PUBLICIDAD

Eijk sobre Amoris Laetitia: ‘Me gustaría mucho que el Papa hiciera algunas aclaraciones’

|

El cardenal Willem Eijk subraya que algunas conferencias episcopales han introducido directrices pastorales que implican que los divorciados que se han vuelto a casar puedan ser admitidos a la comunión y otras conferencias episcopales, en cambio, lo excluyen: «Lo que es verdad en un sitio A no puede ser falso en un sitio B. Estas diferentes interpretaciones de la exhortación, que conciernen a cuestiones doctrinales, causan confusión entre los fieles». 

«La crisis de la fe en Cristo ha llevado a una crisis de la fe en la norma absoluta, en la existencia de actos intrínsecamente malos y, por lo tanto, en el hecho que determinados principios no son negociables». El cardenal Willem Eijk habla a Il Timone de Holanda, su país, tierra que ha sufrido una fortísima secularización, baluarte de todos los denominados «nuevos derechos», desde la anticoncepción a la eutanasia. Y en el que se cierran iglesias a ritmos impresionantes, a veces transformándolas en restaurantes o salas de baile. Sólo un escaso 20% de la población se declara católico, mientras que en 1970 el 40% declaraba serlo.

Arzobispo de Utrecht, 65 años, Eijk ha sido presidente de la Conferencia Episcopal de los Países Bajos hasta 2016; fue creado cardenal por Benedicto XVI en 2012. Médico, filósofo y teólogo experto en bioética, acepta responder a las preguntas de Il Timone entrando en muchos temas importantes del debate eclesial y social actual. «Empezando a admitir la eutanasia en algunos casos bien definidos», dice contando la dramática situación de Holanda, «se acerca al plano inclinado, lo que los ingleses llaman “the slippery slope” (situación resbaladiza) y se llega a metas inquietantes. Las «distintas interpretaciones» del capítulo VIII de Amoris Laetitia que se ven actualmente en el orbe católico «causan confusión» en la Iglesia y le gustaría que «el Papa hiciera algunas aclaraciones en mérito, preferiblemente en forma de documento magisterial». El acceso a la Eucaristía para los divorciados que se han vuelto a casar, dice, sólo puede darse si se comprometen a vivir como hermano y hermana.

Eminencia, en Italia, después del divorcio, el aborto, la fecundación in vitro, las uniones civiles, ha sido aprobaba una ley que, más o menos directamente, abre a la eutanasia. ¿Qué piensa de estas leyes?

«Las leyes humanas deben estar fundadas sobre la ley moral natural, que encuentra sus raíces en la dignidad inalienable de la persona humana, creada por Dios a su imagen. Cuando una ley humana ofrece una apertura, por mínima que sea, a actos que violan la dignidad de la persona humana, se corre el riesgo de minar el respeto hacia ella».

En Holanda esta secularización está en marcha desde hace tiempo. ¿Por dónde empezó?

«Tras la introducción de la anticoncepción hormonal en 1964, surgió el problema del embarazo indeseado, por lo que se exigía el aborto voluntario. A mediados de los años 60, la idea era que se trataría de algunos casos al año, pero ahora el número de abortos es, desde hace tiempo, más de 30.000 al año. Este número es relativamente bajo, porque la mayor parte de las chicas usa la píldora desde la edad de 13 ó 14 años por iniciativa de los padres, que temen que sus hijas se queden embarazadas. Por ello, Holanda está orgullosa porque considera que tiene pocas adolescentes embarazadas. Pero así se genera también el problema educativo, porque el uso extendido de la píldora a una edad tan temprana no ayuda a la formación de la virtud de la castidad, es decir, a la integración de los impulsos y de los sentimientos sexuales en la entrega mutua total de sí que es el matrimonio, o en una vida célibe».

En lo que respecta a la eutanasia, su país es probamente uno de los más «avanzados» del mundo.

