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‘La cuestión de defender la vida me toca directamente porque podría haber sido asesinado’

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En el libro Esperanza para el Mundo el cardenal Burke asegura que “no hay nada más fundamental que el derecho a la vida” y llama a defender este derecho públicamente.

Para el cardenal Raymond Leo Burke “no hay nada más fundamental que el derecho a la vida” y ninguna otra causa puede reemplazar la defensa de la vida humana. En su conversación con Guillaume d’ Alançon recogida en el libro Esperanza para el mundo, el purpurado denuncia la tragedia de los niños asesinados con el aborto e insiste en la importancia de defender el derecho a la vida de los más débiles.

El cardenal explica que su propia historia le ha llevado a implicarse especialmente en la defensa de la vida. En 1948, su madre tuvo una grave enfermedad cuando estaba embarazada y permaneció ingresada en el hospital durante varias semanas. Ante esta situación, el médico le sugirió que abortara, insistiendo en que ya tenía cinco hijos y que era importante que tuviera salud para ocuparse de ellos.

“Mis padres se negaron -cuenta Burke- Tengo que decir que el médico no era católico. Mis padres le dijeron que eran creyentes y que Cristo les daría la ayuda necesaria. Mi madre me dio a luz a mí y todo fue bien. Por lo tanto, la cuestión de defender la vida me toca directamente, porque podría haber sido asesinado”.

‘A diario pienso en cada vida que es destruida’

Con 25 años fue testigo de la legalización del aborto en Estados Unidos con la sentencia del Tribunal Supremo Roe versus Wade de 1973. “Ahora se practican más de un millón de abortos cada año en los Estados Unidos. A diario pienso en cada vida que es destruida, perdida irrevocablemente por la acción humana. En mi opinión, esta situación no puede continuar”, denuncia.

El cardenal asegura que con la llegada del aborto la sociedad ha experimentado un aumento de la violencia: “El asesinato del ser humano más pequeño e indefenso es la raíz de la violencia social. Ahora hay gente que dice que las personas con enfermedades graves o los ancianos son inútiles. Es horrible. Detrás de esta visión del ser humano y su dignidad hay una lógica profundamente egoísta e individualista”.

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La importancia de la defensa pública de la vida humana

En esta entrevista, Burke subraya la importancia de defender la vida del no nacido públicamente y advierte acerca de la tentación de permanecer en silencio ante el crimen del aborto. “El diablo -indica- quiere desanimarnos, intenta sembrar la duda en nuestras mentes sobre la defensa pública de la vida humana. Y, de manera sutil, intenta que permanezcamos en silencio, acallar nuestra conciencia, diciéndonos a nosotros mismos que estamos personalmente contra el aborto, pero que no tenemos que expresar nuestra fe y convicciones morales en público”.

En relación con la causa provida en Estados Unidos, Burke destaca que muchos obispos se echan a la calle para defender el derecho a la vida y cada año un gran número de ellos participa en la Marcha por la Vida en Washington D.C, una iniciativa que considera muy importante para los fieles: “Necesitan ver a sus obispos convencidos de la importancia de dar constante testimonio público de su compromiso con la causa de la vida.”

“Hemos luchado durante más de cuarenta años en los Estados Unidos – continúa explicando- Cincuenta millones de niños han sido asesinados con el aborto. ¿Comprende realmente la gente la magnitud de esta tragedia? Si la comprendieran, los fieles tendrían motivos para sentirse descorazonados.”

‘Debemos comprender y escuchar el gran sufrimiento de las mujeres que han pasado por un aborto’

El cardenal habla también en esta entrevista del sufrimiento que provoca el aborto: “En mi ministerio como confesor, he podido observar que a la mujer implicada en un aborto le cuesta aceptar el perdón de Dios. Cuando una mujer comprende la gravedad del acto que ha realizado, un acto que contradice en lo más profundo su naturaleza maternal fundamental, tiene mucha dificultad en perdonarse a sí misma y en aceptar el perdón de Dios. Varias mujeres me han dicho que por la noche oyen el llanto de su hijo no nacido”.

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Burke hace hincapié en la necesidad de comprender y escuchar el gran sufrimiento de las mujeres que han pasado por la experiencia de un aborto y de permanecer cerca de ellas “como testigos de la misericordia divina, del inconmensurable amor de Jesús que abre los tesoros de su corazón a quienes, a pesar de su pecado, se atreven a dirigirse a Él con confianza”.

Este es el consejo que da a quienes están comprometidas en la promoción de la vida, recalcando la sensibilidad que hay que tener con las personas que han participado en un aborto: “Ciertamente, muchos han cometido este crimen presionados por una gran ansiedad. Debemos insistir sobre la seriedad del pecado, pero con amor hacia cada persona. Debemos garantizar a la mujer o al hombre implicados en este terrible hecho que Dios es misericordioso. Nada en la tierra está fuera del alcance de Dios.”

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