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“Me avergüenzo de ser un católico inglés”

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Así se expresa Jean Pierre Casey, sobrino del filósofo alemán antinazi von Hildebrand, en una carta abierta a los obispos católicos de Inglaterra y Gales por su actitud de apoyo pleno al Hospital Alder Hey.

A continuación publicamos la carta abierta que un ciudadano católico de Londres, Jean Pierre Casey, ha escrito a los obispos católicos de Inglaterra y Gales el pasado 27 de abril, criticando su actitud en el caso de Alfie Evans. La carta ha sido publicada en el portal Lifesitenews. Casey es el sobrino del filósofo alemán, firme adversario de Hitler, Dietrich von Hildebrand (1889-1977). La carta vale también como respuesta a las últimas y asombrosas declaraciones del cardenal Vincent Nichols, primado de la Iglesia católica de Inglaterra.

Excelencias:

Aunque puedo comprender su deseo de abandonar el tono conciliador cuando lo que está en juego es mucho y las emociones están muy exaltadas, definir como lamentables las palabras utilizadas por ustedes en su declaración sobre el caso de Alfie Evans es quedarse corto, sobre todo teniendo en cuenta el énfasis con el que se resalta la “integridad” del personal médico y administrativo del Hospital Alder Hey.

Un hospital que se comporta como una cárcel, que mantiene prisionero a un niño contra los deseos de sus padres y contra todo sentido común, no actúa con integridad.

Un hospital que recurre a una orden judicial para impedir que estos padres ejerzan su deber legítimo de actuar en el superior interés de su hijo, no actúa con integridad.

Un hospital que se niega a poner en discusión su (posible, aunque improbable, mal) diagnóstico, no actúa con integridad.

Un hospital que intenta expulsar al capellán que está dando consuelo espiritual y administrando los sacramentos a una familia que sufre, no actúa con integridad.

Un hospital que se niega a tomar en consideración alternativas, no actúa con integridad.

Un hospital que exige la presencia de la policía para impedir que los padres ejerzan su derecho legítimo a sacar a su hijo del hospital que le está tratando, y que amenaza con denunciar a estos padres por agresión si se hubieran atrevido a tocar a su hijo, no actúa con integridad.

Un hospital que se niega a facilitar el encuentro entre el propio personal médico y la dirección de otro hospital dispuesto a tratar al niño, no actúa con integridad.

Un hospital que no colabora con otros hospitales que han enviado personal, equipamiento y medios de transporte sanitario para responder al deseo de esos padres de intentar otras formas de tratamiento, no actúa con integridad.

Un hospital que se niega a hidratar y alimentar a un niño, no actúa con integridad.

Y lo que es más importante -y peor que la desafortunada elección de palabras utilizadas en su declaración-, es el vil fracaso en abordar el fondo de la cuestión: el vínculo privilegiado que existe entre los hijos y sus padres, que son los custodios que Dios les ha asignado.

En la declaración no se dedica ni una sola palabra a la sacralidad y la dignidad de la vida humana.

No se dedica ni una sola palabra a los derechos de los padres en cuanto educadores principales y únicos custodios legítimos de su hijo.

No se dedica ni una sola palabra al derecho primordial de los padres -y no del estado, de los médicos o de los jueces no elegidos y en desacuerdo entre ellos- de decidir lo que consideran ser el interés superior de su hijo.

Al estar totalmente ausente de su declaración la afirmación de la enseñanza católica sobre la vida y la familia, no debe ser considerada una declaración católica. Definirla tal sería profundamente engañoso.

Y lo que es más obvio aún es que, más allá de los miles de abortos que realizan cada año, los  hospitales que forman parte del servicio de salud nacional británico se están convirtiendo en fábricas de muerte, no sólo para los niños que aún no han nacido, sino también para los que ya lo han hecho. Ahora, cada progenitor del Reino Unido, católico o no, se preguntará, con razón, si al ingresar a su hijo en un hospital del sistema sanitario nacional del país, a ese niño le será permitido volver a salir para ver de nuevo la luz del día. Que nuestros obispos sigan alineándose con el sistema sanitario nacional británico, defendiendo lo indefendible, es totalmente incomprensible.

Y si se sienten ustedes tentados de etiquetar al que escribe esto, y a todos los que comparten mis opiniones, como “simples” cuyas facultades intelectuales no bastan para aferrar las sutilezas éticas y médicas de este caso, yo les respondo: cuando veo la tiranía, la reconozco. Cuando veo la opresión, la reconozco. Cuando veo la injusticia, la reconozco. Y lo mismo hacen miles de personas en el mundo. Si los guías de nuestra Iglesia, es decir, ustedes, permanecen callados ante esta tiranía, esta opresión y esta injusticia, no sólo fracasan en su misión de proclamar el Evangelio de Jesucristo, no sólo fracasan en su deber de defender públicamente la sacralidad y la dignidad de la vida humana, no sólo fracasan en defender los derechos de los padres como educadores principales y únicos custodios legítimos de los hijos -cada uno de estos fracasos es, individualmente, un pecado serio de omisión-, sino que se convierten en cómplices y participantes activos de actos gravemente malvados.

Siento decir que con este tipo de liderazgo -o, mejor, con la ausencia total del mismo que nuestros obispos están demostrando- en casos graves con relevancia pública como éste, en los que un firme testimonio público en defensa de la vida, la familia y los derechos parentales dados por Dios a los padres es no sólo necesario, sino también una obligación moral, no es de extrañar que el grey de los católicos practicantes disminuya tan velozmente. ¿Quién desearía seguir a pastores como estos?

Que todo esto haya ocurrido tan pronto después del caso de Charlie Gard, y habiendo tenido este caso un resultado fundamentalmente idéntico a aquel, a saber, la total falta de guía, de convicción y de valentía que estamos viendo por parte de nuestros obispos, hace que diga que me avergüenzo de ser un católico inglés.

Como dijo Edmund Burke: «Lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada».

Con toda la esperanza que el Espíritu Santo les motive a ustedes a poner en acto las palabras proféticas de San Juan Pablo II: «Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Si quieres la paz, defiende la vida. Si quieres la vida, abraza la verdad, la verdad revelada por Dios».

NON ABBIATE PAURA!!! *

JP Casey

Londres, 27 de abril de 2018

Publicado originalmente en La Nuova Bussola. Traducción de Helena Faccia para InfoVaticana
* En italiano en el texto [N.d.T.]

6 comentarios en ““Me avergüenzo de ser un católico inglés”
  1. Después de leer la nota de don Juan Antonio en el enlace https://www.obispadoalcala.org/noticiasDEF.php?subaction=showfull&id=1524690213&archive= citado por Ireneos, debo decir que tiene razón al afirmar que “También el obispo de Alcalá de Henares, don Juan Antonio Reig, ha salido a la palestra en este caso.
    Sospecho que habrá habido más obispos que más o menos mediáticamente se hayan pronunciado en el mismo sentido. Si alguien lo sabe, le agradecería que lo compartiera. Tal como están los tiempos, sería reconfortante.

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