La Conferencia Episcopal Tarraconense no existe

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En estos días tumultuosos que vive nuestro país, con unas autoridades regionales en abierta rebeldía contra la legislación nacional, es probable que quienes sigan de cerca la actualidad eclesial se habrán topado alguna vez con las declaraciones o actos de una ‘Conferencia Episcopal Tarraconense’.

Por ejemplo, nuestro hipotético lector podría haber leído en ‘Alfa & Omega’, el órgano oficial de la Diócesis de Madrid un artículo titulado ‘Los obispos catalanes apuestan por el diálogo y la sensatez en un momento «delicado»’, que empieza con estas palabras: «La Conferencia Episcopal Tarraconense emitió este miércoles un comunicado sobre la situación que vive Cataluña en los últimos días, al hilo del referéndum convocado por la Generalitat, en el que apuestan por el diálogo y el entendimiento frente a la confrontación».

Incluso en esta misma publicación hemos abierto idéntica noticia con un titular muy similar. Uno lee una nota emitida por una institución llamada Conferencia Episcopal Tarraconense, presidida por el obispo de Tarragona, y lo normal después de comprobar que la fuente es legítima es tratar a la misma como lo que dice ser.

Y, bueno, por qué no. Después de todo, aunque, como regla general, las conferencias episcopales son nacionales, es decir, comprenden a los obispos de un solo Estado, la normativa canónica misma contempla la posibilidad de «erigirse una Conferencia Episcopal para un territorio de extensión menor o mayor, de modo que sólo comprenda a los Obispos de algunas Iglesias particulares existentes en un determinado territorio, o bien a los Prelados de las Iglesias particulares de distintas naciones».

Cualquiera puede entrar en el espacio online que mantiene la susodicha conferencia, donde podrá leer que «la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET) se constituyó en el año 1969 y está integrada por los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y de la provincia eclesiástica de Barcelona, y se reúne por estudiar los problemas comunes a las diez diócesis y para coordinar las actividades pastorales, según lo exija el bien común de las Iglesias particulares».

«El presidente de la CET es el arzobispo de Tarragona».

«Son miembros de la Conferencia los arzobispos y obispos residenciales, los coadjutores y los auxiliares, con jurisdicción todos ellos en el ámbito de las dos provincias eclesiásticas citadas».

Solo hay un pequeño problema, un detalle, una minucia: la Conferencia Episcopal Tarraconense, como sujero de derecho canónico, no existe.

Ahora, no hay razón alguna para que, en uso de la libertad de los hijos de Dios, los obispos de un área cualquiera monten una organización para coordinarse de alguna forma; el problema es que llamarse ‘conferencia episcopal’ llama a engaño, queremos pensar que sin dolo. Lo mismo podrían hacer los obispos gallegos con los asturianos y leoneses, pero si se llamaran ‘Conferencia Episcopal Sueva’ estarían empleando el nombre de manera abusiva (aunque, admitámoslo, muy vistosa).

Porque, ay, «compete exclusivamente a la autoridad suprema de la Iglesia, oídos los Obispos interesados, erigir, suprimir o cambiar las Conferencias Episcopales». Y va a ser que no, todavía no.

No es que los obispos que la conforman no haya actuado canónicamente; de hecho, la ‘conferencia’ está a la espera de la aprobación, por parte de la Santa Sede, que dará personalidad jurídica conjunta a las diez diócesis catalanas, en cumplimiento a aquello que se pedía en la resolución n. 142 del Concilio Provincial Tarraconense, celebrado el junio del 2005.

Pero lo normal, lo leal, lo correcto, sería esperar a la aprobación oficial de la Santa Sede -si la hubiera- para adaptar un nombre que aún no le corresponde y que llama a engaño en cuanto a su naturaleza y al peso eclasial de sus resoluciones. Como poquísimo, supone arrogarse una autoridad de la que carece colectivamente y una trampa en cada comunicado a unos medios que no tienen razones para dudar de que son lo que dicen ser.

Entendemos que lo ‘nacional’, como escribíamos en el último artículo, tiende a eclipsar lo propiamente eclesial en la iglesia catalana, y no habrá quien, conocida la ‘trampa’, quiera ver en la ficticia ‘conferencia episcopal tarraconense’ un embrión para una futura Conferencia Episcopal catalana. Pero las prisas nunca son buenas, y la verdad es siempre la mejor política, más en estos casos.

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Comentarios
4 comentarios en “La Conferencia Episcopal Tarraconense no existe
  1. Los Clérigos tienen que tener mucho cuidado para que no caigan en la maldición Bíblica: «Por vuestra culpa es blasfemado el Santo Nombre de Dios «, por meterse donde no les llaman, osea en Política.

  2. la iglesia y su estructura mundana -política en el mundo. LA conferencia catalana existe por que la iglesia católica IMPONE obispos nacionalistas catalanes en las diócesis catalanas. En las diócesis de Perpiñán ( Cataluña francesa) no pone obispos nacionalistas `pro tanto en Francia no hay conferencuis episcopales catalanas ni reales ni virtuales.
    La Iglesia católica ha decidido que Francia EXISTE pero España NO EXISTE. curiosamente en sintonía con absolutamente TODAS las fuerzas políticas existentes en España ( y las por existir también, pues de eso se trata en esta dictadura totalitaria católica, de no dejar que Dios se manifieste en la voluntad de los hombres sino de imponer la del poder de Roma secuestrándola a través de las falsas identidades políticas de los distintos partido que al final resultan ser el mismo partido católico)
    La tan cacareada izquierda «cristianófoba» ( entendemos que tan fóbica con Jesucristo como lo es la Iglesia romana) pues mantiene exactamente los mismos postulados que la Iglesia en referencia a España y los españoles es decir: ESPAÑA NO EXISTE, sino » cataluñas» países vascos» y demás, pero FRANCIA SI EXISTE ( allí en impensable que exista » BORGOÑA» , » CATALUÑA», » BRETAÑA» o que ALSACIA sea como históricamente fue parte de ALEMANIA )
    LA Iglesia católica es DIOS Y CESAR, es la mayor burla a Jesucristo existente desde hace 1700 años. desde que Constantino el emperador fundó ese imperio global » católico»

  3. El Concilio Provincial Tarraconense se reunió los fines de semana de enero a junio de 1995. Barcelona, que hasta 1964 fue sede sufragánea de la archidiócesis de Tarragona (como el resto de diócesis catalanas), no era arzobispado metropolitano ni en 1969 ni en 1995. Se constituyó la provincia eclesiástica barcinoniense en 2004, erigiéndose las sedes sufragáneas de Sant Feliu de Llobregat y Terrassa. Esta última había existido ya en el pasado con el nombre de Égara. Se trataba, pues de una restauración.
    La archidiócesis de Barcelona pudo participar en el Concilio Provincial de 1995 tras pedir y obtener el permiso de la Santa Sede.
    Los obispos de provincias eclesiásticas dentro de una misma autonomía o autonomías vecinas se reúnen periódicamente y a veces emiten documentos o declaraciones conjuntos. Tal es el caso de Granada, que incluye Cartagena-Murcia, y Sevilla, a la que también pertenecen Canarias, Tenerife y Ceuta. Melilla pertenece a la diócesis de Málaga, dentro de la provincia eclesiástica granadina. Se presentan como obispos del Sur de España. Sería absurdo que se autodenominaran, por ejemplo, «conferencia episcopal hispalense». Entonces la otra provincia eclesiástica, Granada, ¿dónde quedaría?
    Lo más lógico sería que los obispos que se autodenominan conferencia episcopal tarraconense se presentaran como obispos de Cataluña, lo que incluiría a ambas provincias eclesiásticas.
    Y sobre la resolución nº 142 del Concilio Provincial Tarraconense, la Santa Sede debería tener en cuenta que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar.
    A nuestros obispos (escribo desde un rincón de la diócesis de Girona), más les valdría interrogarse muy seriamente sobre la caída en picado de la asistencia a la misa dominical, las vocaciones, bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, bodas canónicas, recepción de los últimos sacramentos y sepulturas eclesiásticas.

  4. chus: Aunque te expresas de forma vehemente, lo que comentas tiene bastante sentido y comparto algunas de tus reflexiones. Es difícil y complicado separar lo social de lo político, por lo imbricado de sus génesis y consecuencias.

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