‘La Iglesia no debe ocuparse de ius soli’

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El ius soli no atañe a la Iglesia. Ésta es, en síntesis, la posición de don Nicola Bux, estrecho colaborador de Joseph Ratzinger.

Francesco Boezi / Il Giornale El ius soli no es competencia de la Iglesia católica. Ésta es, en síntesis, la posición de don Nicola Bux, sacerdote de la diócesis de Bari y conocido por haber compartido cultural y espiritualmente su recorrido con Benedicto XVI.

«Una profunda amistad», nos dice Don Bux, marcada por la colaboración nacida en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Hemos entrevistado al sacerdote acerca de la posición de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) respecto a la necesidad de aprobar la propuesta sobre el ius soli, las intervenciones públicas de la Iglesia en mérito a esta cuestión y el posible punto de vista al respecto de Joseph Ratzinger.

Monseñor Bux, ¿apoya usted el ayuno en favor del ius soli anunciado por el arzobispo de Ferrara?

Un obispo debería saber que el ayuno, como enseña el Catecismo [n. 1969], es un acto religioso ordenado a Dios «que ve en lo secreto», por oposición al deseo de «ser visto por los hombres». Es, además, una expresión penitencial para convertirse y obtener el perdón de los pecados; sirve para adquirir dominio sobre nuestros instintos y la libertad de corazón. Con estas premisas, se debería comprender por qué es necesario el ayuno para prepararse a la Comunión eucarística. En resumen, no tiene nada que ver con el ayuno practicado por los radicales cum similibus, que han infectado con sus ideas a pastores y fieles.

La CEI, si bien ha evidenciado recientemente que no es suficiente requisito «nacer», sostiene abiertamente la aprobación de la ley. ¿Toda la Iglesia sostiene de manera unitaria esta posición?

Recientemente he recordado que esta cuestión, como otras, no son asunto de la Iglesia. Ésta se debe ocupar de la promoción humana, es cierto, pero dando a conocer el Evangelio y proponiendo a los hombres «la economía de la salvación» que se realiza con los sacramentos. Jesucristo llevó a cabo la denominada «integración» predicando el Evangelio y, en primer lugar, la conversión a Dios. De este modo, el apóstol Pablo pudo afirmar que, una vez bautizados en Cristo, ya no existe judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, sino que todos somos uno, integrados en su cuerpo que es la Iglesia. La Iglesia católica se ha difundido en el mundo para cumplir esta misión, y no otra. Me parece que el Secretario de Estado vaticano ha declarado recientemente que el resto es una cuestión que atañe a la política. El profesor Galli della Loggia ha puesto en guardia a la Iglesia de competir con las organizaciones humanitarias. El problema surge cuando los hombres de Iglesia hablan como políticos, y los políticos como hombres de Iglesia… La Iglesia, si tiene que decir algo en mérito, es respecto al ius Coeli: es decir, que no se nace como hijos de Dios, sino que nos convertimos en tales con el bautismo. Es un error que la CEI apoye campañas políticas, porque la implican en cuestiones que no le competen. Al hacerlo, confunden a los fieles y los que tiene la capacidad de dar juicios desde un punto de vista católico ya no se reconocen en la Iglesia.

Usted ha colaborado con Benedicto XVI. Permítame que le pregunte: ¿qué piensa, según usted, el Papa emérito sobre todo esto?

Ciertamente Benedicto XVI diría que hay que volver a encontrar el valor de la distinción de lo que es cristiano. Mons. Sandro Maggiolini, obispo de Como, observaba que con frecuencia la jerarquía católica se deja atemorizar, abandonando a los simples, que tienen derecho a ser tutelados, en manos de las corrientes más innovadoras y, tal vez, más frágiles. Se ha llegado así a una especie de inconsciente apostasía de masa por parte del pueblo de Dios. Hoy en día es difícil reconocerse en una comunidad de fe, de moral y, sobre todo, de disciplina.

El Centro Astalli colabora con Emma Bonino en la campaña «Ero straniero» [«Era extranjero»], con el fin de superar la Ley Bossi-Fini. Colaboran también otras entidades católicas, procedentes sobre todo del asociacionismo. ¿La Iglesia piensa ya como los Radicales Italiano [partido político que se define liberal, liberista y libertario]?

Es bien sabido que muchos santos han practicado las obras de misericordia corporal y, más aún, espiritual: no han realizado las primeras omitiendo las segundas, como aconsejar a los dudosos, enseñar a los ignorantes, amonestar a los pecadores… estas hoy se omiten, porque no están de moda. Se sabe lo que esta mujer en cuestión ha dicho y hecho en materia de aborto y demás. Jesús le diría: «Mujer, no peques más». Quienes están en compañía de Jesús, como San Ignacio llamó a su fundación, deberían saberlo más que nadie y, siguiendo el ejemplo de su fundador y de la gran cantidad de santos que a ella pertenecen, deberían pedirle a Bonino, antes que nada, que se convirtiera e hiciera penitencia. Si no, están llegando a la apostasía, al alejamiento del pensamiento de Cristo. Conozco a muchos jesuitas que sufren por esto.

El ius soli, sin embargo, parece secundar una cierta narrativa sobre la acogida como prerrogativa de la caridad. ¿Es así? 

La acogida que Cristo pide a la Iglesia es la que lleva a la conversión (Catecismo, n. 1229), porque ésta es la primera caridad, término que indica, sobre todo, el amor de Dios por nosotros. La acogida de extranjeros que en su país de origen no tienen seguridad ni recursos es, en cambio, prerrogativa de las naciones (n. 2241), sobre todo de las más ricas en la medida de lo posible: recordar también el respeto a las leyes del país de acogida es un asunto de los poderes públicos.

Quienes en la Iglesia se han alineado contra la aprobación del ius soli, ¿han tomado esta postura para oponerse al Papa Francisco?

Quien pensara esto estaría atribuyendo al Papa un papel faccioso en la Iglesia: tomando partido por unos y contra otros y, así, dividiéndola en lugar de unirla. Los partidos pertenecen a la política, como también la organización y la solución de las necesidades. Recordemos las palabras de Cristo: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

(Publicado en Il Giornale. Traducción de Helena Faccia Serrano)

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Comentarios
3 comentarios en “‘La Iglesia no debe ocuparse de ius soli’
  1. Pues es otra de las obsesiones, elevada a dogma, de la misericorditis aguda que padecemos sin criterio alguno. Es más, si no lo aceptamos no somos cristianos, como si admitimos la pena de muerte en ciertos casos extremos.

  2. Qué placer leerle. Sabe distinguir los distintos planos de cualquier cuestión compleja, a diferencia de quienes confunden todo, guiados quizás por el demonio, que suele disfrazarse de causas nobles para hacer daño.

  3. Cuando la Iglesia se ocupa de ius soli, hasta con huelgas de hambre politically correct, es porque no se ocupa de lo que se tiene que ocupar, la salvación de las almas.

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