PUBLICIDAD

Cuatro ejemplos para entender la nueva vía de acceso a la Santidad: El ofrecimiento de vida

|

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, explicó en qué consiste la nueva vía para la beatificación establecida por el Papa Francisco: ofrecer la vida.

El 11 de julio de 2017, el Vaticano publicó el motu proprio del Papa Francisco titulado: “Maiorem hac dilectionem”, en el que estableció que ofrecer la vida sabiendo que vendrá una muerte segura es una nueva vía para proceder a la beatificación de un fiel.

En entrevista publicada en la edición del 5 de enero del diario del Vaticano, L’Osservatore Romano, el Cardenal explicó que hasta antes del documento de julio, “las vías para la beatificación de un siervo de Dios eran, salvo raras excepciones, sustancialmente dos: aquella basada en la heroicidad de virtudes y la que se basa en el martirio”.

“Ahora se añade una tercera vía que se refiere a los cristianos que, siguiendo de cerca las huellas y la enseñanza del Señor Jesús, ofrecen libre y voluntariamente la vida por los otros, perseverando hasta la muerte en este propósito”, explica el Purpurado.

A continuación el Cardenal Amato puso cuatro ejemplos para entender mejor el tema:

1.- “Aquellos que, durante una plaga, contraen la enfermedad al asistir por caridad a los enfermos y sucumben debido al contagio del mal. En este caso no hay martirio, porque no hay quien persiga por odio a la fe cristiana. Aquí estamos ante un ofrecimiento de la vida hasta la muerte”.

2.- “Aquellos cristianos –como obispos, párrocos, misioneros, médicos, educadores, militares, padres o madres de familia– que se ofrecen espontáneamente por un acto de caridad personal o social altamente riesgoso que hace prever como cierto el sacrificio de la vida”.

“Un ejemplo de esto –precisa el Cardenal– puede estar representado por aquellas gestantes cristianas que, para no dañar al niño que portan en el vientre, rechazan la cura necesaria para su salud, poniéndose así en camino a una muerte prematura segura”.

3.- El Prefecto indica además que “aparece como heroica la actitud de un joven que toma libremente y por caridad cristiana el lugar de un condenado a muerte que es padre de familia con hijos pequeños”.

4.-  También es un ejemplo “un capellán militar que, en vez de ponerse a salvo, sigue asistiendo a un moribundo en medio del fuego enemigo, hasta ser asesinado”.

El Cardenal Amato refiere que, como se ve en los ejemplos, “pueden ser muchos casos y deben ser analizados y documentados con extrema atención”.

El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos precisa asimismo que “hasta ahora no hay causas de beatificación en esta modalidad” del ofrecimiento de la vida.

PUBLICIDAD

Al ser preguntado sobre la razón de esto, el Purpurado italiano dijo: “Creo que se debe asimilar todavía bien esta tercera vía que, si bien es distinta de la heroicidad de las virtudes y del martirio, contempla modalidades precisas de acción”.

El motu proprio del Papa, concluyó el Cardenal, “introduce oficialmente en los procedimientos de las causas de beatificación un nuevo modelo de santidad canonizable, el del seguimiento de Cristo en la imitación de su supremo acto de amor, como dice el Evangelio de Juan: ‘Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos’”.

14 comentarios en “Cuatro ejemplos para entender la nueva vía de acceso a la Santidad: El ofrecimiento de vida
  1. Un capellán militar que cae bajo el fuego enemigo no es “asesinado”, al menos no necesariamente. Simplemente se expone con valor al fuego enemigo y, en cumplimiento heroico de su ministerio, puede morir sin que nadie haya querido “asesinarle”.
    Si en este punto particular el cardenal Amato se expresa con tanta confusión ¿qué pensar en general de la oportunidad y ortodoxia de esta innovación adicional en los procesos de canonización? Como en tantas otras materias, el desarrollo de la doctrina y de la práctica de la Iglesia fue siempre en el sentido de mayor rigor, claridad y precisión. Desde hace ya cincuenta años, es siempre en el sentido de mayor laxitud, oscuridad e imprecisión.

  2. Se trata de ejemplos heroicos de amor al prójimo que siempre me extrañó que la Iglesia no los reconociera en cambio canonizara a ciertos personajes que han causado daños irreparables a innumerables personas. Por lo demás, entiendo que por tratarse de un proceso canónico no está en juego la infalibilidad papal. Las pruebas pueden ser falsificadas.

