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El cardenal Sarah plantea que el ofertorio y el Canon Romano se recen en secreto

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El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha pronunciado su conferencia sobre ”El Silencio y el primado de Dios en la liturgia’ en los actos de celebración del X aniversario del Motu Proprio Summorum Pontificum.

Con ocasión de los actos de celebración del X aniversario del Motu Proprio Summorum Pontificum en Roma, el cardenal Robert Sarah, autor de La fuerza del silencio, ha hecho hincapié en la importancia del silencio en las celebraciones litúrgicas y en la relación de enriquecimiento mutuo entre las dos formas del Rito Romano.

Como parte de su reflexión sobre el enriquecimiento mutuo entre las dos formas, Sarah ha planteado que el ofertorio y el Canon Romano se recen en secreto: «El silencio orante de las oraciones del ofertorio y el Canon Romano, ¿podrían incluirse para enriquecer la forma ordinaria? En nuestro mundo tan lleno de palabras -y cada vez lo está más-, lo que se necesita es más silencio, también en la liturgia

«El silencio ritual en estas partes de la Misa en la forma extraordinaria es fecundo: las almas de las personas son capaces de elevarse hacia las cosas celestes porque hay un espacio que permite hacerlo», ha asegurado.

El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha señalado que «la disciplina del “silencio” verbal y ritual», de la que está impregnado el usus antiquior -la forma antigua del Rito Romano- «es también un tesoro que hay que compartir y apreciar en nuestro modo de celebrar según el usus recentior».

Durante la conferencia sobre «El Silencio y el primado de Dios en la Sagrada Liturgia», el purpurado también ha vuelto a hacer referencia a la importancia de restablecer la orientación hacia Oriente del sacerdote y los fieles, de dirigirse “ad Deum” o “ad orientem” durante la liturgia eucarística.

“Esta gestualidad está casi universalmente asumida en las celebraciones del usus antiquior que, gracias al Motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, está libremente disponible para todos aquellos que deseen utilizar dicha forma”, ha añadido Sarah.

El cardenal Sarah ha insistido en que esta “antigua y hermosa práctica”, que manifiesta el primado de Dios Omnipotente, no está restringida al usus antiquior, sino que es perfectamente apropiada, e incluso pastoralmente recomendable, en las celebraciones del usus recentior.

Lea también: Sarah vuelve a proponer ‘la Reforma de la Reforma’ litúrgica en una lección magistral en Roma

A continuación, puede leer algunos fragmentos de la conferencia del cardenal Robert Sarah traducidos por Helena Faccia Serrano para InfoVaticana:

[…] No obstante, puede haber una relación de enriquecimiento mutuo entre las dos formas. Permanece la cuestión de una más fiel implementación de la reforma litúrgica deseada por los Padres del Concilio Vaticano II, a la que hice referencia el año pasado en Londres. A veces a esto se le llama la cuestión de la “reforma de la reforma”, si bien dicha expresión, a algunas personas, les infunde temor. Aunque reconozco la necesidad de estudiar y profundizar dichas cuestiones, prefiero hablar de un “enriquecimiento positivo” a través del cual los elementos positivos presentes en el usus antiquior puedan enriquecer al recentior, y viceversa.

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Por ejemplo: el silencio orante de las oraciones del ofertorio y el Canon Romano, ¿podrían incluirse para enriquecer la forma ordinaria? En nuestro mundo tan lleno de palabras -y cada vez lo está más-, lo que se necesita es más silencio, también en la liturgia. El silencio ritual en estas partes de la Misa en la forma extraordinaria es fecundo: las almas de las personas son capaces de elevarse hacia las cosas celestes porque hay un espacio que permite hacerlo. La disciplina del “silencio” verbal y ritual, de la que está impregnado el usus antiquior del Rito Romano, que permite escuchar más claramente al Señor, es también un tesoro que hay que compartir y apreciar en nuestro modo de celebrar según el usus recentior.

11 comentarios en “El cardenal Sarah plantea que el ofertorio y el Canon Romano se recen en secreto
  1. A Maria R y Echenique
    Escribo estas líneas con motivo de que, de nuevo, me han censurado un artículo de cierta extensión sobre la moral cristiana. Iba dirigido en defensa de mis dos queridos y admirados compañeros de combate por la fe católica,.
    No sé cual es el problema de por qué me censuran. Por ello aviso a los que lo quieran leer: lo pueden encontrar en uno de mis blogs, titulado La Piedrecita, pero hay que poner en la barra del google: 21lapiedrecita
    Un cordial saludo a todos los infovaticanos y que Dios os bendiga
    Penthos 15-9-2017

  2. No te preocupes penthos. Creo que eso nos pasa a todos los habituales. Hay censuras previas y a posteriori. Luego compruebo que algún artículo censurado pasa a ser noticia en Infovaticana. Toda siembra es fructífera, hasta la censurada, que puede ser todavía más. Laus Deo.

  3. El nivel de apartamiento de Sarah es inversamente proporcional a su valía. Sarah es un rebelde, gracias a Dios. Más se empeñan en ponerle el bozal, más elocuencia nos regala, para beneficio de la Iglesia de Cristo.

  4. Es bueno saber que con esto Sarah les está diciendo que ya ni lo propongan de candidato al Papado, lástima para aquellos que pretendian una restauración preconciliar luego del Papa Francisco, con Sarah a la cabeza, tendrán que buscar otro candidato

  5. penthos: Me ha encantado tu artículo, porque siempre se aprende mucho con lo que escribes. Personalmente pienso que ha sido censurado porque hablas de Bergoglio y no de Francisco, y recuerdo que un comentarista, creo que fue Echenique, se quejó de que cuando él le llamaba así le cesuraban los comentarios, mientras que en algún artículo que se publicaba se le nombraba de ese modo. ¡Espero de corazón que no te desanimes por ello y que sigas defendiendo nuestra querida doctrina católica de siempre, de la que tantos conocimientos tienes!

  6. Esteban: Decir que los fieles católicos o católicos fieles queremos una restauración preconciliar es no conocer en absoluto la doctrina del Concilio Vaticano II. Insinuar que los cambios doctrinales que estamos viendo están basados en la doctrina de dicho Concilio es simplemente mentira. No conviene olvidar la famosa homilía del Papa Pablo VI : «…Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Por el contrario ha venido un día de nubes , de tempestad, de oscuridad, de búsqueda, de incertidumbre y se siente fatiga en dar la alegría de la fe. (..) ¿Cómo ha ocurrido todo esto?.. Nos , os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso. Digamos su nombre: el Demonio, ese misterioso ser que está en la propia carta de S. Pedro que estamos comentando y al que se hace alusión tantas y cuantas veces en el Evangelio- en los labios de Cristo- vuelve la mención de este enemigo del hombre. Creemos en algo preternatural venido al mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio ecuménico y para impedir que la Iglesia prorrumpiera en himnos de júbilo por tener de nuevo plena conciencia de sí misma. «

  7. «Diferencias entre lo que se dijo dentro del Vaticano II (documentos) y lo que se dijo fuera (comunicación)». Con este título puede leerse un importante artículo en la web Foros de la Virgen María, dónde se nos dice que el Padre Iraburu maneja la tesis de que los documentos del Concilio Vaticano II muestran una continuación con la doctrina católica y los Padres de la Iglesia. Pero que su realización dió pie a dos movimientos contrarios. Por un lado, corrientes modernistas, que existían previamente en la Iglesia, encontraron algunas frases sacadas de contexto y algunas frases desafortunadas, para plantear su cristianismo renovado y elaborar la teoría del «ESPÍRITU DEL VATICANO II» COMPONEDOR CON EL MUNDO. Y por otro lado, los medios de comunicación seculares fueron la herramienta para comunicar este «aparente cambio» generando la legitimidad de dicho cambio entre los católicos de «a pie» y desinformándolos sobre los verdaderos resultados del Concilio. A continuación se dice «La falsificación del ConcilioVaticano II se inició durante su misma celebración» y se afirma: Algunos teólogos y obispos modernistas consiguieron que la difusión mediática de las enseñanzas conciliares estuvieran ampliamente dominadas por la orientación modernista. De entre las muchas FALSIFICACIONES, una de las más patentes Y DE PEORES CONSECUENCIAS, FUE LA QUE INTERPRETABA LA DOCTRINA DEL CONCILIO, CONCRETAMENTE LA DE LA CONSTITUCIÓN GAUDIUM ET SPES, COMO UNA RECONCILIACIÓN PLENA DE LA IGLESIA CON EL MUNDO MODERNO. Evidentemente esa intención y doctrina que hubiera significado una renuncia al Evangelio y una ruptura con el Magisterio apostólico tradicional, ERA COMPLETAMENTE AJENA Y CONTRARIA A LA MENTE Y VOLUNTAD DE LOS 2.344 PADRES CONCILIARES QUE DIERON SU VOTO FAVORABLE AL DOCUMENTO, frente a los 6 que lo dieron en contra. Sin embargo, FUERON MUCHOS LOS QUE MALINTERPRETARON ESE Y OTROS TEXTOS CONCILIARES. Muy poco después del Concilio A. Sigmond afirmaba que la primera impresión es que la Iglesia no consideraba ya como adversario al mundo. Pero muy pronto se demostró que esta fórmula era falsa ( «Dialogue dans un monde secularisé» «La vie Spirituelle»). Muy pronto también se denunciaron las interpretaciones falsas del Concilio. Pero estas interpretaciones falsas, difundidas por los modernistas siguieron produciéndose y llegaron a predominar en los medios de comunicación e incluso en muchos teólogos, persistiendo hasta nuestros días. (…) . Asi, gracias a estas interpretciones falsas se consideraba que «Por fin la Iglesia había entendido que las pesimistas prevenciones de Cristo al enviar a los discípulos al mundo: «El mundo os odiará y os perseguirá» (Jn 15, 19-20), «yo os envío como corderos en medio de lobos» (Lc 10, 3), eran falsas y completamente injustificadas». Esta falsedad sobre «El cese de hostilidades entre la Iglesia y el mundo establecido, trajo de hecho, en muchos ambientes, una mundanización considerable de buena parte del pueblo cristiano, que lo llevó con frecuencia a la apostasía». «Para los progresistas, esta reconciliación de la Iglesia con el mundo sigue siendo una «doctrina» conciliar evidente y de gran fuerza apostólica renovadora. Para los católicos tradicionales -es decir, para los católicos que para ser católicos han de ser siempre bíblicos y tradicionales- es una falsificación del Concilio Vaticano II que trae consigo una mundanización lamentable de la vida cristiana y para los tradicionalistas es un escándalo insuperable, una ruptura obvia de la Iglesia con el Evangelio y con el Magisterio tradicional, perpetrada por el Concilio Vaticano II. (…) Muchos manuales de espiritualidad postconciliares – principalmente los dirigidos al campo de la pastoral, suprimieron prácticamente el «combate espiritual» del pueblo cristiano con su mundo circundante. (…). La falsificación del Concilio Vaticano II ha traido consigo que en no pocos tratados de espiritualidad, que prácticamente se ignore o se reduzca a mínimos vergonzanrtes, al mundo como adversario del hombre y al demonio como enemigo de los hombres. Algunos hablan algo del mundo, del demonio nada, pero los que hablan del mundo lo hacen casi únicamente en términos de colaboración y de diálogo con él, silenciando la fuerte doctrina de Jesucruisto sobre el mundo, la misma de S. Juan y San Pablo y la mantenida por la Tradición, o incluso rechazándola y considerándola como felizmente superada. «El Concilio Vaticano II enseñó sobre el mundo secular una doctrina perfectamente católica, fiel al Evangelio y al Magisterio Tradicional. En sus documentos, concretamente en la Gaudium et spes se desarrollan doctrinas tradicionales siempre en continuidad con el Magisterio apostólico precedente, nunca con ruptura. El Concilio Vaticano II debe verse en sus documentos «. Pues esta es la realidad: la mejor forma de conocer realmente lo que dice el Concilio Vaticano II es leyendo sus documentos. Porque las falsedades que se han dicho sobre la doctrina del Concilio Vaticano II han sido tan persistentes, tan difundidas, tan generalizadas y tan graves y han hecho tanto daño a la Iglesia y a los católicos , a muchos de los cuales les ha llevado a la apostasía, que la única explicación que cabe es la dada por Pablo VI: «Nos, os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso, digamos su nombre : el Demonio (…) Creemos que algo preternatural ha venido al mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio ecuménico».

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