«Entre finales de los años 70 y principios de los 80, en Holanda se discutió la aplicación de la eutanasia (definida como supresión de una vida por parte de un médico por petición del paciente) y del suicidio asistido, pero sólo en el caso de la fase terminal de una enfermedad física incurable. Después, se aceptó también la supresión de una vida fuera de la fase terminal. En los años 90 se empezó a hablar de aplicar la eutanasia, o de asistir al suicidio, de pacientes con enfermedades psiquiátricas o en casos de demencia. Otra barrera cayó con el llamado «Protocolo de Groningen», un acuerdo entre neonatólogos y la fiscalía de la ciudad de Groningen, según el cual un médico que ha eliminado la vida de un recién nacido discapacitado no puede ser acusado, siempre que respete una serie de peticiones de cautela. De este Protocolo local nació un reglamento a nivel nacional para suprimir la vida de recién nacidos discapacitados. En el mes de octubre de 2016, el gobierno precedente al actual anunció su deseo de desarrollar una nueva ley que permitiría el suicidio asistido para personas que no sufren de una enfermedad somática o psiquiátrica, pero que piensan que su vida por motivos de soledad, edad o de una movilidad reducida está «cumplida», es decir, que ya no tiene sentido y puede ser suprimida. En el actual gobierno participan dos partidos cristianos que son contrarios a dicha ley. Sin embargo, un miembro del parlamento de un partido progresista de izquierdas quiere presentar un proyecto de ley que implica que la asistencia al suicidio, no necesariamente por parte de un médico, sea posible en el caso de considerar la vida «cumplida» para personas que tienen una edad mínima de setenta y cinco años. Esta breve historia muestra que los criterios para la supresión de la vida se han ampliado cada vez más y que el respeto por la persona humana y, por lo tanto, por la dignidad de la persona, se socava cada vez más. La puerta, una vez entreabierta, al final se abre de par en par. Al empezar a admitir la eutanasia para algunos casos bien definidos se llega al plano inclinado, a lo que los ingleses llaman “the slippery slope” (situación resbaladiza). Una vez que has pisado este plano inclinado, te deslizas por él más rápidamente de lo previsto».

¿Es el mismo plano inclinado por el que se ha llegado al matrimonio entre personas del mismo sexo?

«Holanda fue el primer país en legalizar el llamado matrimonio homosexual, en 2001. Es verdad, en un cierto sentido, también aquí se ha tratado de un plano inclinado. La legalización de la anticoncepción hormonal en la primera parte de los años 60 sugería que un acto sexual puede ser moralmente separable de la procreación. Una vez acostumbrados a esta idea, se llega a la conclusión que también otros actos sexuales, además de los que están finalizados a la procreación, son moralmente aceptables, entre los cuales los actos homosexuales. Es fundamental ser conscientes que las cosas están unidas unas a otras: cambiando un elemento de la moral sexual, al final se corre el riesgo de cambiarla radicalmente, tal vez sin darse cuenta al principio».

PUBLICIDAD

Da la impresión que muchos católicos comprometidos en política se han olvidado de los llamados «principios no negociables» (defensa de la vida, familia natural y libre educación).

«Los números 73-74 de la Evangelium Vitae de Juan Pablo II (1995) permiten que los políticos católicos, bajo ciertas condiciones, es decir, respetando las condiciones de los principios generales sobre la colaboración al mal, puedan votar una ley, por ejemplo, una norma restrictiva sobre el aborto aunque se trate de una ley intrínsecamente injusta, en el intento de prevenir que se acepte una propuesta de ley sobre el aborto más permisiva. Los políticos, limitando así el número de abortos provocados, pueden ver esta acción como una contribución al bien común. Muchos políticos católicos han defendido de esta manera su voto a favor de una ley sobre el aborto o la eutanasia, aunque nos podemos preguntar si de verdad siempre han seguido todas las condiciones mencionadas en la Evangelium Vitae y si su voto puede ser interpretado como una contribución al Bien Común. Ahora bien, a parte del hecho que muchos políticos estén efectivamente preparados para dialogar sobre los principios no negociables y para llegar a un compromiso éticamente justificable o no, temo que muchos de ellos ya no los vean como principios no negociables».

En su opinión, ¿cuál es la causa de esta situación?

«La crisis de la fe afecta siempre incluso a las convicciones morales, que son una parte intrínseca de aquella. La crisis de la fe en Cristo ha llevado a una crisis de la fe en la norma absoluta, en la existencia de actos intrínsecamente malos y, por consiguiente, en el hecho que determinados principios no son negociables. Sin embargo, “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5,29). Las leyes humanas deben corresponder a la ley moral natural, que salvaguarda la dignidad de la persona y que deriva del orden que Dios ha dado a su creación».

Eminencia, usted ha dicho que se necesitaría un documento de la Iglesia sobre el tema del género. ¿Cuál es la situación en Holanda? ¿Cuáles serán las consecuencias en futuro?

«Las Naciones Unidas y otras instituciones a nivel internacional y nacional impulsan la difusión de la teoría de género en la vida social, sobre todo a través de la educación. Por ello, es urgente un documento del Magisterio que explique la doctrina de la Iglesia sobre el vínculo esencial entre el género, el papel social como hombre o mujer y su sexo biológico, según la antropología cristiana para la que el cuerpo, sexo incluido, es una dimensión intrínseca de la persona. La distinción biológica entre el hombre y la mujer forma parte también del plan de Dios para la creación: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” (Génesis 1,27). Esto quiere decir que la diferencia sexual está relacionada con el haber sido creado a imagen de Dios; por lo tanto, de por sí refleja algo del Dios Uno y Trino, en sí mismo comunidad de tres Personas distintas la una de la otra en sus relaciones mutuas.

Desde 1985, en Holanda se puede pedir a un tribunal que modifique el sexo y el nombre en el certificado de nacimiento. Desde 2014, una persona de al menos 16 años, presentando una declaración de un experto de un centro para la disforia de género, puede pedir la modificación del sexo en el certificado de nacimiento al funcionario del registro civil de su ayuntamiento y, a continuación, que este cambio se refleje en el pasaporte, sin el consentimiento de un juez, ni una declaración médica y ni tan siquiera el consentimiento de los padres. En los años 70 se abrió el primer centro para la disforia de género en el hospital universitario de la Universidad Libre de Ámsterdam, cuyo jefe de servicio se convirtió en 1988 en el primer profesor de transexología del mundo. El tratamiento médico-hormonal y el tratamiento quirúrgico para la reasignación de sexo están cubiertos en gran parte por la sanidad pública, obligatoria para todos.

En un futuro no muy lejano, sobre todo los jóvenes, influenciados por proyectos de educación que fomentan la teoría del género, no comprenderán el valor intrínseco del sexo biológico y verán el género como un objeto de libre elección por parte del individuo, independientemente del sexo biológico. Esto ya tiene repercusiones hoy en día, y cada vez las tendrá más, en el modo de ver la familiar, el matrimonio y la sexualidad, lo que comporta dificultades muy grandes para la Iglesia católica en el anuncio de su doctrina. Y no sólo en el campo de la moral matrimonial y sexual, sino también en el campo de la teología del sacramento del orden: sin reconocer o comprender el significado esencial de la distinción biológica entre el hombre y la mujer, no se comprende la analogía entre Cristo y la Iglesia en la relación entre el esposo y la esposa (Efesios 5,21-33) y, por ello, no se comprenderá por qué sólo un hombre puede ser ordenado sacerdote».

En el mes de enero usted ha sido entrevistado por el diario holandés Trouw, donde ha afrontado la controvertida cuestión del acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar, un tema que es el resultado del camino sinodal. ¿Podría repetir su pensamiento en mérito a esta cuestión?