  3. La historia del culto a los santos (cosa distinta de la santidad común, que en definitiva sólo Dios conoce y premia) comienza en la Iglesia con el culto a los mártires, muertos por odio a la fe, a quienes se considera unidos infaliblemente a Cristo por el testimonio de su sangre, sin atención a su vida anterior. Vino después el culto a santos no mártires, fuesen confesores o vírgenes, pontífices o doctores, en atención a la heroicidad de virtudes y rectitud de doctrina en su conjunto. Es cierto que un acto aislado de amor al prójimo, por sublime o heroico que fuese, pero sin consideración de la heroicidad de virtudes y rectitud de doctrina en su conjunto, no se ha honrado tradicionalmente en los altares. A diferencia del martirio por odio a la fe, podría incluso tratarse de un acto heroico de virtud puramente natural. Insisto, nada que ver con la santidad común, que en definitiva sólo Dios conoce y premia.

  4. La infalibilidad de las canonizaciones, no así de las beatificaciones, era opinión común entre los teólogos (pero no verdad definida) hasta las innovaciones de los últimos tiempos. La sostuvo en el siglo XVIII como doctor privado el cardenal Lambertini, después papa Benedicto XIV, en su célebre tratado sobre el asunto.
    Pero es cierto que, con la flexibilización de criterios y procedimientos e inflación santoral de los últimos tiempos, sobre todo desde Juan Pablo II, ha crecido el número de quienes se apartan de esa opinión común o simplemente la ponen en duda.

  5. ” No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos. ”

    Se podria decir . “No hay ” SANTIDAD ” más grande que el dar la vida por los amigos. “

  6. Escritura y Tradición han aplicado siempre esas palabras a nuestro Señor Jesucristo, que se entregó a la muerte para redimirnos del pecado.
    Parece en cambio muy osado invocarlas aisladamente para introducir, tras muchos siglos de culto a los santos y procesos de canonización, una innovación semejante. Adanismo, como de costumbre.

  7. Son ejemplos de un mismo caso: ofrecer la vida en favor de la de otro. Y no difieren en lo más mínimo por lo que a la canonización se refiere. Por eso se denomina causa de beatificación. La causa es única aunque los motivos sean distintos. No hay diferencia entre el capellán militar que, por atender a un herido en el campo de batalla, se expone a la muerte y el que lo hace en un hospital sabiendo que puede contagiarse de una enfermedad mortal. La virtud de la Caridad es teologal muy por encima de las que de ellas se derivan en el ámbito natural (generosidad, magnificencia, diligencia, templanza…)

  8. Cierto, Filemón, lo que abre la beatificación y la canonización a miles de soldados del Ejército Nacional que ofrecieron su vida para que la Bestia Roja y Negra fueran expulsada de España.

  9. No se ven cambios significativos agregando esta nueva causal, la cual ya estaba prevista implícitamente, al considerar la existencia de martirio, cuando el ofrecimiento de la vida era por el prójimo, ante muerte cercana y cierta. El ejemplo es claro con la canonización de Maximiliano Kolbe como mártir.

    En este caso del Motu Propio, el Papa de San Gallen nos descubre, con su “humildad”, que hay causas de canonización que no habían sido vistas por la Iglesia en el pasado y que él viene ahora a reivindicar, dejando como unos tontos a los católicos anteriores a su pontificado, por no advertir esto tan claro que estaba en el evangelio de Juan.

    ¿Entonces? y bueno, puede ocurrir como con la AL (estaba bien clara la moral sexual y matrimonial católica hasta que apareció la confusa exhortación), que se haga goma de mascar con este motu propio para hacer entrar al santoral a gente que con los criterios habituales en la Iglesia no hubiera sido incluida.

  10. Maximiliano Kolbe fue beatificado como confesor por Pablo VI en 1971, y canonizado como mártir por Juan Pablo II en 1982.
    Gran santo sin duda por la heroicidad de sus virtudes, incluyendo el sublime acto de caridad fraterna que le llevó a la muerte, y por su rectitud de doctrina. Pero no mártir en el milenario sentido católico desde los primeros siglos de la Iglesia.
    Que una innovación se remonte germinalmente a 1982 bajo Juan Pablo II (¿fue entonces “humilde”?), en lugar de puramente a 2017 bajo Francisco, no altera su adanismo, aunque la disculpe a ojos de algunos.

  11. Generalmente cuando se entrega la vida por amor al prójimo, en quien ve a Dios, sea de forma consciente o no, no lo hace sino bajo el impulso del Espíritu Santo y, generalmente también, suele ir acompañada de una vida de piedad anterior, con unas u otras connotaciones. Esta vida de unión con Dios es la que suele hacer posible que actué con mas plenitud el amor al prójimo que Dios pone en el alma. No obstante, Dios es dueño y señor de su Gracia y puede actuar de otros modos, como se lee en algún caso en las Actas de los Mártires.

  12. ¿Qué hay de la virtud heroica? Creo que si hubiera existido esta posibilidad en los casos de Santa María Goretti y San Maximiliano Kolbe, hubiera sido aplicable. Fueron declarados mártires, pero no murieronn por odium fidei. Habría que hacer un análisis exhausitvo de los casos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles