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‘Así pecan los curas’

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Bajo el título “Confesiones de un confesor”, Vatican Insider presenta un extracto del capítulo “Los curas también pecan” del libro que recoge las experiencias del padre Luis Dri. 

A continuación, el extracto publicado por Vatican Insider:

Después que se publicó el libro-entrevista al Papa El nombre de Dios es misericordia, algunas personas vinieron a preguntarme si yo había confesado a Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires. Lo que puedo decir que es que el cardenal Bergoglio envió algunas personas a confesarse conmigo. En varias oportunidades el cardenal Bergoglio aconsejó a sacerdotes, que tenían un problema que consideraba delicado o por otras razones que solo él sabía, que vinieran a hablar conmigo. A veces me llamó para decirme: «Te mando gente y tú la recibes, pero no te aviso antes». Ni siquiera era necesario que me advirtiera quién me estaba enviando, porque las personas que venían de su parte se identificaban desde el primer momento: «Me dijo que fuera a hablar con usted. Yo no lo conocía pero él quiso que viniera…».

A veces hay de por medio problemas de mujeres. Hay soledades que acentúan las fragilidades, donde se llena el vacío del corazón con otra cosa, que puede ser la relación con una mujer. Generalmente son jóvenes que ayudan en la parroquia o que trabajan como secretarias o que participan en las diversas actividades de una parroquia. Otra fuente de tentación es la dirección espiritual que realiza el sacerdote y que favorece una cercanía que puede llevar a afectos sentimentales sobre los que se pierde el control. Para decirlo de una manera simpática, son como el Credo: empiezan con Dios Padre Omnipotente y terminan con… ¡la resurrección de la carne!

Cuando me llegan esos casos, les hablo de la belleza de la vocación y de su utilidad para la vida de muchas personas, que consiste en mostrar un uso más satisfactorio de los bienes de la vida, materiales y afectivos. También les pido a esos sacerdotes que respeten al que confía en ellos, trato de hacerles comprender que con su pecado arrastran a otra persona. El apóstol Santiago considera que la lucha espiritual para vencer las tentaciones tiene un gran mérito: «El que salva un alma, salva su propia alma». Siempre aconsejo al que tiene estas caídas – frecuentemente sacerdotes jóvenes – o que está corriendo seriamente el riesgo de sufrirlas, que recen delante del Santísimo.

Pero no sé si se puede decir que las generaciones más jóvenes muestran una mayor fragilidad afectiva respecto de las «más estacionadas». Mi experiencia no me permite afirmar categóricamente que sea así. Yo también pienso – como diría san Leopoldo Mandic’ – que «el diablo no respeta las canas». El diablo no pierde tiempo: cuando uno se mueve hacia Jesús, cuando empieza a dar señales de comprenderlo y de querer acercarse a él, en ese mismo momento el diablo se esmera más con las tentaciones. O se vuelve más astuto. Tenemos que ser conscientes de eso, porque ser superficiales en este nivel lleva a muchas consecuencias serias. Quiero agregar que de todas las tentaciones hay una que probablemente es más perjudicial, para uno mismo y para los demás, que las mujeres. La reconozco cuando alguien me dice que nada lo entusiasma, que nada despierta su interés. Es el hastío de la vida, la apatía y la acidia por todo lo que es religioso, no sentir gusto por nada, el desaliento, el no saber qué se está haciendo ni por qué.

Esa es una de las situaciones más difíciles. Si bien hay muchos sacerdotes realmente fervientes, hay otros que tienen este tipo de crisis. Hay que ayudarlos, empujarlos hacia adelante, motivarlos, alentarlos… Algunos, para decir la verdad, no se sienten acompañados por sus superiores; sobre todo los sacerdotes diocesanos, los que no viven en una comunidad religiosa, muchas vece se sienten abandonados a ellos mismos. ¿Cómo se hace para sacar de ese pozo oscuro de apatía a alguien que dice: «¡No hay nada que me atraiga!», «¡No hay nada que me entusiasme!»? ¿Cómo levantar al que dice «No hay nada que me haga feliz», «Sigo adelante y nada más»? ¿Cómo volver a poner en marcha al que ya no le atrae nada, ni la celebración de la misa, ni la predicación, ni la misión?

Me permito repetir a menudo, sobre todo a los sacerdotes más jóvenes, que le pidan a Dios la claridad y la fuerza para vivir su vocación con seriedad, para no resignarse nunca a ser funcionarios de la obra de Dios, empleados de la Santa Misa, recitadores ausentes de la Liturgia de las Horas. No es cuestión de hacer, de cumplir los deberes que derivan del oficio. Es cuestión de expresar lo que hay en el corazón, de llevar a la práctica las convicciones que brillan en la vida de la vocación sacerdotal. Pedirle a Dios, rogarle. Cuánto consuelo nos viene de los Salmos, qué riqueza poder unirnos a Jesús que le gritaba al Padre su soledad y su desaliento humano: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Considero que una de las tentaciones más graves que puede tener un sacerdote es precisamente esa: aceptar que es un simple ejecutor, un funcionario del ministerio que eligió servir. Eso es horrible. A mí me parece que es una forma muy triste de ceder y me da mucha pena encontrar hermanos que viven de esa manera. Tenemos que ser alegres, tomar consciencia de que todos los días introducimos a Jesús en la realidad que nos rodea. Nuestra meta debe brillar, y cuando no brilla en la consciencia, se apaga el sentido de la vida y vamos a la deriva. La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela, que se le entrega como significado de todo, dándole al mismo tiempo una luz sobreabundante que ilumina los pasos del que busca el sentido último de las cosas.

