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Maradiaga: ¿El eclesiástico masón descrito por el Padre Amorth?

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El padre Amorth explicaba en 2011 el proceso de infiltración de masones en la Iglesia y cómo tratan de desprestigiar a los prelados más íntegros y honestos, como ha hecho el Cardenal Maradiaga con su hermano el Cardenal Burke.

El Cardenal Rodríguez Maradiaga ha vuelto a saltar a la palestra esta semana tras insultar, por segunda vez en menos de dos meses, a uno de los más destacados purpurados, el estadounidense Raymond Leo Burke. Tal ha sido la dureza de sus palabras que, al día siguiente, el Papa Francisco se refirió en Santa Marta, manifiestamente enfadado, a esos clérigos «sin cargo» que se dedican a «sembrar la división en la Iglesia» acusando a otros de no estar en comunión.

Puede leerlo aquí: Maradiaga vuelve a insultar al Cardenal Burke sembrando la división en la Iglesia

El episodio de Maradiaga, y su empeño por tratar de descalificar a los cardenales que han planteado unas dudas al Papa usando un procedimiento centenario (las dubia) recuerdan a las palabras del fallecido exorcista de la diócesis de Roma, el padre Gabriele Amorth. En el libro «El Secreto mejor guardado de Fátima», Zavala transcribe una conversación con Amorth acaecida en 2011.

En el libro se explica muy bien —afirma Amorth— todo el proceso de captación de sacerdotes diocesanos o religiosos para las logias masónicas. Lo mismo da. Deben de ser jóvenes brillantes intelectualmente y con habilidad para comunicarse. Es muy importante que al principio no sospechen la existencia del complot masónico para embaucarles. Así, con exquisito tiento e infinita paciencia, se les adula en encuentros que parecen fortuitos hasta recurrir finalmente al ofrecimiento de favores emanados de obispos, cardenales, embajadores y hasta de ministros, tentándoles con inmejorables perspectivas en su carrera eclesiástica.

—Todo de forma muy ladina —advierto.

—¡ Claro! Así, una vez infiltrado en su ambiente eclesiástico, el nuevo masón deberá desprestigiar, si fuera necesario, a los prelados más íntegros y honestos, tildándoles de falsos e hipócritas. ¡Ah… si San Pío X levantase la cabeza…! —suspira don Gabriele—. El Papa lo denunció todo con absoluta claridad en su encíclica Pascendi Dominici Gregis [« De la alimentación del rebaño del Señor»], alertando sobre la infiltración de la masonería en la Iglesia.

El texto del papa santo Pío X al que hace referencia el Padre Amorth, y que recuerda a Maradiaga, es el siguiente, tomado de la Pascendi Dominici Gregis:

1. Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo. Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.

2. Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos. Por otra parte, por su gran temeridad, no hay linaje de consecuencias que les haga retroceder o, más bien, que no sostengan con obstinación y audacia. Juntan a esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, constancia y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres, con frecuencia intachables. Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y del orgullo.

A la verdad, Nos habíamos esperado que algún día volverían sobre sí, y por esa razón habíamos empleado con ellos, primero, la dulzura como con hijos, después la severidad y, por último, aunque muy contra nuestra voluntad, las reprensiones públicas. Pero no ignoráis, venerables hermanos, la esterilidad de nuestros esfuerzos: inclinaron un momento la cabeza para erguirla en seguida con mayor orgullo. Ahora bien: si sólo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen. Tiempo es de arrancar la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.

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9 comentarios en “Maradiaga: ¿El eclesiástico masón descrito por el Padre Amorth?
  1. Quienes carecen de argumentos acuden al insulto. Saben que eso le gusta al insultador mayor de la nueva/vieja iglesia de la misericordia barata y las rebajas de primavera.

  2. Le pregunto Echenique, ¿es posible que un divorciado vuelto a casar no sea adúltero? Pues limítese a lo escrito porque las palabras se las lleva el viento y en innumerables ocasiones son fruto de la inconsciencia, de la confusión o de intereses espurios. Si quiere tratar de justificar lo injustificable búsquelo en otras instituciones más cercanas que la Santa Sede romana. En AL no se detalla el caso concreto reservado a la relación de conciencia entre sacerdote y fiel. ¿Ha encontrado algún punto en documentos pontificios posteriores dignos de ser mencionados por ambiguos o heréticos? Ni se los ha leído, seguro.

  3. Maradiaga tiene cargo de coordinador del G9.
    Y aca se dice que , en una critica a este cardenal ;
    El Papa Francisco se refirió en Santa Marta, manifiestamente enfadado, a esos clérigos “sin cargo” que se dedican a “sembrar la división en la Iglesia” acusando a otros de no estar en comunión.
    Es verdad que estaba enfadado , pero a quien criticaba es al cardenal Burke, que , de hecho , no tiene cargo.
    Quien siembra la división en la Iglesia ?

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