«La cuestión de si se puede permitir a los llamados divorciados que se han vuelto a casar por lo civil recibir la absolución sacramental y, por lo tanto, la Eucaristía, está dividiendo a la Iglesia. Hay en marcha un debate, a veces bastante vehemente, a todos los niveles, entre cardenales, obispos, sacerdotes y laicos. La fuente de la confusión es la Exhortación postsinodal Amoris Laetitia, escrita por el Papa Francisco como conclusión de los Sínodos sobre la familia de 2014 y 2015. Esta confusión concierne sobre todo al número 305 de la exhortación. Se observa que algunas conferencias episcopales han introducido directrices pastorales que implican que los divorciados que se han vuelto a casar puedan ser admitidos a la comunión con una serie de condiciones y después de un periodo de discernimiento pastoral por parte del sacerdote que los acompaña. Otras conferencias episcopales, en cambio, lo excluyen. Lo que es verdad en un sitio A no puede ser falso en un sitio B. Estas diferentes interpretaciones de la exhortación, que conciernen a cuestiones doctrinales, causan confusión entre los fieles. Me gustaría mucho que el Papa hiciera algunas aclaraciones en mérito, preferiblemente en forma de documento magisterial.

Yo mismo, al haber participado en ambos Sínodos sobre la familia, he argumentado que no se puede permitir a los divorciados casados de nuevo civilmente recibir la comunión; lo hice en un artículo publicado en un libro que contenía la intervención de once cardenales».

¿Puede explicar brevemente cuál es su posición?

«Jesús mismo dice que el matrimonio es indisoluble (Mateo 5,32; 19,9; Marcos 10,11-12; Lucas 16,18). Jesús, en el Evangelio según Mateo, (19,9; cfr. 5,32), parece admitir una excepción, es decir, que se pueda repudiar a la propia esposa «en caso de unión ilegítima». Sin embargo, el significado de la palabra griega, porneia, traducida aquí con «unión ilegítima» es incierto: significa muy probablemente unión incestuosa a causa de un matrimonio entre grados de parentela prohibidos (cfr. Levítico 18,6-18; cfr. Hechos de los Apóstoles 15,18-28).

El argumento más profundo es que no se puede permitir a los divorciados que se han vuelto a casar recibir la comunión en base a la analogía entre la relación entre marido y mujer y la relación entre Cristo y la Iglesia (Efesios 5,23-32). La relación entre Cristo y la Iglesia es un don mutuo total. La donación total de Cristo a la Iglesia se realiza en la donación de su vida en la cruz. Esta donación total está presente en el sacramento de la Eucaristía. Quien participa en la Eucaristía debe estar dispuesto a un don total de sí mismo, que forma parte de la donación total de la Iglesia a Cristo. Quien se divorcia y se vuelve a casar por lo civil, mientras el primer matrimonio no ha sido declarado nulo, viola el don mutuo total que este primer matrimonio implica. El segundo matrimonio de rito civil no es un matrimonio propio y verdadero. Violar el don total del primer matrimonio, que aún se considera válido, y la ausencia de la voluntad de abstenerse de este don total, hace que la persona implicada sea indigna de participar en la Eucaristía, que hace presente la entrega total de Cristo a la Iglesia. Esto no es óbice, sin embargo, para que los divorciados que se han vuelto a casar puedan participar en las celebraciones litúrgicas, también en la Eucarística, sin recibir la comunión, y que los sacerdotes les acompañen pastoralmente.

En el caso en que los divorciados vueltos a casar por lo civil no puedan separarse, por ejemplo, cuando tienen obligaciones hacia los hijos de ambos, pueden ser admitidos a la comunión o al sacramento de la penitencia, sólo respondiendo a las condiciones mencionadas en el número 84 de la Familiaris Consortio y en el número 29 de la Sacramentum Caritatis. Una de estas condiciones es que deben comprometerse a vivir como hermano y hermana, es decir, sin tener relaciones sexuales».

