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Solo un 22% de las bodas son ya por la Iglesia
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Solo un 22% de las bodas son ya por la Iglesia

Carlos Esteban
7 septiembre, 2017

Lo que está sucediendo no es otra cosa que una adaptación de la gente a lo que de verdad cree, y el reconocimiento de que el catolicismo es una religión específica a la que se puede o no pertenecer libérrimamente, no una especie de servicio público de marca blanca para solemnizar ocasiones y proporcionar excusas para un banquete.

Ya solo el 22% de los españoles se casa por la Iglesia. Hemos pasado en tiempo récord de que el matrimonio católico fuera la opción por defecto (un 75% en 2000) a convertirse en una alternativa minoritaria (ese 22% computado por el Instituto Nacional de Estadística para 2015).

Al fin.

Debo reconocer que la cifra -y la tendencia- me ha proporcionado un enorme alivio. En un país donde solo el 17% va a misa los domingos -es decir, es católico practicante- todavía son demasiados los que se casan por el rito católico, pero al menos parece que se está dejando atrás definitivamente esa nefasta costumbre de instrumentalizar un sacramento para lograr una boda más vistosa, para que no se lleve un disgusto la abuela o por mera inercia.

Lo que está sucediendo, en realidad, es enormemente saludable para la fe católica, si no tanto para nuestra sociedad, y no es otra cosa que una adaptación de la gente a lo que de verdad cree, y el reconocimiento de que el catolicismo es una religión específica a la que se puede o no pertenecer libérrimamente, no una especie de servicio público de marca blanca para solemnizar ocasiones y proporcionar excusas para un banquete.

Quizá algún lector piense que estoy siendo innecesariamente rígido aquí, cuando la rigidez se ha convertido en el pecado inconfesable por antonomasia, pero insisto: lo que hemos vivido hasta ahora desde hace algunas décadas -y seguimos viviendo en menor medida- ha sido una trivialización de un sacramento, en realidad una trivialización de toda la realidad sacramental de la Iglesia.

En España se rompe un matrimonio cada cinco minutos. Según el último informe sobre la evolución de la familia del Instituto de Política Familiar, se producen al día 294 rupturas, de las que 276 son divorcios y 14 separaciones, que afectan a 267 hijos cada 24 horas y de estos 232 son menores de edad. De hecho, se producen siete rupturas por cada 10 matrimonios, convirtiendo a España en el segundo país de la UE con mayor tasa de rupturas”, asegura el Instituto de Política Familiar, autores del informe. ¿Tendría sentido que el grueso de la población se casara por el rito de una religión que solo admite el matrimonio “hasta que la muerte les separe”? ¿Cuántos matrimonios hoy se celebran “abiertos a los hijos que Dios les mande”?

Eso explica, además, el embarazoso dato de las nulidades eclesiales, que muchos enemigos de la Iglesia consideran, no sin alguna excusa, un ‘divorcio a la católica’. El proceso es, en realidad, todo lo riguroso que se puede ser en materias en la que la subjetividad desempeña un papel central.

La reforma del proceso introducida por el Papa Francisco en su motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus para agilizar los procesos los ha casi duplicado en nuestro país, un aumento del 93%, aunque en algunos tribunales el efecto ha sido multiplicarse por cinco.

Pero es que no se trata tanto de que las anulaciones sean frívolas o injustas como de que los matrimonios lo son; no es que la Rota sea un ‘coladero’; es que las bodas a menudo lo son. Ignoro la proporción de parejas a las que se ha negado una boda religiosa por considerar que su visión del matrimonio es incompatible con la doctrina de la Iglesia, pero sospecho que pueden contarse con los dedos. Yo, al menos, no conozco ningún caso.

Entiendo el desánimo instintivo, reflejo, de un católico español ante ese descenso de las bodas católicas, solo si se entiende como dato que acentúa la descristianización de nuestra sociedad. Pero eso ya es evidente en muchas otras estadísticas y, más fácil, en un rápido vistazo alrededor.

Sin embargo, considerada en el contexto de esa evidente descristianización, debería ser un motivo de alegría porque significa, simplemente, una notable reducción en los sacrilegios, que así se llama al hecho de recibir los sacramentos sin las condiciones debidas.