Cuando no alimenta permanentemente su vida espiritual, uno empieza a ser un simple ejecutor. Una vida espiritual sostenida, reforzada, cultivada, que se llena de Dios delante del altar y que después se transmite a los demás, es una vida fecunda, que irradia el bien a su alrededor. Uno puede preparar con cuidado los discursos, las homilías, pero si no tiene a Dios dentro de sí, por más hermosas que sean sus palabras no serán lo que necesita nuestro pueblo. El pueblo quiere que le comuniquen la presencia de Dios misericordioso, el amor de Dios, el perdón de Dios, la cercanía del Padre que nos abraza y nos ama. El pueblo tiene una gran inteligencia en este sentido, percibe, puede palparlo cuando tiene delante una persona de fe (…). Me parece que otra tentación que nos afecta a los ministros es buscar un puesto, un cargo, un rol, tratar de acomodarse, de escalar posiciones en el poder, porque estamos insatisfechos de lo que tenemos. En el fondo, es la misma historia de siempre, no hay nada original, pero en el confesonario estas debilidades se manifiestan con todos los matices que asumen en la vida de un sacerdote. A tal punto que el Papa ha dicho que «el espíritu mundano es una tentación que divide y destruye a la Iglesia». Cuidado con los trepadores. El más grande de los hijos de Dios es el que más sirve, el que es más capaz de ser caritativo con los demás, el que no se jacta y no busca poder, dinero o fama (…). Después de haber hecho todo lo que debemos y podemos, tenemos que decir con Lucas: «Somos siervos inútiles, hemos hecho solo lo que debíamos hacer».

 

13 comentarios en “‘Así pecan los curas’
  1. “Otra fuente de tentación es la dirección espiritual que realiza el sacerdote y que favorece una cercanía que puede llevar a afectos sentimentales sobre los que se pierde el contro”. Aquí se trata del fenómeno bien conocido de la transferencia, pues deben de aprender que esto existe como muy bien saben los psicólogos. ¿Y cómo es que no se da algún tipo de formación para que reconozcan estos problemas?
    El fenómeno del hastío tampoco es nuevo. Tradicionalmente se llama la acedia, también “el demonio de mediodía” y la tratan muchos de los grandes maestros de la vida espiritual. Tampoco es posible estar siempre entusiasmado y recordar que según Santo Tomás de Aquino la devoción proviene de la voluntad y no principalmente de los sentimientos, pues si los hay, qué bien.

  2. ABRIL 21 2017 7: 50 A.M.
    LLAMADO URGENTE DE JESÚS EL BUEN PASTOR A LA HUMANIDAD
    Hijos míos, paz a vosotros

    Rebaño mío, la guerra está tocando a la puerta y con ella viene la desolación y la muerte. Ayes y dolores padecerá la humanidad y el jinete de la muerte y de la hambruna, hará su aparición. El hijo de la perdición está por anunciarse se aprovechará del conflicto bélico para mostrarse como el gran pacificador. Todo el show del engaño está planeado para hacerle creer a la humanidad que el cristo ha regresado. Después del conflicto hará su declaración universal, toda la publicidad y la logística para su aparición ya está lista.

    Rebaño mío, muy pronto el firmamento va a estar iluminado con imágenes holográficas que me representarán; pero bien sabéis vosotros que eso hace parte del show del engaño de mi adversario. No prestéis atención rebaño mío a ese engaño, ni recibáis la propaganda que van a regalar, porque todo esto ha sido ritualizado con ocultismo, para que os enamoréis del falso mesías. La biblia negra, llaveros, estampas y más parafernalia de mi adversario, regalarán. ¡Cuidado ovejas de mi grey, caéis en el engaño; no aceptéis estos ofrecimientos y menos llevéis a vuestros hogares esta propaganda, porque ella se convertirá en atadura para vosotros! Pedid mucho discernimiento a mi Santo Espíritu y orad a todo instante con el poder de mi Sangre y de mis Llagas, para que podáis repeler el ataque visual y subliminal al que estaréis sometidos por parte de los seguidores del falso cristo. AMÉN

  3. Así pecan los curas: no celebrando la eucaristia, no administran los sacramentos y no evangelización. Yo lo resumo si no cumplen los mandamientos de la Ley de Dios y los de la Santa Madre Iglesia y no cumpliendo los votos prometidos o jurados en la ordenación sacerdotal. Podría hablar de los que son una auténtica piedra de España.

