aquello que constituye su vida, un mundo que ven desaparecer para siempre ante sus ojos con pena, pero sin amargura.

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En la obra, la vicisitudes históricas se entraman con la vida de la protagonista de tal modo que el lector asiste al relato de uno de los hechos cruciales de nuestra historia desde la mirada de los perdedores, al tiempo que a los hechos concretos, a los avatares del destino de personas reales, concretas, de carne y hueso.

2 comentarios en “‘Una Familia de Bandidos’, o cuando la fe se levantó en armas
  1. La Vendée sufre un gran olvido en la historia oficial. Se despacha como un motín de antirrevolucionarios. Igual suerte sufren los cristeros. Sin embargo, aunque la Iglesia Católica ha reconocido a heroes de ambos movimientos, lo hace siempre a título personal, pero nunca canoniza a movimientos, por muy heroicos que sean. Los cruzados sufrieron infinitas penurias y peligros movidos por la fe. Los vendeanos sufrieron el primer exterminio sistemático de la Historia Contemporánea. Los cristeros sufrieron la animadversión de las élites intelectuales del mundo. Ya es hora de que no sólo se reconozca a personas individuales sino a estas tres grandes gestas del catolicismo y a los movimientos que las llevaron a cabo.

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