Significa también que, presumiblemente, cuando casarse solo por lo civil ya no confiere el menor estigma social sino, posiblemente, todo lo contrario, quienes elijan casarse por la Iglesia estarán también optando por vivir el matrimonio como el sacramento querido por Cristo.

En última instancia, debería ser también una llamada de atención para la jerarquía española, que en ocasiones parece creer que vive en la España del siglo pasado. La Iglesia ha vuelto a ser, con independencia de su papel histórico en la formación de nuestra psicología social, una opción más entre muchas, y una no especialmente popular entre nuestros líderes políticos y culturales.

Carlos Esteban


14 COMMENTS ON THIS POST To “Solo un 22% de las bodas son ya por la Iglesia”

  1. Echenique dice:

    Queremos dar la comunión a los divorciados recasados y a las parejas de hecho, incluidas las gay, pero a la gente no le gustan las trampas disfrazadas de triquiñuelas doctrinales y, ya puestos a pecar, prefiere hacerlo de verdad y no con subterfugios.

  2. Echenique dice:

    La iglesia de la misericorditis aleja y espanta, más que acerca y atrae, porque, al no reconocer el pecado, deja al pecador sumido en la miseria. Hubo quien dijo ” La Verdad os hará libres “, pero parece que la misericorditis lo ha olvidado.

  3. María R dice:

    Pues personalmente creo que cuando dos bautizados se casan por la Iglesia y se preparan previamente mediante la confesión para poder comulgar en la ceremonia, que es lo que suelen hacer después de los cursillos prematrimoniales, el sacramento del matrimonio les puede fortalecer en su convivencia aunque luego no sean exactamente practicantes. Además, cuando tengan hijos los bautizarán y luego los llevarán a colegios católicos. Porque al casarse por la Iglesia manifiestan de algún modo su voluntad, aún por distintos motivos, de no dejar a la Iglesia al margen de sus vidas. Y es que un católico, mientras no haga apostasía de su fe, pertenece a la Iglesia desde el momento de su bautismo, y ya para siempre. Por ello no comprendo que alguien diga que no se debe enseñar religión en los colegios, ni que se alegre porque sólo un porcentaje pequeño de católicos se case por la Iglesia, ni que finalmente se alegre de que sólo un bajo porcentaje de los niños recién nacidos sean bautizados, o que defienda que el bautismo se haga a los 20 años, como sucedió con una tendencia sacerdotal postconciliar, negando de este modo implícitamente la gracia que confieren los sacramentos. Recuerdo la hija de unos padres franceses, él agnóstico y ella atea, que se hizo católica y les pidió hacer la comunión, después de llevarla sus padres a un colegio católico por razones de proximidad a su hogar. De igual modo, un matrimonio de católicos casados por la Iglesia, aún sin buscarlo específicamente, pueden ser ayudados por el sacramento matrimonial en su día a día y en momentos de dolor y dificultad pueden volver de nuevo a la práctica eclesial. Y bautizar a los niños es el mejor regalo que un padre puede hacer a su hijo, porque le hace miembro de la Iglesia a través de la cual obtiene los sacramentos que le confieren la gracia para su salvación. Y estamos hablando de la eternidad. Considerar que la Iglesia es una sociedad “pata negra” sólo para los mejores o para los más comprometidos es tremendamente erróneo. Porque todos los bautizados somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, unos serán células vivas, otros células muertas; pero todos somos partes de ese Cuerpo y las células muertas en cualquier momento puden sanar con la ayuda y la gracia de Dios. Y ya dijo Cristo que no había venido a curar a los sanos, sino a los enfermos.

  4. Blanca dice:

    Por lo menos el que se case por la Iglesia lo hará con conocimiento de causa, y no solo por tradición como se hacía hasta ahora en la mayoría de los casos.