(Entrevista realizada por Riccardo Cascioli y publicada originalmente en Il Timone. Traducción de Helena Faccia Serrano para InfoVaticana)

12 comentarios en “Eijk sobre Amoris Laetitia: ‘Me gustaría mucho que el Papa hiciera algunas aclaraciones’
  1. Francisco ya ha aclarado de sobra en el sentido de que se puede comulgar en pecado mortal, aunque no lo llame así a tener relaciones extramatrimoniales consolidadas. Lo que procede ya, de una vez, es la corrección, como ha hecho Weinandy con su crítica frontal a este pontificado, un torpedo en la línea de flotación de la misericorditis nefasta : una misericordia que, al desgajarse de la verdad y de la justicia, se vuelve loca.

  2. He leído con cierto temor que el G9 está estudiando concederle autoridad doctrinal a las Conferencias Episcopales. Advierto que no parece necesario hacerlo instrumentalmente porque se está haciendo realmente. De hecho la división doctrinal ya existe y amenaza extenderse a otros sacramentos. Pero hay un elemento esencial que está siendo «eludido», la indisolubilidad del vínculo matrimonial válido. Ahí es donde está el muro que Cristo colocó y que nadie puede saltar aunque quiera hacerlo, ese muro además genera obligaciones irrenunciables. Esa división eclesial atenta contra el principio de unidad «que todos sean uno» que es un pedido de Cristo al Padre y que debemos restaurar prontamente.

  3. Los echeniques de este mundo buscan y buscan torpedear este papado. Este señor es uno de los pocos que sale a decir obviedades en busca de su espacio en los medios y los echeniques de este mundo – llenos de celo amargo – están felices pero cada vez mas lejos de la Iglesia.

  4. Ricardo balines, lamentablemente su vida se centra en denostar a Sr Echenique y a los que, gracias a Dios, pensamos como él, que no es más ni menos que lo que enseña la Iglesia de Cristo y no de Bergoglio. Para sostener su postura deberíamos conocer las razones para pensar cómo piensa y dejar de pegar golpes bajos y de mal gusto y dar razones, si las tiene.

  5. Pero vamos a ver, Ricardo Blaine, las declaraciones del cardenal Eijk ¿son fiel reflejo de la realidad, si o no? ¿El cardenal que denuncia la situación existente es fiel a la Iglesia o no? ¿Los hechos denunciados por el cardenal son contrarios a la doctrina o no?
    Hay que discutir sobre los hechos, no escabullirse atacando al mensajero o al comentarista de turno sin entrar a valorar la situación creada.
    Me recuerda este tipo de actitudes con las que se producen con el historiador Pío Moa. Le atacan permanente y torticeramente pero se niegan a debatir con él; son cobardes pero no tontos y, saben, que quedarían en evidencia si entraran en el análisis de los hechos.
    Por cierto. Este papado se hunde solo. No necesita que nadie le torpedee.

  6. Esa frase escrita por Echenique …. : » Francisco ya ha aclarado de sobra en el sentido de que se puede comulgar en pecado mortal, «… se parece escrita por Voltaire o Don Juan ..

  7. ¿Aclaraciones a Amoris laetitia?. Tres cardenales se han muerto esperándolas. La exhortación está escrita así a propósito, para poder negar que se dé la comunión a los pecadores públicos y permitirla en la práctica dejando esa responsabilidad al discernimiento de cualquier cura.
    Se considera un acto de caridad el administrar la comunión a un pecador público lo que acaba siendo una aprobación de su conducta que le pone en grave riesgo de condenación tanto a él como al sacerdote que procede así. Esa es la doctrina eterna de la Iglesia. Lo contrario es considerar las palabras del divino Maestro sobre la indisolubilidad del matrimonio como una opinión a título personal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles