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‘Jesús nos invita a ir mar adentro, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo’
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‘Jesús nos invita a ir mar adentro, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo’

Aciprensa
8 septiembre, 2017

El Papa Francisco pronunció una homilía en la Misa que presidió en el Parque Simón Bolívar ante una multitud de fieles en Colombia, a quienes los alentó a no tener miedo de remar mar adentro juntos.

A continuación el texto completo de su homilía:

El Evangelista recuerda que el llamado de los primeros discípulos fue a orillas del lago de Genesaret, allí donde la gente se aglutinaba para escuchar una voz capaz de orientarlos e iluminarlos; y también es el lugar donde los pescadores cierran sus fatigosas jornadas, en las que buscan el sustento para llevar una vida sin penurias, una vida digna y feliz. Es la única vez en todo el Evangelio de Lucas en la que Jesús predica junto al llamado mar de Galilea.

En el mar abierto se confunden la esperada fecundidad del trabajo con la frustración por la inutilidad de los esfuerzos vanos. Y según una antigua lectura cristiana, el mar también representa la inmensidad donde conviven todos los pueblos. Finalmente, por su agitación y oscuridad, evoca todo aquello que amenaza la existencia humana y que tiene el poder de destruirla.

Nosotros usamos expresiones similares para definir multitudes: una marea humana, un mar de gente. Ese día, Jesús tiene detrás de sí, el mar y frente a Él, una multitud que lo ha seguido porque sabe de su conmoción ante el dolor humano… y de sus palabras justas, profundas, certeras.

Todos ellos vienen a escucharlo, la Palabra de Jesús tiene algo especial que no deja indiferente a nadie; su Palabra tiene poder para convertir corazones, cambiar planes y proyectos. Es una Palabra probada en la acción, no es una conclusión de escritorio, de acuerdos fríos y alejados del dolor de la gente, por eso es una Palabra que sirve tanto para la seguridad de la orilla como para la fragilidad del mar.

Esta querida ciudad, Bogotá, y este hermoso País, Colombia, tienen mucho de estos escenarios humanos presentados por el Evangelio. Aquí se encuentran multitudes anhelantes de una palabra de vida, que ilumine con su luz todos los esfuerzos y muestre el sentido y la belleza de la existencia humana.

Estas multitudes de hombres y mujeres, niños y ancianos habitan una tierra de inimaginable fecundidad, que podría dar frutos para todos. Pero también aquí, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que siega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas. A todas esas tinieblas Jesús las disipa y destruye con su mandato en la barca de Pedro: «Navega mar adentro» (Lc 5,4).

Nosotros podemos enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada; pero al igual que Pedro, sabemos qué significa la experiencia de trabajar sin ningún resultado. Esta Nación también sabe de ello, cuando por un período de 6 años, allá al comienzo, tuvo 16 presidentes y pagó caro sus divisiones («la patria boba»); también la Iglesia en Colombia sabe de trabajos pastorales vanos e infructuosos, pero como Pedro, también somos capaces de confiar en el Maestro, cuya palabra suscita fecundidad incluso allí donde la inhospitalidad de las tinieblas humanas hace infructuosos tantos esfuerzos y fatigas.

Pedro es el hombre que acoge decidido la invitación de Jesús, que lo deja todo y lo sigue, para transformarse en nuevo pescador, cuya misión consiste en llevar a sus hermanos al Reino de Dios, donde la vida se hace plena y feliz.

Pero el mandato de echar las redes no está dirigido solo a Simón Pedro; a él le ha tocado navegar mar adentro, como aquellos en vuestra patria que han visto primero lo que más urge, aquellos que han tomado iniciativas de paz, de vida. Echar las redes entraña responsabilidad. En Bogotá y en Colombia peregrina una inmensa comunidad, que está llamada a convertirse en una red vigorosa que congregue a todos en la unidad, trabajando en la defensa y en el cuidado de la vida humana, particularmente cuando es más frágil y vulnerable: en el seno materno, en la infancia, en la vejez, en las condiciones de discapacidad y en las situaciones de marginación social.

También multitudes que viven en Bogotá y en Colombia pueden llegar a ser verdaderas comunidades vivas, justas y fraternas si escuchan y acogen la Palabra de Dios. En estas multitudes evangelizadas surgirán muchos hombres y mujeres convertidos en discípulos que, con un corazón verdaderamente libre, sigan a Jesús; hombres y mujeres capaces de amar la vida en todas sus etapas, de respetarla, de promoverla.

Y como los apóstoles, hace falta llamarnos unos a otros, hacernos señas, como los pescadores, volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria. Bogotá y Colombia son, al mismo tiempo, orilla, lago, mar abierto, ciudad por donde Jesús ha transitado y transita, para ofrecer su presencia y su palabra fecunda, para sacar de las tinieblas y llevarnos a la luz y la vida.

Llamar a otros, a todos, para que nadie quede al arbitrio de las tempestades; subir a la barca a todas las familias, ellas son santuario de vida; hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares, cargar a los más frágiles promoviendo sus derechos.

Pedro experimenta su pequeñez, experimenta lo inmenso de la Palabra y el accionar de Jesús; Pedro sabe de sus fragilidades, de sus idas y venidas, como también lo sabemos nosotros, como lo sabe la historia de violencia y división de vuestro pueblo que no siempre nos ha encontrado compartiendo la barca, tempestad, infortunios.

Pero al igual que a Simón, Jesús nos invita a ir mar adentro, nos impulsa al riesgo compartido, ¡No tengan miedo de arriesgar juntos!, nos invita a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo. A perder miedos que no vienen de Dios, que nos inmovilizan y retardan la urgencia de ser constructores de la paz y promotores de la vida. “Navega mar adentro” dice Jesús, que los discípulos se hicieron señas para juntarse todos en la barca, que así sea para este pueblo.

Aciprensa


6 COMMENTS ON THIS POST To “‘Jesús nos invita a ir mar adentro, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo’”

  1. ricardo blaine dice:

    UN MILLON de personas escuchando al Vicario de Cristo en una tierra que ha sufrido una insoportable violencia interna. Doy gracias a Dios por los amigos de Colombia que están muy alegres rezando por el viaje del Santo Padre.

  2. Chimo Vice dice:

    Sr. Blaine, lo de que el sr. Bergoglio es Vicario de Cristo no se lo cree ni él ni por supuesto Vd. Los “amigos de Colombia” han votado en contra de la claudicación del gobierno de Colombia a la banda asesina de las FARC, que, por contra, ha sido apoyada por Francisco.

  3. ricardo blaine dice:

    Chimo Vice: No sabía que Ud. lee las conciencias. Desde luego Ud es un vidente que me lee los pensamientos. Como soy católico por favor no hable del Sr. Bergoglio sino del Vicario de Cristo el Santo Padre Franscisco.
    Claro está que si usted es masón, protestante, o acérrimo antipapista puede usar el nombre que le de la gana mientras lo haga con respeto.

  4. ricardo blaine dice:

    Mientras tanto los católicos nos alegramos con el 1.000.000 de hermanos en la fe que acompañaron al Santo Padre.

  5. Echenique dice:

    La visita del papa a Colombia un desastre para la Fe y la verdadera Paz. ¿ Por las venas de Jesucristo no corre sangre divina, de su persona divina, sino sangre pagana ? Otra blasfemia. Lo malo es que nos acostumbramos y, como las dice el papa, a los papólatras les sabe a agua bendita. Os traigo un comentario colombiano en la página de Facebook de Antonio Socci.
    Alejandro Pedraza El huracán “Francisco” ya pasó por Bogotá, Medellín y Villavicencio. Vino destruir el orden democrático y la fe. Vino a empujar a todos los incautos creyentes de Colombia a dar el ‘primer paso’ al abismo del comunismo castro-chavista, comandado acá por las Farc y su nuevo partido político. A eso vino Francisco a Colombia, a ‘blindar’ el falso acuerdo de la Habana y a sellar el avance del continente latinoamericano hacia el socialismo del siglo XXI, que impera en Venezuela y en Cuba. Además vino a blasfemar en contra del Señor y su preciosísima Sangre y en contra de la Inmaculada Concepción de María, al afirmar que por las venas del Señor Jesús corre sangre pagana.

  6. ricardo blaine dice:

    Los “incautos creyentes” por suerte tenemos “faros” que nos iluminan. Que superioridad moral! Que fanatismo!!
    Mientras tanto 1.000.000 de fieles – todos tontos – han seguido al Santo Padre.

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