  5. María R dice:

    Lo fundamental para que un hombre una su vida a una mujer y viceversa y decidan compartir su destino es que realmente se amen y esto es lo que falta en un gran porcentaje de las uniones, ya sean uniones libres, matrimonios por la Iglesia o matrimonios civiles. Porque vivimos en una sociedad egoista, hedonista, hipersexualizada, dónde la generosidad y la entrega de uno mismo brilla por su ausencia, dónde se utiliza a las personas para conseguir y satisfacer los propios deseos, dónde se ignora todo aquello que no está relacionado con el yo, yo, yo y siempre yo, y dónde se ha perdido el sentido transcendente de la vida. Este es el problema del hombre actual, de católicos y no católicos. De todos. Que el ser humano está perdiendo la capacidad de amar, la empatía, la compasión. Lo vemos lamentablemente a diario.
    Es la deshumanización del ser. Y esto dificulta enormemente la convivencia a todos los niveles, no sólo entre los esposos, sino en las relaciones familiares padres- hijos (no hay más que ver como se aparca a los padres ancianos en las residencias), en el trabajo…

  6. José dice:

    Que el hombre viva instalado en un complejo de culpa, tampoco ha demostrado ser una estrategia muy positiva que digamos. Alejar la racionalidad y vivir sometido a sentimentalismos tampoco traerá la libertad al hombre.

  7. José dice:

    Si alguien se acerca a un confesionario porque es promiscuo y le dicen que es un gran pecador y se irá al infierno y que rece padrenuesteos y avemarías, dudo mucho que cambie nada. Quizás mejor estrategia es indagar porqué la persona hace eso, buscar las causas y poner los remedios adecuados será más eficaz que dedicarse a culpabilizarlo

  8. Alberto dice:

    Maria R

    De acuerdo contigo que no podemos hacer de la Iglesia una sociedad de “pata negra”, como dices, de gente perfecta o de una especie de “aristocracia espiritual”; pero también es cierto que hay que hacer ver a la gente donde se mete y cuales son las consecuencias, tanto si entra en la vida religiosa, como en el sacerdocio o el matrimonio.

    Y en el caso del matrimonio, desde hace mucho, esto ha sido un auténtico “coladero” de gente o que apenas tiene fe, o es inmadura, o no tiene clara la pertenencia a la Iglesia, o que se casa por el templo, el vestido o las flores, o que lo hace por tradición o presión familiar, o………………puedes poner más casos, porque se pueden poner más.
    Y creo que esta situación era insostenible ya; tema aparte (o relacionado) es la situación del sacerdote que tiene que asistir a este sacramento sin apenas conocer a los novios algo profundamente, o “mirando para otro lado, aunque el en fuero interno crea que antes de plantearte el casarte tendrías que pasar por un catecumenado de adultos, pero ¿quien le pone el cascabel al gato? decir las cosas clara es incómodo y crea problemas y así nos ha ido. Hacer el expediente y unos cursos que unos hacen y otros no.
    Que hace falta una cierta criba de los candidatos al matrimonio-sacramento hoy dia es algo inexcusable. Una cosa es la teología y otra la realidad social.

  9. Desidereo dice:

    ¿De dónde sacan ese 17%? No es cierto. Según el INE no se casaron en el 2015 un 17% por la Iglesia Católica. Fueron muchos más (del orden de un 40%). ¿O están incluyendo a los que ya no se casan, no por lo civil ni por lo católico?

  10. María R dice:

    Desidereo: En Infovaticana del 10 de enero de 2017, se puede leeer un interesantísimo artículo bajo el título “Las bodas católicas en mínimos históricos: Sólo el 22% en España se casan por la Iglesia”, dónde Gabriel Ariza considera una situación catastrófica que en 20 años España ha pasado de ser un país mayoritariamente católico a un país en que la Iglesia tiene un papel irrelevante en la sociedad. y muy razonablemente entiende que los datos hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) son descorazonadores. En un gráfico se muestran los datos de evolución de los matrimonios dónde puede verse que en el año 2000 se celebraron en España 216.451 matrimonios, de los cuales más del 75% fueron por la Iglesia católica. Sin embargo, en todo el año 2015 los matrimonios católicos fueron un 29,1% y de enero a junio de 2015 fueron del 24,1%. Mientras que de enero a junio de 2016, los matrimonios católicos fueron de un 22,2%, es decir, que el descenso continúa. Se hace también el análisis por provincias que arroja “datos para echarse a temblar”: Si bien quedan provincias como Córdoba con un 43% de bodas católicas, en Barcelona sólo el 10,5% son por el rito católico, en Tarragona el 12%, en Vizacaya el 12,3% y en Ceuta de 253 matrimonios celebrados sólo 10 fueron católicos. ¿Qué está pasando? se pregunta. La respuesta es : “La Iglesia católica ha perdido su relevancia en la sociedad española. El tesoro de tantos siglos de historia católica se ha dinamitado en pocos años y los datos difícilmente podrían ser más desalentadores. Al descenso estrepitoso de las bodas católicas se suma el dato fiscal: Sólo un tercio de los contribuyentes deciden apoyar con la X a la Iglesia católica a pesar de que no hacerlo no les supone pagar menos impuestos. ¿Y la asistencia a la Eucaristía dominical? El CIS cada vez muestra una Iglesia más secularizada, en la que son minoría quienes acuden cada domingo a Misa. Si continúa este ritmo de descenso, en unos años ya ni siquiera se reflejarán las bodas católicas, como hoy ya no se reflejan las bodas por el rito hindú. Y mientras tanto, ningún plan, ninguna estrategia, sólo millones de euros en medios de comunicación del politiqueo, y documentos programáticos de la Conferencia Episcopal que sólamente leen un puñado de sacerdotes entregados a la causa burocrática. Como decía Bruno Moreno: Los planes pastorales son cada vez más largos y complejos. los sínodos diocesanos se celebran por doquier, las reuniones se multiplican y alargan, los papeles se amontonan hasta el cielo como modernas torres de Babel… pero, a juzgar por los resultados, apenas quedan tiempo y fuerzas para la evangelización de las gentes”. Creo que no se puede describir y analizar mejor lo que realmente esta sucediendo en España.

  11. María R dice:

    Alberto: Según se dice en Wikipedia el último informe del CIS de enero de 2017 dice que el 69,8% de los españoles se considera católico, aunque de ellos el 58,2 % no entra casi nunca en una Iglesia. La pregunta es ¿Por qué en un pais como España, dónde actualmente declararse católico conlleva más inconveniente que beneficios, un 69,8% de la población se manifiesta católica , si no es porque realmente siente que pertenece a la Iglesia , como ocurre en verdad si está bautizada y no ha hecho apostasía de su fe?. Habría que estudiar las razones por las cuales un porcentaje tan elevado de católicos españoles ha dejado de practicar y habría que preguntarse las responsabilidades de cada uno en este hecho. Pero si un bautizado, miembro del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, en el momento de realizar uno de los actos más importantes de su vida, como es el matrimonio, declara en su expediente matrimonial que es católico, a pesar de no ser habitualmente practicante, y que desea unir su vida con la persona elegida por la Iglesia, y se compromete a bautizar y a educar cristianamente a sus hijos, se confiesa y se prepara dignamente para recibir el sacramento del matrimonio en gracia de Dios ¿se le puede denegar el matrimonio por considerar que no está suficientemente preparado?. La realidad evidencia que personas con mucha doctrina fracasan estrepitosamente y personas más ignorantes doctrinalmente y con menos posibilades aperentes de éxito sacan sus matrimonios adelante, porque no es la doctrina lo que se requiere para hacer un matrimonio feliz sino la capacidad de amar, de sacrificio y de entrega. Yo creo que, en el momento en que un católico no practicante se acerca a la Iglesia para casarse, quizá por primera vez desde su Primera Comunión, , toda la pastoral de la familía debería ponerse en marcha para conseguir que este fuera el inicio de su retorno a la práctica eclesial. Pero si no fuera así ¿se puede romper el cordón umbilical que le une a la Iglesia?. Además, si se casa por la Iglesia, formará una familia católica y bautizará a sus hijos y los educará cristianamente. Del mismo modo, un católico no practicante que realmente se siente católico ¿hay que negarle el sacramento de la extramaución en el momento de su muerte?. La contestación me parece evidente. A veces confiamos mucho más en nuestras pequeñas fuerzas que en el poder que tienen los sacramentos de la Iglesia para otorgar las gracias necesarias para perseverar en la finalidad a la que están destinados. Caso distinto son aquellas personas que realmente no sienten que pertenecen a la Iglesia y que únicamente la utilizan por meros convencionalismos sociales: pero estos no se pueden englobar en el 69,8% que se declaran católicos, sino en el porcentaje restante.

  12. Desidereo dice:

    Ese 22% entones es erróneo:
    El motivo es que de enero a junio hay más bodas civiles que católicas con gran diferencia. De julio a diciembre, también hay más civiles que católicas, pero la diferencia es menor (quienes quieren boda bonita por la Iglesia prefieren julio-agosto). Para tener una idea correcta, hay que tomar todos los datos del año…

    Además, hay parejas que no entran ahí, en esa estadística: Los que no se casan. Se estima que son un 35% (y subiendo) las parejas que simplemente no se casan para tener hijos. Por ese motivo “en realidad” la situación es todavía mucho mucho más grave. En 2001 se casaron unas 160 mil parejas por la Iglesia Católica. En el 2015, 15 años después, fueron unas 40 mil. Unas 120 mil menos en 15 años, unas 9 mil parejas católicas menos cada año.

    Con esa tendencia, a partir del 2018 NADIE se casará por la Iglesia Católica en España. Por supuesto, es posible que la tendencia cambie. Es posible que se estabilice en unas 10 mil bodas católicas al año, o algo semejante. Seguramente muchas menos. La Iglesia Católica se convertirá en una religión irrelevante en España, como los evangelistas, testigos de Jehová, etc…

    En un par de años empezaremos a verlo…

  13. keparoff dice:

    Maria, tu argumento se cae por un solo hecho. Esos matrimonios católicos no practicantes que tú describes, que en un momento decisivo de su vida optan por el sacramento católico, previa confesión de los pecados, simplemente ya no existen.

    Existieron hace cuarenta años, en gran número, sobre todo entre los hombres. Buena parte de nuestros padres respondían a ese perfil. Claramente católicos, pero en muchos casos muy poco practicantes.

    Pero tenían muy claro que había que confesar en peligro de muerte y si se ha de comulgar.

    Eso ya no existe. Los paganos bautizados que -afortunadamente cada vez en menor medida- siguen casándose por la Iglesia ya no se confiesan. No son católicos. No creen en la Iglesia, no creen en la Resurección de Cristo, ni en la Virgen Maria, ni rezan, ni van a Misa, ni han ido desde la primera comunión.

    Es un asunto terrible, que nadie en la Iglesia ha hecho nada por remediar. Y que solo va a arreglar la propia deserción de los paganos, que ya no quieren paripés. Pues menos mal.

    Ahora toca que se arregle también las primeras comuniones y los bautizos, y por fin, la Iglesia volverá a ser la casa no de los perfectos, sino solo de los católicos. Volverá a ser lo que nunca tenía que haber dejado de ser.

  14. Alberto dice:

    Maria R

    No estaría mal que bajáramos todos un poco de las nubes. Uno no es católico por estar bautizado; de hecho sabes que la mayoría de los no creyentes o creyentes no practicantes están bautizados, entre otras cosas, creo, por la mala y deficiente pastoral bautismal que se ha dado y se da actualmente.
    Es que aquí parece que seguimos teniendo una mentalidad de sociedad de cristiandad, donde por estar bautizado uno ya es católico, sin haber descubierto la fe ni el encuentro personal con Cristo.
    Y en cuanto al matrimonio, lo raro es que no haya mas separaciones de las que hay, pues la mayoría del personal no va preparado para tal empresa.
    Y aquí entraríamos en otro debate, ¿administrar sacramentos sin experiencias de fe, solo por tradición cultural’?
    porque aquí para unas cosas somos muy estrictos (en temas de moral sexual, por ejemplo); pero a la hora de dar sacramentos pasamos a casi todos de cualquier manera (también habría mucho que hablar de la comunión y confirmación), con lo cual estamos en una continua contradicción entre la pastoral y la moral.

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