  4. Tienen que morir a sí mismos, aunque morir sea azotarse cada día, como lo hacen y lo han hecho los santos.
    Antes perder el mundo que perder el alma y a Dios…grabado a fuego!

  5. A la Sierva de Dios, Luisa Picarreta, le habla extensamente el Señor sobre como desea que vivan los sacerdotes: en casa para sacerdotes. Le explica que deben cortar toda,relación con la familia, no vivir con ella ya que de ahí surge el interés por las cosas del mundo…. Con todo lo que eso significa. El Don de la Divina Voluntad es maravilloso para el sacerdote.

  6. No estoy de acuerdo los sacerdotes tienen también que convivir con la familia a veces está necesita más de su ejemplo que otras almas q ya están encarriladas. Yo tengo una hermana religiosa y mis vecinas amigos y familia estamos deseando que llegue y nos imprima su carisma q adquirió viviendo con la fundadora

  7. Ay, el sexto mandamiento, es el preferido por los religiosos, especialmente en la versión que involucra a otros feligreses de signo masculino. Que Dios los perdone.

  8. Existe otro lado de la moneda- La feligresia tambien padece la misma soledad auque esten casados y tengan familias. Alli donde ocurre esa soledad existencial en cualquier ser humano, es signo de una ruptura con lo divino. La falta de emociones los descubren y es precisamente cuando este se encuentra timoneando su propio destino creyendo que solo ,lo hace mejor. El primer alejamiento concierne a lo divino pensando que uno es mejor que el Espiritu Santo, por lo que se llena el alma del propio YO. Luego al sentirse tan vacios, a veces recurren al sacerdote para que lo arregle todo. Lo triste, es que ya no escuchan con el alma sino solamente con los oidos. Van 200 veces a ver al sacerdote hasta que notan que es hombre y ya no buscan lo espiritual sino la relacion fraternal sin importarles mas nada. Muchas feminas dicen ;SOLO escuchar su voz me anima” y ya no buscan escuchar al Espiritu Santo que el quiere vivificar en ellas. Estas feminas o los caballeros que solo buscan un amigo puden llegar a ser una gran tentacion para un sacerdote que tambien sufre una crisis espiritual semejante a estos que atiende. — Creo que a los sacerdotes debe equiparseles con las herramientas necesarias para bregar con estas crisis que todos sabemos que si van a pasar. Deben conocer de antemano los procesos humanos, sociales, psicologicos, educativos, etc, de como se desarrollan todas estas situaciones, como tratarlas o desviarlas hacia algo positivo sin que el sacerdote se vuelva esclavo de las manipulaciones de ningun ser humano y sobre todo, orar y dirigir a los demas hacia la oracion, porque quien realmente sana es Dios y de El dependemos todos.

  9. El Orden Sagrado como nos lo enseñara el Catecismo de la Iglesia es un Sacramento y requiere de un llamado a la vocación que al igual que en el Matrimonio requiere de un compromiso con lo que hemos prometido en nombre de Dios y mediante el cual los votos de celibato y castidad son fundamentales para su cumplimiento, que para poder vencer las tentaciones tenemos que apoyarnos en Cristo Nuestro Señor quien al ser interrogado por sus discípulos cómo hacía para vencer las tentaciones les responde que no solamente con oración sino que también COMO ESCUELA DE LA SOCIEDAD.con ayuno y abstinencia como lo mandaba la santa doctrina en el AT. El Sacramento de la Confesión llamado actualmente Reconciliación , requiere de una profunda revisión de nuestro actuar tanto para los sacerdotes como para los esposos .Los primeros como o doctores del alma y los que tenemos la responsabilidad de una familia basada en el matrimonio y en el amor como sacerdotes de la orden de Melquisedec que hemos recibido en el Bautismo..Es una gran tarea para la iglesia doméstica , como definiera a la familia nuestro Santo Papa Juan Pablo II Y TAMBIÉN PARA LA iGLESIA UNIVERSAL .

  10. Los sacerdotes, ¡qué gran responsabilidad! Santa Teresita los tenía en su alma y pedía y se ofrecía por ellos. ¿Qué menos podemos hacer? Sí, por todos e incluso más por los más virtuosos.

  11. El alma sacerdotal. He ahí el núcleo de la cuestión. Y está actualmente completamente abandonada (hablo en general, no de casos particulares). El arma que podría poner parte del remedio se ha desechado, como tantas otras cosas. Hoy en día, salvo contadas excepciones, nadie la usa. Es la dirección espiritual. Y aquí surge otro problema: el director espiritual. Encontrar el adecuado no es fácil. El abandono, incluso material, a que están sometidos nuestros sacerdotes diocesanos, clama al cielo. Y nunca mejor dicho. Debería ser una preocupación de primer orden para cualquier Obispo. Orar por los sacerdotes y obispos es uno de los mayores actos de caridad que podemos hacer.

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